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domingo, 13 de mayo de 2012


Un ángel en la cárcel, 
La monja de los presos

13 MAY 2012 
Pepe Álvarez de las Asturias

"Ir a la cárcel parecía malo, pero ha sido una bendición". El dueño de estas palabras es un recluso del penal madrileño de Estremeras. Llena de paz; les habla de Dios y les enseña que su Amor también está allí con ellos, entre sus mismos barrotes. Cuando acaba la sesión de terapia evangelizadora, los presos experimentan un subidón que ninguna droga ha logrado provocarles antes. Es el efecto que produce 'sor Tripi'.
Esto sucede dos o tres días a la semana. La hermana Mari Luz abandona la plácida rutina contemplativa de su convento paulino, atraviesa los muros de la prisión (ahora toca Estremeras, en Madrid) y va recorriendo los patios y las galerías empujando su viejo carro repleto de Biblias, devocionarios, oraciones y rosarios de plástico, repartiendo aquí y allá.
Lleno de pupas y pus.

Algunos de los reclusos no disimulan su sorpresa, su burla o su desprecio; pero la mayoría muestra reverencial respeto -saben el bien que hace- cuando no verdadera devoción. Se acercan a sor Mari Luz y ella les hace la señal de la cruz en la frente. A muchos los ha transformado por completo; ayer eran asesinos o traficantes y hoy son sus evangelizadores; ayer eran agresivos y estaban llenos de odio -hacia la sociedad y hacia sí mismos- y hoy pasean por el patio con el blanco rosario en su muñeca y el Amor de Dios en su corazón, dando testimonio de su fe ante otros presos. Ayer sus ojos decían que estaban en el infierno y hoy su paz interior dice que ya no.

"Este chico estaba lleno de pupas y con pus. Al principio me causó repugnancia pero después fui, le di un abrazo y le dije: toma esta Palabra, es para ti. Dios te ama, eres precioso y quiere hacer de ti un líder. Y me dijo: 'Pero si yo no tengo fe ni nada. ¡La voy a palmar!'. Le hablé del poder sanador de Dios y hoy es un gran evangelizador".

Es el secreto de sor Mari Luz: cada uno de sus "preciosos" es único; los llama por su nombre y conoce su historia, su drama; no importa el delito cometido ("Yo nunca les pregunto qué han hecho. Si quieren desahogarse, me lo cuentan"), ni la enfermedad que padezcan (contagiosa o no), ni su país de origen (Brasil, Ecuador, Marruecos, Perú, España…), ni siquiera sus creencias (musulmanes, agnósticos, renegados). Lo importante es que en la hermana encuentran comprensión y respeto, amor y esperanza; y eso, entre los gruesos muros de cualquier prisión, es un tesoro. Una tabla de salvación en un tempestuoso mar de miedos y odios.

De permiso en la JMJ

Muchos de los reclusos adictos a sor Tripi han recuperado la fe de su infancia (cultural o familiar), pero otros tantos han encontrado a Dios, su Amor gratuito, por primera vez: "¿Eso es verdad?, ¿Dios me quiere?, ¿A mí?". Y con Él se han encontrado también a sí mismos como personas, como seres humanos dignos de serlo. Incluso los presos a priori más irrecuperables han experimentado "las mayores preciosidades de conversión", en palabras de sor Mari Luz. Ella es ahora la madre que no tienen, el hombro en el que llorar, la abogada que tercia en su favor para lograr un breve permiso o la voluntaria que pasea con ellos por las calles de Madrid en plena JMJ, todos con su camiseta, su mochila y su gorra.

A sus 72 años, esta madre Teresa de los presos no ha perdido un gramo de su energía, desde que, hace ya treinta años, comenzara su labor evangelizadora de prisión en prisión. Hoy sigue manteniendo la misma vocación de servicio, igual cantidad de bondad y generosidad que aquella primera vez, en Yeserías, cuando a petición de una madre desesperada acudió a visitar a una joven reclusa; una visita que cambió la vida de la reclusa, y también la de sor Mari Luz, que fundó un grupo de oración en las cárceles de España.

Hoy son cientos los reclusos que han transformado sus vidas y encontrado un alivio a su infierno gracias a la labor de la hermana Mari Luz. Y los que quedan, porque esta hija de la Caridad no tiene ninguna intención de abandonar su misión. "Me jubilaré cuando vaya al Cielo". Allí se encontrará a más de uno de sus preciosos.

Datos

La Pastoral Penitenciaria, en la que colaboran laicos, religiosas y sacerdotes, se ofrece en todas las prisiones españolas. Su misión, ayudar a los reclusos y a sus familias.
146 capellanes y 2.793 voluntarios asisten a cientos de presos cada día.
En sus 68 centros de asistencia, la Iglesia Católica ayuda a más de 6.000 víctimas de violencia y ex prostitutas. Gestiona también 31 centros para enfermos de sida.
Cuenta con más de 4.000 centros específicos en los que atiende a un total de 2,7 millones de necesitados: inmigrantes, toxicómanos, minusválidos, ancianos, huérfanos….
Dentro de su labor sanitaria, la Iglesia asiste a más de un millón de personas al año en sus 86 centros hospitalarios, 55 ambulatorios y dispensarios y una leprosería.
También promueve el trabajo a través de 272 centros en los que se cuentan cerca de 80.000 asistidos; y ofrece asistencia jurídica a miles de personas en sus 53 centros.

jueves, 6 de agosto de 2009

El médico Takashi y la bomba atómica


Tres días después del holocausto de Hiroshima, cuando el bombardero B29 llamado Bock's Car, despegó de la base área de Tinian en las Islas Marianas la madrugada del 9 de agosto de 1945 su objetivo era la ciudad japonesa de Kokura y su misión lanzar la segunda bomba atómica, sobre territorio japonés para forzar la capitulación definitiva de las fuerzas niponas. Sin embargo la bomba fue lanzada sobre Nagasaki... La decisión se debió al mal tiempo con el avión quedándose sin combustible y era necesario actuar con rapidez. Estados Unidos tenía solo dos bombas, la Little Boy de uranio y 13 kilotones, que tres días antes había destruido Hiroshima, y la Fat Man, más grande con carga de plutonio y 22 kilotones de TNT. Después de casi una hora sobrevolando el avión sobre Kokura, la aeronave no podía mantenerse en vuelo por más de media hora. Sweeney, el capitán del bombardero se dirigió hacia la cercana ciudad de Nagasaki, otro de los posibles objetivos de la misión. Las nubes cubrían también la ciudad de Nagasaki. Sobre el objetivo un claro se abrió entre las nubes y Kermit Beahan no dudó en lanzar "Fat Man". A las once y dos minutos inició "Fat Man" su corta caída hacia el corazón de una de las primeras ciudades japonesas que en el siglo XVI se habían abierto al cristianismo y al comercio con Occidente. La bomba de plutonio hizo explosión a una altura de 500 metros sobre el distrito de Urakami. En 1995 el copiloto Don Albury relató al New Herald: "Vi el destello y pensé: Dios ¿qué hemos hecho?".

Nagasaki fue arrasada por la segunda bomba atómica el 9 de agosto de 1945 a las once horas y dos minutos. El centro de la explosión se situó en el barrio de Urakami, habitado en su mayoría por los católicos de la ciudad. Hubo 9.000º de temperatura, 72.000 muertos y 100.000 heridos.

La historia de Takashi

Takashi Nagai había nacido en 1908 en Isumo, cerca de Hiroshima, en el seno de una familia con cinco hijos y de religión sintoísta. En 1928 ingresa en la facultad de medicina de Nagasaki. "Desde la época de mis estudios de secundaria -escribirá más tarde- me había convertido en prisionero del materialismo. Nada más ingresar en la facultad de medicina me obligaron a diseccionar cadáveres... Sentía gran admiración por la maravillosa estructura del conjunto del cuerpo humano, por la minuciosa organización de sus más pequeñas partes. Pero aquello que estaba manejando no era más que pura materia. ¿Y el alma? Un fantasma inventado por unos impostores para engañar a la gente sencilla".

La última mirada de una madre

Un día de 1930 recibe un telegrama de su padre: "¡Ven a casa!". Presintiendo alguna desgracia, parte a toda prisa. Al llegar, se entera con estupor de que su madre ha sufrido un ataque y de que ha perdido el habla. Se sienta a su lado y lee en su mirada un último adiós. Aquella experiencia de la muerte cambiará su vida: "Con su última y penetrante mirada, mi madre derrumbó el marco ideológico que yo había construido. Aquella mujer, que me había dado la vida y que me había educado, aquella mujer que no había tenido ni un momento de respiro en su amor por mí, me habló con toda claridad en los últimos instantes de su vida. Su mirada me decía que el espíritu del hombre sigue viviendo después de la muerte. Todo me llegaba como una intuición, una intuición que contenía el sabor de la verdad".

