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viernes, 19 de diciembre de 2008

Fiestas de Adviento y Navidad en México

Las posadas

Los primeros misioneros españoles en México, en el siglo XVI, trataron de enseñar a los indios los misterios de nuestra religión por medio de representaciones teatrales parecidas a los "autos de fe" de su país de origen. Se atribuye a Fray Diego de Soria (finales del siglo XVI). Las primeras "jornadas" (como se llamaban entonces), en el convento de Acolman, para recordar el camino de José y María de Nazaret a Belén. La celebración se fue enriqueciendo de la costumbre franciscana de representar con imágenes a José y María.

De estas celebraciones y de los Autos de Fe europeos surgieron las pastorelas y los cantos para pedir posada. Estas celebraciones se llamaron también fiestas de aguinaldo, quizá por los pequeños regalos que se daban a los indios que participaban. Poco a poco la celebración salió de las Iglesias a las casas y el canto religioso fue substituido por la música popular. La liturgia se mezcló con el folklore popular, haciendo que estas fiestas se arraigaran en el corazón del pueblo mexicano. Fue en esta época cuando prevaleció el nombre de Posadas. Durante el resto de la colonia la costumbre subsistió sin muchas variaciones., así paso al México independiente en el que hasta las crisis del país cedían ante la alegría de las fiestas navideñas.

Las posadas no son otra cosa que la novena de Navidad. Comienzan el 16 de diciembre y terminan el 24. La ceremonia consiste en una procesión desde las Iglesias o en las casas particulares donde se lleva en andas a los Santos Peregrinos, o sea a las imágenes de María y José algunas veces acompañados de un burro o guiados por un ángel. En algunos lugares varias familias con anterioridad se reparten las posadas, es decir cada noche una familia distinta organiza la posada y los peregrinos irán peregrinando de una casa a otra.

Durante la procesión, los participantes iluminados por pequeñas veladoras caminan detrás de los Santos peregrinos rezando el Santo Rosario. La procesión ant diálogo cantado se solicita posada una y otra vez hasta que se abre el portón dando entrada a los Santos Peregrinos.

Luego en los atrios o en los patios se cuelgan y se rompen las piñatas, ollas decoradas que con papel de china toman múltiples formas que se rellenan de frutas, cacahuates y dulces. La forma más común en las piñatas es la estrella de siete picos. Cada pico representa un pecado capital; el golpear y romper cada pico representa vencer al pecado y recibir los dones de Dios representados por la fruta y los dulces. Más tarde la fiesta continúa cuando se ofrece a los comensales una rica merienda de platillos tradicionales de la época. Y la música ameniza el baile.

Presentamos aquí una forma de celebrarlas ya que no hay un modelo prescrito. Se le puede modificar quitar o añadir elementos. Hay que conservar, sin embargo, su carácter comunitario y festivo, así como su espíritu de oración, en directa referencia al misterio de la Navidad.

Esquema para pedir posada.


Puede verse más en Church Forum

viernes, 29 de agosto de 2008

La pastoral de ferias y circos se desarrolla en el ámbito de la sonrisa

Todo católico tiene la certeza de que para buscar a Dios no tiene un sitio más seguro al que acudir que ante el sagrario de cualquier iglesia. Sin embargo, también hay otros espacios y lugares en los que con total certeza podemos reconocer la presencia del Señor. Uno de ellos es la sonrisa de un niño. Y mucho más la de un niño enfermo.

Los niños, instalados aún en el ámbito de la inocencia y la pureza, son los que mejor perciben la magia salida de una varita, la velocidad de vértigo de un tren volador o las canciones rumbosas de un payaso. En esto último es especialista Topito. Ataviado con su enorme nariz roja, sus mofletes en absoluto desapercibidos y su peluca de colores, este payaso bonachón se dedicó mucho tiempo a hacer reír a niños con enfermedades terminales en un hospital madrileño. Topito siempre tuvo claro que lo suyo era ser payaso: “Desde niño me atrajo el circo. Un mundo de sueños e ilusiones, de sonrisas y del ‘más difícil todavía’. Un espacio itinerante que va dejando semillas en el corazón de grandes y chicos”.

