miércoles, 27 de febrero de 2008

MARÍA: SÍMBOLOS Y MITOS

por José Cristo Rey García Paredes


La figura de María es el resultado, no únicamente de los datos neotestamentarios que sobre ella nos han sido transmitidos, sino de las diversas culturas y épocas en las que grupos humanos se han visto impactados por su persona. Especial importancia revisten los primeros siglos en los cuales se consolida la imagen que la Iglesia tiene de ella.

La simbología y la mitología ofrecieron una peculiar aportación a este proceso de mario-génesis, o de comprensión más amplia de su significado histórico. Seguidamente, por eso, voy a detenerme en algunos textos de la época patrística, tanto paganos como cristianos, heterodoxos como ortodoxos, que nos permitan entender cómo se fue consolidando la imagen eclesial de María.


1.- El trasfondo gnóstico: el símbolo de la «Prima Femina» en el gnosticismo


El complejo movimiento gnóstico con el que se hubo de confrontar la iglesia de los primeros tiempos, tenía una especial sensibilidad ante la realidad divina. Accedía a ella de forma holística, totalizante, omnienglobante. Manifestaba una peculiar atención a la dimensión femenina de lo divino, especialmente cuando trataba de explicar el origen del Universo.

Antes de la creación, realizada por Yahweh, al principio, el Dios Ignoto estaba sólo. Era no-padre (sin Hijo), no-señor (sin universo). Era masculino. Pero también era fecundo: juntaba la soledad (masculina) con la fecundidad (femenina). Así lo refiere Hipólito:

  • Nada existía engendrado. Había solo un Padre ingénito... Estaba solo, en sosiego y descansando solitario en Sí. Mas como era fecundo, parecióle un día engendrar lo que de mejor y más perfecto tenía en su interior, y darlo a luz. Porque era poco amigo del sosiego. Era en efecto todo amor (1).

Según los valentinianos el Dios supremo coexistía desde siempre con una consorte, que llamaban o Ennoia o Charis o Sigê. No se trataba de un ser personal. Era apelativos de Aquel que posee un solo nombre, tan ignorado como su Esencia. Los gnósticos adoptaban un lenguaje mítico, matrimonial. La consorte del Dios-abismo ejercía una auténtica función materna; pero ni los ofitas, ni los valentinianos la llamaban madre. En todo caso, los gnósticos cristianos admitían una tríada, no una trinidad personal.


Los gnósticos –en un texto, misteriosamente llamado «el trueno, la mente perfecta»– pusieron en boca de una potencia divina femenina la siguiente explicación del origen del mundo:


Pues yo soy la primera y la última.
Soy la adorada y la despreciada.
Soy la prostituta y la virgen...
Soy la estéril,
muchos son los hijos de la estéril..
Soy el silencio que es incomprensible....
Soy la expresión de mi nombre (2)

En el fondo el gnosticismo estaba recuperando el símbolo por excelencia entre todos los símbolos, de la Magna Mater (materia, matriz). El poder divino lo es todo:

  • Este poder divino reside en todo: está escondido... Este poder es uno solo; está dividido arriba y abajo; se genera a sí mismo, crece por sí mismo, se busca a sí mismo, se encuentra a sí mismo, es madre de sí mismo, padre de sí mismo, hermana de sí mismo, esposa de sí mismo, hija de sí mismo, y siendo hijo, madre, padre de sí mismo, es la única raíz del Todo (3).
El Evangelio apócrifo de Juan "cristianiza" la imagen de la Magna Mater, o mejor, la "marianiza’. Juan cuenta que después de la crucifixión, en medio de una enorme pena, tuvo una visión mística de la Trinidad:

  • Se abrieron los cielos y todo lo creado que está debajo del cielo comenzó a resplandecer; el mundo tembló. Tuve miedo y vi en la luz... un semblante de múltiples formas... El semblante tenía tres formas... Y él le respondió: "Juan, Juan, ¿por qué dudas?, ¿por qué temes?... Yo soy aquel que siempre está con vosotros. Yo soy el Padre, yo soy la Madre, yo soy el Hijo» (4).

Y en otra parte este evangelio apócrifo explicita esa revelación:

  • Ella es la imagen del Invisible, virginal, perfecto espíritu... Se convirtió en la Madre de todo, porque existía antes que todos, la madre-padre (matropater) (5).

2.- El trasfondo pagano: el símbolo de la «Regina coeli» o la diosa protectora

María ha sido contemplada también bajo el símbolo de la «Regina coeli», o como se ha dicho popularmente «la omnipotencia suplicante» ante Dios. Lo que este símbolo significaba en las religiones de Asia Menor y norte de Africa durante los primeros siglos de nuestra era, no vamos ahora a estudiarlo. Pero merece la pena traer aquí algún testimonio.


En su obra Las Metamorfosis o El asno de oro, Apuleyo (africano nacido entre los años 114 y 125) habla del símbolo de la luna llena a la que denomina «augusta diosa». Narra que, ya convertido en asno, se encontraba una noche ante el mar, con la luna llena en lo alto del cielo. Estos eran sus pensamientos:

  • Me convencía de que su providencia rige –según su albedrío– los destinos humanos y que, tanto los animales domésticos como las fieras indómitas y hasta la misma naturaleza inanimada; todo subsiste gracias a la divina influencia de su luz y de su bendito beneplácito; pensé que en la tierra, en el cielo o en el mar, los seres vivos se desarrollan con la luna creciente y pierden vitalidad en su menguante; por último, dado que el destino ya estaba satisfecho con tantos y tan graves desastres como me había infligido y que, aunque tarde, me ofrecía una esperanza de salvación, decidí implorar la veneranda imagen de la diosa que tenía a la vista. Me sacudo enseguida de encima el sopor y la pereza; me levanto alegre y decidido; con ansias de purificarme inmediatamente, me tiro al mar, hundo la cabeza bajo el agua por siete veces, ya que ese número es el más adecuado a cualquier rito, según el divino Pitágoras. Luego, con lágrimas en los ojos le dirijo a la diosa omnipotente la siguiente súplica:

"Reina del cielo:

-ya seas la Ceres nutricia, madre inventora de las mieses, que en la alegría de encontrar de nuevo a tu hija enseñaste a los hombres a dejar como pasto de animales la antigua bellota, para comer alimentos más agradables, y que ahora habitas los fértiles campos de Eleusis;

-ya seas la Venus celestial, que, en los primeros días del mundo, uniste los sexos opuestos dando origen al Amor para perpetuar el género humano en una eterna procreación, y que ahora recibes un culto en el santuario de Pafos entre las olas;

-ya seas la hermana de Febo, que, aliviando con solicitud a las parturientas, has alumbrado tantos pueblos, y que ahora te ves venerada en el ilustre templo de Efeso;

-ya seas la terrible Prosérpina, la de los aullidos nocturnos, la de la triple faz, que reprimes la agresividad de los duendes, cierras sus prisiones subterráneas, andas errante por los bosques sagrados y te dejas aplacar por un variado ritual;

-tú, que con tu pálida claridad iluminas todas las murallas, con la humedad de tus rayos das vigor y fecundidad a los sembrados y en tu marcha solitaria vas derramando tenues resplandores; sea cual fuere el nombre, sea cual fuere el rito, sea cual fuere la imagen que en buena ley hayan de figurar en tu advocación;

tú, asísteme en este instante colmado de desventuras, tú consolida mi tambaleante suerte; tú, pon término a mis crueles reveses y dame la paz. Basta ya de fatigas, basta ya de peligros. Despójame de esta maldita figura de cuadrúpedo; devuélveme a mi familia; devuélveme mi personalidad de Lucio» (6).


Luciano –que así se llamaba el personaje convertido en asno–, mientras está adormecido, en estado de sopor, tiene una aparición de la diosa, que emerge del agua. Apuleyo la caracteriza de la siguiente manera, que evoca la Mujer del Apocalipsis (Apc 12, 1ss).:

  • En primer lugar su rica y larga cabellera, un tanto rizada, caía suavemente sobre su escote divino en ondulaciones sueltas y dispersas. Una corona de varias clases de flores e irregularmente dispuestas ceñía, como remate, su cabeza; en su centro y coincidiendo con la frente había un disco plano que, como un espejo, o mejor dicho cual luna simbólica, reflejaba una blanca claridad. A derecha e izquierda, el disco descansaba sobre las anillas de unas víboras a punto de incorporarse, y para mayor realce colgaban por encima unas espigas como atributo de Ceres. Su túnica multicolor, de un finísimo lienzo, pasaba del más esplendoroso blanco al oro del azafrán más florido y luego al más vivo granate de la rosa. Pero lo que ante todo y sobre todo deslumbraba mis ojos, era su manto de un oscuro tan intenso que irradiaba reflejos de puro negro. Ese manto envolvía su busto pasando bajo el hombro derecho y cubriendo el izquierdo a manera de escudo... Todo el remate bordado y hasta el lienzo de fondo estaba sembrado de radiantes estrellas, y, en el centro de ese firmamento, una luna llena desprendía rayos de fuego... Sus divinos pies llevaban como calzado unas sandalias confeccionadas con hojas de palmera, el árbol de la victoria» (7).

Apareciéndosele la diosa se presentó así:

  • Aquí me tienes, Lucio; tus ruegos me han conmovido. Soy la madre de la inmensa naturaleza, la dueña de todos los elementos, el tronco que da origen a las generaciones, la suprema divinidad, la reina de los Manes, la primera entre los habitantes del cielo, la encarnación única de dioses y diosas... Soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados ritos y los más diversos nombres. (Soy... Diosa de Pessinonte y madre de los dioses para los frigios... Minerva Cecropia para los atenienses; Venus Pagia para los chipriotas; Diana Dictymna para los cretenses; Prosérpina Etigia para los sicilianos; Ceres Actea para la antigua Eleusis; para unos soy Juno, para otros Bellona, para los de más allá Rhamnusia.... soy la reina Isis)... Ahora por mi providencia, empieza a amanecer el día de tu salvación... Tu vida será feliz y gloriosa bajo mi amparo... Y si tu escrupulosa obediencia, tus piadosos servicios y tu castidad inviolable te hacen digno de mi divina protección, verás también que sólo yo tengo atribuciones para prolongar tu vida más allá de los límites fijados por tu destino» (8).

Lucio, salvado por la diosa, vive en el templo; la diosa le pide que se consagre a ella; él se retrae por un religioso temor porque

  • se había informado bien de las dificultades de la santa regla, del rigor de la castidad y continencia, de la prudencia y circunspección que ha de rodear a esta vida expuesta a múltiples caídas (9).

Sin embargo, Agustín de Hipona resalta –tal vez con una cierta exageración– la ambigüedad y obscenidad del culto a la diosa del cielo. En La Ciudad de Dios, libro II, cap.IV, evoca san Agustín su experiencia de mocedad:

  • También nosotros concurríamos alguna que otra vez en nuestra mocedad los juegos y espectáculos sacrílegos; contemplábamos a los luchadores como endemoniados; oíamos a los ejecutores de sinfonías, holgábamos con los juegos infames celebrados en loor de los dioses y diosas, de la virgen Celeste y de Berecintia, madre de todos ellos. Ante la litera de ésta, los más ruines histriones, el día solemne de su ablución, cantaban tales obscenidades cuales no sería decoroso que las oyera no digo la madre de los dioses, sino la madre de cualquiera de los senadores o de cualquier persona honesta, ni siquiera la madre de los mismos histriones. Pues tiene un no sé qué el pudor humano para con los padres, que ni aun la misma depravación lo puede quitar. Los mismos histriones que se avergonzarían de representar en sus casa, a modo de ensayo, aquellas torpezas en dichos y hechos en presencia de sus madres, las representaban en público, delante de la madre de los dioses. Y las contemplaba y oía una densa multitud de uno y otro sexo, que, si movida por la curiosidad pudo en torno suyo acomodarse, debió al menos dispersarse, ofendida su castidad (10).

Agustín sigue describiendo las costumbres en los cultos a los dioses y diosas:

  • Señálense y cítense los lugares consagrados a tales reuniones, no donde se celebraban los juegos con obscenos cantos e histriónicas posturas ni donde se celebraban las fiestas fugiales, suelto el freno a toda clase de libertinaje, fiestas fugiales en verdad, pero del pudor y de la honestidad, sino donde el pueblo oyese lo que los dioses mandaban para sofrenar la avaricia, para quebrantar la ambición, para enfrenar la lujuria, adonde los míseros aprendiesen lo que Persio, a modo de reprensión, dice que debe ser aprendido (11).

3.- La fe cristiana no es absurda: semejanzas

En su I Apologia Justino habla de las semejanzas mitológicas de la concepción virginal de Jesús, para hacer aparecer la fe como una realidad no absurda:

  • Al decir que también el Verbo, es decir, el primogénito de Dios, Jesucristo nuestro maestro, fue engendrado sin concurso carnal y que, crucificado muerto y resucitado, subió al cielo, no traemos nada de nuevo respecto a aquellos que vosotros llamais hijos de Zeus... El Hijo de Dios, que se llama Jesús, aunque es un hombre común, por su sabiduría merecería ser llamado hijo de Dios: todos los escritos dicen que Dios es padre de los dioses o de los hombres. Pero si afirmamos que nació de Dios, Verbo de Dios, de un modo diverso de cualquier otra generación. Esto es para vosotros parecido a lo que se dice de Hermes, que es denominado verbo enviado por Dios. Si después decimos que nació de una virgen, es semejante a lo que vosotros decís de Perseo (12).

4.- Los excesos cristianos: la secta de las koliridianas

En el montanismo se veneraba de una manera especial a Eva, la madre de los vivientes y con ello se exaltaba la figura de la mujer. El montanismo tenía puntos de contacto con el culto a Cibeles. Era bastante popular en torno al Vesubio en Italia y entre el campesinado, el culto a la Magna Mater. Los montanistas daban gracias a Eva por haber comido del árbol del conocimiento y honraban a María la hermana de Moisés como profetisa y tenían especial devoción a las cuatro hijas de Felipe, profetisas y vírgenes. Pusieron a María en lo más alto de su fe, creencias y culto. En la lista de herejías conservadas bajo el nombre de un obispo sirio, Maruta de Maioherkat (†420), se menciona a los montanistas y se les atribuye, entre otras cosas lo siguiente:

  • Llaman "divina" a la bienaventurada María; dicen que un "arconte" se unió a ella y así fue engendrado en ella el Hijo de Dios.

Una probable derivación de este movimiento fue, tal vez, la secta de las koliridianas. De ella nos informa Epifanio de Salamina. No está muy afortunado en la forma de presentarla; sobre todo, porque manifiesta un fuerte antifeminismo.