Takashi emprende entonces la lectura de los "Pensamientos" de Pascal, autor francés del siglo XVII, poeta y erudito. "El alma, la eternidad... Dios. ¡Así que el físico Pascal, nuestro gran predecesor, había admitido con seriedad aquellas cosas!, se dijo. ¡Ese incomparable sabio creía verdaderamente en ello! ¿En qué consistía aquella fe católica para que el sabio Pascal la aceptara, sin contradecir por ello su ciencia?" Pascal explica que a Dios se le puede encontrar mediante la fe y la oración. Incluso si todavía no podéis creer -dice- no desatendáis la oración ni la asistencia a la Misa. Si me siento siempre dispuesto a comprobar una hipótesis en el laboratorio -piensa Nagai-, ¿por qué no probar esa oración en la que tanto insiste Pascal? Y toma la decisión de buscar una familia católica que le acepte como pensionista durante sus estudios. Aquello le permitirá conocer el catolicismo y la oración cristiana.

La familia Moriyama

Es acogido en la familia Moriyama. El señor Moriyama, tratante de ganado, desciende de uno de esos antiguos linajes cristianos que, a lo largo de 250 años de persecuciones, supieron conservar la fe que san Francisco Javier llevó hasta el Japón. La pureza de aquella fe cristiana asombra al joven Nagai: ¡unos humildes granjeros le enseñan con su ejemplo aquello en lo que había creído el gran sabio Pascal!

En marzo de 1932, una grave otitis le deja sordo del oído derecho, trastornando con ello sus proyectos de futuro; al no poder hacer uso del estetoscopio, debe renunciar a la medicina general, orientando entonces sus estudios hacia la medicina radiológica, que inicia su andadura en Japón, y que le hace tomar conciencia de las enormes posibilidades que esta ciencia ofrece a los médicos para descubrir el origen de las enfermedades.

El señor y la señora Moriyama tienen una hija, Midori, maestra en otra ciudad. Los tres rezan por la conversión de Takashi, pensando que quizás Dios lo haya enviado con este propósito. El 25 de diciembre de 1932, Midori se encuentra en casa de sus padres con motivo de la Navidad. -Doctor -pregunta el señor Moriyama a Takashi-, por qué no viene con nosotros a la Misa del gallo? -¡Pero si no soy cristiano! -No importa, tampoco lo eran los pastores y los Reyes Magos que acudieron al establo. Sin embargo, cuando vieron al Niño creyeron. Si no viene a rezar a la iglesia, nunca llegará a creer.

Después de unos instantes, Nagai es el primero en sorprenderse cuando responde: -Sí, me gustaría acompañarles esta noche.

Cinco mil cristianos llenan la catedral, cantando todos el mismo Credo en latín. Nagai queda fuertemente impresionado y alentado en su reflexión sobre la religión católica, pero sin dejarse convencer.

El pequeño catecismo de Midori

Una noche, el señor Moriyama acude a despertar a Takashi: Midori se retuerce de dolor en su lecho. El joven médico diagnostica enseguida una apendicitis aguda, y oye cómo el señor Moriyama murmura: "Es la voluntad de Dios. ¿Quién sabe qué gracia nos depara?"

A pesar de la abundante nieve, Takashi corre a la escuela vecina para telefonear al hospital: -¿Oiga? ¿Oiga? El 32 00, por favor, es urgente... ¿Oiga? Aquí Nagai. ¿Quién está de guardia esta noche? Bien, ¿puede llamarlo, por favor? Acude a la llamada un amigo suyo, y Nagai le pregunta si puede realizar de inmediato una apendicectomía. Ante una respuesta afirmativa, Takashi regresa a buscar a Midori: -Con toda esta nieve, llamar a un taxi sería una pérdida de tiempo. No podemos arriesgarnos a esperar. Y, dirigiéndose al señor Moriyama: -Si usted va delante con la linterna, yo mismo puedo llevar en brazos a Midori.

Durante el trayecto, Takashi se percata de que el corazón de Midori late cada vez más deprisa y de que está ardiendo de fiebre. Su vida corre peligro, por lo que apresura el paso. ¡Por fin llegan al hospital! La sala de operaciones está preparada y, siete minutos después, todo ha terminado. Midori está a salvo. En agradecimiento, ella hará todo lo posible para obtener la conversión de su salvador.

Al año siguiente, Takashi es movilizado por el ejército japonés y parte a combatir contra los chinos en Manchuria. En un paquete enviado por Midori hay un pequeño catecismo que lee con interés. Al cabo de un año regresa a su país, casi desesperado por la toma de conciencia sobre los desórdenes de su vida y por el recuerdo de los terribles espectáculos de la guerra. Se dirige entonces a la catedral de Nagasaki, donde un sacerdote japonés le recibe y conversa con él durante mucho tiempo. Animado por aquella entrevista, Takashi reanuda su trabajo de radiología y empieza a estudiar la Biblia, la liturgia y las oraciones de los católicos. Pero las exigencias morales del Evangelio y la necesidad de separarse de los lazos religiosos sintoístas de su familia siguen siendo un obstáculo para su conversión.

Un día, en medio de sus dudas, retoma los "Pensamientos" de Pascal y se le presenta una frase que llama su atención: "Hay suficiente luz para quienes sólo desean ver, y bastante oscuridad para quienes mantienen una disposición contraria". De repente, todo queda claro para él. Toma una decisión y pide el bautismo, que recibe en junio de 1934, con el nombre de Pablo, en recuerdo de san Pablo Miki, mártir japonés crucificado en Nagasaki en 1597.

Dos meses después se casa con Midori, pero antes ha querido que ésta conociera los graves riesgos a los que se expone por su profesión. En efecto, pues los radiólogos de la época no tenían medios para protegerse suficientemente de los rayos X. Midori comprende el peligro que corre la vida de Takashi, pero entiende sus puntos de vista y comparte su ideal de "pionero" para salvar vidas humanas. Nagai se convertirá en algo más que un médico, en un apóstol de la caridad para con el prójimo. Escribe lo siguiente: "La labor del médico consiste en sufrir y en alegrarse con sus pacientes, en ingeniárselas para disminuir los sufrimientos como si fueran los suyos propios. Hay que simpatizar con su dolor. A fin de cuentas, no obstante, quien cura al enfermo no es el médico sino la complacencia divina. Una vez se ha comprendido eso, el diagnóstico médico engendra la oración".

Movilizado de nuevo entre junio de 1937 y marzo de 1949, participa como médico en la guerra chino-japonesa. Su dedicación a todos, se trate de militares japoneses o de chinos, de mujeres, niños y ancianos arrastrados sin piedad a terribles matanzas, ha tomado un cariz heroico. A su regreso al Japón, las peticiones de radiografías se multiplican. Muy pronto, Takashi constata en sus manos unas marcas inquietantes y, además, se encuentra muchas veces agotado. En su diario anota que, en ocasiones, cuando se siente completamente decaído, cierra la puerta y se sienta ante la estatua de María que tiene en su despacho, rezando el Rosario y recuperando de este modo poco a poco la paz interior.

Tres años de vida

Un colega de Takashi le persuade sobre la conveniencia de hacerse una radiografía. Una mañana de junio de 1945 cumple con ello: -Prepare el aparato, dice a su ayudante. -Pero, doctor, aún no ha llegado ningún paciente. -Yo soy el paciente, responde Nagai mostrando su pecho. -¿Y el médico? -¡Aquí está!, dice señalando sus ojos.

Al ver la radiografía, Nagai se queda sin respiración. En el lado izquierdo aparece una ancha placa negra: hipertrofia del bazo, por lo que el diagnóstico es una leucemia. Takashi murmura: "Señor, no soy más que un siervo inútil. Protege a Midori y a nuestros dos hijos. Hágase en mí según tu voluntad". El doctor Kageura, jefe del departamento de medicina interna, confirma su análisis: "Leucemia crónica. Duración de la vida: tres años". Había empleado su vida en curar un gran número de enfermos, que nadie más que él habría podido radiografiar.

