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jueves, 4 de diciembre de 2008

LA PALESTINA ISLAMIZADA

Convivencia y enfrentamiento entre las religiones del Libro [1[

Roger Garaudy [2]



El periodo árabe (siglos VII-X)

En 638, cuando los musulmanes entraron en Palestina, resultó “una conquista fácil [3] ”, como escribe Al Baladhuri, historiador musulmán del siglo XI. En realidad, ni siquiera fue una conquista, una victoria militar, sino una liberación. Ante todo, porque en 636 no son los árabes los que llegan, sino el Islam. Los árabes estaban allí desde hacía más de tres milenios, desde las primeras migraciones semitas, procedentes de Arabia, en calidad de nómadas que recorrían de un extremo a otro el Creciente Fértil: amorreos, cananeos y hebreos, que poseían el mismo origen étnico y pertenecían al mismo grupo lingüístico [4] . Las inscripciones griegas descubiertas en Transjordania prueban que en tiempos de los romanos la mayoría de los habitantes eran árabes. Otros emigrantes llegados de Arabia –como todas las oleadas anteriores desde hacía tres mil años– habían creado en el siglo IV d.C. el reino de los nabateos, al sur de Palestina [5] .

Lo que llegaba en 638 con la nueva oleada de emigrantes oriundos de Arabia, era el Islam. Un Islam que no se consideraba una religión entre otras, sino como el cumplimiento de los mensajes divinos ya revelados en el Creciente Fértil. En contraste con la intolerancia de los emperadores bizantinos, la llegada del Islam resultó una liberación para los judíos y para los cristianos llamados heréticos, es decir, para la casi totalidad de la población de la región, a excepción del ocupante griego bizantino.

Santos Padres Los cristianos del Yemen eran monofisitas [6] ; más tarde, después de la conquista persa en 597, pasaron a ser nestorianos [7] , como los cristianos de Siria. Los ghasánidas del norte eran monofisitas, los lakhmidas, nestorianos en su mayoría. El arrianismo [8] se había difundido por toda Palestina. La Iglesia calcedonia, es decir, la Iglesia oficial, la cual representaba la ortodoxia, tal como había sido definida en los Concilios de Nicea y Calcedonia, estaba dirigida por los obispos de Antioquia para Siria, y de Jerusalén para Palestina. Esta Iglesia sólo se mantenía en el poder merced al emperador bizantino, que ponía a su disposición su fuerza represiva. Por esta razón, cuando los musulmanes llegaron a Siria y Palestina, fueron acogidos como liberadores por la masa de la población, árabe como ellos, y desde el punto de vista religioso, dispuesta a reconocerse en el monoteísmo riguroso del Islam, de un Islam que acogía a Abraham, Moisés y Jesucristo como mensajeros de Dios, profetas precursores de Mahoma.

Bar-hebraeur (Bar, el hebreo) escribe:

“El Dios de las venganzas envío a los árabes para liberarnos de los romanos. Nuestras iglesias no nos fueron devueltas, ya que cada cual conservó lo que poseía, pero al menos fuimos arrancados a la crueldad de los griegos, y a su odio hacia nosotros.” [9]

El fanatismo represivo de los emperadores bizantinos nos permite comprender por qué el destino de Siria y Palestina se jugó en una sola batalla, la de Yarmuk [10] , el 20 de agosto de 636, y por qué el ejército de Bizancio fue aplastado en ella. Incluso antes de la batalla estalló una revuelta de los cristianos armenios del ejército imperial. En plena lucha, los cristianos árabes de Siria se retiraron del ejército bizantino. El ocupante griego se encontró solo, abandonado de toda la población, y fue derrotado. Los ejércitos musulmanes llegaron sin combate hasta Damasco donde, después de la retirada de la guarnición bizantina, los habitantes decidieron capitular [11] . Un árabe cristiano, alto funcionario del Imperio, llamado Mansur ibn Sejun, gobernador de la ciudad a raíz de la partida de los imperiales, negoció la rendición de la ciudad, obteniendo la protección de la vida y de los bienes de todos los habitantes. Los únicos que emigraron de Palestina fueron los antiguos colonos y ocupantes griegos.

En Jerusalén, el Patriarca cristiano Sofronio solicitó la paz, a condición de que el Califa en persona acudiera a Jerusalén para garantizarMuro Lamentaciones la seguridad. El Califa aceptó. El historiador Rappoport hace un relato pintoresco de su llegada:

“Para los habitantes de Jerusalén, habituados a la fastuosidad y a las vestiduras recamadas en oro de los emperadores bizantinos, la aparición del Califa constituyó un espectáculo sorprendente. El sucesor del Profeta, ataviado con una humilde capa de pelo de camello, penetró en Jerusalén a lomos de un camello que llevaba todo su equipaje y su provisión de dátiles para la jornada. El contraste entre esta sencillez rústica del vencedor y la extravagancia de costumbre desplegada no sólo por los emperadores de Bizancio sino también por sus representantes provinciales, era pasmoso. No podía dejar de producir una impresión favorable en una población amargada, resentida contra un gobierno que se había mostrado tan tiránico y tan rapaz.” [12]

Los cronistas árabes señalan que el Califa Omar no aceptó la invitación que le hizo el Patriarca cristiano para que rezara su plegaria en una de las iglesias de Jerusalén, por temor a que los musulmanes demasiado celosos aprovechasen la circunstancia como pretexto para reemplazar, en recuerdo de su visita, la iglesia por una mezquita.