  • Esta herejía, difundida en Arabia, en Tracia y en la parte superior de Escitia, ha llegado a nuestros oídos. Los hombres prudentes la juzgan ridícula y digna de desprecio. Pero tratemos de desenmascarar los errores y exponer la doctrina...Mientras que los miembros de la secta de los antidicomarinitas, con cálculos humanos, propalan ideas poco respetuosas respecto a María, estos, inclinándose hacia el extremo opuesto, han llegado al culmen de la iniquidad, hasta confirmar con su conducta aquel célebre dicho de algunos filósofos paganos: "los extremos se tocan"... Unos desprecian a la santa Virgen, otros la honran mucho más de lo permitido. Quienes siguen el segundo error son, sobre todo, mujeres. Las mujeres son inestables, vacilantes y escasas de inteligencia. Parece que justamente a través de ellas el demonio ha vomitado este error... semejante a los errores de Quintila, Maximila y Priscila. Algunas de estas mujeres, en un período del año que ellas consideran solemne, después de haber adornado un carro... extienden sobre él una tela y durante algunos días exponen sobre ella pan, que después ofrecen en el nombre de María. Al final todos lo comen juntos... ¿Quién entre los profetas permitió que fuera adorado un hombre y mucho menos una mujer? Aunque María aparezca como vaso venerable, es con todo una mujer y no es en nada diferente de la naturaleza de la mujer, aunque haya ido colmada de honor en el alma y en el cuerpo, como ocurre con los cuerpos de los santos... Que María sea honrada; pero sólo el Padre, el Hijo y el Espíritu deben ser adorados. Nadie se permita adorar a María (13).


5.- La diosa-tierra


Para los antiguos la misma tierra revelaba lo divino femenino. En su fecundidad se descubre el misterio que se repite en cada mujer cuando tiene un niño. La tierra aparece como un vientre misterioso, que recibe la semilla y la fecunda. Así la Tierra –¡con letras mayúsculas!– se convirtió en la personificación de la Madre por excelencia. Sobre esto se apoya el mito cosmogónico de que de la unión entre cielo y tierra nacieron todas las cosas. Por eso, entre los antiguos la tierra era muy venerada. La madre original es la Tierra, decía Platón.


San Ireneo hablaba de un paralelismo entre Jesús y Adán a causa de sus orígenes virginales. Adán fue creado de la tierra-virgen y Jesús nació de una Virgen, María:

  • ¿De dónde proviene la sustancia del primer hombre? De la voluntad y de la sabiduría de Dios y de la tierra virgen... De esta tierra, todavía virgen, Dios tomó barro y plasmó al hombre, principio del género humano. Queriendo el Señor restaurar al hombre, reprodujo el mismo esquema vistiéndose de la carne: nació de la virgen por voluntad y sabiduría de Dios para hacer manifiesto que aquel cuerpo era semejante al de Adán y que era el mismo hombre de quien se había escrito desde el principio que era hombre según la imagen y semejanza de Dios (14).

San Juan Crisóstomo, desarrolló este símbolo:


  • Edén significa tierra virgen y tal fue el lugar en el cual Dios plantó el paraíso (Gen 2,8). Sabe, por tanto, que el paraíso no fue obra de las manos del hombre. La tierra era virgen. No había sido todavía penetrada por el arado, ni excavada en el surco, sino que –sin conocer las manos de los agricultores–, sólo por mandato, hizo germinar aquellas plantas. Por esta razón la llamó "Edén", que significa tierra virgen. Esta virgen fue el "tipo" de la otra Virgen. De hecho, como esta tierra, sin recibir simiente, hizo germinar para nosotros el paraíso, así también la otra, sin recibir simiente de hombre, hizo germinar para nosotros al Cristo. Cuando un judío te pregunte cómo puede dar a luz una virgen, respóndele así: ¿cómo una tierra virgen pueda hacer germinar plantas estupendas? En hebreo Edén significa "tierra virgen" (15).


San Ambrosio dijo que ex terra virgine Adam, Christus ex virgine (16). Identificaba a María con la tierra virgen sobre la que había caído la palabra creadora de Dios.

En un himno medieval se decía que María era terra non arabilis quae fructum parterit. No poco cristianos veían en ella, lo que los paganos contemplaban en la diosa-tierra que da la vida: el femenino sublime.

Como podemos ver, el simbolismo de la tierra virgen es auténticamente femenino. Va mucho más allá del relato literario. Se trata de una visión mítica, que intenta en cierta manera afirmar la precedencia ontológica de la maternidad virginal sobre la maternidad no-virginal. No estamos en el campo de la imaginación literaria, sino de la reflexión mítica, de la explicación simbólica del cosmos. Estamos en terrenos de la Magna Mater.


6.- María no es una diosa


Juan Damasceno (segunda mitad del s.VII), debe combatir todavía en su tiempo la tendencia a identificar a María con una diosa. En su II Homilía sobre la Dormición lo dice así:

  • También nosotros celebramos la solemnidad de la partida de la Madre de Dios sin flautas ni coros, sin ritos orgiásticos de la madre de los así llamados dioses, tal como la llaman (17); aquella de quien los necios propalan que tiene muchos hijos, cuando en realidad no tiene ninguno. Se trata únicamente de demonios y de oscuros fantasmas, que simulan en vano lo que no son, ayudados por la locura de aquellos que se dejan engañar.... Nosotros adoramos a Dios, un Dios que no ha venido del no-ser al ser, sino que existe siempre y desde siempre por encima de cualquier causa, palabra y concepto de tiempo como de naturaleza; honramos y veneramos a la Madre de Dios, sin que ello signifique que de ella nació fuera del tiempo la misma divinidad... Reconocemos de hecho un segundo nacimiento, según una encarnación voluntaria porque conocemos y declaramos su origen (18)

NOTAS

(1) Hipólito, Elenchos VI, 29,5-6.

(2) El trueno, la mente perfecta, VI, 13,16 - 14,15.

(3) Hipólito, Ref., 6,18.

(4) Apócrifo de Juan, II,1,31 - 2,14, en L. Moraldi, Testi gnostici, Torino 1981.

(5) Apócrifo de Juan, 4,34 - 5,7.

(6) Apuleyo, El asno de Oro, XI,1-2, Gredos, Madrid 1983, 321-323.

(7) Apuleyo, o.c., XI,3-4, 324-325

(8) Apuleyo, o.c., XI,5-6, 325-327.

(9) Apuleyo, o.c., XI,19, 338.

(10) Agustín, Ciudad de Dios, II,4,1-4, BAC 272, pp. 139-140.

(11) Agustín, Ciudad de Dios, II, cap. 6, p. 143.

(12) Justino, Apología I,21-22: PG 6,360,361.

(13) Epifanio, Haereses, 79,1.5.7.: PG 42,740 C - 741, 748 A-C, 752 A-B: GCS 37, 475-476.479-480.482.

(14) Ireneo, Demonstratio apostolicae praedicationis, 32-33: SC 62,82-96.

(15) Juan Crisóstomo, De mutatione nominum, 2,3-4: PG 51,129.

(16) Ambrosio, In Lucam 4,7,8: CChL 14,108.

(17) El Damasceno alude a Gea, la diosa griega de la tierra, o tal vez a Cibeles, la Gran Madre de los dioses, o a ambas objeto de los cultos misterios y orgiásticos de época muy tardía.

(18) Juan Damasceno, Homilía II sobre la Dormición, 15: PG 96, 721-754.


EphMar – 45(1995) pp. 155-164


En camino hacia la Pascua

58,1: Clama a voz en grito, no te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados.

58,2: A mí me buscan día a día y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la virtud practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.

58,3: - ¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores.

58,4: Es que ayunáis para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz.

58,5: ¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh?

58,6: ¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?

58,7: ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?

58,8: Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.

58,9: Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: "Aquí estoy." Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,

58,10: repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.

58,11: Te guiará Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan.

58,12: Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos frecuentados.

(Isaías, 58,1-12)

«Ciego de nacimiento»

José Antonio Pagola

Es «ciego de nacimiento». No sabe lo que es la luz. Nunca la ha conocido. Ni él ni sus padres tienen la culpa, pero allí está él, sentado, pidiendo limosna. Su destino es vivir en tinieblas.

Un día, al pasar Jesús por allí, ve al ciego. El evangelista dice que Jesús es nada menos que la «Luz del mundo». Tal vez recuerda las palabras del viejo profeta Isaías asegurando que un día llegaría a Israel alguien que «gritaría a los cautivos: ¡salid! y a los que están en tinieblas: ¡venid a la luz!».

Jesús trabaja los ojos del pobre ciego con barro y saliva para infundirle su fuerza vital. La curación no es automática. También el ciego ha de colaborar. Hace lo que Jesús le indica: se lava los ojos, limpia su mirada y comienza a ver.

Cuando la gente le pregunta quien lo ha curado, no sabe cómo contestar. Ha sido «un hombre llamado Jesús». No sabe decir más. Tampoco sabe dónde está. Sólo sabe que, gracias a este hombre, puede vivir la vida de manera completamente nueva. Esto es lo importante.

Cuando los fariseos y entendidos en religión le acosan con sus preguntas, el hombre contesta con toda sencillez: pienso que «es un profeta». No lo sabe muy bien, pero alguien capaz de abrir los ojos tiene que venir de Dios. Entonces los fariseos se enfurecen, lo insultan y lo «expulsan» de su comunidad religiosa.

La reacción de Jesús es conmovedora. «Cuando se enteró de que lo habían echado fuera, fue a buscarlo». Así es Jesús. No lo hemos de olvidar nunca: el que viene al encuentro de los hombres y mujeres que se sienten echados de la religión. Jesús no abandona a quien lo busca y lo ama, aunque sea excluido de su comunidad religiosa.

El diálogo es breve: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». Él está dispuesto a creer. Su corazón ya es creyente, pero lo ignora todo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dice: No está lejos de ti. «Lo estás viendo; el que te está hablando, ése es». Según el Evangelista, esta historia sucedió en Jerusalén hacia el año treinta, y sigue ocurriendo hoy entre nosotros en el siglo veintiuno.


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lunes, 25 de febrero de 2008

A un mar de distancia


Francisco Carín García

Azul océano, brisa, y una luz saturada que invita a contemplar cada esquina. Hasta hace poco, unos 50 años, era una de las pocas culturas que quedaban en el planeta sin contaminar por una cultura dominante (generalmente occidental). La Isla de Lanyu (orquídea en Chino) gracias al interés antropológico del imperio Japonés durante el siglo XIX, había sido mantenida en todo lo posible sin interferencia externa durante los cincuenta años que duro el tiempo de la colonización japonesa; una especie de laboratorio antropológico.

Este año he tenido la oportunidad de compartir con ellos, por segunda vez, parte de mi verano en un campamento para niños y una semana de catequesis en las diversas parroquias de la isla. La mayor parte de sus 2200 habitantes son cristianos, y curiosamente han logrado mantener firme su identidad cultural/ritual pese a su cristianismo. Digo "pese" porque por desgracia la fe cristiana (ya católica ya reformada) ha sido protagonista durante los últimos 500 años del genocidio cultural de numerosos pueblos. So capa de "verdad-fe-civilización", costumbres y ritos tradicionales desaparecieron o bien se vieron fuertemente contaminados por el cristianismo.

En esta isla, ritos ancestrales de transición como nacimiento, muerte, pesca del pez volador, botadura de la barca... o religiosos como la ofrenda anual a Dios (que para ellos no es Padre, sino mas bien abuelo -padre es una relación demasiado inmediata como para ser aplicada a Dios) han logrado mantenerse en su original integridad. La tribu "Yamei" o "Tao" esta emparentada con las tribus del norte de Filipinas (isla de Batan) con quienes comparten lenguaje (similar en un 75-80%) y en principio la cultura; pero mientras en Filipinas la cultura original ha desaparecido casi por completo debido a la colonización española y la consiguiente evangelización, aquí permanece en toda su riqueza.

El gobierno nacionalista chino no tuvo la misma delicadeza que el japonés a la hora de enfrentarse a la idiosincrasia cultural de esta isla, y en vez de intentar mantener su peculiaridad, la colonizó. Se introdujeron arquitecturas y materiales foráneos, policía, ejercito, hoteles, aeropuerto, motos, coches... y lo peor de todo la decepción y la mentira. Engañaron a los nativos y ubicaron en la isla el depósito permanente de los residuos radiactivos de las centrales nucleares de Taiwán; aun hoy el nombre que aparece en la puerta de la finca "Depósito de residuos" es un nombre genérico que diciendo media verdad oculta la triste realidad. Un pueblo cuya única tierra es una isla de unos 45 Km2 recibe como herencia y legado de esto que llamamos civilización un deposito, casi eterno, de muerte y condenación.

Con el mar por medio Aunque son menos de 50 los Km. que separan ambas islas (Taiwán-Lanyu) es realmente un mar de distancia. Los días claros, esto es, en los que el viento sopla del este o sudeste (Océano Pacifico), se pueda ver con toda claridad la espina dorsal de Taiwán, su cordillera central que se eleva hasta los 3952m (Mt. Yushan). Cuando el viento sopla desde otra dirección arrastra la contaminación atmosférica de Taiwán y su contorno se borra hasta desaparecer del horizonte. Triste desarrollo el nuestro.

Es el domingo XIX del tiempo ordinario y concelebro la eucaristía con los hermanos y hermanas de Lantao. La primera lectura habla del maná; el evangelio de no preocuparnos tanto del alimento perecedero... Y comparto con ellos la palabra y el sentir como lo hago ahora con ahora con vosotros... En los doscientos años mas o menos que llevamos de civilización liberal-capitalista-consumista-de mercado hemos logrado llevar la tierra al limite de la habitabilidad, hemos aniquilado miles de especies, hemos agujereado la capa de ozono, alterado la temperatura y el clima, hemos convertido tierra, mar, aire y espacio en vertedero de nuestros residuos, hemos puesto numerosos pueblos al limite de la supervivencia agotando los recursos que pertenecen a todos... y nos hemos cínicamente autodenominado "países desarrollados" otorgándonos el privilegio de dirigir el destino del mundo y obligando a los demás pueblos a someterse si es que quieren salir en la foto. Los aborígenes de Lanyu llevan miles de años viviendo en esta remota y pequeña isla y hasta la llegada de la colonización sino-taiwanesa habían logrado mantener un sano equilibrio entre la demanda y la oferta de los limitados recursos de que disponían.

