miércoles, 26 de septiembre de 2007

Los jóvenes vuelven al confesionario masivamente


Silenciosa, pero constantemente. Según el vaticanista Sandro Magister, los jóvenes están volviendo a los confesionarios. La última señal llega desde Loreto, en Italia, donde hace unos días el Papa Benedicto XVI mantuvo un encuentro con los jóvenes. Allí se repitió la escena del Circo Máximo romano en el año Jubilar de 2000: la afluencia masiva al sacramento de la confesión por parte de miles de jóvenes.

En los días previos a la llegada del Papa, la abadía de Fiastra se convirtió en un inmenso "confesódromo". Poco antes de recibir a Benedicto XVI, 350 sacerdotes se distribuyeron por la explanada del santuario y 12.000 jóvenes recibieron el sacramento del perdón en una jornada maratoniana: desde las dos de la tarde hasta la siete de la mañana. Toda una noche en vela, en espera de perdón.

Como ya se pudo comprobar en las pasadas jornadas mundiales de la juventud de Roma y de Colonia, los jóvenes esperan en colas infinitas para recibir el sacramento de la penitencia. Confesionarios improvisados, carpas, abadías del camino convertidas en inmensos recintos del perdón santuarios enteros repletos de sacerdotes absolviendo simultáneamente, miles de penitencias durante las peregrinaciones. Los sacerdotes son asediados sin descanso por jóvenes en espera de consejo, reconciliación y perdón.

Tres días confesando

En el año 2000, en Roma, durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), se confesaron en el Circo Máximo –inmenso estadio de la Roma pagana–, más de 120.000 jóvenes en tres días. Desde entonces, estas Jornadas han tomado la costumbre de convertir los santuarios y lugares donde se celebran en grandes confesionarios al aire libre. Pero las JMJ no son el único momento para esta práctica: la costumbre se ha convertido en una tendencia no sólo duradera, sino en expansión, especialmente en santuarios y grandes peregrinaciones.

Es cierto que, en porcentaje, la cuota de los jóvenes católicos que se confiesan sigue siendo reducida: en Loreto no llegaba al 5 por ciento de los presentes. Sin embargo, lejos de ser una práctica en desuso, los jóvenes están volviendo a este sacramento, lo eligen libremente y lo practican abiertamente, invirtiendo una tendencia que preconizaba su casi total desaparición.


Formar buenos confesores.

Benedicto XVI ha alentado a la vuelta del sacramento del perdón. Del mismo modo en que ya lo hiciera Juan Pablo II, él mismo confiesa con cierta frecuencia en a basílica de San Pedro. Este regreso a la confesión está produciendo también cambios en los seminarios, donde ha vuelto la preparación y formación de buenos confesores para que estén al día de los problemas actuales y sepan resolverlos.

Con el regreso al estudio de "casos de conciencia" –que, desde hace décadas, habían dejado de ser materia de estudio en los seminarios– se ha reforzado, además, la tendencia del auge del sacramento de la reconciliación. Así, en Italia, los seminarios ya cuentan con un nuevo manual que es utilizado junto a los textos de moral general: el pasado verano, la editorial Ares publicóun libro del teólogo y moralista Lino Ciccone titulado "El inconfesable y el inconfesado: casos y soluciones de 30 problemas de conciencia". En él se ofrecen posibles soluciones a frecuentes problemas de conciencia como pueden ser el aborto, la práctica homosexual, el divorcio o la corrupción financiera. Todo para que la preparación práctica de los futuros sacerdotes y de los actuales confesores sea la mejor.


19.09.07 La Razón
Cómo confesase bien: Guía sencilla (on line) para preparar el Sacramento de la Penitencia
AA..VV.

martes, 25 de septiembre de 2007

«Cibervocaciones».com

Dios también llama, y es llamado, por internet. Tres dominicas han creado su espacio en la Red para captar vocaciones en todos los rincones del mundo. Ya llegan a 37 países y han recibido 150.000 visitas.

Dios también llama por internet, aunque no sea de una forma muy ortodoxa. «¿Borrachina?, ¿marchosa?, ¿enamoradiza? Bien. Tal vez seas la monja perfecta». Es la proclama elegida por las creadoras de www.mivocacion.com, un espacio de internet gestionado por tres jóvenes dominicas de Barcelona. Conchi García Fernández, Ana Isabel Pérez Guerrero y Gemma Morató i Sendra están detrás de esta web vocacional, gracias a la cual han llevado la orden de las Dominicas de la Presentación a 37 países. Además, doce jóvenes han optado por la vida religiosa después de hablar con ellas.

Todo comenzó de la manera más sencilla. «En julio del 2004, a partir de una página muy simple que teníamos sobre la Congregación, empezaron a llegar e-mails de jóvenes y pensamos en hacer una web descaradamente vocacional, al tiempo que quisimos dar a conocer nuestra felicidad en la vida a la que fuimos llamadas», explican. En tres años, han recibido 150.000 visitas y respondido a unos 5.000 correos. Del movimiento de la página surgió después un «blog», que tiene 400 lectores diarios, y en menos de un año y, medio, 230.000 visitantes.