Porque lo cierto es que, a diferencia de otros payasos que tan solo buscan hacer pasar un buen rato, las letras de las canciones de Topito tienen un trasfondo especial, un mensaje, una “semilla”: la de Cristo. Porque Topito, además de payaso, es sacerdote. Así, cuando se quita el traje de colores y deja atrás el personaje, sólo queda Juan Manuel Rodríguez Alonso, cura. “Yo nunca digo lo que soy cuando hago de payaso, pero ya me ha sucedido en varias ocasiones que tras mi actuación, algunos padres y niños ven en mí algo especial”, dice Juanma. Quien añade: “Yo siempre intento que en cada cosa que hago se note que está Cristo. Transmito los valores del Evangelio siendo payaso, hablo de Dios haciendo reír”.

Lo cierto es que el de Juanma es testimonio muy especial: “Cuando me ordené sacerdote, en ese mismo momento, sentí que necesitaba ser también payaso. Siempre fui un apasionado del circo, desde pequeño. Pero nunca pensé que haría realidad mi sueño, que no era otro que ser payaso. Fue una sensación muy fuerte. El día que me consagré a Cristo tuve claro que la mía era una doble vocación. Por ello, cuando se lo expuse a mi obispo, él fue el primero que me animó a ser cura y payaso. Entonces empecé a actuar en residencias de ancianos, en colegios… pero lo que me marcó fue mi experiencia en el hospital del Niño Jesús. Allí actué en numerosas ocasiones ante niños con enfermedades terminales. Fue increíble. Nadie imagina realmente lo que supone ver la sonrisa de alguno de estos niños. Cada vez que lo consigues, es como si te regalaran un poquito de ellos mismos”.

Juanma tuvo la oportunidad de establecer “un vínculo muy especial” con muchos que aquellos niños: “Un día, cuando como Topito les canté la canción del barquito de papel, hice como que no me la sabía. Entonces, un niño ciego me hizo con sus propias manos un barquito. Lo guardé y estará conmigo para toda la vida, como el auténtico tesoro que es. Otro caso muy especial es el de Edgar, un niño ciego con el que llegué a establecer una verdadera conexión. Siempre me interrumpía en mis canciones y me pedía que le diera un beso en la mano. Cuando lo hacía, él, con la mayor de sus sonrisas, se me abalanzaba y me daba un beso en la mejilla. Cuando él murió… fui yo mismo el que tuve que oficiar su funeral. De hecho, celebré varios funerales en el tiempo que estuve con los niños. Es una experiencia tremenda, pero gracias a mi condición de sacerdote me consuela en esos casos la fe, la alegría y la esperanza en Cristo”.

Precisamente esto, la “capacidad de sonreír y hacer reír a los demás cuando tu alma está triste”, es una de las cosas que a Topito le llenan como payaso y sacerdote. Porque para él, ambas cosas, van muy unidas. De hecho, Juanma es el Delegado Nacional de la Pastoral para Ferias y Circos. Un pastoral, cierto es, no demasiado conocida ni siquiera por los propios sacerdotes. “Cuando a la gente le cuento lo que hago, la mayoría frunce el ceño y me dice extrañada: ‘¿y eso qué es?’”, dice entre risas el delegado.

