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domingo, 13 de mayo de 2012


Un ángel en la cárcel, 
La monja de los presos

13 MAY 2012 
Pepe Álvarez de las Asturias

"Ir a la cárcel parecía malo, pero ha sido una bendición". El dueño de estas palabras es un recluso del penal madrileño de Estremeras. Llena de paz; les habla de Dios y les enseña que su Amor también está allí con ellos, entre sus mismos barrotes. Cuando acaba la sesión de terapia evangelizadora, los presos experimentan un subidón que ninguna droga ha logrado provocarles antes. Es el efecto que produce 'sor Tripi'.
Esto sucede dos o tres días a la semana. La hermana Mari Luz abandona la plácida rutina contemplativa de su convento paulino, atraviesa los muros de la prisión (ahora toca Estremeras, en Madrid) y va recorriendo los patios y las galerías empujando su viejo carro repleto de Biblias, devocionarios, oraciones y rosarios de plástico, repartiendo aquí y allá.
Lleno de pupas y pus.

Algunos de los reclusos no disimulan su sorpresa, su burla o su desprecio; pero la mayoría muestra reverencial respeto -saben el bien que hace- cuando no verdadera devoción. Se acercan a sor Mari Luz y ella les hace la señal de la cruz en la frente. A muchos los ha transformado por completo; ayer eran asesinos o traficantes y hoy son sus evangelizadores; ayer eran agresivos y estaban llenos de odio -hacia la sociedad y hacia sí mismos- y hoy pasean por el patio con el blanco rosario en su muñeca y el Amor de Dios en su corazón, dando testimonio de su fe ante otros presos. Ayer sus ojos decían que estaban en el infierno y hoy su paz interior dice que ya no.

"Este chico estaba lleno de pupas y con pus. Al principio me causó repugnancia pero después fui, le di un abrazo y le dije: toma esta Palabra, es para ti. Dios te ama, eres precioso y quiere hacer de ti un líder. Y me dijo: 'Pero si yo no tengo fe ni nada. ¡La voy a palmar!'. Le hablé del poder sanador de Dios y hoy es un gran evangelizador".

Es el secreto de sor Mari Luz: cada uno de sus "preciosos" es único; los llama por su nombre y conoce su historia, su drama; no importa el delito cometido ("Yo nunca les pregunto qué han hecho. Si quieren desahogarse, me lo cuentan"), ni la enfermedad que padezcan (contagiosa o no), ni su país de origen (Brasil, Ecuador, Marruecos, Perú, España…), ni siquiera sus creencias (musulmanes, agnósticos, renegados). Lo importante es que en la hermana encuentran comprensión y respeto, amor y esperanza; y eso, entre los gruesos muros de cualquier prisión, es un tesoro. Una tabla de salvación en un tempestuoso mar de miedos y odios.

De permiso en la JMJ

Muchos de los reclusos adictos a sor Tripi han recuperado la fe de su infancia (cultural o familiar), pero otros tantos han encontrado a Dios, su Amor gratuito, por primera vez: "¿Eso es verdad?, ¿Dios me quiere?, ¿A mí?". Y con Él se han encontrado también a sí mismos como personas, como seres humanos dignos de serlo. Incluso los presos a priori más irrecuperables han experimentado "las mayores preciosidades de conversión", en palabras de sor Mari Luz. Ella es ahora la madre que no tienen, el hombro en el que llorar, la abogada que tercia en su favor para lograr un breve permiso o la voluntaria que pasea con ellos por las calles de Madrid en plena JMJ, todos con su camiseta, su mochila y su gorra.

A sus 72 años, esta madre Teresa de los presos no ha perdido un gramo de su energía, desde que, hace ya treinta años, comenzara su labor evangelizadora de prisión en prisión. Hoy sigue manteniendo la misma vocación de servicio, igual cantidad de bondad y generosidad que aquella primera vez, en Yeserías, cuando a petición de una madre desesperada acudió a visitar a una joven reclusa; una visita que cambió la vida de la reclusa, y también la de sor Mari Luz, que fundó un grupo de oración en las cárceles de España.

Hoy son cientos los reclusos que han transformado sus vidas y encontrado un alivio a su infierno gracias a la labor de la hermana Mari Luz. Y los que quedan, porque esta hija de la Caridad no tiene ninguna intención de abandonar su misión. "Me jubilaré cuando vaya al Cielo". Allí se encontrará a más de uno de sus preciosos.