Su secreto... algo que resulta difícil de entender al hombre blanco (y al amarillo)... su secreto... algo que nosotros pueblos tradicionalmente cristianos proclamamos incesantemente en nuestras iglesias, casas y reuniones pero que vitalmente no creemos...su secreto…nosotros decimos haberlo recibido de Jesús "viva voce". Su secreto...no tomar de la hermana Tierra y el hermano Océano nada que no sea verdadera necesidad... esto es..."el pan nuestro de cada día dánosle hoy". Su ortopraxis resulta ser más veraz que nuestra ortodoxia. En nuestro rezo decimos creer lo que nuestro hacer niega día a día. Ellos en su hacer cotidiano nos demuestran sincera y sencillamente el profundo sentido ecológico y humanizante que surge del tomar y satisfacerse solo con el pan cotidiano. A ellos les ha servido para sobrevivir milenios... sin embargo...¿Cuántos años le quedarán, de seguir así, a esta nuestra civilización-cultura "desarrollada"?

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En Japón existe Kamagasaki

Kamagasaki
Francisco Carín, cmf

20 de Octubre del 2001.

Mañana soleada. Osaka, segunda ciudad del avanzado país del sol naciente. El aire es fresco, ya es otoño y algunos árboles comienzan a dibujarse en tonos bermejos. Unos hacen deporte, otros pasean a los bebés en sus carritos. Entre las frondas del parque hay una pequeña ciudad. Es seguramente el terreno más caro de la ciudad, a la sombra del castillo de Osaka y junto al corazón financiero de la urbe.

Esta ciudad entre los árboles no es ningún barrio residencial. Usando materiales de desecho, toldos, maderas y plásticos han ido surgiendo como hongos estas viviendas unipersonales.

Sorprende y cuestiona. ¿No era Japón un país superdesarrollado? ¿es posible? ¿Por qué?…

Seguimos adelante, visitamos la catedral de Osaka, solemne, firme, asentada, impertérrita… el metro, transbordos, estaciones, cada vez más cerca del margen, bajamos del tren. Esta estación no se parece a las otras, parece mucho más pobre que las deslumbrantes catacumbas de neón y mercancía del centro. Salimos. Un aviso: prohibido hacer fotos, excepto cuando Nobúo Masakawa, cmf, nos lo diga. A la gente que se dirija a nosotros responderemos con "konichiwa" (buenos y "arigató" (gracias). Cruzamos un semáforo, frontera del margen y entramos en Kamagasaki.

¿Qué es Kamagasaki? Urbanamente un barrio. Socialmente un vertedero. Económicamente un daño colateral. Físicamente un agujero negro. Políticamente un vacío. Cristianamente una teofanía, una encarnación, el lugar donde habita Dios… y a dónde hay que trasladarse para encontrarle.

Durante tres días hemos estado reunidos celebrando la Asamblea de la Delegación de Asia Oriental. Hoy hemos tocado tierra. La temática en torno a la cual ha girado esta asamblea y su preparación ha sido ¿Qué significa y cómo ser profeta hoy en Taiwán, Corea y Japón?. Me doy por respondido. Los hermanos Masakawa, claretianos, han convivido durante años con ellos. Convivir significa no sólo "estar" en la zona, sino intentar ser con ellos.

Nobúo nos contaba como una vez una de las personas sin techo que viven en esa zona le ofreció su propia comida para comer. Gastronómicamente no era plato de buen gusto, y sanitariamente dejaba que desear. Su estómago no está para muchos trotes, pero ¿podía rechazarlo?. Haciendo de tripas corazón comulgó con él y tomó una cucharada. Aquella persona no le pidió más; una sola cucharada bastaba para dejarle entrar en su casa. Y poco a poco se fue haciendo historia. Fujío y Nobúo buscaron sobrevivir como ellos, recogiendo latas o cartones por la calle, buscando comida entre los desechos de los mercados, asociándose con otros en esta tarea de supervivencia…

No es comprensible, es difícil de asimilar. ¿Para esto formamos a la gente? Tanta teología y filosofía ¿para qué? Es tirar el dinero... Estas voces también surgieron en nuestra Delegación. Paradoja (1): Es precisamente tanta teología y filosofía las que dan sentido a esta presencia claretiana. De no ser porque hemos estudiado dónde y cómo encontrar a Dios entre los caminos del mundo nunca habríamos acabado en Kamagasaki buscándole. Para los que sobreviven allí la presencia de los hermanos Masakawa es simbólica (2) y sacramental. Hace coincidir y desvela en ese mismo lugar y personas la acción y presencia de un Dios encarnado que de otro modo pasaría desapercibido, anónimo, mudo.

Sorprende el parque triangular, con la comida que se da varias veces a la semana por un grupo de colaboradores voluntarios (de toda raza, lengua, pueblo y nación), incluídos algunos de los sin techo, que han encontrado sentido en el servir a los demás. Aquel día sumaron casi 1.800 personas las que se acercaron a saciar el hambre. Esto es lo que sorprende de Kamagasaki, la concentración de los sin casa. Tras el almuerzo en la pequeña casa donde se hace físicamente presente el espíritu claretiano fuimos andando a otro parque. Atardecía. Me recordó el Bronx de las películas. Unos niños saltaban una valla metálica para entrar al parque infantil a jugar. La valla había sido colocada por el ayuntamiento para evitar que los sin casa hagan sus tiendas por todo el parque y lo estropeen.

Un poco más allá, hacia lo que era un paseo del parque aparecen las tiendas y nuestra tienda. Dios antes de encarnarse fue un "sin techo". Vagó por el desierto del Sinaí en una tienda con el pueblo de Israel, compartiendo su misma suerte, siendo símbolo y sacramento del éxodo de su pueblo. El silencioso hermano Fujío tiene aquí una tienda, hecha de plásticos y desechos, compartida por mosquitos y otros bichos, fría, húmeda, sofocante, lúgubre, dependiendo de las horas, días y estaciones. Su tienda es nuestra tienda. De nuestras casas pueden (podemos) decir los hombres si son buenas o no, según nuestros parámetros y expectativas. De las casas claretianas que conozco esta es la tercera en que la voz de Dios saltó en mi corazón como Juan en Isabel y escuché "y vio Dios que era bueno". Dios sabe que para los claretianos es bueno que vivamos sencillos e incluso pobremente, y hacerlo donde podríamos vivir bien lo convierte en parábola.

De vuelta, otra vez trenes, transbordos, luces y tiendas, el mundo conocido y que nos reconoce, que nos sabe conquistar y vender lo que quiere, que nos agasaja. Por fin nuestra casa, yo tengo techo, tú tienes techo, nosotros tenemos techo, vosotros tenéis techo. Pero ellos, él, Él, Ellos no tienen techo.

(1) Idea o afirmación en apariencia extraña y que se opone a la opinión general.
(2) Del griego "Symballo", hacer coincidir.

* * * * *

El penoso camino del catolicismo en China


John L. Allen, Jr.

Si nos planteáramos alguna pregunta constante sobre si hay en China un boom espiritual hoy, tendríamos ahora una respuesta en dos palabras: Yu Dan.

Mujer de 42 años, presentadora de un programa de entrevistas, e icono de la cultura pop, Yu Dan, es la autora de “Notas para Leer los Analectos” – una especie de “Consomé para el alma” – que ha vendido entre tres y cuatro millones de copias, y que ha llegado a ser una de las mayores superventas en China desde el “Librito Rojo” de Mao. El éxito de Dan ilustra cómo China ha venido a ser, según el escritor Zha Jianying, el “mayor mercado del alma” en el mundo. Con una población de mil trescientos millones de habitantes, China está intentando llenar un vacío ideológico provocado, por una parte, por el colapso del comunismo entendido como nada más que un sistema de control político, y, por otra, por los trastornos de sorprendentes pero desiguales niveles de crecimiento económico.

“¡Hay tantas almas heridas, desamparadas, que están desesperadas por encontrar algo en que creer y a lo que agarrarse después de estos drásticos cambios”, dijo Jianying a la agencia Reuters en Mayo.

El Confucionismo posmoderno de Dan no es la única opción espiritual que se monta sobre esta ola. En el noroeste de China se estima que el movimiento de renovación está afectando también profundamente a unos 20 a 30 millones de musulmanes. Según un reportaje del 2006 en la revista “Asia Times”, se están abriendo nuevas escuelas musulmanas que acentúan fuertemente la ortodoxia islámica; jóvenes chinos musulmanes están estudiando a lo largo y ancho del Medio-Oriente, y llevando, de vuelta a casa, nuevas energías misioneras; y un número creciente de musulmanes chinos están observando la peregrinación (hajj) anual a la Meca. La apertura económica de la China posterior al líder Deng Xiaoping ha expandido oportunidades para las naciones musulmanas, especialmente Arabia Saudita, para patrocinar y financiar empresas islámicas en China.

Quizás la explosión más sorprendente de energía religiosa se centra en la población cristiana pentecostal en China. En el momento de la toma del poder comunista en 1949, había en China aproximadamente 900,000 protestantes. Hoy, el “Centro para el Estudio de la Cristiandad Global”, que publica la muy consultada “Base de Datos Cristiana del Mundo”, dice que hay actualmente 111 millones de cristianos en China, más o menos el 90% protestantes, y la mayoría de ellos pentecostales. Esto, de ser verdad, haría de China el tercer país con un número mayor de cristianos de la tierra, solamente detrás de Estados Unidos y Brasil.

El Centro calcula que para el 2050 habrá 218 millones de cristianos en China, el 16% de la población, suficiente para hacer de China la tercera nación más ampliamente cristiana del mundo. Según los estudios del Centro, se dan en China cada día unas 10,000 conversiones.

Los datos religiosos son notoriamente imprecisos en un estado oficialmente ateo, y no todos aceptan estos cálculos deslumbrantes. En la puesta al día de su libro del 2006 “Jesús en Beijing”, el anterior jefe de la agencia de la revista “Time” en Beijing, David Aickman, calculó el número de protestantes en 70 millones. Richard Madsen, que fue misionero de Maryknoll y autor de “Los Católicos en China”, me dijo que él propondría un número más bajo todavía, unos 40 millones. Esto está en línea con el “World Factbook” de la CIA, otra fuente extensamente consultada.

Sin embargo, aun esos cálculos más conservadores significarían que el protestantismo en China experimentó aproximadamente un crecimiento del 4,300 por ciento en la segunda mitad del siglo pasado, sobre todo después de la Revolución Cultural del siglo pasado, al final de los 1960 y en los 1970. Una serie de video en cuatro partes salida en 2003, llamada “La Cruz: Cristo en China”, y producida por el documentalista chino Yuan Zhiming, entrevista a muchos de los líderes de esta renovación espiritual, cuyo dinamismo o energía evangélica es palpable. Es muy de notar que el protestantismo despegó con fuerza después de la expulsión de misioneros extranjeros; esto quiere decir que la mayor parte de la expansión ha sido “hecha en casa” (made in China) por creyentes del país…

Curiosamente, este próspero “mercado de almas” parece haber desplazado ampliamente a la Iglesia católica. En 1949, había 3,3 millones de católicos. El cálculo más común hoy en día es de 12 millones. En este tiempo, la población china creció multiplicada por cuatro, lo que significa que el catolicismo ha hecho poco más que seguir el mismo ritmo. Hace medio siglo, el protestantismo chino era tres veces y media menor que el catolicismo; hoy, es al menos tres veces y media mayor.

En una entrevista del 2003, el entonces obispo Mons.José Zen de Hong Kong (ahora Cardenal) dijo que los protestantes estaban ganado la competición por las almas de China.

Obviamente, dada la dura persecución de los católicos chinos, sólo el hecho de que la fe sobreviva ya es de alguna manera un milagro. Esa persecución continúa hasta hoy. Justamente la semana pasada, tres sacerdotes católicos fueron arrestados en Mongolia Interior por rechazar someterse a la “Asociación Católica de China”, patrocinada por el estado. El heroísmo del clero y del laicado chinos es sin duda uno de los capítulos de mayor inspiración en la historia de la Iglesia.

Sin embargo, la persecución no ha recaído solamente sobre los católicos. Protestantes, Budistas, Maoístas, Musulmanes, los Falungong, y otros, muestran historias semejantes de martirio. Un pastor protestante le dijo a Aikman: “La cárcel china es mi seminario. Las esposas policiales y los palos eléctricos nocturnos son nuestro material o equipo. Eso constituye un entrenamiento especial de Dios para el Evangelio”. A pesar de semejantes experiencias, aparentemente el catolicismo no ha experimentado el mismo resurgir reciente.

¿Por qué no? Los observadores veteranos de China ofrecen generalmente cuatro explicaciones.

1 . Falta de Infraestructura Eclesial

Según un análisis del 2005 hecho por la religiosa de Maryknoll, Sor Betty Ann Maheu, hay en China unas 6,000 iglesias católicas, pero solamente con 3,000 sacerdotes, lo que significaría que aproximadamente a la mitad de las iglesias católicas en el país les falta un sacerdote residente. Por lo general, la proporción católicos-sacerdote en China es más o menos de 4,000 a uno, mejor que en América Latina donde es de 7,000 a uno) o el Caribe (más de 8,300 a uno), pero considerablemente peor que en Europa (1,100 a uno) o Estados Unidos (1,300 a uno). También, un número significativo de sacerdotes chinos están en la cárcel o sometidos a otras formas de supervisión.

Sor Maheu afirma que, a corto plazo, es probable que la escasez de sacerdotes en China se agudice. “Hubo un boom vocacional al comienzo de los 1980 -dijo-, pero hoy los números van bajando, mientras las oportunidades económicas expansivas hacen más difícil el reclutamiento y la perseverancia”. Madsen dice que incluso en Shanghai, considerado normalmente como la comunidad urbana católica más dinámica en el país, la mayoría de los seminaristas proceden de los poblados católicos rurales, cuya población está en declive.
China tiene 110 diócesis y 114 obispos activos, lo que en teoría significa que la mayoría de las diócesis deberían tener un obispo. Sin embargo, al menos una docena de obispos están en la cárcel, bajo arresto domiciliario o sujetos a severa vigilancia. A causa de las dudas sobre la legitimidad de obispos que se han inscrito con el gobierno, su liderazgo es impugnado con frecuencia. Dadas las tensione crónicas entre China y el Vaticano, las diócesis permanecen a veces vacantes por largos períodos de tiempo. Algunos de los obispos más jóvenes en el mundo hoy están en China, muchos nombrados a la edad de treinta años recién cumplidos, en parte por miedo a que la oportunidad para nombrar otro obispo no se presente de nuevo tan pronto.