De regreso a casa, Takashi se lo revela todo a Midori, quien cae arrodillada ante el crucifijo que su familia había guardado durante los 250 años de persecuciones y reza durante largo tiempo, sollozando constantemente, hasta que su alma recupera la paz. También Nagai reza; siente remordimientos por haberse dedicado con ahínco a su trabajo, sin pensar lo suficiente en su esposa. Pero Midori sabe estar a la altura de las circunstancias. Al día siguiente un hombre nuevo se dirige a su trabajo: la aceptación total de la tragedia por parte de Midori y su negativa a oír hablar de "negligencia" le han colmado de fuerzas.

La explosión atómica

9 de agosto de 1945, once horas y dos minutos. Un destello cegador. Acaba de estallar una bomba atómica en Urakami, el barrio norte de Nagasaki. En la facultad de medicina, situada a 700 metros del centro de la explosión, Nagai, que se encuentra clasificando placas de radiografías, es lanzado al suelo, con el costado acribillado de trozos de cristal. La sangre brota en abundancia de su sien derecha..., los objetos se arremolinan como las hojas muertas en otoño. Muy pronto aparece una oleada ininterrumpida de heridos: siluetas ensangrentadas, ropas desgarradas, cabellos quemados, que acuden a la entrada del hospital... Una visión dantesca.

Famoso es su relato que señala:

¿Qué había pasado? No podía explicármelo. Hasta hacía pocos minutos se extendía una ciudad desde las colinas hasta las aguas del estrecho, pero ahora todo había desaparecido.

¿Qué había sido de la multitud que se agolpaba frente a la puerta del Hospital? Miré hacia allí. El patio estaba cubierto de árboles arrancados y entre ellos gran número de cadáveres desnudos.

-¡Esto es el infierno!- grité horrorizado, cubriéndome la cara con las manos.

Ningún profesor sobrevivió para poder contarlo. En los laboratorios de Medicina Clínica, construidos con hormigón y más alejados del lugar de la explosión, algunos médicos, entre ellos yo, tuvimos la suerte de salvarnos... por el momento.

¿Cómo ocurrió todo?

El 9 de agosto de 1945 la ciudad de Nagasaki estaba inmersa en la paz por última vez.

Repentinamente, el cielo se iluminó por un instante y el resplandor de una luz hizo palidecer el sol de verano. Una columna de humo blanco empezó a subir de la tierra tomando la forma de una gigantesca seta u hongo. Una luz terrible. No hubo ruido. Pero lo que aterrorizó y heló la sangre fue el soplo inmenso que se escapó de debajo de la nube blanca. A una velocidad aterradora pasó sobre las colinas y los campos arrasándolo todo. Las casas de las cimas cedieron ante su fuerza, y cada árbol del campo fue arrancado de cuajo y sus hojas desaparecieron como por encanto. Se diría que un invisible pero gigantesco cilindro compresor trituraba cuanto hallaba a su paso. Un horrible ruido hirió de súbito los oídos de los que presenciamos de lejos tan terrible espectáculo. Nos sentimos levantados, tirados contra una pared de piedra a cinco metros de allí.

Herido en la región de los ojos, creí que había perdido la vista. No era así, pero todo yo manaba sangre. Y el edificio entero se había derrumbado.

Enterrado entre los escombros, luché denodadamente hasta que terminé por salir por mi propio esfuerzo. El espectáculo que tenía ante mis ojos era apocalíptico.

Entre escalofriantes masas de carne se destacaban lentamente, a rastras, aquellos en los que había una chispa de vida. Se acercaron asiéndome fuertemente de las rodillas:

-¡Sálveme, doctor!- gemían desesperadamente.

Empezamos los primeros cuidados, pero nunca me había sentido tan impotente, tan inútil para poder ayudar a aquellos seres humanos destrozados y desgarrados por el dolor.

No podíamos atender a todos los que se agolpaban en torno a los escasos médicos supervivientes. Apenas habíamos mal vendado a uno cuando se presentaba otro con la misma súplica:

-¡Doctor, sálveme!-

Pasaron dos niños arrastrando a su padre muerto. Una mujer todavía joven llevando en su seno a un niño decapitado. Los pocos que se habían salvado marchaban de la ciudad, que empezaba a arder. Sus pies sangrantes les torturaban a cada paso. Pasando por la noche sobre un puente deteriorado, caían a veces en el foso con el herido que transportaban sobre sus espaldas.

Jamás me había sentido tan impotente como al mirar el terrible panorama de miedo, de agonía, de muerte y de destrucción. No podía hacer nada, absolutamente nada. La sangre me corría por el rostro, desde las sienes hasta la barbilla. Los ojos parecía que me iban a estallar.

A veces, queriendo incorporar un cuerpo para ver si retenía aún señales de vida, se deshacía en nuestras manos como el fango pegajoso. Solamente unos cabellos se adherían a nuestro tacto.

Miré al cielo donde flotaba todavía, en reflejos de apocalipsis la monstruosa nube radioactiva...

Al día siguiente, 10 de agosto, el Dr. Nagai lo pasa curando heridos. El 11 va en busca de Midori, su esposa, que se había quedado en casa, mientras que los hijos y la abuela se encontraban seguros en la montaña desde el 7 de agosto. Le resulta muy difícil encontrar la ubicación de su casa en una zona llena de tejas y cenizas. Entre los restos de la casa encuentra a su esposa calcinada. Postrado de rodillas, reza y llora, recogiendo después los huesos en un recipiente. Ve brillar algo en el polvo de los huesos de la mano derecha de ella: ¡Es su rosario! Inclinando la cabeza dice: "Dios mío, te doy las gracias por haberle permitido morir rezando..." Mientras los habitantes del lugar temen volver a Urakami, el barrio católico epicentro de la bomba, Nagai declara: "¡Yo quiero ser el primero en vivir allí!". Se construye un refugio cerca de su antigua casa, con algunas chapas apoyadas en los restos de un muro, y coloca delante dos piedras formando un fogón improvisado sobre el que cuelga un caldero. Al lado hay una vieja botella sin cuello; su reserva de agua. Como única ropa cuenta con uno de los uniformes de marino que el ejército ha distribuido a los siniestrados. Al empezar a desescombrar la que fue su casa, descubre el crucifijo que había pertenecido al altar de la familia y piensa: "He sido desposeído de todo y sólo he encontrado este crucifijo".

El 23 de noviembre de 1945, Nagai es invitado a tomar la palabra en una Misa de réquiem celebrada junto a los escombros de la catedral de Urakami, el barrio católico de Nagasaki. En su mística intervención, con sentimiento de comprensión y perdón, poco frecuente en lo humano, yo diría que hablando con la mirada de los dioses, señala:

El holocausto de Jesucristo en el Calvario ilumina y confiere significado al holocausto de Nagasaki. En la mañana del 9 de agosto una bomba atómica explosionaba en nuestro barrio. En un instante, 8.000 cristianos fueron llamados a la presencia de Dios... En la medianoche de aquel día, nuestra catedral se incendió de repente y se consumió... Es evidente que existe una profunda relación entre la destrucción de esta ciudad cristiana y el fin de la guerra. Nagasaki era sin duda la víctima elegida, el cordero sin mancha, holocausto ofrecido sobre el altar del sacrificio, aniquilado por los pecados de todas las naciones durante la Segunda Guerra Mundial... ¡Debemos agradecer que Nagasaki haya sido elegida para ese holocausto! Debemos agradecerlo, porque a través de ese sacrificio ha llegado la paz al mundo, así como la libertad religiosa al Japón.

El 15 de agosto de 1945, a mediodía, la radio transmite un mensaje del emperador anunciando la capitulación del Japón. A principios de septiembre, Nagai agoniza. Las radiaciones de la bomba atómica han agravado su enfermedad. Recibe los últimos sacramentos y dice: "Muero contento", y luego entra en semicoma. Le traen agua de la gruta de Lourdes construida no muy lejos de allí por el padre Maximiliano María Kolbe. Al día siguiente Takashi se encuentra fuera de peligro y atribuye al padre Kolbe (hoy canonizado) la remisión de seis años que le deja la enfermedad.

En marzo de 1951 el estado de salud del médico es alarmante, sin que por ello se vea alterado su habitual buen humor. En abril escribe su último libro y, nada más terminarlo, sufre una hemorragia cerebral. Lo llevan al hospital, y allí pierde el conocimiento. Muere el 1 de mayo.