Datos

La Pastoral Penitenciaria, en la que colaboran laicos, religiosas y sacerdotes, se ofrece en todas las prisiones españolas. Su misión, ayudar a los reclusos y a sus familias.
146 capellanes y 2.793 voluntarios asisten a cientos de presos cada día.
En sus 68 centros de asistencia, la Iglesia Católica ayuda a más de 6.000 víctimas de violencia y ex prostitutas. Gestiona también 31 centros para enfermos de sida.
Cuenta con más de 4.000 centros específicos en los que atiende a un total de 2,7 millones de necesitados: inmigrantes, toxicómanos, minusválidos, ancianos, huérfanos….
Dentro de su labor sanitaria, la Iglesia asiste a más de un millón de personas al año en sus 86 centros hospitalarios, 55 ambulatorios y dispensarios y una leprosería.
También promueve el trabajo a través de 272 centros en los que se cuentan cerca de 80.000 asistidos; y ofrece asistencia jurídica a miles de personas en sus 53 centros.

jueves, 22 de enero de 2009

LOS CRISTIANOS ANTE LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO

Reflexión ecuménica

Viernes, 23 de enero.- « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51). La pregunta de Jesús al ciego de Jericó viene hoy a ilustrar maravillosamente la situación no sólo de quienes sufren y de los que les asisten, sino de la causa ecuménica en sí. Los salmos nos ayudan a comprender que los gritos que a Dios elevamos pueden ser la expresión de un profundo lazo con él. La compasión cristiana frente a la desesperación de los que sufren es un signo del Reino. Unidas, las Iglesias cristianas pueden hacer cambiar las cosas tratando de obtener para los enfermos la ayuda material y espiritual que necesitan. Todo ello es verdad, por supuesto, pero también lo es, yendo a lo propiamente espiritual del asunto, que las Iglesias divididas pueden ser viva imagen del ciego a quien Jesús ofrece curación: que la ceguera de las divisiones, de los odios, de las rivalidades, del distanciamiento intereclesial fue siempre la peor.

Aunque todavía separadas, nuestras Iglesias son conscientes de la compasión del Señor hacia los que sufren, mayormente los invidentes de la Verdad. Los cristianos siguieron siempre su ejemplo cuidando enfermos, construyendo hospitales, abriendo leproserías y preocupándose no sólo del alma sino también del cuerpo de los hijos de Dios. Sin embargo, esto no es tan evidente. Las personas con buena salud tienden a considerar que la salud es suya y a olvidar a los que no pueden participar plenamente en la vida de la comunidad debido a sus dolencias. En cuanto a los enfermos, se sienten a menudo apoyados por Dios, por su presencia, por su gracia y por su fuerza salvadora. Los que sufren repiten a veces la súplica del ciego: « ¡Que vea!» (Mc 10, 51). En el ecumenismo abundan los ciegos del alma, los sordos del corazón, los aquejados de minusvalías interiores. Y lo peor no es eso. Lo peor viene cuando los tales ignoran que también Jesús, que suplicó al Padre la unidad de su Iglesia, se dirige a ellos con la pregunta del Evangelio de Marcos; « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51).

También ahora, como entonces, hay quienes se afanan por caminar con Jesús pero desentendidos por completo de la falta de unidad, ignorando al pobre ciego sentado al borde del camino, es decir, el sangrante mal de las divisiones intereclesiales. Es más, hoy son a menudo los enfermos de los países pobres pidiendo a gritos medicinas, lo que nos hacen reflexionar sobre los desafíos que más nos interpelan.

Los enfermos de la división intereclesial, que son los más, ni se preocupan acaso ni nos preocupan. Y es que se sigue creyendo, desdichadamente, que el ecumenismo es cosa de minorías, entretenimiento de unos pocos, que lo viven como un hobby. La enfermedad y el sufrimiento se han revelado a menudo factores más determinantes para el ecumenismo que el propio diálogo. El dolor curte, se dice a menudo. Y une, podríamos añadir, con su enorme potencia curativa y reconciliadora. Las Iglesias, por eso, haciendo suya la súplica del ciego, podrían rogar a Jesús: ¡Señor, haznos tu Iglesia!