El estilo de la página es atractivo y desenfadado. «Es una manera simpática de atraer la atención». Las tres hermanas creen que quien llega a su página, al final, es porque tiene una inquietud: «Hay algo dentro que le quema, a veces,-no sabe ni qué es». «Nos preguntan muchas cosas. Sobre todo, de la vida vivida en profundidad, sobre la vocación, el amor, la soledad... A veces, hay demasiada incomunicación en un mundo hipercomunicado», sostiene Gemma Morató, de 56 años. Periodista y maestra de educación especial, entró en la congregación en 1991. Seis años después hizo voto de pobreza, obediencia y castidad.

Compatible con la clausura

También en los conventos de clausura, el Vaticano permite el uso «ilimitado, pero con moderación y discreción» de la Red de redes. La Santa Sede ha dejado dicho que ni el voto de silencio que hace enmudecer a las congregaciones más estrictas debe ser incompatible con la comunicación a través del ordenador. De ahí que lo último en algunas comunidades de vida contemplativa sea conceder plegarias «a la carta» con los ruegos que reciben vía e-mail, Es el caso de las trece monjas de clausura del monasterio trinitario de Burgos. Emplearon a dos hermanas en la gestión y actualización de un sitio web y ahora incluyen en sus oraciones las «ciberpeticiones». Cada día llegan de cinco a diez desde España, México, Chile, EE.UU., Filipinas, que se refieren a problemas familiares, de salud, drogas o sectas.

I. ÁLVAREZ
ABC, Sábado 15 de Septiembre de 2007

lunes, 10 de septiembre de 2007

Benedicto XVI: La crisis de la verdad, origen de la crisis de occidente

MARIAZELL, domingo, 9 septiembre 2007 (ZENIT.org).

Benedicto XVI confesó su convicción de que la crisis actual de occidente se debe a la resignación de no conocer la verdad al visitar este sábado en la mañana el santuario mariano de Mariazell, en Austria.
Fue la conclusión a la que llegó en la homilía de la misa en la que celebró los 850 años de fundación de esta meta de peregrinación que recibe anualmente a un millón de católicos no sólo de Austria, sino también de países vecinos.
En la homilía, ante la imagen de la Virgen, el Papa había proclamado el corazón mismo de la fe de la Iglesia, según el cual, solo Jesús «es el puente que pone en contacto inmediato a Dios con el hombre».
«Ahora bien -aclaró-, si nosotros le consideramos como el único Mediador de la salvación válido para todos, que afecta a todos y del cual, en definitiva, todos tienen necesidad, esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento».
Proclamar la fe cristiana significa «únicamente que hemos sido conquistados por quien interiormente nos ha tocado y nos ha colmado de dones para que a la vez podamos entregarlos a los demás». «De hecho -constató-, nuestra fe se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuera demasiado grande para él».
Escuchaban al Papa varias decenas de miles de peregrinos que participaron en la celebración eucarística que presidió al aire libre, en el exterior de la basílica del santuario.
El obispo de Roma expresó su «convicción», según la cual, «esta resignación ante la verdad es el origen de la crisis de occidente, de Europa». «Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal». «Entonces -señaló- los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero también -y lo vemos- pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucción del hombre y del mundo».
«Tenemos necesidad de la verdad -reconoció-. Pero claro, a causa de nuestra historia, tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». «Si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús» hecho niño".Y al contemplarle, dijo, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera».
«Necesitamos esta fuerza interior de la verdad. Como cristianos, nos fiamos de esta fuerza de la verdad. Somos testigos de ella».
Esta desconfianza en la verdad implica también desconfianza ante el futuro, sentimiento que, según el Papa, explica el invierno demográfico del viejo continente.
«Europa se ha empobrecido de niños: queremos todo para nosotros mismos, y tal vez no nos fiamos demasiado del futuro», reconoció. Para recuperar la confianza en la verdad, el Papa propuso redescubrir a Dios.
«La tierra carecerá de futuro si se apagan las fuerzas del corazón humano y de la razón iluminada por el corazón, cuando el rostro de Dios deje de lucir sobre la tierra», señaló.
«Allí donde está Dios, allí hay futuro», concluyó.

Teresa de Calcuta: Luz desde la oscuridad

Habla el postulador de la causa de canonización, padre Kolodiejchuk.

¿Cómo fue la «noche oscura» de la Madre Teresa de Calcuta? A esta pregunta responde en esta entrevista el padre Brian Kolodiejchuk, misionero de la Caridad.El padre Kolodiejchuk acaba de publicar el libro «Come Be My Light» («Ven, sé mi luz»), en el que recoge escritos de la beata, en parte inéditos, que revelan cómo durante largos años de su vida experimentó el terrible sufrimiento de no experimentar el amor de Dios.

