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martes, 3 de marzo de 2009

Modelos de Evangelización

48273

por Kanbei, mié , 04-mar-2009, 07:00:29

Si queremos saber lo que es evangelización, voy a contar un caso que conozco de primera mano: mi propia parroquia.

Tres Cantos es si no me equivoco el municipio más joven de toda España...no llega a 30 años de existencia. En los comienzos, apenas había cuatro bloques de casas en mitad de un páramo, con una carretera, y desde esos comienzos está entre nosotros nuestro párroco don Antonio. Como al principio no había ni siquiera servicios públicos, él mismo se prestó a hacer labores de cartero, yendo a una población cercana todos los días a recoger las cartas que luego repartía entre los vecinos. Las reuniones parroquiales y misas creo que se hacían en casas, en módulos prefabricados y luego en un local, porque no había edificio parroquial. Tenemos edificio parroquial desde hace 18 años, y está ya que se nos cae (se ve que los materiales no eran muy buenos).

En estos años la parroquia a dado muchísimas vocaciones. Tenemos creo que 7 sacerdotes ordenados (más tres chicos en el seminario), y varios chicos y chicas que se han hecho religiosos. Los grupos de jóvenes, desde la propia preparación a la comunión hasta la confirmación tienen muchísima pujanza y raro es el año que no surge alguna nueva vocación (como curiosidad, diré que nuestro arzobispo viene en ocasiones a confirmar, pero a veces viene el vicario...no somos perfectos), y en la actualidad tenemos grupo de Biblia, de liturgia, catecumenado de adultos, grupo de matrimonios, adoración eucarística de jóvenes, adoración nocturna, vida ascendente, y se atiende a una residencia de ancianos cercana...ah, y se envía dinero y material escolar a una misión de centroamérica en la que a diario comen más de 100 niños. Como se puede ver, no es poca cosa en 25 años más o menos.

Todo lo anterior no surge porque nuestro párroco utilice las nuevas tecnologías...surgen de su entrega durante más de 25 años, entrega que le ha ido desgastando y minando la salud (no obstante, ahí está a sus 75 años, aunque ya no pueda dedicarse a tantas cosas); surgen de la entrega de los diversos coadjutores que han ido pasando por la parroquia, algunos por poco tiempo, otros por más; surgen por la entrega de numerosos laicos que dan su tiempo en impartir catequesis, en llevar la comunión a los enfermos, en atender cáritas y el servicio de búsqueda de empleo, en transportar alimentos durante la operación kilo, en ayudar en la liturgia de la palabra y en el acompañamiento de los ancianos de la residencia...bueno, y surgen fundamentalmente porque no se han puesto impedimentos (o no los suficientes) a la acción de Dios. En todo ello no hay métodos innovadores, ni estrategias ni planificaciones, sino simplemente entrega y fidelidad a la misión encomendada.

Fuente: Foros de El Testigo Fiel


jueves, 22 de enero de 2009

LOS CRISTIANOS ANTE LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO

Reflexión ecuménica

Viernes, 23 de enero.- « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51). La pregunta de Jesús al ciego de Jericó viene hoy a ilustrar maravillosamente la situación no sólo de quienes sufren y de los que les asisten, sino de la causa ecuménica en sí. Los salmos nos ayudan a comprender que los gritos que a Dios elevamos pueden ser la expresión de un profundo lazo con él. La compasión cristiana frente a la desesperación de los que sufren es un signo del Reino. Unidas, las Iglesias cristianas pueden hacer cambiar las cosas tratando de obtener para los enfermos la ayuda material y espiritual que necesitan. Todo ello es verdad, por supuesto, pero también lo es, yendo a lo propiamente espiritual del asunto, que las Iglesias divididas pueden ser viva imagen del ciego a quien Jesús ofrece curación: que la ceguera de las divisiones, de los odios, de las rivalidades, del distanciamiento intereclesial fue siempre la peor.