PROF. DR. D. PEDRO LANGA AGUILAR, OSA
Reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad 2009

Celebración de la Semana de la Unidad: documentos.

De: INFOEKUMENE

martes, 2 de diciembre de 2008

¿Conversos en el siglo XXI? Los sigue habiendo


Por Jorge Enrique Mújica
Forum Libertas

Los casos recientes de Tony Blair, Mercedes Aroz o Magdi Allam son la punta de un suave iceberg de personas anónimas.

Al echar una mirada al panorama de la fe católica en el mundo actual, podríamos dejarnos llevar por la quimérica impresión mediática de que más bien está a la baja. A veintiún siglos de distancia cabe la pregunta: ¿aún hay quien se convierte? Y la respuesta es clara y tajante: sí. Aún hay quien se convierte en pleno siglo XXI, a pesar de esa extendida mala imagen que muchos tienen o dan del catolicismo.

Según el diario Le Monde (cfr. 2 de abril de 2008) entre 150-200 musulmanes se convierten cada año al catolicismo en Francia mientras que el Reino Unido, confesionalmente anglicano, ha llegado a contar con una población de religión católica que ya llega al 16%. O ahí está el caso de Cuba donde de 1990 para acá los católicos han ascendido en un 45% a pesar de ser un Estado ateo.

El anuario Pontificio 2008 reportó un crecimiento relativo de católicos de 1,4% del 2005 al 2006 (de 1.115 a 1.131 millones de creyentes).

Ciertamente los datos son oscuros y no dicen mucho acerca del itinerario personal, las más de las veces costoso, que sigue un ser humano que decide cambiar de religión o abrazar por vez primera una. Cada experiencia es única y valiosa pero, por su impacto, vamos a repasar tres ejemplos recientes de resonancia mundial.

Tres conversos conocidos: un inglés, una española y un egipcio

Generalmente se usa el término “conversión” en referencia a la exigencia de conducir a los no creyentes a la Iglesia de Cristo. No obstante, la conversión (metanoia) tiene también el significado cristiano de cambio de mentalidad y actuación, como expresión de la nueva vida en Cristo proclamada por la fe: es una reforma continua del pensar y obrar orientada a una identificación con Cristo cada vez más intensa a la cual están llamados todos los bautizados.

Por lo tanto, antes de entrar en los casos, es importante tener presente que la incorporación de nuevos miembros en la Iglesia no es la extensión de un grupo de poder, sino la entrada en la amistad con Cristo, que une el cielo y la tierra, continentes y épocas distintas.

El inglés

“Sabes que no puedes tener una fe religiosa y que ésta sea algo insignificante, porque se trata de algo profundo y tiene que ver con tu misma condición de ser humano”. Educado como anglicano, aunque de padre agnóstico-conservador y de madre neoirlandesa protestante, el ex primer ministro británico, Tony Blair, anunció oficialmente su conversión al catolicismo en diciembre de 2007. Fue el mismísimo cardenal de Westminster quien le recibió en la Iglesia católica en una ceremonia íntima en su residencia privada.

Blair comenzó una seria reflexión sobre el cristianismo al entrar en contacto con la obra del filósofo MacMurray y de Emmanuel Mounier, especialmente en temas como el papel social de la fe, desde sus años como universitario. Sin embargo, el testimonio de vida de su esposa Cherie, católica convencida, y el de sus cuatro hijos bautizados en esa misma fe, así como su participación en la misa, su sensibilidad espiritual y el acompañamiento pastoral, alcanzaron el desenlace final que ahora conocemos.

El Reino Unido es prolífico en ejemplos de anglicanos que “retornaron a Roma”. Son ampliamente conocidos los casos de Newman, Chesterton, Wilde o Benson, entre muchos otros. Muy recientemente el duque de Kent ha sido vetado en la línea de sucesión inglesa a la corona por motivos de su conversión al catolicismo. Y es que, como escribió la editora del semanal católico The Tablet, Catherine Pepinster, en el Sunday Telegraph, “Cuando un primer ministro se convierte al catolicismo, debe ser una señal de que el catolicismo realmente está resucitando en este país”.