Al final de su libro "Las campanas de Nagasaki" el Dr. Nagai escribe lo siguiente:

¿La humanidad podrá ser feliz en la era atómica? ¿O será desdichada? ¿Cómo iba a utilizarse esa arma de doble filo escondida por Dios en el universo y descubierta ahora por el hombre? Un uso correcto podría permitir un rápido progreso de la civilización, pero un uso inadecuado podría destruir el mundo. La decisión reside en el libre albedrío del hombre, que tiene su destino en sus propias manos. Cuando uno piensa en ello le invade el terror y, por mi parte, creo que la única garantía en este campo reside en un verdadero espíritu religioso...


fuente: www.zenit.org




domingo, 5 de abril de 2009

Los católicos surcoreanos ya entrenan misioneros para evangelizar Corea del Norte

P. J. Ginés

Corea del Sur, con sólo 4,8 millones de católicos, ya tiene 400 misioneros en el extranjero

Nadie lo duda: los mejor preparados para evangelizar Corea son los coreanos. En Corea del Sur hay casi 50 millones de habitantes, y sólo 4,8 millones son católicos. Pero es el país del mundo donde se dan más bautizos de adultos en el catolicismo. También el cristianismo protestante crece con fuerza.
Hay una primavera de vocaciones sacerdortales y un fuerte impulso misionero. Hay 400 misioneros católicos coreanos en el extranjero. Más de 150 están en Hispanoamérica. Otros muchos en EEUU, Australia, y países de Asia, incluyendo la atención a las comunidades católicas coreanas de Siberia. La diáspora coreana en todo el mundo aprecia tener sus propios sacerdotes y la misa en su idioma.
Pero el sueño de la Iglesia coreana es poder evangelizar en Corea del Norte, un país cerrado a cal y canto, dormido en el sueño totalitario de su dictador.

La Iglesia calcula que antes de la Guerra de Corea (1950-1953), había unos 55.000 católicos en Corea del Norte. En la diócesis norcoreana de Pyongyang había unos 20 sacerdotes. Quedan siete de ellos activos, viven en el Sur, por supuesto. El anciano monseñor Mateo Hwang In-kuk, nacido en 1936 y fugado del Pyongyang con 14 años, es el vicario episcopal de la capital del Norte. No puede pastorear a los católicos de su diócesis (suponiendo que quede alguno; se habla de que aún hay 4.000 católicos, clandestinos) pero desde el sur está entrenando nuevos sacerdotes para cuando llegue la unificación y caiga el régimen anticlerical de Corea del Norte.

La agencia Reuters recogía el 5 de marzo el inicio de curso de los 5 primeros seminaristas que ya están siendo entrenados específicamente para ser sacerdotes en el Norte. Y cada año se quiere añadir otra remesa de voluntarios. Serán diez años de formación, y quizá en 2019 el Norte siga siendo un país fantasma, cerrado al mundo y a la fe. "Nosotros, los viejos sacerdotes del norte, quizá estaremos muertos, pero nuestros estudiantes espero que no lo estén", dice monseñor Hwang.
Corea no es una esquina sin importancia para la Iglesia católica, sino una importante cabeza de puente en Asia. Es el país asiático con más católicos, después de Filipinas e India. Tiene incluso un cardenal, Nicholas Cheong Jin-suk, creado hace 3 años. Es una puerta para China. El idioma es distinto, pero en Asia, donde las formas de sentarse, de comer, de saludarse incluso, son absolutamente ajenas para el occidental, Corea es una plataforma de cercanía cultural que no se puede menospreciar.
El número de sacerdotes diocesanos es de 4.116, y atienden más de 1.500 parroquias en 15 diócesis. Los seminarios están llenos con cerca de 1.500 seminaristas. Asimismo también es muy fuerte la presencia de las congregaciones religiosas, con 9.861. religiosas y 1.539 religiosos. Los católicos están bien vistos por la población, porque se opusieron con valor a la ocupación japonesa (dieron muchos mártires que se negaron a ofrecer sacrificios al Emperador nipón). La comunidad católica también ha dado un presidente a Corea del Sur, Kim Dae-Jung, premio Nobel de la Paz en el año 2000.
En 1984, el Papa Juan Pablo II, en su viaje apostólico a Corea, agradecía a Dios la vitalidad de esta Iglesia asiática y, dirigiéndose al clero y a los religiosos y religiosas coreanos les decía: "Vuestro servicio ofrece grandes esperanzas para el futuro, no sólo para la Iglesia de vuestro país sino también para otros países que recibirán misioneros desde Corea. La Iglesia universal cuenta con vuestra aportación misionera".

fuente: Forum Libertas

miércoles, 1 de abril de 2009

Los misioneros y la conquista de América: el sermón de Fray Montesinos en 1511

Desde Chihuahua, Hesiquio Trevizo pone en un contexto histórico los comentarios del Papa sobre cómo fue la evangeliación en América Latina.

En su viaje a Brasil el Papa dijo que la fe no se impuso a los indígenas. De inmediato muchos empezaron a contar diversas masacres y abusos de los conquistadores españoles. Sin embargo, los críticos son incapaces de separar entre los conquistadores y los evangelizadores, ni son capaces de matizar en procesos complejos que duraron siglos a lo largo de un continente en muy diversas circunstancias.

En ForumLibertas.com nos ha gustado un artículo de Hesiquio Trevizo en El Diario de Chihuahua (www.eldiariodechihuahua.com.mx) recordando el papel de los misioneros y religiosos en defensa de los indios al menos desde el sermón de Fray Antonio de Montesinos en 1511. Republicamos la mayor parte de este artículo.

(...) El tema de la relación entre fe y cultura ha sido siempre muy importante para mis venerados predecesores. He querido retomarlo confirmando a la Iglesia que está en América Latina y el Caribe en el camino de una fe que se ha hecho y se hace historia vivida, piedad popular, arte, diálogo con las ricas tradiciones precolombinas, además de con las múltiples influencias europeas de otros continentes.

(....) Ciertamente, el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización: no es posible olvidar los sufrimientos e injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteada a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar estos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria de la Universidad de Salamanca, no deben impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la gracia divina en esas poblaciones a lo largo de los siglos.

Benedicto XVI, en Roma el 22 de mayo de 2007,
ver en
http://www.zenit.org/spanish/visualizza.phtml?sid=108165


La Iglesia y la colonización

Lo que es México comienza a existir con la "Conquista". Abusos lo hubo, (y los sigue habiendo). Pero defensas heroicas, las hubo igual. A modo de ejemplo trascribo un episodio que muestra la defensa de los indios que hicieron los misioneros denunciando los abusos injustificables de los colonizadores. (No hubo nada igual en la colonización de lo que hoy es Estados Unidos).

Fray Antonio de Montesinos

"El domingo anterior a la Navidad, en 1511, el dominico Antonio de Montesinos pronunció en la isla de Hispaniola (Haití), en una iglesia con techo de cañas, un sermón "revolucionario". Comentando el texto "Soy una voz que clama en el desierto" (Jn. 1,23), Montesinos emitió la primera protesta pública importante y deliberada contra la clase de trato que sus compatriotas infligían a los indios.

Esta primera llamada hecha en el Nuevo Mundo en nombre de la libertad humana fue esencial en la historia de América y, según la expresión de Pedro Henríquez Ureña, uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia espiritual". Así empieza la reciente obra de Lewis Hanke, 'Colonisation et conscience chrétienne au XVI siécle', historiador de gran calidad que no compromete la apologética ni idealiza una teología prematura.

El sermón, pronunciado ante la minoría dirigente de la primera ciudad española fundada en el Nuevo Mundo, escandalizó e indignó a sus oyentes.

Montesinos clamaba con voz de trueno:

"Para hacernos conocer vuestras faltas contra los indios he subido a este púlpito, yo, la voz de Cristo que clama en el desierto de esta isla; debéis, por tanto, escucharme, no distraídos, sino con todos vuestros sentidos y con todo vuestro corazón, para oír esta voz, la más extraordinaria que habéis oído jamás, la más áspera, la más severa, la más temible que jamás hayáis pensado oír.

Dice que estáis en estado de pecado mortal, que vivís en este estado, que moriréis en él, a causa de vuestra crueldad hacia una raza inocente. Decidme, ¿qué principio, qué justicia os autoriza a mantener a los indios en una tan horrorosa esclavitud? ¿Con qué derecho habéis declarado una guerra tan atroz contra esta gente que vivía pacíficamente en su país? ¿Por qué dejáis en tal estado de agotamiento, sin alimentarlos suficientemente, sin preocuparos de su salud? Porque el trabajo excesivo que le exigís, los abruma, los mata. Mejor dicho, sois vosotros los que los matáis, queriendo que cada día os traigan su oro.