La proclama del Califa, exhortando a la unión de todas las “gentes del Libro” (judíos, cristianos y musulmanes), garantizaba la seguridad de las personas y de los bienes, y exigía que fueran respetados los monjes cristianos: “No molestéis a los que viven retirados del mundo, con el fin de que puedan seguir cumpliendo con sus votos”. Aquí también, Rappoport, al escribir su Historia de Palestina, según la visión judía, señala:

“Fuerza es reconocer que, para los comienzos de la Edad Media, semejante proclama (generalmente observada por las tropas musulmanas) estaba llena de moderación. Respiraba justicia y tolerancia. Ni los emperadores de Bizancio, ni los obispos de la Iglesia habían expresado jamás tales sentimientos en nombre de Aquel que había predicado una religión de amor.”

Un documento como la proclama del Califa debió de producir una impresión profunda en el ánimo no solamente de los judíos, sino también de los cristianos de Siria y Palestina. Los unos sufrían los efectos de la opresión, mientras que los otros eran perseguidos por la Iglesia de Estado en razón de sus diversas opiniones religiosas. Todos padecían el yugo de los funcionarios y la carga de onerosos impuestos.

La política de los primeros califas omeyas fue tan liberal que cristianos como Mansur ibn Sarjun, después su hijo y, más tarde, su nieto,San Juan Damasceno a quien hoy conocemos como San Juan Damasceno, ejercieron las funciones de inspector general de Hacienda, es decir, eran el segundo personaje del Estado musulmán. Sólo cuando Omar II, en 720, decidió que un cristiano no podía tener acceso a los altos cargos del gobierno, salvo apostasía, San Juan Damasceno presentó la dimisión y se retiró hasta su muerte en el monasterio de San Sabas, donde no conoció represión alguna por parte de los musulmanes.

El contraste es enorme con el fanatismo de los emperadores cristianos de Bizancio. Cuando San Juan Damasceno, en plena crisis iconoclasta, escribió una admirable teología de los iconos [13] fundada en la Encarnación, el Emperador bizantino Constantino Copronimo reunía en 754 un Concilio de 338 obispos para pronunciar contra San Juan Damasceno (Mansur ibn Sarjun) una condena brutal:

“Anatema a Mansur, que ha traicionado a Cristo [...] y que profesa sentimientos mahometanos [14] . Anatema al enemigo del Imperio, el doctor de la impiedad, el adorador de imágenes. La Trinidad los ha depuesto a los tres.” [15]

En cambio, en su monasterio de San Sabas, en la Palestina convertida en musulmana, San Juan Damasceno pudo polemizar libremente contra los principios mismos del Islam, y defender las tesis cristianas oficiales sobre la Trinidad, la divinidad de Jesucristo, y la negativa a reconocer en Mahoma a un profeta. En su tratado de las herejías De Haeresibus, podía escribir:

“Un falso profeta, llamado Mahoma, teniendo conocimiento del Antiguo y del Nuevo Testamento, y habiendo topado, sin duda, con un monje arriano, creó su propia herejía” [16 ] . A continuación formulaba una “refutación” de los fundamentos del Islam. [17]

Uno de sus discípulos, Teodoro Abu Kurra, nacido hacia 760, podía incluso escribir opúsculos violentamente polémicos –Contra la misión de Mahoma , o bien Mahoma, poseído por el demonio– y, según las enseñanzas orales de San Juan Damasceno, una Controversia Santo Sepulcro entre un sarraceno y un cristiano, atacando los problemas centrales de la teología musulmana, sin ser molestado en lo más mínimo por el Califato, en tanto que, según el testimonio de Miguel el Sirio, siendo obispo de Harran, es depuesto por el Patriarca Teodoro de Antioquia, y se retira en Jerusalén, en 813, al lado del Patriarca Tomás.

El historiador Rappoport subraya que después de haber conquistado Palestina los musulmanes, la situación de los judíos mejoró mucho allí, y su actividad intelectual se incrementó [18] . Una academia judía había sido fundada en Tiberiades inmediatamente después de la ocupación romana, por el sabio y piadoso rabino Jochanan ben Zakkaí, discípulo del célebre rabino Hillel. Sólo con la llegada de los califas pudo ser transferida a Jerusalén la academia de Tiberiades, y convertirse en un centro intelectual de primer orden donde quedó establecido el texto hebraico del Antiguo Testamento (la llamada versión masorética).