Aunque todavía separadas, nuestras Iglesias son conscientes de la compasión del Señor hacia los que sufren, mayormente los invidentes de la Verdad. Los cristianos siguieron siempre su ejemplo cuidando enfermos, construyendo hospitales, abriendo leproserías y preocupándose no sólo del alma sino también del cuerpo de los hijos de Dios. Sin embargo, esto no es tan evidente. Las personas con buena salud tienden a considerar que la salud es suya y a olvidar a los que no pueden participar plenamente en la vida de la comunidad debido a sus dolencias. En cuanto a los enfermos, se sienten a menudo apoyados por Dios, por su presencia, por su gracia y por su fuerza salvadora. Los que sufren repiten a veces la súplica del ciego: « ¡Que vea!» (Mc 10, 51). En el ecumenismo abundan los ciegos del alma, los sordos del corazón, los aquejados de minusvalías interiores. Y lo peor no es eso. Lo peor viene cuando los tales ignoran que también Jesús, que suplicó al Padre la unidad de su Iglesia, se dirige a ellos con la pregunta del Evangelio de Marcos; « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51).

También ahora, como entonces, hay quienes se afanan por caminar con Jesús pero desentendidos por completo de la falta de unidad, ignorando al pobre ciego sentado al borde del camino, es decir, el sangrante mal de las divisiones intereclesiales. Es más, hoy son a menudo los enfermos de los países pobres pidiendo a gritos medicinas, lo que nos hacen reflexionar sobre los desafíos que más nos interpelan.

Los enfermos de la división intereclesial, que son los más, ni se preocupan acaso ni nos preocupan. Y es que se sigue creyendo, desdichadamente, que el ecumenismo es cosa de minorías, entretenimiento de unos pocos, que lo viven como un hobby. La enfermedad y el sufrimiento se han revelado a menudo factores más determinantes para el ecumenismo que el propio diálogo. El dolor curte, se dice a menudo. Y une, podríamos añadir, con su enorme potencia curativa y reconciliadora. Las Iglesias, por eso, haciendo suya la súplica del ciego, podrían rogar a Jesús: ¡Señor, haznos tu Iglesia!

PROF. DR. D. PEDRO LANGA AGUILAR, OSA
Reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad 2009

Celebración de la Semana de la Unidad: documentos.

De: INFOEKUMENE

lunes, 25 de febrero de 2008

En Japón existe Kamagasaki

Kamagasaki
Francisco Carín, cmf

20 de Octubre del 2001.

Mañana soleada. Osaka, segunda ciudad del avanzado país del sol naciente. El aire es fresco, ya es otoño y algunos árboles comienzan a dibujarse en tonos bermejos. Unos hacen deporte, otros pasean a los bebés en sus carritos. Entre las frondas del parque hay una pequeña ciudad. Es seguramente el terreno más caro de la ciudad, a la sombra del castillo de Osaka y junto al corazón financiero de la urbe.

Esta ciudad entre los árboles no es ningún barrio residencial. Usando materiales de desecho, toldos, maderas y plásticos han ido surgiendo como hongos estas viviendas unipersonales.

Sorprende y cuestiona. ¿No era Japón un país superdesarrollado? ¿es posible? ¿Por qué?…

Seguimos adelante, visitamos la catedral de Osaka, solemne, firme, asentada, impertérrita… el metro, transbordos, estaciones, cada vez más cerca del margen, bajamos del tren. Esta estación no se parece a las otras, parece mucho más pobre que las deslumbrantes catacumbas de neón y mercancía del centro. Salimos. Un aviso: prohibido hacer fotos, excepto cuando Nobúo Masakawa, cmf, nos lo diga. A la gente que se dirija a nosotros responderemos con "konichiwa" (buenos y "arigató" (gracias). Cruzamos un semáforo, frontera del margen y entramos en Kamagasaki.