La extraordinaria vida interior de la madre Teresa ha sido descubierta después de su muerte. Según sus directores espirituales, ¿cómo era su vida, especialmente su sufrimiento de oscuridad espiritual, oculto a todos los que la conocieron?

Nadie tenía ni la menor idea de lo que vivía interiormente, pues sus directores espirituales conservaban estas cartas. Los jesuitas conservan algunas, otras están en el arzobispado, y el padre Joseph Neuner, otro de sus directores espirituales, tiene algunas.

Estas cartas fueron descubiertas cuando buscábamos los documentos para la causa.

Cuando vivía, la madre Teresa pidió que su información biográfica no se diera a conocer.

Pidió al arzobispo Ferdinand Périer de Calcuta que no dijera a ningún otro obispo cómo empezó todo. Le dijo: «Por favor no les dé nada de los inicios porque, una vez que la gente conozca los inicios, cuando oigan hablar de las locuciones interiores, entonces la atención se centrará en mí y no en Jesús». Ella siempre decía: «Obra de Dios. Esta es la obra de Dios».

Incluso las hermanas más cercanas a ella no tenían ni idea de su vida interior. Muchos podrían haber pensado que ella tenía una gran intimidad con Dios y que ésta iluminaba su camino en medio de dificultades de la Orden o de la pobreza material que sufrió.

El libro habla el voto secreto que ella hizo al principio de su vocación por el que prometió no negar a Dios nada que tuviera que ver con el dolor provocado por el pecado mortal. ¿Qué papel desempeñó este voto en su vida?

La madre Teresa hizo el voto, en 1942, de no negar nada a Dios.Sus cartas inspiradas por Jesús llegaron enseguida. En varias cartas, Jesús le pregunta, comentando su voto: «¿Dejarás de hacer esto por mí?».

Por tanto su voto es el sustrato de su vocación. Luego, en las cartas inspiradas, se ve que Jesús le explica su llamamiento.

Ella entonces sigue adelante porque sabe que Jesús lo quiere. Está motivada por el pensamiento del dolor de Jesús porque los pobres no le conocen y, por tanto, no le aman.

Este fue uno de los pilares que la mantuvo en su camino a través de la prueba de la oscuridad. Gracias a la certeza de su llamamiento y a este voto, en una de las cartas escribe: «Estuve a punto de dejarlo y entonces recordé el voto, y esto me hizo levantarme».

Se ha hablado mucho sobre la noche oscura de la madre Teresa. Su libro la describe como un «martirio de deseo». Su sed de Dios ha sido desconocida durante mucho tiempo. ¿Puede describirlo?

Un buen libro para leer y comprender algunas de estas cosas es «Fire Within» («Fuego interior»), del padre Thomas DuBay's, habla del sufrimiento de la pérdida y del sufrimiento de la sed para explicar que el sufrimiento de la sed es más duro.

Como aclara el padre Dubay, en el camino hacia la auténtica unión con Dios, existe la etapa purgativa, llamada «noche oscura», y después el alma entra en un estado de éxtasis y verdadera unión con Dios.

En el caso de la madre Teresa, parece que la etapa purgativa tuvo lugar durante su formación en el convento de Loreto.

En el momento de su profesión, dijo a una compañera que a menudo experimentaba la oscuridad. Las cartas de esa época son las típicas cartas de una persona que está en la «noche oscura».

El padre Celeste Van Exem, su director espiritual en aquella época, dijo que probablemente en 1946 ó 1945 se encontraba ya cerca del éxtasis.

Después se da una referencia al momento en que aparecieron las inspiraciones y las locuciones interiores, el momento en el que las dificultades de fe cesaron.

Posteriormente, la madre Teresa escribió al padre Neuner, explicando: «Y usted sabe cómo actuó Él. Y fue como si nuestro Señor se me entregara plenamente. Pero la dulzura, el consuelo y la unión de aquellos seis meses pasados desapareció pronto».

De manera que la madre Teresa experimentó seis meses de intensa unión, tras las locuciones interiores y el éxtasis. Estaba ya en la etapa espiritual de la unión transformante. En ese momento, volvió la oscuridad.

Pero. a partir de entonces, la oscuridad que experimentaba se daba en medio de la unión con Dios. Esto no significa que vivió la unión y luego la perdió. Perdió la consolación de la unión que se alternaba con el dolor de la pérdida y con una profunda nostalgia de Dios, una verdadera sed.

Como decía el padre Dubay, «a veces la contemplación es deleitosa y otras es sustituida por una fuerte sed de Dios». Pero en el caso de la madre Teresa, a excepción de un mes, en 1958, no tuvo esta consolación de la unión.

Hay una carta en la que ella dice: «No padre, no estoy sola, tengo su oscuridad, tengo su dolor, tengo una terrible nostalgia de Dios. Amar y no ser amado, yo sé que tengo a Jesús en la unión que no ha sido rota, mi mente está fija en Él y sólo en Él».