Bajo el Califa fatimí El Aziz (975-996), un cristiano, Isa ben Nestorius, se convirtió en primer ministro (visir). Nombró gobernador de Damasco a un judío, Manases ibn Hazra, de suerte que cristianos y judíos gobernaron el Estado. Una reacción se produjo bajo el Califa El Hakim. No se trata, pues, de idealizar la situación de Palestina bajo el reinado de los fatimíes de El Cairo. En 967, el Patriarca Juan fue quemado por los musulmanes, apoyados por los judíos, y el Califa El Hakim ordenó en 1009 desmantelar el Santo Sepulcro. Sea como fuere, conviene tener presente que tales episodios fueron aislados, y que jamás judíos o cristianos sufrieron en tierras del Islam persecuciones y matanzas de la vastedad de las de occidente, ya se trate de los cruzados al conquistar Jerusalén, de la exterminación de los cátaros en el siglo XIII, de la Inquisición católica que siguió a la Reconquista [19] de España entre los siglos XV y XVI, de los progroms de la “Santa Rusia” desde Ucrania a Kichinev o, finalmente, de la Alemania nazi.


El periodo de las invasiones: de Bizancio, de los turcos, de los cruzados (siglos X-XIII)

Durante todo este periodo, los judíos y los cristianos de Palestina no conocieron otras persecuciones y matanzas que las perpetradas por los invasores extranjeros, concretamente en tres ocasiones:

En 959, los ejércitos del Emperador cristiano, al mando del general Nicéforo Focas, de Bizancio, invadieron Palestina: “Degolló a los habitantes, incendió las casas, devastó los campos y los jardines, cortó los árboles frutales y vendió como esclavos a hombres, mujeres y niños. Puede decirse que manos cristianas convirtieron Tierra Santa en un desierto.” [20]

De 1071 a 1096, Palestina fue arrasada por la invasión de los selyúcidas (del nombre de un jefe de tribu turco, que reinaba en las inmediaciones de Bujara, en Asia Central). Decían ser musulmanes, pero lo cierto es que saquearon lo mismo las iglesias que las mezquitas y las sinagogas, y la suerte de los peregrinos, judíos o cristianos, hasta entonces numerosos, se hizo trágica.

Papa Urbano II Las Cruzadas, a partir de 1096, fueron para Palestina la tercera catástrofe. El 27 de noviembre de 1095, décimo día del Concilio de Clemont-Ferrand, el Papa Urbano decretó la movilización de occidente, invitando a sus guerreros a tomar el camino del Santo Sepulcro, arrebatárselo a la “raza maldita” y conquistarlo para ellos mismos. Les servía de pretexto la “defensa” de los cristianos de oriente, perseguidos, en efecto, por los turcos. Para el Papa era a la vez la posibilidad de realizar la unidad, e instaurar una teocracia. Era también un medio de implantar en Tierra Santa la Iglesia Romana frente a la Iglesia de Oriente, y estar en una posición de fuerza para imponer la unidad de las Iglesias en torno al Papa: “la creación de un Estado latino en Siria y Palestina [...] crearía una base de influencia romana en oriente.” Para los caballeros la perspectiva resultaba seductora. Para ellos, el objetivo estaba claro: apoderarse de los principados de Siria y Palestina, bajo un pretexto “noble”, que ocultaba sus intenciones. De antemano recibían indulgencia plenaria del Papa para sus pecados, la remisión de las deudas en Europa y un hermoso porvenir de pillaje en oriente [21] . En cuanto a los mercaderes italianos, fueron primero prudentes, limitándose al transporte de los cruzados. Dice Claude Cohen que se debatían entre la avidez por apoderarse de los tesoros de oriente –no sólo a costa de los musulmanes sino también de sus rivales de occidente–, y el temor a perder, en una empresa arriesgada, las posibilidades de comercio en ciertos países musulmanes [22] . Los venecianos sólo enviaron refuerzos en 1100, cuando la victoria parecía segura y, con ella, fructíferos resultados comerciales.

Después de un sitio de cuarenta días, la ciudad santa de judíos, cristianos y musulmanes fue tomada por asalto al mando de Godofredo de Bouillón. Siete mil musulmanes fueron pasados a cuchillo sin distinción de edades ni de sexo. Entretanto, los judíos se habían refugiado para rezar en la sinagoga principal. Los franj [23] bloquearon todas las salidas y les prendieron fuego. Los que intentaban salir de la sinagoga incendiada eran asesinados en las callejuelas adyacentes [24] .

El sistema feudal de occidente fue implantado en el país, sin relación con su pasado ni con el de sus habitantes judíos y cristianos,Mezquita de La Roca quienes estaban más cerca de los árabes musulmanes que de aquellos extranjeros que no vacilaban en perseguir a los heréticos. Aquel Estado sin raíces no obtenía sus ingresos del propio país, sino que vivía de las remesas de dinero recaudadas en occidente por la Iglesia. Sólo podía subsistir gracias a las divisiones del mundo musulmán. Pero un jefe, Salah ed Din (Saladino), príncipe de origen kurdo que reinaba en Egipto, consiguió reunir las fuerzas hasta entonces desunidas, y liberó Jerusalén el 1 de octubre de 1107, abriendo al culto las iglesias cristianas de todas las tendencias y, con la ayuda de su médico y amigo, el gran filósofo judío Maimónides, volvió a abrir las sinagogas.