Como reportó The Independent el pasado 4 de abril, Blair declaró su plan de trabajo tras su conversión al catolicismo en un discurso pronunciado recientemente en la catedral de Westminster: “Deseo despertar la conciencia del mundo”. El ex primer ministro laborista también presentó el proyecto “Tony Blair Faith Foundation” cuya tarea será promover el encuentro entre los jóvenes de las más grandes religiones mundiales.

La española

“Mi actual compromiso cristiano me ha llevado a discrepar con determinadas leyes del gobierno que chocan frontalmente con la ética cristiana, como la regulación dada a la unión homosexual o la investigación con embriones, y que en conciencia no he podido apoyar. En consecuencia se imponía la decisión que he tomado”. La decisión era radical: dejaba su escaño como senadora. El gesto significaba mucho. Era la consecuencia lógica, y no por ello fácil, de su trayectoria espiritual.

Cofundadora del partido socialista de Cataluña, vinculada a la Liga Comunista Revolucionaria, divorciada, 21 años de trabajo político en el parlamento… y, sin embargo, esta mujer de calado calibre intelectual hacia pública su conversión “para subrayar la convicción de que la Iglesia Católica, de que el cristianismo, tienen mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia. A través de la fe cristiana se alcanza a comprender plenamente la propia identidad como ser humano y el sentido de la vida”, como recogió Europa Press.

En el caso de Mercedes Aroz, la senadora más votada en toda la historia de España (hasta las recientes elecciones al Senado de 2008), el testimonio de vida cristiana de su propia familia le ayudó a irse acercando poco a poco a un encuentro personal con el dador de la fe hasta decantar en ese compromiso pleno que revolucionó su existencia.

El egipcio

“Bautizarme ha sido como renacer” (Extracto de una respuesta a una entrevista concedida al diario El Mundo, 29 de marzo de 2008). “Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda reflexión interior, a la que no pude sustraerme […] El milagro de la Resurrección de Cristo se ha reflejado en mi alma, liberándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia hacia el “diferente”, condenado acríticamente como “enemigo”, priman sobre el amor y el respeto al prójimo, que es siempre y en cualquier caso persona” (“¿Por qué me convierto del islam al catolicismo?”, artículo en Il Corriere de la Sera).

Subdirector del famoso periódico italiano Il Corriere de la Sera, Magdi Cristiano Allam fue bautizado por Benedicto XVI en la vigilia pascual del Sábado Santo de este año.

Licenciado en sociología por la universidad de La Sapienza y de origen egipcio, aunque radicado desde hace ya bastantes años en Italia, Magdi fue experimentando su sintonía con su nueva fe gracias a tres factores: su desilusión ante el islam, el testimonio de vida de varios cristianos y su encuentro personal con Cristo:

“…mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la sumisión y la tiranía, permitiéndome adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad […] He descubierto por primera vez el auténtico y único Dios, que es el Dios de la fe y de la razón”.

Y también ha señalado:

“La Providencia me ha ido poniendo en el camino a personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se convirtieron, poco a poco para mí, en un punto de referencia en el plano de las certezas de la verdad y de la solidez de valores” (fragmentos del artículo “¿Por qué me convierto del islam al catolicismos?” en Il Corriere de la Sera).

La conversión: un encuentro personal motivado por el testimonio y acrisolado por la razón

En la encíclica “Deus Caritas est”, Benedicto XVI recordó que “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida”. Toda conversión implica, entonces, un encuentro entre la persona del convertido y la del que motiva a la conversión: Dios.

La conversión, en gran medida, es la respuesta del corazón, de la inteligencia y de la voluntad a la persona que redimensiona el propio ser; no es sólo la decisión de un día, sino una actitud de fondo que debe realizarse diariamente.

Pero los pasos para ese encuentro con la realidad-personalidad invisible de Dios están muchas veces motivados por el ejemplo visible de la vida de los que no sólo dicen creer sino que viven como creyentes. Ya lo decía el entonces cardenal Ratzinger a un conocido periodista italiano:

“No hay argumento apologético más eficaz que la santidad y el arte: la belleza de las almas y la belleza de las cosas que la fe ha plasmado, sin interrupciones, desde hace ya veinte siglos. Ahí está, créamelo, la fuerza misteriosa del resucitado”.

Y en la reciente nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización nos dice al respecto la Congregación para la Doctrina de la Fe:

“Al corazón del hombre, en efecto, no se accede sin gratuidad, caridad y diálogo, de modo que la palabra anunciada no sea solamente proferida sino adecuadamente testimoniada en el corazón de sus destinatarios” (cfr. No. 8).