Su experiencia de la oscuridad en la unión es sumamente rara, incluso entre los santos, pues para la mayoría el final es la unión sin oscuridad.

Su sufrimiento, entonces --utilizando el término del teólogo dominico Reginald Garrigou-Lagrange--, se debe más a los pecados de los demás que a al carácter purificador de sus propios pecados. Está unida a Jesús con una fe y un amor capaces de llevarla a compartir su experiencia del huerto de Getsemaní y de la cruz.

La madre Teresa comentó que el sufrimiento en Getsemaní fue peor que el de la cruz. Y ahora comprendemos de dónde venía esto, porque ella había comprendido la sed de almas de Jesús.

Lo importante es que se trata de una unión. Como indicaba Carol Zaleski en un artículo publicado en la revista «First Things», esta clase de prueba es nueva. Se trata de una experiencia moderna de santos de los últimos cien años: sufrir el sentimiento de que uno no tiene fe y de que la religión no es verdadera.

El nombre del libro «Ven, sé mi luz» fue una petición de Jesús a la madre Teresa. ¿Cómo se relaciona su sufrimiento redentor por los demás, en medio de esa profunda oscuridad, con su carisma particular?

Durante los años cincuenta del siglo pasado, la madre Teresa se rindió y aceptó la oscuridad. El padre Joseph Neuner [uno de los directores espirituales que tuvo en su vida] la ayudó a comprenderlo, relacionando la oscuridad con su carisma: saciar la sed de Jesús.

Ella solía decir que la mayor pobreza era no sentirse amado, solicita! do, cuidado por nadie, y era exactamente lo que ella estaba experimentando en su relación con Jesús.

Su sufrimiento redentor era parte de la vivencia de su carisma al servicio de los más pobres de los pobres.

De manera que, para ella, el sufrimiento era no sólo un medio para identificarse con la pobreza física y material, sino que, a nivel interior, se identificaba con los no amados, con los que están solos, con los que son rechazados.

Renunció a su propia luz interior para iluminar a quienes vivían en la oscuridad, diciendo: «Sé que no son más que sentimientos».

En una carta a Jesús, escribió: «Jesús, oye mi oración, si esto te complace. Si mi dolor y sufrimiento, mi oscuridad y separación, te da una gota de consolación, haz conmigo lo que quieras, todo el tiempo que desees. No mires mis sentimientos ni mi dolor».

«Soy tuya. Imprime en mi alma y vida los sufrimientos de tu corazón. No mires mis sentimientos, no mires ni siquiera mi dolor».

«Si mi separación de ti permite que otros se acerquen a ti y tú encuentras alegría y deleite en su amor y compañía, quiero de todo corazón sufrir lo que sufro, no sólo ahora, sino por la eternidad, si fuera posible».

En una carta a sus hermanas, hace más explícito el carisma de la Orden: «Mis queridas hijas, sin sufrimiento, nuestro trabajo sería sólo trabajo social, muy bueno y útil, pero no sería la obra de Jesucristo, no participaría de la redención. Jesús deseaba ayudarnos compartiendo nuestra vida, nuestra soledad, nuestra agonía y muerte. Todo esto él lo asumió en sí mismo, y le llevó a la noche más oscura. Sólo siendo uno de nosotros nos podía redimir».

«A nosotros se nos permite hacer lo mismo: toda la desolación de los pobres, no sólo su pobreza material, sino también su profunda miseria espiritual deben ser redimidas y debemos compartirlas; rezad entonces así cuando esto os resulte difícil: “Quiero vivir en este mundo que está lejos de Dios, que se ha alejado tanto de la luz de Jesús, para ayudarle, para cargan con una parte de su sufrimiento”».

Y esto resume lo que considero el fundamento de su misión: «Si un día llego a ser santa, seguramente seré una santa de la “oscuridad”. Seguiré estando ausente del Cielo para dar luz a quienes están en la oscuridad en la tierra...».

Así es como comprendió su oscuridad. Muchas de las cosas que dijo tienen más sentido y resultan m&a! acute;s profundas ahora que sabemos esto.

Entonces, ¿qué les dice usted a quienes califican su experiencia como una crisis de fe y que ella realmente no creía en Dios, o a quienes sugieren que su oscuridad era un signo de inestabilidad psicológica?

Ella no tuvo crisis de fe, o falta de fe, sino que tuvo una prueba de fe en la que experimentó el sentimiento de que ella no creía en Dios. Esta prueba requirió mucha madurez humana porque, si no, no habría sido capaz de soportarla. Se habría desequilibrado.

Como dijo el padre Garrigou Lagrange, es posible experimentar simultáneamente sentimientos contradictorios entre sí.

Es posible tener una «alegría cristiana objetiva», como la llamó Carol Zaleski, y al mismo tiempo entrar en la prueba o sentimiento de no tener fe.

No hay dos personas aquí sino una persona con sentimientos a diferentes niveles.