¿Por ventura no son hombres? ¿No tienen una razón, un alma? ¿No tenéis el deber de amarlos como a vosotros mismos? Estad seguros de que, en estas condiciones, no tenéis más posibilidades de salvación que un moro o un turco".

Después de esto, Montesinos, con la cabeza erguida, abandonó precipitadamente la iglesia, entre los murmullos de los administradores y de los colonos, estupefactos e irritados. Éstos fueron en masa a la residencia del Gobernador, para protestar contra el sermón, en el cual veían una negación escandalosa de la soberanía real sobre las Indias.

Enviaron también una delegación indignada al convento, para exigir excusas y una desautorización. El superior, Pedro de Córdoba, a quien no impresionó la amenaza de hacer expulsar al religioso agresivo, les afirmó que Montesinos había hablado en nombre de la comunidad de los dominicos. Prometió, no obstante, que Montesinos volvería a tratar del tema en su sermón del siguiente domingo. Ante lo cual, los colonos se retiraron, convencidos de que no habían obtenido una satisfacción. (Lo trágico de la situación es que la injusticia que denunciaba fray Montesinos es cruelmente actual y hoy ni existen sermones que lo denuncien ni quienes los oigan).

Contaban con una explicación, y la noticia corrió rapidísimamente, así, el domingo siguiente, la mayoría de los notables españoles se apretujaban en la iglesia. Montesinos subió al púlpito, y tomó como tema este texto poco tranquilizador. "Soporta todavía por un instante mis palabras, y yo te diré lo que tengo que añadir en nombre de Dios".

En vez de hacer rectificaciones sutiles de su primer sermón, se cebó con nuevo ardor en los colonos, advirtiéndoles que, en adelante, los religiosos les negarían la confesión y la absolución, como si fuesen ladrones de camino real. Y que podían escribir a España lo que quisieran y a quien quisieran.

Este discurso pronto tuvo eco en España, incluso en la Corte. El 20 de marzo de 1512, Fernando ordenó al Gobernador que hiciera entrar en razón a Montesinos. Si el dominico y sus hermanos de la comunidad persistían en su error, ya condenado diez años antes por una asamblea de sabios, de teólogos y de canonistas (¡uufff!) reunidos para discutir sobre la cuestión, el Gobernador debía remitirlos a España en el primer barco, a fin de que su superior español pudiera castigarlos, porque "harán mucho daño por cada hora que pasen en las islas con ideas tan nefastas".

Tres días más tarde, el 25 de marzo de 1512, el superior español de los dominicos, Alonso de Loayza, amonestaba a Montesinos en un mensaje oficial al provincial de Haití, a quien ordenaba prohibir la predicación de una doctrina tan escabrosa. Entonces comenzó el primer gran combate por la justicia en el Nuevo Mundo.

Las injusticias son hoy flagrantes en nuestro Continente, y la pobreza, la desigualdad, el nuevo colonialismo --contra el que nadie dice nada--, son el común denominador; seguimos siendo el Continente explotado y pobre. Por ello mismo la lucha de denuncia, debe de continuar en este caso, desde la originalidad del evangelio, a ejemplo de Montesinos, de Bartolomé de las Casas, de Tata Vasco, y muchos otros.

Si usted quiere entender las raigambres políticas que se han movido a lo largo de cinco siglos en el continente, y no le gusta echarse a cuestas pesados tomos de historia, le recomiendo --pero, hágalo--, la película "La Misión", una extraña joya de la cinematografía contemporánea. Ahí va a descubrir usted, por una parte, la acción de los misioneros, en este caso los jesuitas, en las "reducciones del Paraguay", un modelo de organización social que de haber triunfado, escribe J. V., no hubieran surgido los Estados Unidos como poder hegemónico del Continente. La destrucción de "las reducciones" fue el efecto de los conflictos religiosos europeos cuando la franco masonería apoyándose en las casas borbonas logró desterrar de todos los territorios españoles a los jesuitas.

O bien, si le gusta leer, y es chihuahuense, puede leer "Las Antiguas Misiones de la Tarahumara", escritas por Peter Masten Dunne, S.J., obra reeditada por el entonces gobernador Patricio Martínez.

Entonces, he de cambiar el título de este artículo; en vez de "El Papa debe de tener cuidado", deberíamos titularlo "Debemos tener cuidado con lo que se dice y escribe en los medios".


"Una fe que se ha hecho y se hace historia vivida, piedad popular, arte, diálogo con las ricas tradiciones precolombinas...", dice Benedicto XVI. Un ejemplo es este interesante estudio en PDF: La herencia jesuita en el arte de los indígenas del noroeste de México, de Miguel Olmos Aguilera, 2002.
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/136/13602707.pdf

Eusebio Kino, jesuita explorador en la frontera apache
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8110

José de Anchieta: el primer literato de Brasil, enfermero, misionero y fundador de ciudades
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7930

Vasco de Quiroga: político, obispo y constructor de comunidades utópicas en México
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7685


viernes, 5 de diciembre de 2008

Un dios cotidiano: Reformulación teológica del cristianismo

Entrevista a Rubén Dri - por Conrado Yasenza

- Durante el Concilio Vaticano II, se discutió cómo predicar el cristianismo en el siglo XX. ¿Cómo se predica en el siglo XXI

- Yo corregiría lo de predicar el cristianismo, porque el cristianismo es la iluminación de los valores más profundos y realizadores del ser humano, por lo tanto, se trata de transmitir y reinterpretar la realidad a partir de esta iluminación que nos da el cristianismo. Y los valores humanos no se expresan solamente en una cultura que sería la cultura cristiana, sino que se expresa en diferentes culturas. Una cultura islámica, budista, una cultura de los pueblos indígenas no puede ser una cultura cristiana, entonces yo no puedo transmitir el cristianismo, si por eso se entiende transmitirle el dogma o diferentes conceptos que solamente pertenecen al cristianismo.

Lo que el cristianismo le debe transmitir es, precisamente, los valores más esenciales del ser humano como ser humano, porque ahí es donde se descubre a Dios. Lo que nos trasmite Jesús es que Dios está en el hombre, en la sociedad, pero solamente en la realización plena de un ser humano, en la realización plena de una sociedad es donde descubrimos a Dios. Pero yo lo voy a expresar con mis símbolos y mis categorías de cultura cristiana; el budista no lo va a expresar así, lo va a expresar de otra manera. El cristianismo es un camino para llegar a lo más profundo del ser humano y por lo tanto llegar a Dios, pero puede haber otros caminos con los cuales el cristianismo tiene que dialogar; más que predicar tiene que dialogar.

- Si Dios está en el cuerpo de los hombres a través de Jesús, ¿cómo se pueden justificar acciones bélicas, guerras, en dónde los hombres se matan entre sí, lo cual implica simbólicamente matar a Jesús?

- No se puede justificar una guerra. Una guerra es una práctica de muerte y la de Jesús es una práctica de vida. El único que puede justificar la muerte es quién defiende la vida, por lo tanto, el dominado que se ve obligado a luchar para defender su vida. Es la única justificación. Pero una guerra, la guerra de conquista, las cruzadas, las guerras de exterminio, no pueden tener ninguna justificación cristiana porque son directamente anticristianas, están basadas en una teología de dominación, que ya está en la Biblia, son las teologías monárquicas, sacerdotales. La de Jesús es una teología de liberación, tiene como premisa fundamental que Dios está en el oprimido, en el pobre y no quiere la opresión, por lo tanto lo que legitima son luchas de liberación, prácticas de liberación, toda práctica de transformación del ser humano y de la sociedad en función de un ser humano mejor, más realizado, más feliz. La teología de dominación de la Iglesia es, precisamente, la teología de dominación de una institución que en lugar de aceptar plenamente el proyecto de liberación de Jesús, está enmarcada en un proyecto de dominación, de poder.

- La institución Iglesia, en qué estadio cree que se encuentra actualmente?

- Está en un estadio sacerdotal, de dominación, que ha retrocedido frente a los avances que había significado Juan XXIII, en la década del ‘60, y el Concilio Vaticano II. Retrocedió hacia un tipo de estructura jerárquica de dominación con amplia base popular en un proyecto populista, es decir clientelar, donde los fieles son considerados directamente ovejas, súbditos y no actores, no verdaderamente sujetos.