Sólo San Francisco de Asís acudió sin armas a visitar en Damieta, en pleno asedio de la ciudad en 1219, al Sultán Malek el Kamel, sobrino de Saladino, quien le recibió fraternalmente y le concedió autorización para predicar. Esta iniciativa de San Francisco no pudo restaurar la paz, porque los cruzados seguían su lucha militar, sufriendo, por otra parte, una sangrienta derrota. En 1228, el mismo Sultán Malek el Kamel, a pesar de ser el vencedor, restituyó Jerusalén pacíficamente al Emperador Federico II de Hohenstaufen, Rey de Sicilia, y gran admirador de la cultura árabe-islámica. La negativa de Federico II a participar en la Cruzada armada le había valido ser excomulgado por el Papa.

Al cabo de dos siglos de guerras incesantes, el último cruzado reembarcaba en San Juan de Acre, aunque incluso antes de la derrota definitiva de los cruzados, nuevas calamidades se abatieron sobre Siria y Palestina: la invasión de los turcos kharizmenos en 1240, que afectó a toda la región, asesinando en Jerusalén a millares de cristianos, además de destruir la ciudad. Cuando los turcos fueron vencidos por los mamelucos, mercenarios del Sultán de Egipto, Palestina vivió bajo la dominación egipcia. Por poco tiempo, sin embargo, ya que, en 1250, cayó sobre ella una nueva avalancha de los mongoles, unidos a los cruzados por una promesa de neutralidad.

La dominación turca (siglos XIII-XIX)

Cuando el 1453 los turcos osmanlíes derrotaron al Emperador Constantino Paleólogo y tomaron Constantinopla, el destino deEjercitoOtomano Palestina fue entregado una vez más a la dominación extranjera. Sólo conoció un momento de prosperidad en la “Edad de Oro” del Imperio Otomano, bajo el reinado de Solimán el Magnífico. Pero, aparte de este claro, la economía de Palestina iba de mal en peor: su agricultura y su industria, así como sus puertos, languidecían; gravosos cánones abrumaban a los campesinos; las industrias textiles, y la producción de aceite y jabón se debilitaban, aplastadas por los impuestos y las apropiaciones del ocupante; la peste en 1513 diezmó la población.

La situación de Palestina bajo la dominación musulmana de los otomanos es raramente idílica, por eso fueron frecuentes las rebeliones contra su dominación. De 1614 a 1633, el Emir druso Fakhr ad Din se subleva en el Líbano y ejerce su influencia sobre una parte de Palestina. Un siglo más tarde, un jefe de tribu árabe, Omar ez Zahin, conocido por el nombre Daher, lucha por la independencia. A partir de su capital, Safed, libera Tiberiades. Después, en 1749, Acre, y se convierte entonces en señor de casi toda Galilea. Pero tras la derrota del mameluco Alí Bey de Egipto, que lo había apoyado momentáneamente, es derrotado en 1775. Un Pachá turco, Jazzar (“el carnicero”) reina despóticamente, arruinando el país por medio de impuestos sobre todos los productos de consumo. Reina veinte años, a pesar de las revueltas de los campesinos del Líbano en 1780, las de los beduinos de Palestina algunos años después, y de múltiples motines en Damasco y en el Líbano, en 1789, 1790, y de nuevo en Damasco en 1798. contra esta resistencia, Jazzar desencadena a sus jenízaros y ahoga en sangre las insurrecciones. Todavía gobernaba Jazzar la mayor parte de Palestina y de Siria cuando, en febrero de 1799, Bonaparte invadió Palestina. Sería rechazado con la ayuda que los ingleses prestaron a Jazzar. Comienza entonces la riada de europeos sobre el mundo árabe. Al cabo de un siglo, en 1917, Inglaterra y Francia acordarán repartirse los despojos del Imperio Otomano, a raíz de la derrota alemana. Pero ya hacía mucho tiempo que el destino de Palestina se fraguaba lejos de ella, en Occidente.




NOTAS.-

[1] Texto basado en un extracto del capítulo IV, págs 114-131, del libro Palestina, tierra de los mensajes divinos, Editorial Fundamentos, Madrid, 1987.

[2] Roger Garaudy (1913- ) Filósofo y político francés, nacido en Marsella. Después de cursar estudios de filosofía en la Sorbona, se doctoró por esta Universidad y, en 1953, por la de Moscú, con su tesis Théorie matérialiste de la conscience. Muy joven ingresó en el Partido Comunista francés, de cuyos comités Central y Ejecutivo formó parte respectivamente desde 1945 y 1956 hasta 1970. Fue durante muchos años director del Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas y considerado como el más relevante ideólogo marxista francés, sobre todo a partir de sus intentos de contacto y conciliación de su doctrina con el humanismo cristiano, con cuyos representantes cualificados mantuvo diálogos públicos en diferentes ocasiones. En 1970 culminó la divergencia de su reformismo ideológico con el partido, que lo llevó a su expulsión del mismo, y en 1981 se presentó como independiente a las elecciones presidenciales. Tras su matrimonio con la palestina Salma Farouqui, impulsó el diálogo entre las religiones abrahámicas, convirtiéndose al Islam en 1982. (Nota de la Redacción).

[3] Baladhuri, Futh al buldan, Ed. de Coeje, Leyden, 1866, CXVI, 126, pág. 132.