Podemos realmente estar viviendo la cruz de algún modo --es dolorosa y nos hace daño--, y aunque la espiritualicemos esto no quita el dolor. Ahora bien, al mismo tiempo, podemos estar alegres porque estamos viviendo con Jesús. Y esto no es falso.

Aquí está el cómo y el por qué la madre Teresa vivió una vida tan llena de alegría.

Como postulador de su causa de canonización, ¿cuándo cree que podremos llamarla santa?

Necesitamos otro milagro --hemos examinado algunos, pero ninguno es suficientemente claro--. Hubo uno para la beatificación pero estamos esperando el segundo.

Quizá Dios ha esperado que se publicara antes el libro, pues muchos tenían a la madre Teresa por santa pero era tan sencilla y se expresab! a de una manera tan sencilla que no comprendían la profundidad de su santidad.

El otro día escuché hablar sobre ello a dos sacerdotes. Uno decía que él nunca había sido muy aficionado a la madre Teresa porque pensaba que era piadosa, devota, y que hizo obras admirables, pero que cuando oyó hablar de su vida interior, esto le cambió lo que pensaba de ella.

Ahora tenemos algo más que una mera idea de su evolución espiritual y una parte de su profundidad ha sido revelada.

Una vez que llegue el milagro, tardaremos al menos dos años, aunque el Papa podría acelerar el proceso si lo desea.

¿Qué ha pasado con la Orden desde la muerte de la madre Teresa?

La Orden ha crecido casi en mil hermanas, de unas 3.850 a 4.800 hoy, y hemos añadido unas 150 casas en más de catorce países. La obra de Dios sigue.

ROMA, jueves, 6 septiembre 2007 (ZENIT.org).

Prohibido quitarse la cabeza

Decía Chesterton que "La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza". Con su genialidad y humor inglés, el sabio escritor alerta sobre uno de los grandes peligros que corren aquellos que “queriendo ser más papistas que el papa” se niegan a utilizar la inteligencia y se conforman con una fe infantil que se resiste a crecer y a madurar.

La fe del carbonero, no está mal, pues nadie le pedirá a nadie más de lo que puede, –¡y mucho menos Dios!– pero si se nos han dado unas capacidades, es para utilizarlas y sobre todo para ponerlas al servicio de los otros, al tiempo que nos llevan a la propia realización y al desarrollo humano y cristiano.

El “Fides quaerens intellectum”, –la fe que busca entender– era la consigna o el principio que se nos inculcaba por activa y por pasiva en las clases de Teología Fundamental, invitándonos a “pensar la fe”, y advirtiéndosenos que a la hora de los exámenes los listillos que quisieran disimular su falta de estudio con argumentos ”piadosillos”, ¡lo tendrían claro!

No está mal pensar bien

Digo esto porque la teología, que algunos definen como la fe de los “que piensan”, no es un arma desestabilizadora cuando va más allá de lo “que siempre se nos ha dicho”. Su reflexión nunca ha de ser una reflexión al margen de la fe ni contraria a la razón, y por lo mismo no es "peligrosa" ni lo es el avanzar por los caminos de la fe de su mano.

Inteligencia en el misterio

San Anselmo, que de “sospechoso de hereje” no tenía nada, nos regaló una auténtica perla que vale la pena tener presente cuando legítimamente nos preguntamos por la fe que se nos ha dado, y que libremente hemos acogido: “Señor, yo no pretendo penetrar en tu profundidad, ¿cómo iba a comparar mi inteligencia con tu misterio? Pero deseo comprender de algún modo esa verdad que creo y que mi corazón ama. No busco comprender para creer, no busco comprender de antemano, por la razón, lo que haya de creer después, sino que creo primero, para esforzarme luego en comprender. Porque creo una cosa: si no empiezo por creer, no comprenderé jamás” (Proslogion 1: PL 158,227).

Desde esta plataforma quiero insistir en que la razón ilumina la fe en sintonía con la Buena Nueva del Evangelio, y que no pocas veces este diálogo entre fe y razón, pone “patas arriba” la fe que nos transmitieron en la que todo era “incuestionable”.

La crítica no hace un mal servicio a la verdad, al contrario, la garantiza, y seguramente tener una fe que se deja iluminar por la razón, y una inteligencia que es humilde para abrirse al misterio, hará que la verdad del Evangelio se anuncie como un mensaje acorde, también hoy, para nuestros contemporáneos.

Con fe e inteligencia

Fernado Pessoa en su libro “El desasociego” decía: “Soy hijo de un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes han perdido la fe en Dios por la misma razón que sus padres la habían tenido siempre: sin saber por qué”.

Necesitamos razones personales para alimentar nuestra fe y dar razones de ella; para fortalecer nuestros lazos y vínculos con Dios que lo es todo, pero que siendo un misterio inabarcable, siempre nos puede sorprender revelándonos algo que está más allá de lo establecido, formulado y creído.

Que el Señor aumente nuestra fe, y que ilumine nuestra inteligencia para que conociéndole nos adhiramos a Él con todo nuestro ser, ¡también con nuestra inteligencia!