- ¿Dios evoluciona junto al hombre, representa o tiene en cuenta los derechos de las minorías, de las mujeres, los homosexuales?Es decir, a medida que el hombre evoluciona y se libera de ciertas ataduras medievales, ¿Dios acompaña esa evolución?

- Esta es la concepción que surge con el éxodo. Hacia 1250 a.c., cuando un grupo de esclavos, que no era un pueblo como dice el relato sacerdotal de la Biblia, sino un grupo de esclavos, logra liberarse. Este grupo, con un líder que se llama Moisés, reflexiona y piensa: Dios no quiere un estado monárquico, un estado dominador, como es el estado egipcio; Dios está con el oprimido, con el pobre y por ende quiere la liberación. La teología de la liberación, la concepción del Dios liberador, surge ahí. Esto es totalmente revolucionario porque todas las teologías eran teologías del poder: los sacerdotes estaban con el poder. Eso se puede ver en Egipto, en Asiria, en Babilonia, en los sumerios, etc. Esta es la concepción que van a retomar los grandes profetas, y sobre todo, Jesús de Nazaret. Jesús considera que Dios está en el pobre, en el oprimido, está en contra de la dominación. Con relación a lo que me pregunta, Dios está hoy en las minorías oprimidas y vamos descubriendo nuevas facetas de Dios. Dios comprometido en la historia, se va transformando, por lo menos en nuestra concepción, y hoy lo vemos de una manera distinta, no sólo como varón sino también como mujer. No sabemos como es Dios, eso es lo primero que debe decir la teología; lo que hacemos son aproximaciones. A partir de las experiencias religiosas, que son experiencias humanas, experiencias sociales, políticas, etc., vamos avanzando en nuestra concepción teológica de Dios y lo vamos reformulando.

- De acuerdo a esa reformulación ¿se van contemplando los derechos de las minorías, incluso minorías sexuales?

- Seguro, y tenemos que ver el derecho de los negros, el de los asiáticos, el de los pueblos originarios de América. Hoy la teoría de la liberación está desafiada, precisamente por el descubrimiento de todos estos nuevos fenómenos que han aparecido. Por eso hoy la teoría de la liberación no es sólo la que surgió en la década del ‘60, en el seno de nuestro compromiso que viene fundamentalmente del catolicismo, sino que es una teología que entra en dialogo con la teología negra, la asiática, con las teologías que surgen de los pueblos originarios. Hoy nosotros no somos los que tenemos la revelación, sino que participamos con distintos grupos y juntos tenemos que ir avanzando.

- ¿Y la institución Iglesia?

- La institución Iglesia es una institución dogmática, de poder, que cree tener la verdad; pero la Iglesia teológicamente no es la institución. Yo no pertenezco a la institución Iglesia y no me considero fuera de ella. La Iglesia es la comunidad de creyentes, ahí donde yo me uno con creyentes estoy en la iglesia e incluso cuando no sean creyentes explícitos, cuando sean ateos, pero que me una con ellos la lucha por la liberación del ser humano, es ahí donde yo me considero dentro de una Iglesia, dentro de una comunidad donde está Dios. Dios está donde el hombre se libera.

- En un comienzo, el pobre estaba considerado como un vehículo o un modo de conseguir un acercamiento al paraíso, a partir de conceptos como la caridad. Ese concepto después se reformula y da paso a la idea de que el pobre es pobre por sus propios vicios. ¿Usted no cree que esa reformulación del concepto de pobre es la que primó finalmente y nos ronda hoy?

- Sí, los negros no quieren trabajar, es el concepto de hoy, y además es una cultura clasemediera muy expandida. Ha habido un trabajo ideológico muy fuerte que ha creado toda una cultura que es necesario revertir.

- Pero que tuvo un viso institucional, un apoyo eclesiástico

- Sí, y que además intentó legitimar, a través de determinados textos, tomados literalmente, descontextualizados completamente y a veces traducidos erróneamente, como por ejemplo: “Siempre habrá pobres”; mal traducido del griego, idioma que yo conozco. Es un texto totalmente tergiversado y ha servido para legitimar cualquier tipo de política opresora, porque el texto es en realidad una discusión sobre la economía que se entabla en el grupo que acompaña a Jesús, donde Jesús les dice: “A los pobres siempre los tienen con ustedes”, y el problema se soluciona estando con ellos, luchando ahí, que es una cosa muy distinta que decir “siempre habrá pobres”. Ha habido siempre una prédica acerca de que siempre habrá pobres, de que no existe la cultura del trabajo, que son pobres por sus vicios. Además de haberlos oprimido se les introyecta el complejo de culpa, es decir, además de ser pobres son culpables por lo que son. Eso es una perversión completa y eso es haber pervertido el cristianismo de una manera realmente intolerable.

- ¿Qué es la caridad?

- Es algo perverso, porque la caridad consiste en lo siguiente: Alguien da y el otro simplemente recibe. El que solamente recibe es un objeto porque tiene necesidad de recibir, porque no puede generar sus propias condiciones de vida, lo que significa que no puede crearse como sujeto y por lo tanto permanece como objeto. Lamentablemente esta actividad perversa se vuelve una necesidad en el capitalismo, porque hay determinados sectores que quedan fuera y tienen necesidad de comer, y la única manera de hacerlo es mediante la caridad, por lo tanto, se crea un círculo perverso. En ese sentido, cuando se ensalza tanto a la madre Teresa de Calcuta y a otros caritativos que andan por ahí, es porque el sistema capitalista tiene mucho interés en que se los ensalce, y desearían tener unas quinientas madres Teresa de Calcuta que les fuesen solucionando los problemas a todos los enfermos y hambrientos que el sistema va dejando. Entonces pueden ir creando nuevos hambrientos y al mismo tiempo limpiándose de culpa porque a su vez hay asilos, hospitales y madres Teresa que les solucionan el problema.

- Para volver al plano político actual, ¿los planes trabajar, o Jefas y Jefes de Familia, no se vinculan con este concepto de caridad?

- Sí, también eso es perverso, es un concepto de caridad. Lamentablemente hoy aquel que pueda beneficiarse con uno de estos planes puede comer unos días, pero como concepto es perverso. El que pueda acceder a un plan que lo agarre, pero tendría que tener conciencia que se debe cambiar, porque sino es un objeto, y tienen que tener conciencia además de que eso lo están consiguiendo por una lucha social que se está dando, que a lo mejor no la dio él, pero la están dando otros que sí son sujetos, y que si se permanece en esa situación va a permanecer existiendo como objeto, y van a seguir haciendo con él lo que quieran.

- ¿Cree usted que, en una época en la cual el depositario de la verdad parecería ser la ciencia, la religión y la fe estén en crisis?

No, la religión no está en crisis, están en crisis las instituciones religiosas. La religión está realmente en un momento de florecimiento extraordinario. No quiero yo alegrarme con esto simplemente porque ese florecimiento muchas veces tiene que ver con faltas de respuestas en el ámbito político, social y cultural. La religión es un sentimiento muy profundo del ser humano que, sobre todo, se aviva en determinados momentos de crisis porque pasa a ser la única respuesta que va encontrando el ser humano. La religión, el mito, la mitología, la filosofía, son grandes respuestas que necesita y busca el ser humano, y por lo tanto no son irracionales, son racionales. Naturalmente, no responden a la racionalidad de tipo científico, que es otro tipo de racionalidad pero no la más abarcativa. Cuando el ser humano pierde sus conexiones religiosas, filosóficas, teológicas, se descentra, se desorienta, porque la racionalidad científica no lo puede orientar, porque es muy particularista y cada vez acota más su objeto y no puede dar una orientación. La orientación siempre es religiosa, es mitológica o es filosófica-teológica. Una cosa no niega la otra y todos nosotros, conciente o inconscientemente, somos filósofos, somos religiosos, somos mitólogos, porque tenemos esa visión universal. Gramsci decía con mucha razón: Todo ser humano es filósofo. Por eso, como decía anteriormente, mi visión universal tiene que saber dialogar con esa visión universal del cartonero, del campesino, de lo contrario no podemos hacer absolutamente nada; tal vez mi visión ha quedado demasiado abstracta y con el otro yo comienzo a aterrizar e incluso a ver nuevos problemas que no estaba viendo, o incluso los estaba enfocando solamente de una manera muy unilateral.


Fuente: Atrio 15-Noviembre-2008

domingo, 9 de noviembre de 2008

«Venid y veréis»

Los fieles de la Catedral de la diócesis de Bao Ding anuncian el Evangelio entre las personas que pasan por la calle, impresionadas e interesadas.