¿Qué es Kamagasaki? Urbanamente un barrio. Socialmente un vertedero. Económicamente un daño colateral. Físicamente un agujero negro. Políticamente un vacío. Cristianamente una teofanía, una encarnación, el lugar donde habita Dios… y a dónde hay que trasladarse para encontrarle.

Durante tres días hemos estado reunidos celebrando la Asamblea de la Delegación de Asia Oriental. Hoy hemos tocado tierra. La temática en torno a la cual ha girado esta asamblea y su preparación ha sido ¿Qué significa y cómo ser profeta hoy en Taiwán, Corea y Japón?. Me doy por respondido. Los hermanos Masakawa, claretianos, han convivido durante años con ellos. Convivir significa no sólo "estar" en la zona, sino intentar ser con ellos.

Nobúo nos contaba como una vez una de las personas sin techo que viven en esa zona le ofreció su propia comida para comer. Gastronómicamente no era plato de buen gusto, y sanitariamente dejaba que desear. Su estómago no está para muchos trotes, pero ¿podía rechazarlo?. Haciendo de tripas corazón comulgó con él y tomó una cucharada. Aquella persona no le pidió más; una sola cucharada bastaba para dejarle entrar en su casa. Y poco a poco se fue haciendo historia. Fujío y Nobúo buscaron sobrevivir como ellos, recogiendo latas o cartones por la calle, buscando comida entre los desechos de los mercados, asociándose con otros en esta tarea de supervivencia…

No es comprensible, es difícil de asimilar. ¿Para esto formamos a la gente? Tanta teología y filosofía ¿para qué? Es tirar el dinero... Estas voces también surgieron en nuestra Delegación. Paradoja (1): Es precisamente tanta teología y filosofía las que dan sentido a esta presencia claretiana. De no ser porque hemos estudiado dónde y cómo encontrar a Dios entre los caminos del mundo nunca habríamos acabado en Kamagasaki buscándole. Para los que sobreviven allí la presencia de los hermanos Masakawa es simbólica (2) y sacramental. Hace coincidir y desvela en ese mismo lugar y personas la acción y presencia de un Dios encarnado que de otro modo pasaría desapercibido, anónimo, mudo.

Sorprende el parque triangular, con la comida que se da varias veces a la semana por un grupo de colaboradores voluntarios (de toda raza, lengua, pueblo y nación), incluídos algunos de los sin techo, que han encontrado sentido en el servir a los demás. Aquel día sumaron casi 1.800 personas las que se acercaron a saciar el hambre. Esto es lo que sorprende de Kamagasaki, la concentración de los sin casa. Tras el almuerzo en la pequeña casa donde se hace físicamente presente el espíritu claretiano fuimos andando a otro parque. Atardecía. Me recordó el Bronx de las películas. Unos niños saltaban una valla metálica para entrar al parque infantil a jugar. La valla había sido colocada por el ayuntamiento para evitar que los sin casa hagan sus tiendas por todo el parque y lo estropeen.

Un poco más allá, hacia lo que era un paseo del parque aparecen las tiendas y nuestra tienda. Dios antes de encarnarse fue un "sin techo". Vagó por el desierto del Sinaí en una tienda con el pueblo de Israel, compartiendo su misma suerte, siendo símbolo y sacramento del éxodo de su pueblo. El silencioso hermano Fujío tiene aquí una tienda, hecha de plásticos y desechos, compartida por mosquitos y otros bichos, fría, húmeda, sofocante, lúgubre, dependiendo de las horas, días y estaciones. Su tienda es nuestra tienda. De nuestras casas pueden (podemos) decir los hombres si son buenas o no, según nuestros parámetros y expectativas. De las casas claretianas que conozco esta es la tercera en que la voz de Dios saltó en mi corazón como Juan en Isabel y escuché "y vio Dios que era bueno". Dios sabe que para los claretianos es bueno que vivamos sencillos e incluso pobremente, y hacerlo donde podríamos vivir bien lo convierte en parábola.