Por eso, por favor, no nos quitemos la cabeza cuando entremos en la Iglesia, ni pensemos que “es más perfecto el que calla y asiente sin pensar”.

La fe es una cuestión personal; ni siquiera es una cuestión eclesial: ninguno puede creer por mí. Mi fe, es la fe de la Iglesia, pero la Iglesia no cree por mí.

“Fides quaerens intellectum”… un latinajo que tiene mucha miga y que abre la puerta al pan de la Verdad que es muy sabroso y que podemos gustar con la mente y el corazón.

Lucía Caram (OP)
dominicos.org/manresa

jueves, 6 de septiembre de 2007

Madre Teresa, la noche aceptada como un don

ROMA, 4 de septiembre del 2007 – Hace tres días, hablando a trescientos mil jóvenes reunidos en Loreto, Benedicto XVI recordó que también una santa como la Madre Teresa de Calcuta, "con toda su caridad y su fuerza de fe" – no obstante ello – "sufría del silencio de Dios".Y agregó: "Ha sido publicado un libro con las experiencias espirituales dela Madre Teresa en el que esto que ya sabíamos se muestra todavía más abiertamente".

El libro citado por el Papa se titula "Mother Teresa: Come Be My Light[Madre Teresa: Ven y sé mi luz] y está a la venta desde el 4 de setiembre ensu edición inglesa, cuidada e introducida por el padre Brian Kolodiejchuk, de los Misioneros de la Caridad, postulador de la causa de canonización dela Madre Teresa.

En el mismo se recogen algunas cartas que la religiosa, muerta hace diez años y que ahora es beata, escribió en diferentes momentos a sus directores espirituales. Son cartas que testifican la larga fase de su vida en la que experimentó la "noche de la fe".

El simple anuncio del libro, incluso antes de su publicación, ha desencadenado en varios países del mundo un remolino de discusiones, como si en él hubiera revelaciones sin precedentes que lleven a la ruina la imagende la beata.

Por el contrario, todo ya se conocía, como ha remarcado Benedicto XVI. Las cartas que ahora se publican, junto a escritos análogos, ya estaban presentes en los ocho volúmenes de la causa de beatificación de MadreTeresa. Y cuando fue proclamada beata, el 19 de octubre del 2003, en subiografía oficial, difundida por el Vaticano, estaban escritas textualmente estas palabras:

"Existía un lado heroico de esta mujer que salió a la luz sólo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos aella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó 'oscuridad' a su experiencia interior. La dolorosa noche de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres".

De aquella oscuridad interior suya que duró medio siglo – precisamente mientras todo el mundo admiraba su radiante alegría cristiana – la Madre Teresa dio cuenta solamente a sus directores espirituales, ordenando que después destruyeran sus cartas: cosa que ellos no hicieron.

La oscuridad de la fe es un distintivo de la vida de muchos santos, hasta de los más grandes. Pero hay siempre algo peculiar en cada uno de ellos. También en la Madre Teresa.

En el comentario que sigue, un autor de excepción intenta tratar la peculiaridad de la Madre Teresa, precisamente en relación a sus dudas de fe. Es el padre Raniero Cantalamessa, franciscano, historiador de los orígenes del cristianismo y predicador de oficial de la casa pontificia.

El comentario apareció en el "Avvenire" del domingo 26 de agosto, en el pleno de la discusión que siguió a la publicación del libro.

En él el padre Cantalamessa sostiene una tesis audaz: identifica en la Madre Teresa a la ideal compañera de viaje y de mesa de tantos "ateos en buena fe" que llenan el mundo hoy. Los más amados por Jesús que sobre la cruz experimentó, más que todos, el abandono de Dios.

Madre Teresa, "la noche" aceptada come un don.

por Raniero Cantalamessa

¿Qué sucedió después que la Madre Teresa dio su sí a la inspiración divina que la llamaba a dejar todo para ponerse al servicio de los más pobres? El mundo ha conocido bien lo que ocurrió en torno a ella – la llegada de las primeras compañeras, la aprobación eclesiástica, el vertiginoso desarrollode sus actividades caritativas – pero hasta su muerte ninguno supo lo que ocurrió dentro de ella.

Lo revelan los diarios personales y las cartas a sus directores espirituales, ahora publicados por el postulador de la causa para la canonización. No creo que los editores, antes de decidirse a darlas a la imprenta hayan debido superar el temor de que tales escritos puedan suscitar desconcierto o que incluso puedan escandalizar a los lectores. Lejos de disminuir la estatura de la Madre Teresa, ellos, en efecto, la engrandecen poniéndola junto a los más grandes místicos del cristianismo.

"Con el inicio de su nueva vida al servicio de los pobres – escribe el jesuita Joseph Neuner que fue cercano a ella – vino sobre ella una oscuridad abrumadora". Bastan algunos breves pasajes para hacernos una idea de la densidad de las tinieblas en las que se llegó a encontrar: "Hay tanta contradicción en mi alma, un profundo anhelo de Dios, tan profundo que duele, un sufrimiento continuo – y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin celo… El cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío".