[4] Para conocer mejor la historia antigua de Palestina, véase Roger Garaudy, “ ¿Qué es Palestina? ”, en revista Alif Nûn nº 40, julio de 2006. (Nota de la Redacción).

[5] Véase José Lupiáñez, Petra, la ciudad rosa , Port-Royal, Granada, 2004. (Nota de la Redacción).

[6] Los monofisitas rechazaron la doble naturaleza de Cristo, considerándolo como puramente divino.

[7] Los nestorianos rechazaban la doble naturaleza de Cristo, y lo consideraban como puramente humano.

[8] Los arrianos consideraban a Cristo como el Verbo increado de Dios.

[9] Bar-hebraeus, Chronicon Ecclesiasticum, edición el latín Abbeloos et Lamy, 3 volúmenes, L, 1872-1877, T.L., col. 276. Idéntico juicio es formulado por Miguel el Sirio, en Crónica Universal, trad. francesa J.B. Chabot, 4 volúmenes, 1899-1910, tomo II, págs. 431-432.

[10] El río Yamuk es un afluente del Jordán.

[11] “Rudamente sojuzgados por Bizancio, aspiraban a cualquier régimen que les desembarazara de la odiosa opresión griega”, escribe monseñor Nasrallah, Sant-Jean de Damas , Ed. Harissa, París, 1950, pág. 19.

[12] Angelo S. Rappoport, Histoire de la Palestine, Ed. Payot, 1932, pág. 177.

[13] San Juan Damasceno, La fe ortodoxa, seguido de Defensa de los iconos, publicación del Institut Orthodoxe Français de Théologie, París, 1966.

[14] La acusación resulta todavía más absurda ya que, precisamente, los musulmanes prohibían también las imágenes.

[15] Junto a San Juan Damasceno, habían atemorizado a Jorge de Chipre y Germán de Constantinopla.

[16] Historia de los Concilios , III, 703-705.

[17] Ciertos historiadores consideran este capítulo 101 de De Haeresibus como perteneciente a una época más tardía. Sea como fuere, esto no afecta en nada al hecho de que un cristiano, bajo el reinado de los califas, pudiese poner en tela de juicio los fundamentos del Islam, mientras que una discusión sobre los iconos le valía el anatema de un Concilio.

[18] Véase Haim Zafrani, “ Los judíos del occidente musulmán ”, en revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[19] Para una visión de la Reconquista desde el punto de vista de un musulmán, véase Abdelatif Oufkir, “ Al-Andalus y el Islam en el subconsciente colectivo español ”, en revista Alif Nûn nº 49, mayo de 2007. (Nota de la Redacción).

[20] Angelo S. Rappoport, ob. cit. pág. 183.

[21] Claude Cohen, Orient et Occident a l´époque des Croisades , Ed. Aubier-Montaigne, París, 1983, pág. 58.

[22] Claude Cohen, op. cit. pág. 69.

[23] Hace referencia a los “francos”, apelativo con el que se conocía a los cristianos occidentales en Oriente Medio. (Nota de la Redacción).

[24] Amin Maalouf, Les croisades vues par les arabes, Ed. Lattes, París, 1983, pág. 12. (Nota del autor)
Véase la traducción al español, Las cruzadas vistas por los árabes , Alianza Editorial, Madrid. Para más información sobre las Cruzadas, véase también María Antonia Loste, Las Cruzadas (Monografías) , Ediciones Anaya, Madrid, 1990; Bizancio, el Islam y las Cruzadas. (Nota de la Redacción).

jueves, 6 de noviembre de 2008

Declaración Final del Foro Católico-Musulmán de Roma

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 6 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto final de la Declaración Final del Foro Católico-Musulmán que ha concluido hoy en Roma.


DECLARACIÓN FINAL


El Foro Católico-Musulmán fue formado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y una delegación de los 138 signatarios musulmanes de la carta abierta con el título "Una palabra común", a la luz del mismo documento y de la respuesta de Su Santidad Benedicto XVI a través de su Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone. Su primer Seminario ha tenido lugar en Roma entre el 4 y el 6 de noviembre de 2008. Veinticuatro participantes y cinco consejeros de cada religión participaron en la reunión. El tema del Seminario ha sido "El amor a Dios, amor al prójimo".

La discusión, que se desarrolló en un espíritu cálido y cordial, enfocó dos grandes temas: "Fundamentos Teológicos y Espirituales" y "Dignidad Humana y Respeto Mutuo". Los puntos de semejanza y de diversidad surgieron, reflejando el distinto genio específico de las dos religiones.

1. Para los cristianos la fuente y el ejemplo de amor de Dios y al prójimo son el amor de Cristo hacia su Padre, hacia la humanidad y hacia cada persona. "Dios es Amor" (1 Jn 4, 16) y "Dios amó tanto al mundo que le entregó a su único Hijo de modo que quien crea en él no fallezca sino que tenga vida eterna" (Jn 3,16). El amor de Dios es puesto en el corazón humano por el Espíritu Santo.