Sor Maheu advierte que hay más de 5,000 religiosas consagradas en China, y dice que el crecimiento de la vida consagrada tiene un futuro “muy prometedor” para la Iglesia.

2. La Sociología del Catolicismo Chino

Históricamente, el catolicismo en China era casi enteramente un fenómeno rural. Madsen dice que a pesar de la urbanización incontrolada, probablemente del 70 al 75 por ciento de los católicos están todavía concentrados sobre todo en pueblos homogéneos católicos, especialmente en las provincias de Hebei y Shanxi, al noreste, cerca de Beijing. Incluso la franja urbana del catolicismo, dijo él, está compuesta en su mayor parte por aldeanos que han emigrado a la ciudad; y la experiencia nos dice que muchas veces les resulta difícil mantener la fe en el nuevo ambiente de la gran urbe.

La tenacidad de esos aldeanos católicos es realmente materia de leyenda. El libro “Los católicos de China” cuenta la historia de un pueblecito en la provincia de Shanxi a donde llegó en 1985 un equipo de planificación familiar para intentar favorecer medios anticonceptivos, de acuerdo a la política del estado de “un-solo-hijo”. Los vecinos del pueblo rodearon el vehículo, y cuando los miembros del equipo se retiraron a su residencia, les arrojaron piedras por las ventanas. Finalmente el equipo tuvo que ser rescatado por la policía, y huyó del pueblo.

Sin embargo, el carácter rural de la Iglesia significa también que está discapacitada y desfavorecida en términos de expansión misionera, ya que con frecuencia se asume como mayor prioridad el preservar las comunidades católicas existentes que el hacer nuevos conversos. Los católicos están menos representados en áreas urbanas, donde se están creando los más vibrantes “mercados de almas” para los nuevos movimientos espirituales.

La insularidad de algunas comunidades rurales, dice Madsen, significa también que muchas reformas desencadenadas por el Concilio Vaticano II (1962-1965) nunca llegaron realmente a China. Incluso en la cosmopolita Shanghai, la primera misa en lengua china no se celebró hasta 1989. (Irónicamente, éste es un punto en el que tanto comunistas chinos como católicos tradicionalistas están de acuerdo. Ambos prefieren la misa en latín; en el caso de los comunistas porque significa que la mayoría de la gente no la entenderán).

3. División Interna

El catolicismo chino está profundamente lacerado por la cuestión de cooperación con el régimen comunista. Por lo general -dicen los observadores de China- los católicos que toleran la vigilancia estatal lo hacen no por entusiasmo por el proyecto oficial de una “iglesia autogobernada, autofinanciada, auto-propagada”, sino más bien porque ésa parece ser la mejor estrategia de sobrevivencia. Sin embargo, los católicos que rechazan esta opción, motivados por su inquebrantable lealtad al papa, y que con frecuencia tienen que aguantar la cárcel, el acoso y la discriminación, miran frecuentemente a los católicos “abiertos” como demasiado transigentes y acomodadizos.

En su forma más extrema, las divisiones pueden volverse violentas. En 1992, un sacerdote de la “iglesia abierta” en Henan fue asesinado por un seminarista disgustado, que alegaba que se le había negado la ordenación sacerdotal a causa de sus lazos con la iglesia no oficial. El sacerdote colapsó y murió durante la misa, después de beber de lo que realmente era un cáliz envenenado.

En años recientes se han visto esfuerzos significativos para sanar esta brecha y ruptura. Se suele calcular que hasta el 90 por ciento de los obispos ordenados sin la autorización del papa han recibido ahora el reconocimiento del Vaticano. Los católicos, tanto de la “iglesia abierta” como de la iglesia no inscrita con el gobierno, con frecuencia celebran el culto juntos y reciben los sacramentos del mismo clero; ha llegado a ser un mantra común que “sólo hay una iglesia católica en China”. Sin embargo, la amargura difícilmente es una pieza de museo. El Papa Benedicto XVI dio a conocer o hizo pública una “Carta a los católicos chinos”, en Mayo, que llamaba a la unidad, garantizaba que el catolicismo no es un enemigo del estado, pero también insistía en que la iglesia no puede aceptar interferencia alguna en su vida interna. Es digno de notar que Benedicto XVI revocó las facultades dadas en 1978 a los obispos “clandestinos” para designar sucesores y para ordenar sacerdotes sin contacto con Roma. Acalorados debates se desencadenaron sobre cómo interpretar la carta papal. Un intercambio duro e irritado ha surgido entre el misionero belga P. Jerónimo Heyndrickx, frecuente consejero del Vaticano en China, y el Cardenal José Zen de Hong Kong, que abiertamente critica al régimen comunista.

A principios de julio, Heindrickx publicó un comentario sobre la carta del papa en la revista “Union of Catholic Asian News”, subrayando que el papa llamaba al diálogo y la unidad. Entre otras cosas, Heindrickx sugería que sería deseable que los obispos clandestinos salieran a la luz pública.

El 18 de julio, Zen hizo pública una dura respuesta, en la que comenzaba afirmando que Heindrickx había perdido el “vasto consenso y la mirada positiva” que antes gozaba entre los católicos chinos.

“Cada iniciativa del P. Heindrickx necesita la aprobación del Sr. Liu Bainian, de la “Asociación Católica Patriótica China” y Encargado Nacional del Gobierno para Asuntos Religiosos, y tiene que ser llevada a cabo conforme a las condiciones impuestas por el mismo Sr. Liu. Así se ha construido, y crecido constantemente, el prestigio del Sr. Liu”, escribió el Cardenal Zen, refiriéndose al cuerpo regulatorio oficial del estado para asuntos católicos.

El Cardenal Zen siguió arguyendo que todavía es necesaria la iglesia clandestina china , y que en muchos casos –si no es en la mayoría- los obispos no deberían solicitar inscripción con el gobierno. Los que actúan sin la autorización del papa, dijo, deberían estar sujetos a sanciones canónicas. Heindrickx respondió, tirando con bala, el 20 de julio: “He aprendido que no se necesita mucho coraje para usar los medios de comunicación para demostrar los puntos de vista personales y para criticar a los demás, mientras se necesita realmente tener agallas para sentarse con los que no están de acuerdo contigo y tener largos diálogos personales para superar diferencias y buscar el punto en común”.

Este intercambio de pareceres opuestos -désele la importancia que se quiera- demuestra, de todos modos, las tensiones que fluyen en el catolicismo chino, que dificultan aprovechar y explotar nuevas oportunidades misioneras.

4. Estrategia Misionera

Gran parte de la conversación católica sobre evangelización en China está normalmente expresada en subjuntivo condicional: “Si China se abriera en libertad religiosa…” o “Si la Santa Sede y China establecieran relaciones diplomáticas…” Se supone implícitamente, a veces, que se requiere un cambio estructural previo para que el catolicismo pueda avanzar realmente hacia una fase de expansión.

Por el contrario, la conversación pentecostal sobre misión está expresada con fuerza en el presente de indicativo. Naturalmente, la mayoría de los pentecostales acogerían con gozo el ser arrestados con menor frecuencia, pero en general no están esperando reformas legales o políticas para poner en marcha y llevar a cabo programas agresivos de evangelización. Los más audaces sueñan incluso con llevar el evangelio más allá de las fronteras de China, a lo largo de la antigua Ruta de la Seda hacia el mundo musulmán, en una campaña conocida como “De Vuelta a Jerusalén”. Como Aickman explica en “Jesús en Beijing”, algunos evangélicos y pentecostales chinos creen que el movimiento básico del evangelio durante los 2,000 últimos años se ha realizado en movimiento de expansión hacia el oeste: de Jerusalén a Antioquía, de Antioquía a Europa, de Europa a América, y de América a China. Los cristianos pentecostales chinos creen que ahora les toca a ellos completar el rizo, llevando el evangelio a países musulmanes, para llegar por fin a Jerusalén. Tan pronto como suceda eso -ellos creen-, se habrá predicado el evangelio al mundo entero.

La mayoría de los expertos consideran ese proyecto como sumamente improbable; Madsen dice que duda que sean más que un puñado de protestantes en China los que tomen en serio la visión “Vuelta a Jerusalén”. Aikman es más audaz, al reportar que en 2005 dos seminarios protestantes clandestinos en China estaban entrenando a creyentes para trabajar en naciones islámicas. En cualquier caso, el dato es revelador como una indicación del fermento misionero.

El obispo Jin Luxian de Shanghai, figura controvertida a causa de su buena disposición para inscribirse con el gobierno, pero que goza internacionalmente del respeto de muchos viejos líderes católicos, es una excepción a la indecisión general católica. Luxian, que por cierto es el sujeto de una reseña aduladora en el último número de la revista “The Athlantic”, está renovando su catedral según la estética tradicional china, como parte de un programa más amplio de forjar una auténtica expresión china de la fe católica.

“La vieja iglesia atraía a 3 millones de católicos”, dijo. “Yo quiero atraer a 100 millones de católicos”.

El Futuro

Según consenso universal, China es una superpotencia emergente, en desarrollo. Su economía creció a una tasa media anual de 9.4 por ciento durante los últimos 25 años, y hoy tiene un PIB de 11 trillones de dólares, que la hace la segunda economía mayor en el mundo después de los Estados Unidos de América. Compañías extranjeras han invertido más de 600 billones en China desde 1978, eclipsando de lejos lo que Estados Unidos invirtió en el Plan Marshall para reconstruir la Europa de posguerra. China tiene ahora una clase media de 200 millones de personas, de las cuales 80 millones son ricos y acomodados. El país exporta en un solo día más que en todo el año 1978.

Por lo tanto, es de suma importancia percatarse de cómo esta situación impresiona y conmociona el mundo de lo religioso, incluso para gente que no tiene interés particular espiritual alguno en el resultado. Si la cristiandad china alcanza alrededor del 20 por ciento de la población, por ejemplo, China podría llegar a ser una versión exponencialmente mayor que Korea del Sur (donde los cristianos son entre el 25 y el 50 por ciento de la población, según el cálculo que uno acepte) —una sociedad más democrática, orientada por normas, básicamente prooccidental. Por otra parte, si los dinámicos movimientos musulmanes crean un enclave islámico en la mitad oeste del país, con lazos y pactos financieros e ideológicos con las formas fundamentalistas Wahhabi del Islam en Arabia Saudita, al menos esa parte de China podría convertirse en un Afganistán más rico y más influyente. Si el creciente pluralismo religioso en China se torna tenso e irritable, ello podría significar que una superpotencia bien armada y rica podría desestabilizarse por un conflicto interno, planteando riesgos para la paz y seguridad globales de la nación.

El catolicismo potencialmente podría ofrecer un ingrediente positivo en el nuevo cultivo o guisado espiritual en China. En buena parte, la Iglesia pudiera reportar números significativos de nuevos miembros, aun cuando el mero crecimiento estadístico no sea un fin en sí mismo - como Benedicto XVI dijo recientemente, “las estadísticas no son nuestra divinidad”. Quizás más importante -Madsen cree-, un catolicismo dinámico y creciente pudiera ser una fuerza importante para la construcción de una sociedad civil sana en China.

Sin embargo, para que esto suceda, deberían afrontarse de alguna manera los cuatro puntos importantes subrayados anteriormente. Actualmente, resulta difícil entrever ese acontecimiento. Como la Hermana Maheu decía en 2005, “A no ser que haya una serie de milagros, en mi opinión el viaje del catolicismo en China continuará siendo penoso en un futuro inmediato e incluso lejano”.

Sin embargo, una clave para explicar la expansión a nivel mundial del pentecostalismo, es que los pentecostales viven justamente en constante expectación de tal serie de milagros. Quizás más que esperar la danza difícil entre Roma y Beijing, “un paso adelante, dos pasos atrás”, para lograr la conclusión, los católicos chinos deberían apropiarse una página del manual de juego pentecostal, y abrazar la visión de “el futuro es ahora”. ¡Qué fascinante sería verlos intentar ese camino!

Artículo aparecido en “National Catholic Reporter” (ncrcafe.org)
el 2 de agosto 2007.
Traducido por Carmelo Astiz, Claretiano.

martes, 19 de febrero de 2008

LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES


José Antonio Pagola
San Sebastián, 15 de enero de 2008


En los primeros días de enero de 2008 en la página web de la diócesis de Tarazona han hecho su aparición diversos textos comentando y juzgando mi libro «Jesús. Aproximación histórica», PPC, Madrid 2007. Se trata en concreto de una Carta de Monseñor Demetrio Fernández que lleva como título: «El libro de Pagola hará daño»; una breve nota de Luis J. Argüello, Vicario de la ciudad de Valladolid, titulada «A propósito del Jesús de Pagola»; un escrito de José Rico Pavés, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (CEE) con el título, «Un Jesús irreconocible»; una recensión del teólogo JoséMaría Iraburu que titula «Pagola. Aproximación histórica» y un extenso trabajo del teólogo José Antonio Sayés, «Jesús, aproximación histórica» de José Antonio Pagola, que había aparecido ya en un espacio de Internet en noviembre de 2007.

Aunque se trata de cinco textos firmados por autores diferentes, en realidad en todos ellos resuena una voz análoga y han sido presentados por la diócesis de Tarazona formando un bloque. No sólo el enfoque y el tratamiento de las diversascuestiones es prácticamente idéntico, sino que se utilizan en diversas ocasiones las mismas expresiones y frases de manera casi literal. El obispo de Tarazona los presenta como un conjunto de textos con cuyo contenido se identifica, lo aprueba ylo recomienda a sus fieles.

Este hecho permite estudiar de manera conjunta su posición, perfectamente definida dentro del pluralismo teológico actual, considerando, al menos, las cuestiones más importantes y decisivas. Este es mi propósito en este escrito. Loimportante para mí no es defender mi libro. Al fin y al cabo, es un hecho menor e insignificante en la historia de nuestra Iglesia. Lo que busco es que no seamos los teólogos ni la jerarquía los que cerremos a la gente sencilla las puertas para unencuentro vital y renovador con Jesús y con su Evangelio. No quiero juzgar a los autores de estos escritos ni a quienes se afanan por difundirlos. Quiero escuchar en estos momentos la llamada firme de Jesús a sus seguidores: «No juzguéis a nadie…No condenéis a nadie. Perdonad» (Lucas 6, 37 – 38). Me limitaré a constatar algunos hechos y a plantear algunas preguntas. En cualquier caso, mi disposición ahora y en el futuro va a ser la de estar dispuesto a mejorar mi libro teniendo en cuenta las críticas y sugerencias que se me puedan hacer. Sólo quiero ayudar a la gente a conocer, amar y seguir más fielmente a Jesucristo.