Pero Juanma no tiene ningún reparo ante los neófitos en la materia y cuenta al detalle todas sus actividades: “Nuestra principal misión es acompañar a la gente del circo y la feria. Ante todo, nuestra pastoral es de presencia. Son gentes que viven de un lado para otro, con una vida itinerante realmente difícil, que complica el echar raíces en un sitio concreto. Por eso, nos agradecen muchísimo el que estemos con ellos”. A nivel práctico, suelen estar pendientes de sus itinerarios y esperan a que se pongan en contacto con ellos. “Entonces, cuando hay chicos para ser bautizados o para hacer la Primera Comunión, o cuando hay una boda, nos llaman y nosotros nos encargamos de oficiar los sacramentos y de impartirles catequesis, siguiéndoles en su recorrido”. Otras veces son los miembros de la pastoral los que acuden a los circos y ferias para comprobar su situación.

Sin embargo, el problema principal es el de la falta de medios. Para toda España solo hay cinco delegados diocesanos, que se coordinan entre sí para seguir un mismo método de acción. Uno de ellos es Jesús Segura, que se encarga de la pastoral en Burgos. Es laico, está casado y tiene cuatro hijos. Pese a lo cual, siempre tiene tiempo para unas gentes a las que tiene mucho cariño. De hecho, es uno de los veteranos en este ámbito. Su experiencia le permite recordar muy bien cómo fueron los inicios de esta pastoral en España: “La gran pionera fue María Eugenia Alegre, una monja franciscana de las Hermanas de Montpellier, que hace unos 25 años se compró una caravana y empezó a viajar con las ferias, de ciudad en ciudad. Hasta que llegó un momento en que comprendió que tal tarea era inabordable por su propia cuenta. Y eso que no estaba sola, ya que por entonces también hacía algo similar Miguel Mendizábal, un sacerdote que también era payaso. Al final decidieron contactar con la Delegación de Migraciones, de la Conferencia Episcopal, y crear una pastoral específica articulada en delegaciones a través de las diócesis. Ya entonces, por mi relación con mucha gente del mundo de la feria, me nombraron delegado en Burgos, donde vivo”, concluye Jesús.

Él suele basar su actividad en la relación con los hijos de los feriantes. Sabedor de que sus padres han de pasar mucho tiempo fuera de casa, suele organizar campos de trabajo y campamentos con los chicos, “que así tiene un espacio en el que practicar deporte y divertirse junto a otros que están en la misma situación que ellos”, dice Jesús. Para él es muy importante la labor desarrollada en esos campamentos: “Además de jugar, también tratamos de que perciban que nuestra acción está impregnada de una serie de valores religiosos”. Y en eso también entran los padres, tratando de aunar a toda la familia. Cada año se hace una misa de difuntos y “algo que les gusta mucho a todos: organizamos una peregrinación. Ya hemos estado en Roma, Lourdes, Guadalupe, Fátima… Cada año suelen ir una 40 personas de todas las delegaciones. Ellos las viven muchísimo, con una gran devoción y alegría”, afirma orgulloso el delegado burgalés. Y de ello da fe Miguel Ángel García, con toda una vida dedicada a la feria, llevando de una lado a otro su tren del terror: “Jesús ha hecho una labor inmensa con familias como nosotros. Mis dos hijos, hoy ya mayores, pasaron gran parte de su infancia en talleres y otras actividades con Jesús. Por ello le estamos muy agradecidos”.

Para Jesús, la clave de la buena acogida entre las familias es la de la gratuidad: “Muchos de ellos empezaron a trabajar a los nueve años. Por eso les cuesta entender que nosotros dediquemos nuestro tiempo con ellos, porque queremos, sin cobrar nada a cambio. Así, aunque no proliferen las conversiones en masa, lo cierto es que aflora el respeto por una labor hecha por y para Cristo. Para ellos es un gran testimonio de lo que es la Iglesia”. Y eso se nota aún más en una gente que tiene que soportar una serie de clichés que distorsionan su imagen, hasta el punto de aparecer como marginados por gran parte de la sociedad, que no asimila su estilo de vida nómada. Juanma Rodríguez insiste en la importancia que ello conlleva: “Por eso, porque nosotros sí les tratamos como lo que son, personas, siempre nos responden con un cariño y un agradecimiento espectaculares”.