Es Dios quien nos amó primero y quien nos capacita para amarle a nuestra vez. El amor no hace daño al prójimo, sino más bien procura hacer al otro lo que uno querría que le hicieran (Cf. 1 Cor 13, 4-7). El amor es el fundamento y la suma de todos los mandamientos (Cf. Gal 5, 14). El amor al prójimo no puede separarse del amor a Dios, porque es una expresión de nuestro amor hacia Dios. Este es el nuevo mandamiento, "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 15, 12). Profundamente conectado al amor expiatorio de Cristo, el amor cristiano es misericordioso y no excluye a nadie; esto también incluye a los propios enemigos. Deben ser no solamente palabras, sino también hechos (Cf. 1 Jn, 4, 18). Este es el signo de su autenticidad.

Para los musulmanes, como se explica en "Una Palabra Común", el amor es un poder eterno transcendente que dirige y transforma el respeto humano mutuo. Este amor, como indicó el Profeta Santo y Amado Mahoma, es anterior al amor humano hacia el Dios Verdadero. Un Hadith indica que el amor compasivo de Dios por la humanidad es aún mayor que el de una madre hacia su niño (El Musulmán, Bab Al-Tawba: 21); por lo tanto, existe antes e independientemente de la respuesta humana al que es "El Amor". Tan inmenso es este amor y compasión que Dios ha intervenido para dirigir y salvar a la humanidad de un modo perfecto muchas veces y en muchos lugares, enviando profetas y escrituras. El último de estos libros, el Qur'an, retrata un mundo de signos, un maravilloso cosmos de arte Divino, que provoca nuestro completo amor y devoción, de modo que "los que tienen fe, tengan más amor de Dios" (2:165), y "aquellos que creen, y hacen buenas obras, el Misericordioso engendrará amor entre ellos"' (19:96). En un Hadith leemos que "Ninguno de vosotros tiene fe hasta que quiera para su prójimo lo mismo que quiere para sí mismo" (Bukhari, Bab Al--Iman: 13).

2. La vida humana es el regalo más precioso de Dios a cada persona. Por lo tanto debería ser conservado y honrado en todas sus etapas.

3. La dignidad humana surge del hecho que cada persona ha sido creada por un Dios de amor y por amor, y ha sido dotada con los dones de la razón y el libre albedrío, y por lo tanto está capacitada para amar a Dios y a los demás. Sobre la base firme de estos principios, la persona requiere el respeto de su dignidad original y su vocación humana. Por lo tanto, él o ella son titulares al reconocimiento pleno de su identidad y libertad por individuos, comunidades y gobiernos, apoyados en una legislación civil que asegure la igualdad de derechos y la plena ciudadanía.

4. Afirmamos que la creación de la humanidad por parte de Dios tiene dos grandes aspectos: la persona humana, la masculina y la femenina, y nos comprometemos conjuntamente a asegurar que la dignidad humana y el respeto se extienda hacia una igualdad básica entre hombres y mujeres.

5. El amor genuino al prójimo implica el respeto de la persona y a sus opciones en asuntos de conciencia y religión. Esto incluye el derecho de individuos y comunidades para practicar su religión en privado y en público.

6. Las minorías religiosas tienen derecho a ser respetadas en sus propias convicciones y prácticas religiosas. También tienen derecho a sus propios sitios de adoración, y sus figuras y símbolos fundamentales que consideran sagrados no debería ser sujetos a ninguna forma de burla o ridículo.

7. Como creyentes católicos y musulmanes, somos conscientes de la necesidad y el deber de testimoniar la dimensión transcendente de la vida, a través de una espiritualidad alimentada por la oración, en un mundo cada vez más secularizado y materialista.

8. Afirmamos que ninguna religión ni sus seguidores deberían ser excluidos de la sociedad. Cada uno debería ser capaz de dar su contribución indispensable al bien de sociedad, sobre todo en el servicio al más necesitado.

9. Reconocemos que la creación de Dios en su pluralidad de culturas, civilizaciones, lenguas y pueblos es una fuente de riqueza y por lo tanto nunca debería convertirse en causa de tensión y conflicto.

10. Estamos convencidos de que católicos y musulmanes tienen el deber de proporcionar una sana educación en valores humanos, cívicos, religiosos y morales a sus miembros respectivos y promover información exacta sobre las distintas religiones.

11. Creemos que católicos y musulmanes estamos llamados a ser instrumentos de amor y armonía entre creyentes, y para la humanidad en general, renunciando a cualquier tipo de opresión, violencia agresiva y terrorismo, sobre todo cuando se cometen en nombre de la religión, y manteniendo el principio de justicia para todos.

12. Apelamos a los creyentes a que trabajen por un sistema financiero ético en el cual los mecanismos reguladores tengan en cuenta la situación de los pobres y desheredados, tanto individuos, como naciones endeudadas. Apelamos al primer mundo a tener en cuenta la grave situación de aquellos afligidos más gravemente por la actual crisis en la producción de alimentos y su distribución, y pedimos a los creyentes de todas las religiones y a las personas de buena voluntad que trabajen juntos para aliviar el sufrimiento de los hambrientos, y eliminar sus causas.