Es verdad que en todo este proceso, y más en los tiempos actuales, juega un papel preponderante el discurso intelectual. Se ha visto en los tres casos citados y es muy común en muchos otros (por ejemplo Edith Stein, García Morente, Eugenio Zolli, etc.). Y es que nada como “la búsqueda del bien y la verdad pone en juego la libertad humana, reclamándole una adhesión tal que implica los aspectos más fundamentales de la vida” (cfr. No. 4, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización).

Nuestra respuesta

La experiencia común de los conversos al catolicismo es de una sensible indiferencia por parte de la mayor parte de los católicos. A inicios del siglo pasado, Robert Hugh Benson, hijo del primado anglicano, se convirtió al catolicismo. A diario recibía dos voluminosas entregas de correo. Los católicos, lejos de exhibir un sentimiento de triunfo ante lo que podía considerarse un golpe monumental a la Iglesia, ofrecieron su indiferencia como única respuesta. Los anglicanos, por su parte “… o bien me consideraban un traidor premeditado (estos eran los menos), o bien un fanático chiflado, intolerante, obstinado y desagradecido” (Confessions of a Convert pp. 100-101, Robert Benson).

El cardenal Newman, aunque con un paz más profunda pues había hecho, ante todo, la experiencia de su fe, confesó en su diario: “¡Cuán triste y desolado ha sido el curso de mi vida desde que me hice católico! Aquí está el contraste: cuando era protestante, me aburría mi religión, pero no mi vida; ahora que soy católico, es mi vida la que me aburre, pero no mi religión”.

Tal parece que esa común actitud hacia los neo-conversos debe “convertirse” en otra también. El que entra a la fe católica es una persona que llega de repente a tener 2000 años y merece ser bien acogido; saberse y sentirse en la familia auténtica a la que ha llegado a formar parte, en la que culmina su itinerario terreno.

Posiblemente, con datos fiables y certeros, el catolicismo no es la religión que más crece. Pero al menos queda la convicción de que las conversiones en ella no están motivadas por remuneraciones económicas, mentiras y engaños o amenazas mortales.

Hay muchas otras historias-testimonio que siguen naciendo, desarrollándose y llegando a término feliz. ¿Por qué en la Iglesia católica? Quizá porque es la única que ha probado no ser una invención de su tiempo sino la obra de su Creador; obra que sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud.

Escritores conversos: Lewis, Chesterton, Dawson, Sayers...
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7444

Ateos, abortistas, budistas y homosexuales: conversiones de hoy
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8249

Del odio fascista al amor cristiano: testimonio de Joseph Pearce
http://www.e-cristians.net/cream/?site=ecristians&idioma=es&page=9&post=1306

Señor del Mundo, por R.H. Benson
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6617

Graham Greene: espionaje y ansia de salvación
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5408

Alec Guinness: la fe católica del viejo maestro Jedi
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=2108

'Con ojos nuevos', el testimonio de conversión de Alessandra Borghese
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6086

El genocida arrepentido: el ex-jemer rojo Duch, hoy cristiano, dispuesto a enfrentar el pasado
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6218

Cómo Peter Benenson, un converso al catolicismo, fundó Amnistía Internacional
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5921

Olivier Sachs: la conversión del banquero que lo tenía todo
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8077

Los 10 países insólitos donde más crece el cristianismo
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=4319

Cuatro curas yanquis para una reforma cultural católica
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=4345

Conversiones

La repentina conversión del padre Fortea, descrita en su libro "Memorias de un exorcista", compite, por inesperada, con las de Frossard o Gorítcheva


Lo decía André Frossard en libro Dios existe, yo me lo encontré: a muchas personas, incluyendo muchos cristianos, no les gustan las conversiones gratuitas, súbitas, por pura gracia, sin procesos previos. Dan la sensación de que Dios coge a una persona y le da la vuelta, la cambia. Dan la sensación de que Dios es libre y es Señor. A muchos, eso les asusta.

Es lógico que estas historias de conversión asusten a la gente que no es religiosa. Recuerdan que "podría pasarme a mí". Es más desconcertante que asuste a la gente religiosa. Algunos, quizá, tienen miedo de que Dios "se fije demasiado en mí" y "me cambie".