No es difícil reconocer inmediatamente en esta experiencia de la MadreTeresa un caso clásico de aquello que los estudiosos de mística, después de san Juan de la Cruz, suelen llamar la noche oscura del espíritu.

Taulero hace una descripción impresionante de dicho estado: "Entonces somos abandonados en tal modo que no tenemos ninguna conciencia de Dios y caemos en tal angustia que no sabemos más si alguna vez estuvimos en el camino justo, ni sabemos si existe Dios o no, o si nosotros mismos estamos vivos omuertos. De modo que sobre nosotros cae un dolor tan extraño que nos parece que todo el mundo en su extensión nos oprime. No tenemos ya ninguna experiencia ni conciencia de Dios, pero también todo el resto nos parece repugnante, por lo que nos parece que estamos prisioneros entre dos muros".

Todo permite pensar que esta oscuridad acompañó a la Madre Teresa hasta la muerte, con un breve paréntesis en 1958, durante la cual pudo escribir jubilosa: "Hoy mi alma esta colmada de amor, de alegría indecible y de una ininterrumpida unión de amor". Si a partir de un cierto momento, prácticamente no habla más de ella, no es porque la noche terminó, sino porque se adaptó a vivir en ella. No sólo la aceptó, sino que reconoce la gracia extraordinaria que eso encierra para ella. "He comenzado a amar mi oscuridad, porque ahora creo que ella es una parte, una pequeñísima parte,de la oscuridad y del sufrimiento en el que Jesús vivió sobre la tierra".

El silencio de la Madre Teresa

La flor más perfumada de la noche de la Madre Teresa es el silencio que guarda sobre la misma. Tenía miedo que al hablar sobre su experiencia pudiera llamar la atención sobre sí misma. Incluso las personas más cercanas a ella no sospecharon nada de este tormento interior de la Madre sino hasta el final. Por orden suya, el director espiritual debió destruir todas sus cartas y si algunas se salvaron es porque él, con el permiso de ella, había hecho una copia para el arzobispo y futuro cardenal Trevor Lawrence Picachy; después de muerto, entre sus cartas, se encontraron las de Madre Teresa. El arzobispo, para suerte nuestra, se negó a aceptar el pedido de destruirlas que también le hizo a él la Madre Teresa.

El peligro más insidioso para el alma en la noche oscura del espíritu es el de darse cuenta de que se trata, precisamente de la noche oscura, de lo que grandes místicos han vivido antes que ella y por lo tanto de hacer parte de un círculo de almas elegidas. Con la gracia de Dios, la Madre Teresa evitó este riesgo, escondiendo a todos su tormento bajo una sonrisa perenne. "Todo el tiempo sonríe, dicen de mí las hermanas a la gente. Piensan que lo más íntimo de mí esté pleno de fe, confianza, amor… Si sólo supiesen y cómo mi ser alegre no es más que un manto con el que cubro vacío y miseria". Una sentencia de los Padres del desierto dice: "Por más grande que sean tus penas, tu victoria sobre ellas está en el silencio". Madre Teresa lo puso enpráctica de manera heroica.

No sólo purificación

¿Pero por qué este extraño fenómeno de una noche del espíritu que dura prácticamente toda la vida? Aquí hay algo de nuevo respecto a lo que han vivido y explicado los maestros del pasado, incluido san Juan de la Cruz. Esta noche oscura no se explica con la sola idea tradicional de la purificación pasiva, la llamada vía purgativa, que prepara a la vía iluminativa y a la unitiva. La Madre Teresa estaba convencida de que su caso se trataba precisamente de esto; pensaba que su "yo" era particularmente difícil de doblegar, si Dios era obligado a tenerla por largo tiempo en ese estado.

Pero eso no era cierto. La interminable noche de algunos santos modernos es el medio de protección inventado por Dios para los santos de hoy que viven obrando constantemente sobre los reflectores de los medios. Es el traje de asbestos de quien debe andar entre las llamas; es el aislante que impide ala corriente eléctrica perderse y provocar un cortocircuito.

San Pablo decía: "Para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne" (2 Cor 12, 7). La espina en la carne que era el silencio de Dios se ha revelado eficacísima para la Madre Teresa: la ha preservado de toda ebriedad, en medio de todo lo que el mundohablaba de ella, hasta en el momento de retirar el premio Nóbel de la paz."El dolor interior que siento – decía – es tan grande que no siento nada por toda la publicidad y el hablar de la gente". ¡Qué lejos de la verdad está Christopher Hitchens cuando en su ensayo venenoso "Dios no es grande. La religión envenena todo" hace de Madre Teresa un producto de la era mediática!