Bao Ding (AF).– “Venid y veréis” es el lema que en formato gigante la Catedral de la diócesis de Bao Ding ha izado en la calle principal y llamando la atención de los pasantes. Con esta iniciativa se ha abierto la celebración de la Jornada Misionera Mundial (JMM) de la comunidad católica.

Los fieles han escogido celebrar la JMM en la calle, sobre todo para anunciar el Evangelio en medio de la gente. Todos los parroquianos se han movilizado. Las mesas con la invitación “haced vuestras preguntas sobre la fe católica” han estado rodeadas por curiosos y gente interesada. Muchas personas han podido presentar sus preguntas y se han inscrito directamente al curso de catecismo. sobre la fe católica”.

Además, se distribuyeron volantines y material impreso para la formación de la fe. La muestra misionera ha puesto a disposición más de 60 fotos de la vida de parroquia: bautizos, una visita a un orfanato católico, la atención a los leprosos, los coros de las parroquias, el catecismo de los niños y la fiesta de los jóvenes... Según los organizadores en un sólo día han sido distribuidos más de 1.800 subsidios para la evangelización.

La diócesis de Bao Ding, misión de los Lazaristas franceses, se encuentra en la Iglesia católica en China: en la provincia de He Bei. El Vicariato Apostólico fue instituido el 3 de diciembre de 1924 y luego la Diócesis en 1946, año de la Institución de la Jerarquía china. Aquí se encuentra el más importante Santuario mariano chino, “Mary Queen of China” de Dong Lv, (“María, la Reina de China”). Durante el Primer Concilio de la Iglesia Católica China (15 de mayo de 1924 - 12 de junio de 1924) guiado por el primer Delegado apostólico de Papa Pío XI, Su Exc. Mons. Celso Costantini (futuro Cardenal), el Santuario de Dong Lv fue reconocido como Santuario de “Mary Queen of China”. Hoy la diócesis de Bao Ding está compuesta por más de 50.000 fieles, unos cincuenta sacerdotes, 65 seminaristas mayores y 35 menores, diversas religiosas de la Congregación de las Pequeñas Hermanas de Santa Teresita, fundada por el grande y amado misionero belga P. Vincent Lette. La Catedral, dedicada a los Santos Pedro y Pablo, fue construida por un misionero francés en 1905 en estilo románico, y puede acoger a más de mil fieles.

Desde la paz. Núm 170
http://www.cetelmon.tv/index.php

miércoles, 9 de julio de 2008

Expertos consideran que san Pablo estuvo en España

Conclusiones del Congreso Internacional “Pablo, Fructuoso y el cristianismo primitivo”

TARRAGONA, martes 8 de julio de 2008 (ZENIT.org).- Treinta teólogos e historiadores de Europa y América se reunieron recientemente en Tarragona (www.arquebisbattarragona.org) para estudiar si el apóstol Pablo pasó o no por España, más en concreto por la entonces "Tarraco" de Hispania, hoy Tarragona.

El congreso internacional se celebró del 19 al 21 de junio esa ciudad catalana con el tema: "Pablo, Fructuoso y el Cristianismo Primitivo en Tarragona (siglos I-VIII)".

A partir del primer testimonio escrito de la comunidad cristiana de Tarraco --las Actas del martirio de San Fructuoso, el documento más antiguo de ese tipo producido por el cristianismo en la Península ibérica--, participantes en el encuentro fundamentaron la historicidad de la predicación del apóstol Pablo en esta ciudad, la más importante de la Hispania romana.

También se pusieron sobre la mesa los argumentos de quienes se muestran escépticos ante ese viaje del apóstol. Una de las claves para dilucidar la cuestión es la Ley penal romana.

Según la legislación imperial, el César podía sentenciar a un acusado a la pena del exilio mediante la fórmula de la "deportatio" o de la "relegatio". En cualquier caso, la persona exiliada perdía sus bienes y, si era ciudadano romano, podía perder igualmente su ciudadanía.

Precisamente, la Primera carta de Clemente, que es la fuente más antigua sobre un viaje de Pablo "al límite de occidente", es decir, a Hispania, afirma que Pablo fue exiliado.

Las otras fuentes de los siglos I e II (Segunda carta de Timoteo, Actas de Pedro y Cánon de Muratori) se limitan a sugerir o a afirmar directamente que Pablo visitó Hispania.

Los precedentes de los dos hijos de Herodes, Arquelao y Antipas, que fueron exiliados en las Galias y en Hispania, refuerzan la posibilidad de que Pablo fuera igualmente condenado al exilio en un lugar de las provincias hispánicas.

La Tarraco romana, por su condición de capital de provincia y de ciudad comercial y administrativa, y por el hecho de ser el puerto natural de enlace de Hispania con Roma "tiene muchas posibilidades de ser el lugar donde Pablo fue exiliado", se lee en las conclusiones del congreso.

El profesor Rainer Riesner (Universidad de Dortmund, Alemania) resume así el debate: "Es muy probable que Pablo viajara a Hispania al final de su vida y es posible que Tarragona fuera el lugar de su estancia, dado que es la ciudad que tiene más elementos a su favor. Otros lugares de Hispania son mucho más hipotéticos".

Además, no faltan las razones teológicas a favor de la misión de Pablo en Hispania: en el capítulo 15 de la Carta a los Romanos, Pablo se presenta "como aquél que tiene que cumplir su misión de acuerdo con las profecías de Isaías, sobre todo la que se refleja en Isaías 66,19 (la llegada de la salvación a las islas lejanas)". Aquí se dice también que Pablo da por acabada su misión en Oriente y que la misión en Hispania, la más lejana de las tierras de Occidente, será "el cumplimiento definitivo del designio divino".

Por otra parte, el propio san Pablo (en 2Timoteo 4, 6-8.17-18) afirma que "El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles", afirmación que, habida cuenta de la peculiar idiosincrasia del apóstol no hubiera osado formular de no haber alcanzado todos sus objetivos, incluido el famoso viaje a Hispania".

El cristianismo aparece plenamente consolidado en Tarragona el año 259, a causa de la selectiva persecución decretada en tiempo de los emperadores Valeriano y Galiano. Al igual que el obispo de Roma, el papa Sixto, y el obispo de Cartago, San Cipriano, Fructuoso, obispo de Tarragona, cayó


víctima del decreto imperial.

De hecho, Fructuoso y sus dos diáconos Augurio y Eulogio son los protomártires hispánicos. Sus Actas martiriales dan fe de la existencia de una comunidad bien estructurada, con empuje misionero y bien aceptada por las diversas clases sociales de Tarraco.

El martirio de Fructuoso quedará reflejado en una homilía de san Agustín de Hipona y en un himno del poeta hispánico Prudencio. El testimonio martirial de Fructuoso señala un punto decisivo en el crecimiento de la Iglesia de Tarragona, observable sobre todo en los siglos IV y V.

Las basílicas y la necrópolis paleocristianas, junto con el mausoleo de Centcelles (siglo IV) muestran cómo la fe cristiana había penetrado en el tejido ciudadano y se iba convirtiendo en la creencia mayoritaria. Incluso la sede romana reconocerá -con la primera Decretal conocida- la función primacial del arzobispo de Tarragona. Además, la Iglesia de Tarragona elaborará libros litúrgicos propios durante la época visigótica como el llamado Oracional de Verona.

La investigación sobre el viaje del apóstol Pablo en Hispania permite afirmar que, "posiblemente, es una iglesia apostólica", tal y como se constató.

Este congreso se enmarca en el Año Jubilar de San Fructuoso, que terminará el 21 de enero de 2009.

Por Miriam Díez i Bosch

sábado, 24 de mayo de 2008

Reflexiones de un misionero en los hielos

El P. Segundo Llorente sj. misionero en Alaska

"Para el Señor, parece lo más corriente tener que obedecer al sacerdote. Cuando consagro, tiene que obedecer. Cuando doy la absolución tiene que aprobar si no hay óbice culpable. Cuando bautizo, tiene que adoptar a la criatura. Se obligó a ello Él mismo, es decir, se obligó a estar siempre a nuestro servicio.

En la oscuridad de la iglesia de Nunajak, Él y yo solos, sin hablarnos, nos entendemos, descansamos y tenemos nuestro cielo acá en la tierra.

En las grandes iglesias de las ciudades y aún de los pueblos, está el sagrario tan lejos de la gente que parece como que está uno también lejos del Santísimo.