Otros, parecen temer el poder de Dios para tocar y cambiar a la gente con descarada libertad, e insisten en buscar las raíces psicológicas del cambio. Pero, a veces, no hay raíces. Simplemente, parece que Dios hace lo que quiere y como quiere.

José Antonio Fortea, cura de la diócesis de Alcalá de Henares famoso por sus libros sobre demonología y algunos casos de exorcismos que ha recogido la prensa, acaba de publicar su libro "Memorias de un exorcista" (Ed. Martínez Roca, 2008). En realidad, los temas demonológicos sólo ocupan una tercera parte del libro. El resto del volumen habla de su infancia, de su vocación, de la vida cotidiana de un cura en un pueblo, en el servicio militar, como capellán en un hospital, las relaciones con feligreses, compañeros, sus lecturas y aficiones...

El libro se lee bien, con agilidad, y resultará especialmente interesante para aquellos que hemos nacido entre 1965 y 1980, con un costumbrismo que recoge los dibujos animados, los tebeos, los libros de nuestra generación. Y también el ambiente eclesial. Pero, más impactante que los testimonios de exorcismos es el testimonio de conversión del joven Fortea, que vamos a transcribir íntegro por su absoluta gratuidad, para luego compararlo con tres casos "emblemáticos": el del escritor francés André Frossard, el de la autora soviética Tatiana Gorítcheva y el de la poetisa norteamericana Joy Davidman.

Fortea era un chaval de Barbastro, Huesca, de 15 años, que no iba a misa excepto en alguna ocasión familiar o escolar y no tenía ningún interés por Dios. El cambio llegó el 12 de octubre de 1983, cuando estudiaba segundo de BUP.

"Un día como otro cualquiera, entré en mi habitación y, de pronto, sentí que era un egoísta y una mala persona. Me entró un gran arrepentimiento y vi que la Iglesia era el camino por donde iría progresando hacia la virtud. Todo esto no duró más de medio minuto, no oí ninguna voz celestial, ni tuve ninguna visión, pero de pronto se había operado en mí una gran conversión: había comprendido que era un pecador y que el camino de la salvación era la Iglesia.

Así de sencillo, así de repentino. Ya me gustaría poder escribir treinta capítulos, como san Agustín, explicando mi marcha hacia la conversión. Pero en mi caso no hubo evolución, sino irrupción repentina de la gracia.

Es curioso, nada había preparado ni presagiado ese momento, no tenía ningún remordimiento, ninguna preocupación, nada. Fue una acción fulminante de la gracia. Vivía tan feliz en mi alejamiento de la religión y de pronto... De pronto, en medio minuto, me acababa de convertir en una persona religiosa. Era increíble. En los días precedentes, ni mi familia, ni mis amigos, ni mis profesores me había impulsado a ello. Nada, absolutamente nada. No había una causa razonable que provocara aquel cambio tan brusco, tan profundo.

Sin duda, cualquier psiquiatra me diría que eso se debía a mil causas latentes en mi subbconsciente. Pero no, yo, que me conozco bien, puedo asegurar que aquello fue la gracia, una gracia súbita, contundente, que me hizo pasar del blanco al negro en medio minuto, sin hablar con nadie, sin leer nada, sólo dándome cuenta de esas dos cosas, que yo era un pecador y que las enseñanzas de la Iglesia eran la verdad y constituían el camino para progresar en virtud. Fue un cambio sin dudas ni vacilaciones.

En aquel mismo momento me arrodillé al lado de mi cama y oré intensamente, sabiendo que alguien me escuchaba. Aquélla sí que fue una oración profunda. No duró más allá de dos minutos, pero en cuanto me levanté, tomé una hoja de papel y comencé a hacer examen de conciencia. Sin ningún tipo de resistencia por mi parte, entendí que debía confesarme.

Externamente seguí igual, pero internamente era ya otra persona. No comuniqué a nadie mi cambio, mi conversión. Al llegar el domingo, pensé que debía ir a misa. Pero se me hacía muy duro, porque cuando iba a misa era acompañado de mi familia o de todo el curso. Me resultaba muy violento ir solo. Pensaba que, al entrar, la gente me miraría y que comentarían en voz baja mi presencia allí. Barbastro no era Nueva York, todos nos conocíamos, y mis miedos no eran infundadas imaginaciones de mi mente.