1. PUNTO DE PARTIDA

Me parece importante constatar tres hechos que nos permitan aproximarnos al punto de arranque y a la orientación de estos estudios.

1. Omisión de la verdadera intención de Pagola·

Comienza J. A. Sayés su trabajo de esta manera:

«Decía J. A. Pagola en una entrevista concedida al Diario Vasco (16-10-07) que a él le interesa Jesús porque es el hombre compasivo, que se acerca a los últimos, que busca la dignidad de la mujer». «Los rasgos más importantes de su perfil retratan a un hombre compasivo, un defensor de los últimos, que seinteresó sobre todo por la salud de la gente y que, frente a una visión legalista introduce la compasión como principio de actuación. Ésta es la búsqueda que hace Pagola de Jesús».

· Lo que dice Pagola.

En realidad, las palabras de Sayés son una utilización de lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la tercera pregunta: «¿Cómo era Jesús?». Sayés oculta a sus lectores lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la primera pregunta precisamente sobre qué es lo que me ha impulsado a escribir el libro. Esto es lo que respondo literalmente: «Lo hice por una exigencia de mi fe en un Dios encarnado. Me interesa el hombre en el que Dios se ha encarnado, cómo es, a quiénes se acerca, qué critica, cómo trata a la mujer, cómo desenmascara una determinada religión. Es la única forma que tengo de conocer a Dios. Si Jesús es un hombre compasivo, que se acerca a los últimos, que busca la dignidad de la mujer, estoydescubriendo lo que es el Dios encarnado. Me sorprende que haya entre algunos cristianos un deseo muy grande de afirmar la divinidad de Jesús y que luego no se preocupen en absoluto de cómo se ha encarnado».

· Preguntas:

¿Por qué omite Sayés a sus lectores mi verdadera motivación? ¿Es ése el camino más adecuado para ayudarles a comprender mi libro?¿Puede ser éste el mejor punto de partida para intentar un análisis objetivo de mi libro?

2. Ausencia de la benevolencia inicial pedida por el Papa

En el prólogo de su obra teológica (no magisterial) «Jesús de Nazaret», J. Ratzinger pide con una humildad admirable «a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible» (p.20). Esta recomendación del Papa no se respeta en estos escritos. Iraburu dice: «Tengamos claro desde el principio que Pagola, a través de esta aproximación histórica a Jesús, difunde innumerables doctrinas de teología dogmática y moral, que ha fundamentado en el libre examen de las Escrituras y que son inconciliables con la fe católica. Lo iremos comprobando».

Argüello dice: «se debe prescindir de la fe para reconstruir la figura histórica de Jesús, viene a decirnos el autor, quemanifiesta querer escribir desde la Iglesia católica». (Evidentemente nunca digo yo que, para aproximarnos a la figura histórica de Jesús, se deba prescindir de la fe). Más tarde añade que «el Jesús de Pagola está lleno de prejuicios modernos, sociales y eclesiales». Por su parte, a Monseñor Fernández lo que le preocupa es «alertar de los peligros que pueden acechar» a los lectores y «anima a otros pastores y teólogos, a que examinen con atención este libro… que tanto daño puede hacer anuestros fieles, sobre todo a los más sencillo».

Es también significativo el lenguaje irónico, empleado por Sayés, precisamente cuando está condenando públicamente lo que él considera graves errores doctrinales de un hermano teólogo: «Por lo demás, la explicación de Pagola resulta ridícula»; «si me lo permite Pagola, recurriré a mi Biblia (hace tiempo que pienso que poseo una Biblia diferente)»; «resulta cómico que Pagola…», etc.

· Pregunta: ¿Tiene todo esto algo que ver con esa «benevolencia inicial» sin la cual, según el Papa, no hay comprensión posible?

3. El juicio a la persona del autor

La congregación romana para la Doctrina de la Fe suele pronunciarse sobre las proposiciones de un autor, nunca sobre su fe o sus intenciones subjetivas. Así aparece también en la última Notificación sobre las obras de Jon Sobrino: «La Congregación no pretende juzgar las intenciones subjetivas del Autor, pero tiene el deber de llamar la atención acerca de ciertas proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia».

Desgraciadamente, no es esta actitud respetuosa y lúcida de la Congregación Romana la que aparece en estos textos que no diferencian el juicio sobre una proposición determinada y el juicio sobre el autor. Así Sayés afirma que «para Pagola, Jesús no es Dios». Iraburu dice que Pagola «no cree en la Iglesia»; «para Pagola, Jesús es un hombre»; Pagola «inventa» las verdaderas causas de la condenación a muerte de Jesús; todo el libro es «una presentación de la ideología de Pagola sobre

Es frecuente también ver que se juzgan las supuestas «intenciones subjetivas» de Pagola. Así Rico Pavés afirma que Pagola «se propone solapadamente una revisión integral de la fe»; que Pagola «sabe acudir a expresiones que evocan propuestas fundamentales de la doctrina católica para sugerir solapadamente que carecen de fundamento histórico». Es sencillamente estremecedor sentirse juzgado públicamente así por un teólogo como Iraburu que dice literalmente: «Es cierto que en algunas páginas Pagola dice que «Jesús es la encarnación de Dios», «el hombre en el que Dios se ha encarnado»… Pero son tantas las páginas en las que niega Pagola los fundamentos bíblicos e históricos en los que se apoya la enseñanza de la Iglesia sobre la divinidad de Jesucristo que esas pocas frases no logran hacernos creer que su presentación de Jesús sea conforme con la genuina fe católica. Cualquier lector medianamente espabilado… sabe distinguir lo que dice un autor y lo que quiere decir».

De esta manera, ya no es el libro de Pagola el que hará daño como teme el obispo Fernández. Es Pagola el que resulta «dañino». Por eso, Iraburu, sin más pruebas ni argumentos, denuncia que «la peligrosidad mayor de las doctrinas de Pagola está en sus frecuentes artículos en diarios y revistas, en varias páginas de Internet, en conferencias. Por esta víaprincipalmente es como llega a difundir sus errores a muchísimas personas». Por eso, pide a Dios y a todos los Obispos que «liberen al pueblo cristiano de las tinieblas del error».

· Pregunta: ¿Es éste el lenguaje y la actitud que hemos de promover en la Iglesia para crear comunión y diálogo en el seguimiento fiel a Jesús?

2. LA VERDADERA NATURALEZA DE UN ESTUDIO HISTÓRICO DE JESÚS

¿Cómo se explica que estos autores atribuyan a un libro que, desde su mismo título, aclara que se trata de una «aproximación histórica» a Jesús, todo un conjunto de doctrinas contrarias a la Iglesia e incluso de herejías? A mi parecer, las cosas comienzan a aclararse cuando analizamos en qué consiste la verdadera naturaleza de la investigación histórica sobre Jesús.

1. Estos autores no distinguen entre «investigación histórica» y «cristología»

Siempre ha buscado la teología católica diferenciar bien el estudio de la dimensión humana de Jesús (jesuología) y el estudio de la fe cristiana en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación (cristología). Pero hemos de agradecer de manera especial las precisiones llevadas a cabo por John. P. Meier, el más eminente investigador católico sobre el Jesús histórico en su obra «Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico». Verbo Divino, Estella (1998-2003), p.47-57. Este esfuerzo clarificador de Meier ha sido aceptado de manera muy positiva por la mayoría de los exégetas católicos (aunque con algunas matizaciones) y su obra ha sido considerada por Benedicto XVI como «modelo de exégesis histórico-crítica en la que se ponen de manifiesto tanto la importancia como los límites de esta disciplina» (Jesús de Nazaret, p. 144). Siguiendo sobre todo a Meier, los investigadores católicos distinguen hoy claramente entre un «estudio histórico sobre Jesús», llevado a cabo según los criterios propuestos por la Pontificia Comisión Bíblica (La interpretación de la Biblia en la Iglesia) en 1993, y la «cristología» que es el tratado de teología dogmática que estudia y expone el contenido de la fe en Jesucristo tal como es confesada por la Iglesia católica.

Esta distinción elemental no es tenida en cuenta por este grupo de autores que exigen de un estudio de «aproximación histórica» a Jesús lo que sólo se ha de pedir a la «cristología». Así, Sayés plantea su estudio de esta manera: «Así pues,seguiremos la búsqueda de Pagola preguntándonos qué piensa de Jesús: ¿es un profeta itinerante que nos habla de Dios como Padre o el Hijo de Dios en persona?

Y lo trataremos entrando en los temas decisivos de su teología». Más tarde, en un momento de su estudio, afirma: «lo que tiene que hacer un teólogo no es eliminar los datos de la Escritura y la Tradición. Así no se hace Teología. Lo que tiene quehacer un teólogo es comprender, en la medida de lo posible, el misterio que en ellos se revela». Arrastrados, tal vez, por este error de Sayés, el resto de autores analizan mi libro de investigación histórica como si fuera un tratado de cristología.

Así Iraburu llega a decir como conclusión de su trabajo que «Pagola intenta una aproximación histórica a Jesús, prescindiendo en ella por sistema de todo lo que el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, la Tradición y el Magisterio apostólico han enseñado sobre Jesús hasta hoy». Rico Pavés, al iniciar su análisis dice: «Mediante el recurso a la investigación histórica, el autor traza un programa integral de revisión de la enseñanza de la Iglesia sobre Jesús».

Esta confusión, difícil de calificar en un teólogo, lleva a estos autores a consecuencias increíbles. Sólo señalo dos. Por una parte, me atribuyen todas las herejías y errores doctrinales que no son expuestos por mí en mi libro de investigación histórica: negación de la divinidad de Jesús, negación de la Encarnación del Verbo, eliminación de la concepción virginal de Jesús, negación del carácter sobrenatural de los milagros, negación del carácter redentor de la muerte de Jesús… y otras «innumerables doctrinas de teología dogmática y moral… que son inconciliables con la fe católica» (Iraburu). Por otra parte,Monseñor Fernández, llevando su desconocimiento de lo que es un estudio histórico sobre Jesús hasta extremos sorprendentes, me recrimina que en mi libro «hay un silencio total sobre la reflexión que a lo largo de la historia ha realizadola Iglesia, particularmente en los siete concilios ecuménicos de la Iglesia indivisa a lo largo del primer milenio».

2. Lo que dice Pagola

En mi libro no pretendo, como es natural, exponer una cristología. Trato sencillamente de articular una aproximación histórica a Jesús teniendo en cuenta los criterios emanados de la Pontificia Comisión Bíblica. La interpretación de la Biblia en la Iglesia (PPC. Madrid, abril 2001). Este documento, al presentar los principios del método histórico-crítico, afirma que «es un método crítico que opera con la ayuda de criterios científicos tan objetivos como sea posible en cada uno de sus pasos» (p.36), es decir, no opera con la fe cristiana como instrumento de investigación. Se añade que «es un método analítico que estudia el texto bíblico del mismo modo que todo otro texto de la antigüedad y lo comenta como lenguaje humano» (p.36). Por eso, es muy importante lo que dice el Papa Juan Pablo II en la presentación del Documento: «La exégesis católica no tiene un método de interpretación propio y exclusivo sino que, partiendo de la base histórico-crítica, sin presupuestos filosóficos u otros contrarios a la verdad de nuestra fe, aprovecha todos los métodos actuales, buscando en cada uno de ellos la semilla del Verbo» (p.16).

Esto explica que nadie haya condenado o atribuido a importantes investigadores católicos de Jesús errores doctrinales o herejías. Voy a poner cuatro ejemplos de investigadores católicos eminentes cuyas obras se pueden leer en su traducción española y que, junto a otros muchos, me han servido de referente en mi trabajo: Meier J.P., Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Estella, Verbo Divino, 2001-2003. Este autor, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad Católica de Washington ha sido presidente de la Asociación Bíblica Católica norteamericana y es el investigador católico más elogiado por el Papa Benedicto XVI. 2) Gnilka Joachim, Jesús de Nazaret. Mensaje e historia. Barcelona, Herder, 1993. Este biblista de fama internacional, es profesor de exégesis del Nuevo Testamento en la Universidad Católica de Munich. El Papa considera su obra como una de «las más importantes y recientes» sobre Jesús. 3) Schlosser Jacques, Jesús el profeta de Galilea. Salamanca, Sígueme, 2005. Es profesor en la Universidad Católica de Estrasburgo y uno de los más renombrados especialistas en Jesús y en Nuevo Testamento. 4) Barbaglio Giuseppe. Jesús hebreo de Galilea. Investigación histórica. Salamanca, Secretariado Trinitario, 2003. Recientemente fallecido, ha sido un eminente especialista italiano, autor de una producción bíblica de gran calidad.

Ninguno de estos autores estudia la divinidad de Jesús, la encarnación del Verbo, el carácter sobrenatural de los milagros, el valor salvífico de la muerte de Cristo, la teología sacramental de la eucaristía… y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido condenarlos. Para que los lectores españoles conozcan la naturaleza de la investigación de estos exégetas católicos eminentes, no sólo no condenados por Roma sino elogiados por el Papa, me permito citarlos sobre algunas cuestiones:

. Sobre la concepción virginal de Jesús: «Por sí sola, la investigación histórico-crítica carece simplemente de las fuentes y los medios necesarios para llegar a una conclusión definitiva sobre la historicidad de la concepción virginal como la narran Mateo y Lucas. La aceptación o el rechazo de la doctrina estarán condicionados por las ideas filosóficas y teológicas de que se parta, así como por el peso que se conceda a la enseñanza de la Iglesia» (John P. Meier, o.c., I, 236). «Decir que Jesús fue o no concebido de manera virginal es algo que está fuera del campo de la investigación histórica» (Barbaglio, o.c., 126).

· Sobre el carácter sobrenatural de los milagros. «¿Actuó Dios directamente en el ministerio de Jesús para que se produjeran los milagros? No digo que esta pregunta sea ilícita sino, simplemente, que está más allá del campo específico del historiador o del exegeta» (Meier, II/2, p.605). «De los testimonios analizados no se deduce que el sanador de Nazaret, a diferencia una vez más de Elías, haya intentado legitimarse de este modo como profeta o enviado divino» (Barbaglio, o.c., p.247).«La autoridad de la misión de Jesús, en su carácter singularísimo y único, no es deducible históricamente» (Gnilka, o.c., 322).

3. Preguntas

¿Cómo se ha de explicar un error tan grave en el análisis y la condena de mi libro por parte de este grupo de autores?