Hay una razón todavía más profunda que explica estas noches que se prolongan por toda una vida: la imitación de Cristo, la participación en la oscura noche del espíritu que envolvió a Jesús en Getsemaní y en la que murió sobre el Calvario, gritando: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". LaMadre Teresa alcanzó a ver siempre más claramente su prueba como unarespuesta al deseo de compartir el grito de Jesús sobre la cruz, "Tengo sed": "si la pena y el sufrimiento, mi oscuridad y separación de ti te danuna gota de consolación, mi Jesús, has de mí lo que quieras… Imprime en mialma y en mi vida el sufrimiento de tu corazón… Quiero saciar tu sed con cada gota de sangre que puedas encontrar en mí. No te preocupes en regresar pronto: estoy lista para esperarte por toda la eternidad".

Sería un grave error pensar que la vida de estas personas es toda ella un tétrico sufrimiento. En el fondo del alma, estas personas gozan de una paz y una alegría desconocidas al resto de los hombres, derivadas de la certeza,en ellas más fuerte que la duda, de estar en la voluntad de Dios. Santa Catalina de Génova parangonaba el sufrimiento de las almas en este estado a la del Purgatorio y dice que la misma "es tan grande que sólo es comparablea la del infierno", pero que hay en ellas una "gran felicidad" que sólo se puede comparar a la de los santos en el Paraíso. La alegría y la serenidadque emanaba del rostro de la Madre Teresa no era una máscara, sino elreflejo de la unión profunda con Dios en la que vivía su alma. Era ella que se "engañaba" por cuenta suya, no la gente.

Junto a los ateos

El mundo de hoy conoce una nueva categoría de personas: los ateos en buena fe, aquellos que viven dolorosamente la situación del silencio de Dios, que no creen en Dios, pero no se vanaglorian de ello; experimentan más bien la angustia existencial y la falta de sentido del todo; viven también ellos asu modo, en una noche oscura del espíritu. En su novela "La peste" Albert Camus los llamaba "los santos sin Dios". Los místicos existen sobre todopara ellos; son ellos los compañeros de viaje y de mesa. Como Jesús, ellos"se han sentado a la mesa de los pecadores y han comido con ellos" (cf. Lc 15, 2).

Esto explica la pasión con la que ciertos ateos, una vez convertidos, selanzan a los escritos de los místicos: Claudel, Bernanos, los dos Maritain, L. Bloy, el escritor J.K. Huysmans y tantos otros a los escritos de Angela de Foligno; T.S. Eliot a los de Giuliana de Norwich. Encuentran allí el mismo paisaje que habían dejado, pero esta vez iluminado por el sol. Pocossaben que el autor de "Eperando a Godot", Samuel Beckett, en sus tiempos libres leía a san Juan de la Cruz.

La palabra "ateo" puede tener un sentido activo y un sentido pasivo. Puede indicar a uno que rechaza a Dios, pero también a uno que – al menos así lesparece – es rechazado por Dios. En el primer caso, se trata de un ateismo de culpa (cuando no es de buena fe); en el segundo, de un ateismo de pena, o deexpiación. En este último sentido podemos decir que los místicos, en la noche del espíritu, son los a-teos, unos sin Dios y que también Jesús, sobre la cruz, era un a-teo, un sin Dios.

La Madre Teresa tiene palabras que ninguno habría sospechado en ella: "Dicen que la pena eterna que sufren las almas en el infierno es la pérdida deDios… En mi alma yo experimento precisamente esta terrible pena del daño, de Dios que no me quiere, de Dios que no es Dios, de Dios que en realidad no existe. Jesús, te ruego perdona mis blasfemias". Pero se da cuenta de la naturaleza diferente – de solidaridad y de expiación – de su a-teismo: "quiero vivir en este mundo tan alejado de Dios y que le ha dado las espaldas a la luz de Jesús, para ayudar a la gente cargando algo de sus sufrimientos". El revelador más claro que se trata de un ateismo de una naturaleza muy diferente es el sufrimiento indecible que provoca en los místicos. ¡Los ateos comunes no se atormentan de este modo por su ateismo! Los místicos han llegado a un paso del mundo donde viven los sin Dios; han experimentado el vértigo de tirarse abajo. Escribe la Madre Teresa a su director espiritual: "He estado a punto de decir No… Me siento como si algouno u otro día se va a partir en mí". "Reza por mí, que no rechace a Dios en esta hora. No quiero, pero temo poder hacerlo".

Por esto los místicos son los ideales evangelizadores en el mundo postmoderno, donde se vive "etsi Deus non daretur" como si Dios no existiese. Recuerdan a los ateos honestos que no están "lejos del reino de Dios"; que les bastaría dar un salto para encontrarse en la orilla de los místicos, pasando de la nada al todo.

Tenía razón Karl Rahner al decir: "El cristianismo del futuro, o será místico, o no será". El Padre Pío y la Madre Teresa son la respuesta a este signo de los tiempos. No debemos desperdiciar a los santos, reduciéndolos a distribuidores de gracias, o de buenos ejemplos.