Estuve luchando internamente media hora, en mi casa. Pero cada vez que me decía voy, me imaginaba a las señoras susurrando ah, mira, el hijo de Fortea, qué raro, si nunca viene.

Finalmente, a pesar de mis esfuerzos internos, me rendí; no podía ir, era superior a mis fuerzas. Diez minutos después, un amigo que en nueve años nunca me había invitado a ir a misa me llamó por teléfono y me preguntó: ¿Quieres ir a misa? Nadie me había propuesto jamás ir a misa, y ese domingo, ¡justamente ese!, recibía aquella llamada. Dios existía, dijeran lo que dijeran Marx, Freud o Sagan en su documental Cosmos.

Ese día fui, y ya no dejaría de ir cada domingo en lo que me quedaba de vida. Ese domingo me confesé y por fin comulgué a ciencia y conciencia. Dios había irrumpido en mi vida de un modo arrasador. No había precisado de tiempo, ni de preparación, ni de nada; entró cuando Él quiso, como Señor que entra cuando quiere, donde quiere.

No hace falta decir que mi presencia en aquella iglesia de San Francisco fue notada. Había más de trescientas personas, y las noticias no tardarían en llegar a mi madre. Y reza muy fervorosamente después de comulgar, le llegó a decir a mi madre una señora de la misma calle. Mi madre no se opuso y no me dijo nada, pero sí que me refirió ese comentario, sugiriéndome que no me significara tanto.


A continuación, copiamos el fragmento que narra el momento clave de la conversión de la joven estudiante de filosofía Tatiana Gorítcheva. Nihilista inquieta, desencantada de todo y de todos en la URSS de los años setenta, había empezado a practicar yoga por relajarse:

"Cansada y desilusionada, realizaba ejercicios de yoga y repetía mantras. Conviene saber que, hasta ese instante, yo nunca había orado ni conocía realmente oración alguna. Pero el libro de yoga proponía como ejercicio una plegaria cristiana, en concreto, la oración del Padrenuestro. Empecé a repetirlo mentalmente como una mantra de un modo inexpresivo y automático. La dije unas seis veces. Entonces, de repente, me sentí transformada por completo. Comprendí con todo mi ser que Él existe. ¡Él, el Dios vivo y personal, que me ama a mí y a todas las criaturas, que ha creado el mundo, que se hizo hombre por amor, el Dios crucificado y resucitado! ¡Qué alegría y qué luz esplendorosa brotó, entonces, en mi corazón! El mundo entero, cada piedra, cada arbusto, estaban inundados de una suave luminosidad."

[ Hablar de Dios resulta peligroso, Tatiana Goritcheva, Ed. Herder; ver un testimonio más completo en:
www.interrogantes.net/Tatiana-Goritcheva-Desde-el-vacio-del-mundo-oficialmente-ateo/menu-id-1.html ]

Es una conversión súbita, gratuita, fulminante y maravillosa, sin duda. Pero Gorítcheva era estudiante de filosofía en la universidad, tenía inquietudes vitales, aunque no religiosas. Y había repetido seis veces el Padrenuestro, aunque fuese mecánicamente. Fortea sólo era un chico de 15 años y no rezaba nada. En un ranking de "conversiones gratuitas", el adolescente de Barbastro competiría favorablemente.

Otro caso clásico -e impactante- es el de André Frossard. Su libro "Dios existe, yo me lo encontré" está dedicado, íntegramente, a demostrar que ni él, ni su entorno, ni su familia, tenían ninguna relación con Dios ni con cosas religiosas. No pensaba en Dios igual que no pensaba en Papa Noel. Pero en las últimas páginas, por fin, Frossard explica cómo un día entró en una capilla a buscar a un amigo y se convirtió fulminantemente.

"Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, "católico, apostólico, romano", llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.

Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (...)

[ Dios existe, yo me lo encontré; André Frossard, Ed. Rialp; ver un testimonio más completo en:
http://www.interrogantes.net/Andre-Frossard-Dios-existe-yo-me-lo-encontre/menu-id-23.html ]

El caso de la poetisa Joy Davidman, que sería esposa del escritor C. S. Lewis, es también significativo. Ella era de ascendencia judía, pero atea, comunista y materialista. Estaba casada con otro convencido ateo comunista, el escritor Bill Gresham. Éste padecía crisis nerviosas y ataques graves. Un día él no llegaba y ella, inquieta, no sabía que hacer.