¿Se debe a que, según me dicen, ninguno de ellos es exegeta ni biblista? ¿Se debe a un planteamiento precipitado?

Pero, entonces, ¿cómo se explica una condena pública tan rotunda, unánime y segura, sin escuchar al autor y sin debatirlo entre teólogos?

¿No resulta particularmente insólita la intervención de un obispo?

¿Es pastoralmente adecuado que el obispo de una Iglesia diocesana prescinda de la Conferencia episcopal y del obispo del autor, para, después de una lectura individual, condenar públicamente un libro, a tres meses de su aparición, afirmando que «no se atiene a la fe de la Iglesia» y que asoma sobre él «la tentación arriana»?

¿Es éste el camino mejor para orientar evangélicamente a los creyentes?

3. OLVIDO DE LA ENSEÑANZA DE LA PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA DE ROMA SOBRE EL METODO HISTÓRICO – CRÍTICO

Tal vez, lo que más sorprende en la crítica de estos autores es que, para analizar mi libro, no acuden en ningún momento a los principios y criterios emanados de Roma precisamente para orientar a los exégetas católicos en su investigación.

1. Estos autores no tienen en cuenta la enseñanza de la Pontificia Comisión Bíblica

Al no tener en cuenta el carácter histórico-crítico de mi libro, estos autores lo analizan ignorando los criterios de la P.C.B. de Roma sobre la exégesis histórica y su valoración. Iraburu adopta incluso una actitud recelosa y peyorativa. Dice así:«Pagola, intenta, pues una “aproximación histórica” a Jesús, a veinte siglos de distancia, empleando únicamente el método histórico-crítico, con otros métodos complementarios – el acercamiento sociológico, la antropología cultural, algunas claves de la teología de la liberación y del feminismo». No sé si se da cuenta de que lo que él llama «métodos complementarios», son precisamente algunos de los que la P.C.B. ofrece y valora para que los exégetas católicos los utilicemos de forma correcta: Método histórico-crítico (p.33-39); El acercamiento sociológico (p.55-57); Acercamiento por la antropología cultural (57–58); Acercamiento liberacionista (61-64); Acercamiento feminista (61-66).

Por otra parte, tampoco indican ninguna obra de investigación histórica de Jesús, llevada a cabo por autores católicos y que pueda ser presentada como aplicación correcta de los principios de la P.C.B., en contraposición a mi libro. No entiendo muy bien por qué estos autores condenan mi trabajo y no hacen lo mismo con las obras de John P. Meier, J. Gnilka, J. Schlosser, G. Barbaglio. ¿Es que mi libro se distancia de estos trabajos olvidando la enseñanza de Roma?

Por último, he de decir que no encuentro en estos autores la valoración enormemente positiva y agradecida que Benedicto XVI hace del método históricocrítico para acercarnos a la figura de Jesús. Las palabras del Papa son éstas: «El método histórico… es y sigue siendo una dimensión del trabajo exegético a la que no se puede renunciar» (p.11). «La historia de lo fáctico forma parte esencial de la fe cristiana, ésta debe afrontar el método histórico. La misma fe lo exige» (p. 11). Por último, hablando de su libro dice: «Este libro no está escrito en contra de la exégesis moderna, sino con sumo agradecimiento por lo mucho que nos ha aportado y nos aporta. Nos ha proporcionado una gran cantidad de material y conocimientos a través de los cuáles la figura de Jesús se nos puede hacer presente con una vivacidad y profundidad que hace unas décadas no podíamos ni siquiera imaginar» (p.19-20).

Naturalmente, el Papa como buen teólogo dice que el método históricocrítico es «indispensable», pero tiene sus límites. La fe cristiana «no puede surgir del mero método histórico». Por eso, J. Ratzinger explica humildemente su trabajo, nada fácil pero sin duda necesario, con estas palabras: «Yo sólo he intentado, más allá de la interpretación meramente histórico-crítica, aplicar nuevos criterios metodológicos que nos permiten hacer una interpretación propiamente teológica de la Biblia, que exigen la fe, sin por ello querer ni poder en modo alguno renunciar a la seriedad histórica» (p.20).

Confundir una «investigación histórico-crítica» con una «cristología» y no tener en cuenta los principios y criterios de la P.C.B., puede tener graves consecuencias de orden pastoral que los teólogos deberíamos evitar. Es lo que, a mi juicio, puede suceder con la carta de Monseñor Fernández. Escribe porque considera que «muchos de los lectores no tendrán elementos de juicio» para leer correctamente mi libro. Pero en su carta no ofrece a sus fieles ningún «elemento de juicio» sino que los pone en guardia, alertándolos de los peligros que pueden acechar su fe». Más aún, pienso que los puede confundir, pues los orienta a leer como «cristología» un libro que sólo es una «aproximación histórica» a Jesús, y lo presenta como una obra escrita «según la técnica de la desmitologización promovida por Bultman» Hoy se distingue perfectamente en la teología actual la«exégesis desmitologizadora de Bultmann» de un trabajo de «aproximación histórica» a la dimensión humana de Jesús en el que los cristianos descubrimos y confesamos al Hijo de Dios encarnado.

2. Lo que dice Pagola

Cuando en el prólogo de mi libro advierto que «escribo este libro desde la Iglesia católica», no lo digo por decir. Por eso, desde el principio me preocupé de estudiar el documento romano de la P.C.B. «La interpretación de la Biblia en la Iglesia» para ajustar mi trabajo a sus directrices. Por la misma razón, pensé que debía ofrecer a mis lectores, en el ANEXO 2, estos criterios generales de interpretación católica, antes incluso que los criterios técnicos de historicidad

(ANEXO 5). Tal vez, hoy añadiría lo que el documento romano dice en el apartado «Exégesis y teología dogmática». Por una parte, «para interpretar la Escritura con exactitud científica y precisión, los teólogos tienen necesidad del trabajo de los exégetas. Por su parte, los exégetas deben orientar sus investigaciones de tal modo que el estudio de la Sagrada Escritura pueda efectivamente ser como «el alma de la teología». A continuación se añade «Los exégetas pueden ayudar a los teólogos aevitar dos extremos: por una parte, el dualismo, que separa completamente una verdad doctrinal de su expresión lingüística, considerada como no importante; y por otra el fundamentalismo, que confundiendo lo humano y lo divino, considera como verdad revelada aún los aspectos de la expresiones humanas».

Creo que la posición de Jose María Rovira Belloso, teólogo avezado y nada sospechoso de frivolidades, es muy clarificadora, cuando presenta mi libro. Habla Rovira Belloso, en primer lugar, de libros sobre Jesús que «han nacido de la necesidad del creyente y teólogo de expresar su fe en Jesús porque, después de leer las fuentes de su vida, surge la convicción de que la mejor interpretación de su figura es la creyente: Jesús, Hijo de Dios». Habla después de libros escritos por autores a «los que les ha movido el deseo de presentar con rigor los elementos históricos fiables que permiten contemplar los elementos “biográficos” de Jesús, quien, por gracia añadida, suele entregar a los que fijan su mirada en él, el secreto de su misterio más divino. Unos y otros van de la historia a la fe, siguiendo al único Jesús, el Cristo, pues una sola es la persona del Jesús histórico y del Cristo de la fe. Tan diversos libros no se perjudican entre sí, pues cada uno llena un ámbito peculiar…, Así, mi elogiosa recomendación del libro de J. Ratzinger no entorpece mi nuevamente elogiosa recomendación del libro de José AntonioPagola» (Vida Nueva, 3-9 noviembre de 2007. Nº 2587, p.46).

3. Preguntas

¿Es legítima una investigación histórica sobre Jesús que respeta y se mantiene en sus propios límites o hay que exigirle, además, una explicitación de la fe dogmática, propia de un tratado de cristología?

¿Se puede condenar públicamente una «aproximación histórica» a Jesús sin acudir en absoluto a las directrices de Roma? ¿Desde qué otros criterios? ¿Por qué se condena mi libro y no otras obras de exégetas católicos que circulan entre nosotros?

¿Es esta condena pública, precipitada, teológicamente mal fundamentada, sin notificación alguna a su autor, el mejor camino para hacer verdad en un clima de diálogo y comunión?

4. ¿RUPTURA ENTRE EL JESÚS HISTÓRICO Y EL CRISTO DE LA FE?

1. Lo que dicen los autores

Dos de estos autores me acusan de forma genérica y contundente de que introduzco en mi obra una ruptura entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Rico Pavés dice: «La gran dificultad que ofrece la aproximación de Pagola estriba en laruptura señalada entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe». Argüello, por su parte, afirma: «Como ya recoge el título, se trata de una aproximación histórica y para realizarla el autor establece una ruptura entre la investigación histórica y la fe». Esta acusación es posible cuando se le pide al estudio histórico que sobrepase sus límites y llegue a establecer y fundamentar la fe cristiana.

2. Lo que dice Pagola

En el discurso de estos autores hay algo preocupante. Su manera de reflexionar parece presuponer que la fe cristiana ha brotado directa e inmediatamente de la predicación y la actuación de Jesús, es decir, del Jesús histórico, sin necesidad de recurrir al hecho de la Resurrección y de la experiencia pascual consiguiente. Creo que, en ningún momento de su discurso recuerdan que la resurrección de Cristo es un hecho fundamental y decisivo en el origen de la fe cristiana. Sin embargo, es un grave error cristológico fundamentar la fe cristológica sólo en el Jesús pre-pascual. Me resulta sorprendente ver que RicoPavés admite que yo afirmo que «Jesús es la encarnación de Dios» o que Jesús es «el hombre en el que Dios se ha encarnado», pero señala que esas afirmaciones aparecen «al exponer lo que los seguidores de Jesús, una vez resucitado, exponen sobre Jesús»?

Efectivamente lo hago así. Y no lo puedo hacer de otra manera. Sólo después de hablar de la resurrección de Jesús y de estudiar la experiencia pascual, expongo la cristología que emerge en los evangelios y también en los títulos cristológicosque se le atribuyen a Jesús en las comunidades cristianas. Ése es el momento. Ése es su sitio. No antes de la resurrección.

En realidad, en su sentido más estricto, un estudio de la historia de Jesús ha de acabar cuando acaba la historia de Jesús: en la ejecución del Calvario el año 30. Por eso, la mayoría de los investigadores de Jesús terminan sus libros con elcapítulo de la crucifixión. Así el católico Gnilka, después de estudiar la ejecución de Jesús, termina su investigación con un breve epílogo donde dice sencillamente que «la historia de la resurrección del Crucificado de entre los muertos no pertenece ya a la historia terrena de Jesús de Nazaret» (p.389). Lo mismo hace Schlosser, quien dice así: «el acontecimiento de la resurrección, desde que lo presentan las fuentes como algo totalmente distinto de un retorno a la vida anterior, merece ser llamado metahistórico o transhistórico. Se escapa, por tanto, de las manos del historiador (p.280).

A pesar de todo esto, yo no he querido terminar mi libro en el Calvario. He añadido otros dos capítulos que desbordan la historia terrena de Jesús: el capítulo 14 sobre Jesús resucitado y el capítulo 15 sobre los primeros nombres y título que se le comienza a atribuir a Jesús. Lo hago por razones pedagógicas, para no introducir una ruptura entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, y para invitar a cristianos y no cristianos a adoptar una postura, no simplemente ante el Jesús quevivió en Galilea, sino ante Jesucristo, es decir, ante Jesús tal como fue vivido por sus seguidores después de la experiencia pascual.

Naturalmente, que nadie pretenda encontrar aquí una cristología sistemática. Ni siquiera en estos capítulos abandono la perspectiva histórica. El capítulo 14 no es una teología sobre la resurrección de Jesús, sino una aproximación histórica,para acercarnos a tres cuestiones:

1) qué quieren decir los primeros seguidores cuando empiezan a hablar de la resurrección de Jesús;

2) qué podemos decir históricamente del proceso que los llevó a creer en Jesús resucitado;

3) qué consecuencias fueron extrayendo a partir de la resurrección sobre la persona de Jesús que habían conocido en Galilea. Tampoco el capítulo 15 es una cristología sistemática, sino una brevísima exposición que permita a los lectores conocer algosobre cómo comenzó a gestarse la fe en Jesucristo partiendo del Jesús que habían conocido en Galilea y del Señor vivo que habían experimentado en la Pascua.

3. Preguntas

¿Ignoran estos autores que toda la investigación católica afirma lo mismo que J. Ratzinger ha declarado con precisión de teólogo enterado: «la hermenéuticacristológica… presupone una decisión de fe y no puede surgir del mero método histórico-crítico» (p. 15)

¿Por qué me pide Rico Pavés elaborar mi trabajo histórico-crítico sobre Jesús extrayendo ya afirmaciones cristológicas antes de la resurrección? ¿Por qué me pide actuar en contra de la exégesis católica y del pensamiento del Papa?

¿Cómo no se valora mi esfuerzo pedagógico por añadir los capítulos 14 y 15 precisamente para relacionar al Jesús de la historia con el Cristo de la fe?

5. NATURALEZA DIVINA DE JESÚS

1. Lo que dicen los autores

En sus conclusiones, Sayés hace esta rotunda afirmación. «Para Pagola Jesús no es Dios». Iraburu repite la misma afirmación: «En su aproximación histórica, no alcanza Pagola a discernir en Jesús la divinidad que confiesa la fe católica…Para Pagola es un hombre, muy perfectamente unido a Dios por el amor y la fidelidad, pero un hombre». Monseñor Fernández se expresa así: «La tentación arriana, que ha recorrido la historia del cristianismo reduciendo a Jesucristo a un hombre excepcional, pero que no es Dios consustancial al Padre, asoma en el conjunto de la obra, pero si Jesús no es Dios como su Padre, no podrá divinizarnos y la salvación que nos aporta queda diluida simplemente en un buen ejemplo».

Para probar que en mi libro se niega la divinidad de Jesús se añaden otras afirmaciones más concretas. Así, Sayés me recrimina: «Lo que no dice Pagola es que Jesús sea Dios, el Hijo de Dios en un sentido único». Iraburu por su parte, dice: «Ignora, igualmente, Pagola, todos los más altos textos del Nuevo Testamento sobre la majestad divina de Cristo. Ignora por ejemplo el prólogo de San Juan: El Verbo era Dios, Él estaba desde el principio en Dios, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. Hemos visto la gloria del Unigénito del Padre. Dios unigénito, que está en el seno del Padre, ése nos lo ha dado a conocer».