13. Los jóvenes son el futuro de las comunidades religiosas y de las sociedades en su conjunto. Cada vez más, vivirán en sociedades multiculturales y multireligiosas. Es esencial que sean bien formados en sus propias tradiciones religiosas y bien informados sobre otras culturas y religiones.

14. Estamos de acuerdo en explorar la posibilidad de establecer un comité permanente católico-musulmán para coordinar respuestas a conflictos y otras situaciones de emergencia y para organizar un segundo seminario en un país de mayoría musulmana, aún por determinar.

15. Intentaremos que el segundo Seminario del Foro Católico musulmán sea convocado en aproximadamente dos años en un país de mayoría musulmana aún por determinar.

Todos los participantes agradecieron a Dios por el don transcurrido juntos y por el intercambio enriquecedor.

Al final del Seminario Su Santidad el Papa Benedicto XVI recibió a los participantes y, después de los discursos del profesor Seyyed Hossein Nasr y el gran mufti Mustafa Ceric, se dirigió al grupo. Todos los presentes expresaron su satisfacción por los resultados del Seminario y sus expectativas de un diálogo productivo ulterior.

Traducción del original inglés realizada por Inma Álvarez

lunes, 7 de abril de 2008

Desde ayer me llamo "Magdi Cristiano Allam"


Publicamos este artículo que nos ha llamado fuertemente la atención. Vemos muy positivamente el valor de este periodista recibiendo el bautismo de manera pública y haciéndolo público, aun sabiendo a lo que se expone. Nos unimos a su alegría pascual fraternalmente y nos congratulamos por su encuentro con Cristo.

También encuentro positiva su alusión a la "renuncia" a evangelizar al mundo musulmán por parte de los cristianos. Si tenemos en cuenta que evangelizar no es un acto que prescinda de la libertad de consciencia, sino que la afirma, precisamente por el anuncio de la Buena Nueva. Jamás un anuncio supone la coacción a la libertad del oyente. Si la Evangelización cayera en el proselitismo más o menos enmascarado, ya no sería evangelización y haría un mal servicio a la verdad y la caridad de la Revelación cristiana.

Igualmente es digna de apoyarse la necesidad de que los cristianos conversos del Islam no hayan de vivir su elección en las catacumbas, repudiados de su familia y sus amigos, sujetos a posibles represalías, tanto en países de mayoría musulmana como cristiana. Necesitamos despertar a la necesidad de presionar socialmente para que las instituciones pertinentes admitan y declaren claramente la libertad de consciencia en las elecciones religiosas y espirituales y emprender acciones encaminadas a ello. Ya que nos interroga profundamente el hecho de que, el exponer su conversión de esta manera puede resultar para muchos musulmanes como una exhibición provocativa que no está cortada por el mismo patrón de las insistentes declaraciones cristianas sobre la necesidad de unir esfuerzos por la paz y la convivencia entre las religiones.

Por otra parte, nos interrogamos igualmente sobre la pertinencia de esta declaración pública. Esta publicación podría tener consecuencias negativas ya que podría interpretarse por parte de muchos musulmanes como una exhibición provocativa de los cristianos. .No es que queramos ignorar las múltiples acciones violentas del mundo musulmán contra la libertad religiosa, sino que, precisamente por ello, los cristianos debemos ser profundamente cuidadosos en ser coherentes con la caridad cristiana que proclamamos y postular las mejores virtudes musulmanas para neutralizar las desviaciones y violencias que sufren las sociedades musulmanas, aunque, bien lo sabemos, no solo ellas, sino también las sociedades que ellos consideran cristianas, es decir, el mundo occidental.

La no violencia evangélica es un delicado equilibrio en que la verdad y la caridad jamás se excluyen mútuamente. Un equilibrio a veces muy difícil de conseguir, pero que siempre debemos intentar. Y a partir de esta reflexión previa os pedimos que leáis este artículo.

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Querido Director:

Lo que voy a contarte se refiere a una elección mía, de fe religiosa y de vida personal, que no quiere de ninguna manera involucrar al Corriere della Sera, del cual me honro de formar parte desde 2003, como uno de sus Vice directores. Te escribo, por tanto, como protagonista del hecho, como ciudadano privado.

Ayer de noche me he convertido a la religión cristiana católica, renunciando a mi anterior fe islámica. De esta manera, finalmente ha visto la luz, por gracia divina, el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en el sufrimiento y en la alegría, entre la profunda e íntima reflexión, y su consciente y manifiesta exteriorización. Estoy especialmente agradecido a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que me ha conferido los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro, en el transcurso de la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y he asumido el nombre cristiano más sencillo y explícito: "Cristiano".

Desde ayer me llamo "Magdi Cristiano Allam".

Para mí ha sido el día más hermoso de mi vida. Conseguir el don de la fe cristiana el día de la Resurrección de Cristo, de manos del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable. Teniendo casi 56 años, es un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que señala un cambio radical y definitivo respecto al pasado. El milagro de la resurrección de Cristo ha reverberado en mi alma, librándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia con los "diferentes", condenados acríticamente como "enemigos", prevalecen sobre el amor y el respeto del "prójimo" que es siempre y en todas partes "persona". Mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y la disimulación, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión y la tiranía, y he podido adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano, no sólo he descubierto a Jesús, sino que he descubierto por primera vez el verdadero y único Dios, que es Dios de la Fe y de la Razón.

Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda meditación interior, de la cual no habría podido sustraerme, puesto que desde hace cinco años estoy obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija de mi casa y escolta de policías permanente, a causa de las amenazas y de las condenas a muerte de los extremistas y de los terroristas islámicos, tanto de los que residen en Italia como de otros del exterior. He tenido que preguntarme sobre la actitud de quienes han emitido públicamente las fatwe (declaración por la que cualquiera puede matarlo) de los responsables jurídicos islámicos, denunciándome a mí, que era musulmán, como "enemigo del Islam", "hipócrita cristiano copto que finge ser musulmán para dañar al Islam", "mentiroso y difamador del Islam", legitimando así mi condena a muerte. Me he preguntado cómo es posible que alguien como yo, que ha luchado con convicción y hasta el cansancio por un "Islam moderado", asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona a las denuncias del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam, basándose en una legitimación del Corán.

Por esto he llegado a comprender que, más allá de la contingencia de los fenómenos extremistas y del terrorismo islámico a nivel mundial, la raíz del mal está inscrita en un Islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo.

Paralelamente, la Providencia me ha hecho encontrar personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, han llegado a ser un punto de referencia en el plano de la certeza de la verdad y de la solidez de los valores.Me refiero en primer lugar a muchos amigos de Comunión y Liberación, con don Julián Carrón a la cabeza. A religiosos como don Gabriel Mangiarotti, Sor Maria Gloria Riva, don Carlo Maurizi y al Padre Yohannis Lahzi Gaid; al descubrimiento de los salesianos, gracias a don Angelo Tengattini y a don Maurizio Verlezza, que culminó en la amistad con el Rector Mayor, don Pascual Chávez Villanueva, y hasta el abrazo con altos prelados de gran humanidad, como el cardenal Tarcisio Bertone, monseñor Luigi Negri, Giancarlo Vecerrica, Gino Romanazzi y, sobre todo, don Bruno Fisichella, que me ha seguido en mi trayectoria espiritual de aceptación de la fe cristiana. Pero, sin duda, el encuentro más extraordinario y significativo en mi decisión de convertirme ha sido el del Papa Benedicto XVI, al que he admirado y defendido como musulmán por su maestría al señalar el ligamen indisoluble entre la fe y la razón, como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, y al cual adhiero plenamente como cristiano para llenarme de nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado.

Querido Director, me has preguntado si no temo por mi vida, sabiendo que la conversión al cristianismo me acarreará una enésima y muy grave condena a muerte por apostasía. Tienes toda la razón. Sé bien a lo que me expongo, pero me enfrento a ello con la cabeza alta, con la espalda derecha y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe. Y lo haré aún más después del gesto histórico y valeroso del Papa, quien desde que conoció mi deseo, enseguida aceptó administrarme él mismo los sacramentos de la iniciación cristiana. Su Santidad ha lanzado un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que hasta ahora ha sido demasiado prudente en la conversión de los musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y callando sobre la realidad de los convertidos en los países cristianos. Por miedo. Por el miedo de no poder ayudar a los convertidos, condenados a muerte por apostasía, y por el miedo de las represalias que podrían tener los cristianos que viven en los países islámicos. Benedicto XVI, con su testimonio, está diciendo que es necesario vencer el miedo y no tener ningún temor de afirmar la verdad sobre Jesús, también a los musulmanes.

Por mi parte, yo digo que ya es hora de poner fin a la arbitrariedad y a la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa. En Italia hay millares de convertidos al Islam que viven serenamente su nueva fe. Pero también hay millares de musulmanes convertidos al cristianismo, que son constreñidos a silenciar su nueva fe por miedo de ser asesinados por los extremistas islámicos que están entre nosotros.

Por una de esas "casualidades" en las que se ve la mano discreta del Señor, mi primer artículo escrito en el Corriere el 3 de setiembre de 2003, se titulaba "Las nuevas catacumbas de los islámicos convertidos". Era una investigación sobre algunos neo-cristianos que denunciaban en Italia su profunda soledad espiritual y humana, debida a la pasividad de las instituciones del estado, que no protegen su seguridad, y al silencio de la propia Iglesia. Por eso espero que del gesto histórico del Papa y de mi testimonio obtengan el convencimiento de que ha llegado el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y de afirmar públicamente su voluntad de ser plenamente ellos mismos. Si aquí, en Italia, en la cuna del catolicismo, en nuestra casa, no estamos en condiciones de garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de esta libertad en otras partes del mundo? Ruego a Dios que esta Pascua especial lleve a la resurrección espiritual del espíritu a todos los fieles en Cristo que hasta ahora han sido dominados por el miedo.

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Artículo publicado por Magdi Cristiano Allam, subdirector del Corriere della Sera, el pasado domingo 23 de marzo de 2008, horas después de recibir su bautismo en la Fe cristiana por Benedicto XVI, durante la Vigilia Pascual. El escrito adopta la forma de una carta dirigida al director del diario.

Traducido por: Fundación Crónica Blanca, de jóvenes periodistas católicos

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