En mi visita a los Estados Unidos al entrar en aquellos templos como plazas me parecía estar realmente en una plaza. Aquí, en Nunajak, no hay tales.

Aquí, junto al altar, juraría uno que le oye Jesús el más leve cuchicheo.

Por la mañana salgo de las mantas como oso de la madriguera. Enciendo una vela y me calzo las botas de piel de foca llenas de yerba seca para que los pies estén bien mullidos y no se enfríen más de lo razonable.

Enciendo la estufa y, si se heló el agua, derrito el hielo y me lavo. Abro la puerta, doy dos pasos y ya estoy delante del altar.

Le digo al Señor lo que el padre del hijo pródigo le dijo al hijo mayor: "Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo"; pero me parece oír que es al revés: que yo soy el que estoy con El y todas sus cosas son mías.

Y así tiene que ser, porque mis cosas ¿para qué le valen a Él? ¿Qué va a hacer Él con mis botas remendadas, mi sotana raída, y mis ignorancias?

En cambio, yo puedo hacer un uso magnífico de sus cosas: su omnipotencia, su bondad y su misericordia.

Ciertamente yo siempre estoy con Él.

* * * * * * *

Este sacerdote jesuíta y ante todo misionero en Akulurak (Alaska) en pleno Círculo Polar Ártico, nació el 18 de Noviembre de 1906 en Mansilla Mayor (León, España) Murió el 26 de Enero de 1989 en Spokane (estado de Washington, USA). Fue enterrado el 30 de Enero en Desmet (estado de Idaho, USA)

A los 17 años decidió ser sacerdote. A los 19, ser misionero. Buscó en el mapa el lugar más recóndito, difícil en todo el mundo, y obtuvo permiso para ir a Alaska. Cerca de 40 años entre los eskimales, al uno y otro lado del Río Yukón, recorrió kms. y kms. Estuvo largas temporadas en Akurulak, Bethel, Kotzebué y Alakanuk, pero sus crónicas más famosas son las que se conocen con ese mismo nombre recogidas en un libro llamado "Crónicas Akulurakeñas".

Visitó España una vez en 1963 con el fin (único propósito) de suscitar vocaciones.

Pero el libro por excelencia, donde se agrupa con pleno acierto una selección antológica de todos los libros citados, es: "40 años en el Círculo Polar", recopilado por su propio hermano Amando, también sacerdote jesuíta, y por D. José A. Mestre. El libro lleva el prólogo y el epílogo del P. Amando, que son ya un disfrute del perfil de este "Hércules de Dios y de las Misiones", que no quiso negarle nada a Dios y que estaba felicísimo de ser sacerdote, como cita varias veces en sus escritos, concretamente en el siguiente párrafo del libro antes citado:" Ni la Stma. Virgen ni los Ángeles pueden hacer lo que hace diariamente un sacerdote. Cristo pudo haber arreglado las cosas de otro modo; pero de hecho escogió la intervención del sacerdote, de quien se reviste él mismo, para obrar la salvación de la humanidad. Entre las promesas a los devotos de su sagrado Corazón no podía faltar una especialísina para sus sacerdotes a quienes promete la gracia de ablandar los corazones más endurecidos."

Escribió 12 libros sobre Alaska a lo largo de su vida, todos en español. Hablaba inglés perfectamente,lo había estudiado en Kansas ( 4 años, durante los estudios de teología), y llegó a hablar (él decía "chapurrear") el eskimal.

Envió miles de crónicas, invitando con su profunda y habitual alegría, a la vocación sacerdotal y a misionar, y cartas y artículos describiendo la vida y anécdotas esquimales, que pronto se iban publicando en una revista de Misiones, principalmente en la ya extinguida "El Siglo de las Misiones". Dichos artículos seleccionados y recopilados dieron lugar más tarde a varios libros, tales como:

"En el País de los eternos hielos"
"En las costas del mar de Bering"
"Memoirs of a Yukon Priest"
"Crónicas Akulurakeñas"
"Trineos Eskimales"
"Aventuras del Círculo Polar"




viernes, 7 de marzo de 2008

Carta del Obispo Pedro Casaldáliga

Parar la rueda bloqueando sus radios

Acaba de cumplir 80 años. Es un catalán trasplantado a Brasil. Es un profeta. Es un apóstol de Jesús capaz de hablar sin temor, con parresía, a los poderosos de este mundo, incluido a Pedro. Es un amigo. Es Pedro Casladáliga quien nos escribe esta circular de 2008.

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años. No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Tendríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue asesinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba la «Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano». Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma también que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustiado quién va a adoptar esas "medidas urgentes".

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Smeraldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes –Alegría y Esperanza–. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear conciencia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Amazonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está viviendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún.

Con tropiezos y ambigüedades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Continente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mundo. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Jesús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comunidades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayudaremos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?
Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Pedro Casaldáliga





Jesús en la Asamblea de Obispos

Esta es la carta semanal del franciscano, poeta y soñador, de Arantzazu. Quien quiera más bien oirle como profesor de Teología -los dos aspectos están bien trabados en él- puede seguir un capítulo de su Cristología: Para conocer a Jesús.
06-Marzo-2008

Por primera vez en este invierno, Arantzazu está cubierto de una ligera capa de nieve. La flor reciente y blanca del espino blanco se funde con el blanco del paisaje. El sol, a ratos, sonríe en la nieve, y en el jardín que antes fue huerta los primeros jacintos azules y amarillos inclinan sus flores, como sorprendidas y asustadas. El herrerillo no se sorprende ni se asusta, ni deja de cantar. Las golondrinas roqueras que ya revoloteaban en torno al santuario han vuelto a cobijarse en las grietas de sus rocas. Pero pronto volverán. Pasarán los fríos, y para todos los peligros pronto será pascua.

¡Cuánto necesitamos el ánimo de la pascua en este mundo que duele! El ánimo de la pascua es nuestra promesa y misión. La promesa y la misión de las que nos ungió y a las que nos llamó el crucificado resucitado con sus manos llagadas. Para eso somos Iglesia. Pero también la Iglesia es doliente, y a menudo duele, y a veces hiere más que cura, cuando su frágil memoria olvida a Jesús. Esa Iglesia somos, ¡y cuánto necesitamos volver a recibir el consuelo y volver a ofrecerlo, ser paráclitos!

Ese don y esa misión, no los podemos dejar en manos de una institución obsoleta. No nos lo permite la memoria de Jesús, ni la belleza y el dolor del mundo, ni nuestro deseo más profundo, ni el sueño creador de Dios.

¿Qué haría Jesús en esta Iglesia de hoy que somos con nuestras estructuras anticuadas? Imaginar es libre. Imagino, por ejemplo, que Jesús se hace presente en la Sala de la Conferencia Espiscopal española -antes o después de la elección de su presidente, poco importa para el caso-, ante los 66 obispos reunidos. A Jesús le explican que ellos son los dirigentes de la Iglesia por él fundada hace 2.000 años. Jesús se queda mudo de sorpresa, se pregunta cómo eso es posible, y qué es lo que pasado para llegar a esto. Jesús se pregunta por qué no hay mujeres en la sala, y por qué se visten tan de negro (¿será tal vez porque no hay mujeres?), y qué significa "obispo" y a qué llaman "presidente", y quién los elige… Y mientras se lo van explicando, su sorpresa va en aumento, y al final pide su turno de palabra y dice con ojos encendidos y con ojos de bondad: "Hermanos míos, ¿dónde están las hermanas? ¿Os han dejado? ¿Las habéis dejado? Hermanos, yo creé -sin haberlo ni siquiera pretendido- un movimiento itinerante de campesin@s y pescadores de Galilea, rebeldes y soñadores, llen@s de compasión y de confianza… Y me acuerdo que envié a mujeres y hombres de Galilea a curar y anunciar el pronto consuelo de Dios para aquella tierra tan castigada. Yo no quería otra cosa. Yo no pensaba en nada más. Hermanos, no entiendo cómo las cosas han cambiado tanto. Y no comprendo por qué el Reino liberador de Dios no ha llegado aún. Hermanos, no tengo que deciros nada más que esto: lo único importante y urgente es que llegue el Reino de Dios que libera, que cura y nos hace hermanos. ¡Que la paz esté con vosotros!"

E imagino que ahí terminaría la breve intervención de Jesús, y no sé qué haría luego. Tal vez se iría de allí para desfundar la iglesia. O reinventarla, si encontrara con quién.

¡Paz y bien!

José Arregi