2. Lo que dice Pagola

En contra de lo que dicen estos autores, yo afirmo la condición divina de Jesús, pero, naturalmente, sólo lo puedo hacer a la luz de la resurrección de Jesús, tal como lo hicieron los seguidores de Jesús. Lo hago de dos maneras. En el capítulo 14 estudiando brevemente a los evangelistas como testigos de la fe pascual en Jesús, Hijo de Dios, y en el capítulo 15 estudiando la génesis de la cristología que se encierra en los nombres y títulos que comienzan a atribuírsele a Jesús a partir de la resurrección.

· Los evangelios, testigos de la fe en Jesús, Hijo de Dios Los evangelios que, interpretados críticamente, me han servido paraaproximarme históricamente a Jesús, me sirven ahora como testigos de la fe pascual, para captar en ellos la confesión de Jesús, Hijo de Dios, que va emergiendo a partir del Jesús histórico interpretado por sus seguidores a la luz de la experiencia pascual. Indico que los evangelios no han sido escritos «para redactar la biografía de un gran personaje ya muerto, ni para trazar su retrato histórico o psicológico… Lo que quieren es desvelar la presencia salvadora de Dios, que ha resucitado a Jesús, pero que estaba ya actuando en su vida terrena» (p.436).

En concreto, según Marcos, «la persona de Jesús encierra un misterio que la gente no ha podido captar del todo en Galilea. Sólo escuchando una «voz del cielo» hubieran podido descubrir que era el «Hijo querido» de Dios. Ahora, después de la resurrección, es posible ahondar mejor en su misterio… Ahora es posible seguir a Jesús sabiendo que es el Mesías e Hijo de Dios quien va delante de nosotros» (p.436-437).

«Mateo se atreve a decir mucho más… A Jesús se le puede llamar Emmanuel», es decir, «Dios con nosotros». En la resurrección, Dios se ha mostrado tan identificado con Jesús que ahora es posible decir que Jesús es Dios con nosotros; en Jesús, Dios está compartiendo su vida con nosotros; en sus palabras escuchamos la Palabra de Dios, en sus gestos podemos captar su amor salvador (p.437).

Según Lucas, «el pueblo no lo ha podido captar plenamente en Galilea, pero ahora que Jesús vive resucitado por el Espíritu de Dios, Lucas invita a descubrir que ese mismo Espíritu lo ha estado animando siempre. Jesús ha sido concebido virginalmente por la fuerza del Espíritu. Este Espíritu ha trabajado sobre él mientras hacía oración después del bautismo, lo ha conducido en el desierto, lo ha guiado con su fuerza por los caminos de Galilea. Impregnado por ese Espíritu de Dios, ha vivido anunciando a todos los pobres, oprimidos y desgraciados la Buena Noticia de su liberación… Jesús de Nazaret fue un hombre que, ungido con el Espíritu Santo y con poder, pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (p. 438).

Juan, por su parte, llega a una profundidad teológica nunca antes expresada con tanta hondura. Según Juan «Jesús no es sólo el gran Profeta de Dios». Es «la Palabra de Dios hecha carne», hecha vida humana. Jesús es Dios hablándonos desde la vida concreta de este hombre. Más aún, en la resurrección, Dios se ha manifestado tan identificado con Jesús que el evangelista se atreve a poner en su boca estas misteriosas palabras. «El Padre y yo somos uno», «el Padre está en mí yyo en el Padre»… Nadie ha visto a Dios, pero Jesús, que es su Hijo y viene del seno del Padre, nos lo ha dado a conocer». «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo»…

A la luz de la resurrección todo cobra una profundidad grandiosa que no podían sospechar cuando lo seguían por Galilea. Aquel Jesús al que han visto curar, acoger, perdonar, abrazar y bendecir es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo para que todos encuentren en él la salvación» (p.439).

· Los nombres atribuidos a Jesús

La resurrección les obliga a pensar a los seguidores de Jesús «con quién se han encontrado realmente en Galilea… ¿Qué misterio se encierra en este hombre al que la muerte no ha podido vencer? ¿Cuál es la verdadera identidad de este crucificado al que Dios ha resucitado infundiéndole su propia vida? ¿Cómo lo tienen que llamar? ¿Cómo lo han de anunciar? » (p.450).

A partir de esta observación, estudio brevemente algunos nombres y títulos q ue se le van atribuyendo a Jesús. Señalaré los dos títulos más importantes para afirmar la divinidad de Jesús.

· A pesar de que Iraburu dice que ignoro el Prólogo de San Juan, lo cierto es que le dedico página y media y digo literalmente: «La Palabra de Dios se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros. Ahora podemos captar la Palabra de Dios hecha carne en este Profeta de Galilea llamado Jesús… Dios ha tomado carne en él. En sus palabras, sus gestos y su vida entera nos estamos encontrando con Dios… Jesús es Dios hablándonos desde la vida frágil y vulnerable de este ser humano» (p.458-459).

· Al hablar del título de Hijo de Dios, digo que es un título muy antiguo. «Prácticamente en todas las comunidades y desde muy pronto Jesús comenzó a ser llamado Hijo de Dios. Era un título arraigado seguramente en el recuerdo que se tenía de Jesús, un hombre al que habían visto vivir en una actitud de obediencia, fidelidad y confianza íntima en un Dios al que llamaba Abba. Y, al mismo tiempo, un título abierto al misterioinefable de Dios, que les permitía relacionar a Jesús con ese Padre que lo ha resucitado infundiéndole su propia vida» (p.459).

Aunque según Sayés, «Pagola no dice que Jesús es el Hijo de Dios en un sentido único», esto es lo que afirmo literalmente: «Jesús no es un “hijo” más de Dios. Es “el Hijo”. Lo más querido de Dios. Ha sido el Padre quien lo “ha enviado” al mundo desde su propio seno. Jesús “viene de Dios”. Su raíz última está en él. La vinculación de Jesús con Dios no es como la nuestra. Dios es el Padre de Jesús de un modo distinto de cómo es nuestro Padre» (p.459-460).

Buscando pedagógicamente abrir esta primera búsqueda cristiana de nombres que expresen la identidad de Jesús, termino mi estudio del título «Hijo de Dios», preparando el lenguaje que se desarrollará más tarde en los grandes concilios cristológicos, sobre todo en Calcedonia: «Jesús es verdadero hombre: en él ha aparecido lo que es realmente el ser humano: solidario, compasivo, liberador, servidor de los últimos, buscador del reino de Dios y su justicia… Es verdadero Dios: en él se hace presente el verdadero Dios, el Dios de las víctimas y los crucificados, el Dios Amor, el Dios que sólo busca la vida y la dicha plena para todos sus hijos e hijas, empezando siempre por los crucificados» (p.460).

Y para culminar mi esfuerzo de aproximación a Jesús, elaborado en definitiva por un cristiano que cree en la encarnación de Dios, termino con estas palabras: «El esfuerzo por aproximarnos históricamente a Jesús nos invita a creyentes y no creyentes, a poco creyentes o malos creyentes, a acercarnos con fe más viva y concreta al Misterio de Dios encarnado en la fragilidad de Jesús» (p.460).

3. Preguntas

¿Han leído estos autores estas páginas?

Si las han leído, ¿por qué no las recogen?

y, si no las han leído, ¿cómo se atreven a juzgar mi libro y atribuirme algo tan grave y doloroso para mí como es la negación de la divinidad de Jesús?

¿Cómo puede decir Iraburu que ignoro el Prólogo de San Juan cuando le dedico página y media?

¿Cómo puede decir Sayés que no afirmo que Jesús es el Hijo de Dios en sentido único si lo afirmo y explico de diversas formas y con detalle?

6. LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

1. Lo que dicen estos autores

En sus conclusiones, Sayés, hablando de la Resurrección de Jesús, afirma: «Todo se reduce a una “experiencia” de fe (así interpreta las “apariciones” por las que llegaron los discípulos a creer que Jesús seguía vivo». Iraburu se expresa así: «La Iglesia católica enseña en su Catecismo que «el misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamentecomprobadas, como lo atestigua el Nuevo Testamento». Por su parte Rico Pavés dice: «contradice la enseñanza de la Iglesia, negar el “carácter histórico” de la resurrección. Aunque Pagola admite que es un hecho “real”, para él no ha dejado su huella en la historia, sino en el corazón de los discípulos…». «Aunque afirma que la resurrección es algo que le pasa a Jesús, se niega la referencia a su cuerporeal y se explica como la convicción de los discípulos de que “Dios lo ha llenado de vida», sin que se explique qué quiere decir con eso».

Sobre mi tratamiento de las apariciones del resucitado, Sayés dice que Pagola «entiende que todo se reduce a una experiencia de fe. Así interpreta las apariciones». Iraburu repite la misma idea: «en cuanto a las apariciones del Resucitado, ya podemos prever que Pagola las reducirá a meras experiencias espirituales».

2. Lo que dice Pagola

· En el capítulo 14 cuyo título habla de un acontecimiento y no de una experiencia (Resucitado por Dios), afirmo sobre el hecho de laresurrección lo que sigue:

«La resurrección es algo que le ha sucedido a Jesús. Algo que se ha producido en el crucificado, no en la imaginación de sus seguidores . Esta es la convicción de todos. La resurrección es un hecho real, no producto de su fantasía ni resultado de su reflexión. No es tampoco una manera de decir que de nuevo se ha despertado su fe en Jesús. Es cierto que en el corazón de los discípulos habrotado una fe nueva en Jesús, pero su resurrección es un hecho anterior, que precede a todo lo que sus seguidores han podido vivir después. Es, precisamente, el acontecimiento que los ha arrancado de su desconcierto y frustración, transformando de raíz su adhesión a Jesús» (p.416).

«Para los primeros cristianos, por encima de cualquier otra representación o esquema mental, la resurrección de Jesús es una actuación de Dios que, con su fuerza creadora, lo rescata de la muerte para introducirlo en la plenitud de su propia vida. Así lo repiten una y otra vez las primeras confesiones cristianas y los primeros predicadores. Por decirlo de alguna manera, Dios acoge a Jesús en elinterior mismo de la muerte, introduciéndole toda su fuerza creadora» (p.418). «Esta acción creadora de Dios acogiendo a Jesús en su misterio insondable es un acontecimiento que desborda el entramado de esta vida donde nosotros nos movemos. Se sustrae a cualquier experiencia que podamos tener en este mundo. No lo podemos representar adecuadamente con nada. Por eso, ningún evangelistase ha atrevido a narrar la resurrección de Jesús. Nadie puede ser testigo de esa actuación trascendente de Dios. La resurrección no pertenece ya a este mundo que nosotros podemos observar. Por eso se puede decir que no es propiamente un “hecho histórico”, como tantos otros que suceden en el mundo y que podemos constatar y verificar, pero es un “hecho real” que ha sucedido realmente. No sóloeso. Para los que creen en Jesús resucitado es el hecho más real, importante y decisivo que ha ocurrido para la historia humana, pues constituye su fundamento y su verdadera esperanza» (p.418-419).

· Sobre las apariciones y el proceso que llevó a los seguidores de Jesús a la fe en Cristo resucitado digo lo siguiente:

«En su proceso confluyen preguntas, reflexiones, acontecimientos inesperados, vivencias de fe especialmente intensas. Todo ha ido contribuyendo a despertar en ellos una fe nueva en Jesús, aunque esta experiencia que viven de su presencia viva después de la muerte no es fruto exclusivo de su reflexión. Ellos la atribuyen a Dios. Sólo él les puede estar revelando algo tan grande e inesperado.Sin su acción, ellos se hubieran perdido en sus preguntas y cavilaciones, sin llegar a ninguna conclusión segura y gozosa sobre el destino de Jesús». (p.420).

«En el corazón mismo de este proceso está Dios inspirando su búsqueda, iluminando sus preguntas, desvaneciendo sus dudas y despertando su fe inicial a horizontes nuevos. Esta es la convicción de los discípulos: Dios está haciendo presente a Jesús resucitado en sus corazones. En algún momento caen en la cuenta de que Dios les está revelando al crucificado lleno de vida . No lo habían podidocaptar así con anterioridad. Es ahora cuando le están “viendo” realmente en toda su gloria de resucitado» (p.423).

«¿Cómo entienden los discípulos lo que les está ocurriendo? La expresión más antigua es una fórmula acuñada muy pronto y que se repite de manerainvariable: Jesús se deja ver» (ofthé). Siguiendo la posición más general de los expertos (Michielis, Pelletier, León-Dufour, Kessler, Lorenzen, Deneken…) afirmo: «Este lenguaje por sí sólo no nos dice nada de cómo perciben los discípulos la presencia del resucitado. Lo que se sugiere es que, más que mostrar su figura visible, el resucitado actúa en sus discípulos creando unas condiciones en las que éstos pueden percibir su presencia» (p.423).

3. Preguntas

¿Han leído estos autores estas páginas?

Si las han leído, ¿por qué se empeñan en decir que reduzco la resurrección a una experiencia de fe?

¿Por qué aseguran que reduzco las apariciones del resucitado a meras experiencias espirituales?

¿Es que su visión teológica les impide entender mi exposición?

¿Es que desconocen la reflexión teológica católica actual sobre la resurrección?

¿Es que ignoran la investigación y los análisis cada vez más profundos y matizados de los exégetas católicos sobre el proceso histórico que llevó a los discípulos a la fe en Cristo resucitado?

7. LA MUERTE REDENTORA DE JESÚS

1. Lo que dicen los autores

En su conclusión, Sayés afirma: «En la Pasión de Cristo no ve Pagola un misterio de salvación querido por el Padre que envía a su Hijo para que ofrezca su vida para la redención de nuestros pecados; es sencillamente el rechazo que Jesús tuvo por anunciar la bondad misericordiosa de Dios». Monseñor Fernández, contrapone a mi supuesta exposición en el libro esta afirmación: «Jesús ha tenidoconciencia de su muerte redentora. Es decir, ha vivido y ha caminado con plena libertad hacia el momento supremo de entregar la vida en rescate por todos los hombres. La muerte no es un accidente en la historia de Jesús, la muerte para Jesús es el momento supremo de la glorificación por parte del Padre, porque él entrega su vida para el perdón de los pecados». Por su parte, Rico Pavés, sin másargumentos ni explicaciones, me atribuye «la falta de sentido redentor y expiatorio de la muerte de Jesús».