Topito, el cura payaso, tiene claro en qué se resume la filosofía de vida de los destinatarios de esta desconocida pastoral: “Reír y hacer reír, aun cuando estás triste”. Y mucho más cuando el que ríe es un niño. Porque detrás de su sonrisa, a buen seguro, está Dios…

Miguel A. Malavia

domingo, 10 de febrero de 2008

"¡Sonríe, es Cuaresma!"

De una Carta del Obispo de Natitingou, de Benin

"La palabra Cuaresma no significa tristeza, amargura, aridez… Es más bien un tiempo privilegiado de 40 días que la Iglesia nos da. En la Biblia el número cuarenta evoca un período particular en el que Dios nos invita a vivir con Él. ¡Estar con Dios, que felicidad! Pero ¿se puede ser feliz sin sonreír?”. Es la pregunta que plantea Su Exc. Mons. Pascal N'Koue, Obispo de Natitingou (Benin), en el periódico "Caminos diocesanos de Natitingou" de febrero del 2008.

Respondiendo a la pregunta "¿por qué sonreír?", el Obispo explica que "la sonrisa franca y sincera expresa la sustancia de nuestro ser como creyente. El que no cree y no tiene ninguna esperanza en el Dios Amor permanece en la oscuridad. Por el contrario, quién ama y tiene conciencia de ser amado por Dios, vive en la alegría de Dios. Y todo en él es alegría. Esta alegría aumenta su dinamismo y es contagiosa".


Quien no sonríe se hunde fácilmente, nacen en él malos pensamientos, su corazón está en guerra con todo. Quien sonríe, aún durante las pruebas, sabe que después de la lluvia llega el buen tiempo. "Al hombre que sonríe, incluso los obstáculos le sirven como escalera para crecer en santidad" afirma al Obispo, quien continúa: "Se nos da la Cuaresma para volver a Dios, volver nuestros corazones hacia Dios. Si nuestro entorno espiritual y moral está contaminado, se deben tomar medidas adecuadas".
El Obispo de Natitingou exhorta a recuperar la auténtica sonrisa al corazón de nuestras relaciones: "cuanto menos se sonríe, más aumentan las tentaciones, ¡ por tanto, sonreíd!... Ofreced una sonrisa a quien rechaza la vuestra, a vuestros vecinos o familiares que os ponen nerviosos, a vuestros superiores que, quizás, se han convertido en una cruz pesada para vosotros, a vuestro párroco, a vuestro Obispo… Se reconocerá en nuestra sonrisa si estamos viviendo bien la Cuaresma."


La Biblia no habla de sonreír, no nos dice qué Jesús sonriera, sin embargo "si los niños corrieran detrás suya, es porque fácilmente les sonreía de forma generosa. Los niños huyen como de la peste de las personas que no les muestran un rostro sonriente. La sonrisa atrae más que el oro y la plata, sobre todo la sonrisa pura, inocente y desinteresada del niño, del pobre y del sencillo. Recordad la sonrisa luminosa de Juan Pablo II y de la Madre Teresa. Sí, cuando el corazón descansa en Dios, la sonrisa es cautivadora, celestial, divina". Mons. N'Koue exhorta: "rezad, ayunad, multiplicáis las obras buenas a vuestro alrededor, pero no olvidéis sonreír sobre todo a vuestros enemigos. Es Cuaresma, ayudaos recíprocamente, amaos, reconciliaos, perdonaos, dejad de perseguiros; en una palabra sonreíd de buen grado, porque la sonrisa hace todo más bonito". Después de algunos consejos prácticos para vivir la Cuaresma, el Obispo exhorta a poner a Dios en el centro de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades, y concluye: "Que en la alegría del Espíritu Santo, todos se vuelvan realmente hacia Dios cada día de la cuaresma".

(Agencia Fides 6/2/2008)


Texto completo de la carta del Obispo de Natitingou, en francés