De vuelta, otra vez trenes, transbordos, luces y tiendas, el mundo conocido y que nos reconoce, que nos sabe conquistar y vender lo que quiere, que nos agasaja. Por fin nuestra casa, yo tengo techo, tú tienes techo, nosotros tenemos techo, vosotros tenéis techo. Pero ellos, él, Él, Ellos no tienen techo.

(1) Idea o afirmación en apariencia extraña y que se opone a la opinión general.
(2) Del griego "Symballo", hacer coincidir.

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martes, 5 de febrero de 2008

Cuaresma 2008. Mensaje del Papa Benedicto XVI

"Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre" (2 Cor 8,9)


Queridos hermanos y hermanas:


1.- Cada año, la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa de proponer algunos compromisos específicos que acompañen concretamente a los fieles en este proceso de renovación interior: son la oración, el ayuno y la limosna. Image

Este año, en mi acostumbrado mensaje cuaresmal, deseo detenerme a reflexionar sobre la práctica de la limosna, que representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas, como lo afirma Jesús de manera perentoria: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).


La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. De este modo, a la purificación interior se añade un gesto de comunión eclesial, al igual que sucedía en la Iglesia primitiva. San Pablo habla de ello en sus cartas acerca de la colecta en favor de la comunidad de Jerusalén (cf 2 Cor 8,9; Rm 15,25-27).


2.- Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un medio de providencia hacia el prójimo. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal (cf nº 2404).


En el Evangelio es clara la amonestación de Jesús hacia los que poseen riquezas terrenas y las utilizan solo para sí mismos. Frente a la muchedumbre que, carente de todo, sufre el hambre, adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (1 Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la población es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es aún más grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.


3.- El Evangelio indica una característica típica de la limosna cristiana: tiene que ser en secreto. "Que no vea tu mano izquierda lo que hace la derecha", dice Jesús, "así tu limosna quedará en secreto" (Mt 6,3-4). Y poco antes había afirmado que no hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa de los cielos (cf Mt 6,1-2). La preocupación del discípulo es que todo vaya a mayor gloria de Dios. Jesús nos enseña: "Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo" (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la nuestra.


Queridos hermanos y hermanas, que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atención. Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica.


En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente. La limosna evangélica no es filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. ¿Cómo no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones generosas de sostén al prójimo necesitado? Sirve bien poco dar los propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello. Por este motivo, quien sabe que "Dios ve en lo secreto" y en el secreto recompensará, no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza.


4.- Invitándoos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf 2 Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. Y hay más: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. "La caridad -escribe- cubre multitud de pecados" (1 Pe 4,8). Como a menudo, repite la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece, a los pecadores, la posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a recibir este don. En este momento pienso en los que sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a El. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos.


5.- La limosna educa a la generosidad del amor. San José Benito Cottolengo solía recomendar: "Nunca contéis las monedas que dais, porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo" (Detti e pensieri, Edilibri, nº 201). Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria, echa en el tesoro del templo "todo lo que tenía para vivir" (Mc 12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da la que posee sino lo que es. Toda su persona.


Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días inmediatamente precedentes a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala san Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf 2 Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros. La Cuaresma nos empuja a seguir su ejemplo, también a través de la práctica de la limosna. Siguiendo sus enseñanzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándole conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.


6.- Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma nos invita a "entrenarnos" espiritualmente, también mediante la práctica de la limosna, para crecer en caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que el Apóstol San Pedro dijo al hombre tullido que le pidió una limosna en la entrada del templo: "No tengo plata ni oro: pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar" (Hch 3,6). Con la limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre está la vida verdadera.


Por tanto, que este tiempo esté caracterizado por un esfuerzo material y comunitario de adhesión a Cristo para ser testigos de su amor. María, Madre y Sierva fiel del Señor, ayude a los creyentes a llevar adelante la "batalla espiritual" de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiesta de Pascua renovados en el espíritu. Con este deseo, os imparto a todos una especial Bendición Apostólica.


Vaticano, 30 de octubre de 2007


Benedicto XVI


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