2. Lo que dice Pagola

Mi exposición sobre la actitud de Jesús ante su muerte está fundamentada en exégetas católicos de gran prestigio y, sobre todo, en los estudios del teólogo alemán H. Schürmann… Al mismo tiempo, he cuidado mi lenguaje esforzándome por ajustarlo a las observaciones hechas por la Congregación romana para la Doctrina de la Fe en su Notificatio sobre las obras de J. Sobrino. Esto es lo que digo:

Actitud básica ante la muerte. «Jesús entiende su muerte como ha entendido siempre su vida: un servicio al reino de Dios a favor de todos. Se ha desvivido día a día por los demás; ahora, si es necesario morirá por los demás. La actitud de servicio que ha inspirado su vida será también la que inspirará su muerte. Al parecer, Jesús quiso que se entendiera así toda su actuación: «Yo estoy en mediode vosotros como el que sirve». Así estará también en la cruz, “como el que sirve”. Es el rasgo característico que le define desde el principio hasta el final, el que inspira y da sentido último a su vivir y su morir. Esta es, probablemente, su actitud básica al afrontar su muerte» (p.351).

Valor salvífico de su muerte. «¿Qué valor salvífico atribuyó Jesús a su muerte? ¿Pudo intuir qué aportaría al reino de Dios su muerte violenta y dolorosa? Había vivido ofreciendo “salvación” a quienes vivían sufriendo el mal y la enfermedad, dando “acogida” a quienes eran excluidos por la sociedad y la religión, regalando el “perdón” gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. No sólo proclamaba la vida y la salvación de Dios. Al mismo tiempo las ofrecía. Lo hacía movido por su confianza en el amorincreíble de Dios a todos. Vivió su servicio curando, acogiendo, bendiciendo, ofreciendo el perdón gratuito y la salvación de Dios. Todo apunta a pensar que murió como había vivido. Su muerte fue el servicio último y supremo al proyecto de Dios, su máxima contribución a la salvación de todos» (p.351-352).

En el contexto de la última cena. «En esa copa que Jesús va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo “nuevo” y peculiar que quiere explicar: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos”. Jesús no piensa sólo en sus discípulos más cercanos. En ese momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: laNueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, “para todos”… Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha “desvivido” por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón. Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre» (p.366-367).

Teología sobre la crucifixión. «Al parecer, Jesús no elaboró ninguna teoría sobre su muerte, no hizo teología sobre su crucifixión. La vio como consecuencia lógica de su entrega incondicional al proyecto de Dios» (p.350). «No hay ningún dicho cierto en que Jesús atribuya a su muerte un significado de sacrificio de expiación» (p.351, nota 45). «Jesús no interpretó su muerte desde una perspectiva sacrificial. No la entendió como un sacrificio de expiación ofrecido al Padre. No era su lenguaje. Nunca había vinculado el reino de Dios a las prácticas cultuales del templo; nunca había entendido su servicio al proyecto de Dios como sacrificio cultual. Habría sido extraño que, para dar sentido a su muerte, recurriera al final de su vida a categorías procedentes del mundo de la expiación» (p.350). H. Schürmann, teólogo católico alemán, elogiado por J. Ratzinger en diversos escritos, «ha acuñado el término “pro-existencia” para evocar esta actitud existencial de Jesús en su vida y en su muerte, previa a toda teología elaborada más tarde en las comunidades cristianas» (p.352, nota 48).

3. Preguntas

¿Han leído estos autores estas páginas?

¿Por qué no recogen mi exposición?

¿Conocen los matizados trabajos de la exégesis católica actual: X. Leon-Dufour, P.Grelot, J.Schlosser, G.Barbaglio… y, en especial H. Schürrmann, tan ampliamente aceptados en la teología católica contemporánea?

¿Cómo es posible que Rico Pavés atribuya a mi libro «la falta de sentido redentor y expiatorio de la muerte de Jesús», sin diferenciar el contenido redentor de la muerte de Jesús de la categoría teológica de «sacrificio de expiación» utilizada más tarde, sobre todo, por Pablo y la Carta a los Hebreos para presentar teológicamente la muerte de Jesús como un «sacrificio de expiación» por el pecado de la humanidad?

¿Cómo no ha captado Rico Pavés que mi lenguaje se ajusta rigurosamente a las directrices de la Notificatio de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe a J. Sobrino?

8. CENA DEL SEÑOR

1. Lo que dicen estos autores

Sayés dice que «el tratamiento que hace Pagola del tema de la Eucaristía es verdaderamente decepcionante. Dice que se trató simplemente de una despedida». Al final de su estudio concluye: «La Eucaristía es simplemente una cena de despedida en la que se recordará la llegada del Reino y la muerte de Cristo y se evocará la victoria final del Reino. Es un recuerdo y una evocación. Nada más».

Rico Pavés se suma a esta opinión y sin argumento ni justificación alguna dice que en mi libro «la última cena es entendida como una mera cena de despedida».

Iraburu es más explícito. Según él, «la última cena de Jesús con su apóstoles no fue, según Pagola, la celebración de una Pascua renovada, ni la inauguración de una Alianza Nueva, sellada con su Sangre, ni un sacrificio expiatorio para la remisión de los pecados del mundo, ni la institución de un acto litúrgico que, como la Pascua judía, había de ser actualizado siempre, en memoria suya, hasta la segunda venida al final de los tiempos». Luego, me interpela preguntándome «¿qué sentido tienen hoy para Pagola las misas que se celebran en millares de comunidades cristianas?» y él mismo responde que habremos de entender que se celebra en la misa «una cena de amigos», unidos todos por el amor a Jesús, en anticipación figurativa del banquete del reino de los cielos». Iraburu concluye diciendo que «queda pues Pagola muy lejos de la fe católica en la Eucaristía, en el sacerdocio ministerial, en la Liturgia».

2. Lo que dice Pagola

Al parecer, a estos autores no les agrada que hable de una «despedida inolvidable», aunque en el lenguaje tradicional se suele hablar de la «última cena», «discursos de despedida», etc. Estos autores le dan mucha importancia al hecho de que yo me inclino a pensar que esta cena no se celebró la noche de Pascua sino antes de esa fiesta. Tal vez desconocen el problema que presentan las fuentes evangélicas: mientras los evangelios sinópticos dan suficientes indicaciones para que los lectores identifiquen esa cena con la cena pascual judía, Juan dice que Jesús fue crucificado la víspera de Pascua (18, 18) y, por tanto, la cena tuvo que celebrarse antes de la noche de Pascua. Por otra parte, ninguna fuente (Sinópticos, Juan, Pablo) hablan del rito propio de la cena pascual (comida del cordero, de pie y con bastones, etc.). Por eso la mayoría de los exégetas (Shürmann, Leon-Dufour, Theissen, Scholosser, Rolof, etc.) niegan el carácter pascual de esa última cena o lo dejan bajo interrogante. En realidad, la discusión tiene poca importancia, pues, en cualquier caso, se trata de una cena solemne que se celebra en el ambiente de las fiestas de Pascua. El dato concreto de la fecha no predetermina en absoluto el carácter que Jesús le dio a esa cena.

Me ha dado mucha pena ver que, para Sayés, mi «tratamiento del tema de la Eucaristía es verdaderamente decepcionante» pues pasé muchas horas para recoger bien las dimensiones y los matices que históricamente se pueden captar en esa cena con el fin de presentarlos luego de manera pedagógica. En el fondo, pensaba que captar bien lo que hizo Jesús nos puede ayudar a reavivar hoy nuestro modo de entender y celebrar la eucaristía.

Esto es lo que digo literalmente de esa cena de despedida: «En esa copa que va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo “nuevo” y peculiar que quiere explicar: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos”. Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos. En este momento decisivo y crucial el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, “para todos”.

Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental , la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, laque quiere dejar grabada para siempre en sus seguidores. Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio. Seguirá siendo “el que sirve”, el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Así está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la entrega total de Jesús. “Por vosotros”: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidas, todos los necesitados... Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha “desvivido” por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón. Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.

Así fue la despedida de Jesús que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de “vino nuevo” en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y de su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad, alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final» (p.366-368).

Los lectores podrán comprobar algunos rasgos que subrayo en esta cena:

· Cena en la que se comparte la copa de la Nueva Alianza, sellada con la sangre de Jesús que «abrirá un futuro nuevo a todos»: el reino definitivo de Dios.

· «Gran acción sacramental, la que mejor resume el servicio de Jesús al reino de Dios».· Cena que permitirá a sus discípulos hacer memoria de él como alguien que «ha ofrecido su vida y su muerte por ellos»: su «entrega total».

· Cena que les asegura a sus discípulos que «la comunión con él no quedará rota por su muerte».· Cena en la que «podrán alimentarse de su recuerdo y de su presencia».

· Despedida en la que Jesús «diseña las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo, dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza en el reencuentro de la fiesta final».

3. Preguntas

Si han leído estas páginas, ¿las consideran una descripción de «una cena de amigos»?

¿No logran ver en mi trabajo un esfuerzo por recuperar las dimensiones más genuinas de la cena del Señor, las que nos podrían ayudar a reavivar y renovar «esas misas que se celebran en millares de comunidades cristianas» (Iraburu), y delas que se nos marchan poco a poco personas que, seguramente, ya no volverán?

9. BUSCANDO ALGUNA EXPLICACIÓN

No es fácil encontrar una explicación razonable a esta condena pública, tan precipitada y contundente. Cualquier biblista que sigue de cerca la investigación de Jesús detecta inmediatamente que estos autores desconocen la investigación actual sobre Jesús, no utilizan los criterios de historicidad, no muestran conocer la enseñanza y las directrices de Roma a los exégetas católicos, ni conocen los trabajos concretos que se están publicando estos últimos veinte años. De hecho,frente a la amplia bibliografía que ofrezco en mi libro a los lectores, no presentan ningún estudio sobre Jesús. Sólo Sayés, para fundamentar su posición acude en tres ocasiones a las notas del Padre Iglesias en su Nuevo Testamento.

1. Una visión teológica confusa

Lo primero que se observa en el análisis de estos autores es una visión teológica confusa y desorientadora:

· No se diferencia bien lo que es un estudio histórico de Jesús y lo que es un tratado de cristología. Por ello se le exige a mi libro de investigación histórica lo que sólo se le puede pedir a la cristología.

· Precisamente por ello, se confunde la exégesis histórico-crítica con la «exégesis canónica» que es la interpretación que, inspirada por la fe, estudia un texto acudiendo a todo el conjunto de la Biblia católica. De hecho, Argüello me pide que utilice la « exégesis canónica» en este trabajo histórico, olvidando que la P.C.B. advierte que este acercamiento «no pretende sustituir al método histórico-crítico, sino que desea completarlo», cuando se trata de «conducir a buen término una tarea teológica de interpretación.

· Se confunde al Jesús histórico y al Cristo de la fe, sin diferenciar la fe de los discípulos en Galilea y la fe nueva que se origina y se va gestando a partir del hecho de la resurrección de Jesús. Incluso J. Ratzinger que en su libro utiliza la «exégesis canónica» acudiendo a todos los textos del Nuevo Testamento, cuando en el capítulo 8 estudia «las imágenes del Evangelio de Juan (no las imágenes de Jesús), dice que va a centrar la atención «en la imagen que de Jesús nos da el cuarto evangelio, que en varios aspectos resulta muy distinta de la que ofrecen los sinópticos» (p. 261).·

Por último, no cualifican con precisión su condena. Afirman indistintamente que mi libro va contra «la doctrina de la Iglesia», contra «el dogma», contra «la fe católica», contra «la enseñanza de la Iglesia», contra «el Catecismo de la Iglesia católica»… Se esperaría, al menos, una distinción precisa entre «doctrina dogmática», «enseñanza cierta de la Iglesia» e «interpretación teológica».

2. Lectura proclive al fundamentalismo

En el fondo de la visión teológica de estos autores me parece descubrir una lectura que no evita los riesgos del fundamentalismo, tan rechazados por la Pontificia Comisión Bíblica de Roma.·

Según este importante Documento romano, la lectura fundamentalista «se opone al empleo del método histórico-crítico, así como de todo otro método científico para la interpretación de la Escritura» (p.67).

· Esta lectura fundamentalista, «rechazando el carácter histórico de la revelación bíblica, se vuelve incapaz de aceptar plenamente la verdad de la Encarnación misma» (p.68)·

«En lo que concierne a los evangelios, el fundamentalismo no tiene en cuenta el crecimiento de la tradición evangélica, sino que confunde ingenuamente el estudio final de esta tradición (lo que los evangelistas han escrito) con el estudio inicial (las acciones y las palabras de Jesús de la historia» (p.69)·

«El acercamiento fundamentalista es peligroso, porque seduce a las personas que buscan respuestas bíblicas a sus problemas vitales. Puede engañarlas, ofreciéndoles interpretaciones piadosas, pero ilusorias… El fundamentalismo invita tácitamente a una forma de suicidio del pensamiento» (p.69-70).

10. A MODO DE CONCLUSIÓN·

Un deseo. Me agradaría que obispos y teólogos, biblistas y exégetas, a pesar de nuestras diferencias razonables, tuviéramos en cuenta, en la aproximación a Jesús este importante criterio de la P.C.B.: «El justo conocimiento del texto bíblico no es accesible sino a quien tiene una afinidad vivida con aquello de lo cual habla el texto». Todos conoceremos mejor a Jesús si le seguimos cada día con más pasión y fidelidad.

· Una llamada. Pido a todos los que quieran defenderme, que no lo hagan atacando o condenando a nadie. Se puede estar conmigo sin estar contra nadie. Hemos de purificar nuestro talante, nuestras actitudes y nuestro lenguaje tan poco evangélico muchas veces. Sólo una Iglesia sana puede anunciar de manera cordial y limpia el Evangelio de Jesús.·

Una pregunta. Los que nos creemos sabios y entendidos, ¿no hemos de estar más atentos a lo que captan los sencillos? Recordemos que, según Jesús, al Padre le agrada esconder estas cosas a los sabios y entendidos y darlas a conocer a los sencillos.·

Un planteamiento. Tratando de encontrar siempre lo que nos pueda llevar a un conocimiento y una adhesión más fiel a ese Jesús en el que el Misterio de Dios se ha encarnado y revelado, me estoy planteando la conveniencia tal vez de redactar en el prólogo de mi obra una NOTA PARA CRISTIANOS, que explique y oriente a los creyentes sobre la naturaleza de mi libro, su propósito, sus virtudes y sus límites.

· Una disponibilidad. No han aparecido todavía recensiones o estudios de mi libro en las revistas especializadas de teología o de exégesis bíblica. Como es natural, estaré muy atento a la valoración que se haga de mi obra y, sobre todo, a las críticas y sugerencias. Así podré mejorar el libro y, además, podrá ser sentido como más de todos. Lo importante es ayudarnos a conocer más a Jesús.