"Acosté a los niños. Por primera vez en mi vida me sentí desesperanzada; por primera vez en mi vida mi orgullo se vio obligado a admitir que, después de todo, no era la dueña de mi destino, el capitán de mi alma... Todas mis defensas, los muros de vanidad y arrogancia detrás de los cuales me había ocultado de Dios, desaparecieron momentáneamente.

Y entonces entró Dios. Había otra Persona acompañándome en la habitación, presente en mi conciencia, una persona tan real que toda mi vida anterior me pareció un simple juego de sombras. Comprendí que Dios siempre había estado allí y que yo, desde la niñez, había dedicado la mitad de mi esfuerzo a echarlo. Mi percepción de Dios duró al menos medio minuto. Cuando se desvaneció me vi a mí misma de rodillas y rezando. Creo que he debido ser la atea más sorprendida del mundo." [Testimonio en "These found the way", 1951, y en Los Inklings, de Humphrey Carpenter, HomoLegens, 2008]

Sin duda, la conversión fulminante de Joy Davidman, como la de André Frossard y la de Tatiana Goritcheva son paradigmáticas del fenómeno. Pero quizá la sobriedad emocional e intelectual de la experiencia del muchacho de Barbastro es, por eso, más "radical", más gratuita: una necesidad de limpiar el pecado (arrepentimiento sin trauma ni culpabilización) y la certeza de que la salvación pasa por la Iglesia.

Personas reflexivas, que escriben y diseccionan su vivencia sobre el papel, han contado así su historia. ¿Cuánta gente más, de la que vemos en la calle todos los días, es tomada por Dios, impactada por su gratuidad?¿Cuántas otras formas tiene Dios de llegar a ellos?

fuente: ForumLibertas

lunes, 7 de abril de 2008

Desde ayer me llamo "Magdi Cristiano Allam"


Publicamos este artículo que nos ha llamado fuertemente la atención. Vemos muy positivamente el valor de este periodista recibiendo el bautismo de manera pública y haciéndolo público, aun sabiendo a lo que se expone. Nos unimos a su alegría pascual fraternalmente y nos congratulamos por su encuentro con Cristo.

También encuentro positiva su alusión a la "renuncia" a evangelizar al mundo musulmán por parte de los cristianos. Si tenemos en cuenta que evangelizar no es un acto que prescinda de la libertad de consciencia, sino que la afirma, precisamente por el anuncio de la Buena Nueva. Jamás un anuncio supone la coacción a la libertad del oyente. Si la Evangelización cayera en el proselitismo más o menos enmascarado, ya no sería evangelización y haría un mal servicio a la verdad y la caridad de la Revelación cristiana.

Igualmente es digna de apoyarse la necesidad de que los cristianos conversos del Islam no hayan de vivir su elección en las catacumbas, repudiados de su familia y sus amigos, sujetos a posibles represalías, tanto en países de mayoría musulmana como cristiana. Necesitamos despertar a la necesidad de presionar socialmente para que las instituciones pertinentes admitan y declaren claramente la libertad de consciencia en las elecciones religiosas y espirituales y emprender acciones encaminadas a ello. Ya que nos interroga profundamente el hecho de que, el exponer su conversión de esta manera puede resultar para muchos musulmanes como una exhibición provocativa que no está cortada por el mismo patrón de las insistentes declaraciones cristianas sobre la necesidad de unir esfuerzos por la paz y la convivencia entre las religiones.

Por otra parte, nos interrogamos igualmente sobre la pertinencia de esta declaración pública. Esta publicación podría tener consecuencias negativas ya que podría interpretarse por parte de muchos musulmanes como una exhibición provocativa de los cristianos. .No es que queramos ignorar las múltiples acciones violentas del mundo musulmán contra la libertad religiosa, sino que, precisamente por ello, los cristianos debemos ser profundamente cuidadosos en ser coherentes con la caridad cristiana que proclamamos y postular las mejores virtudes musulmanas para neutralizar las desviaciones y violencias que sufren las sociedades musulmanas, aunque, bien lo sabemos, no solo ellas, sino también las sociedades que ellos consideran cristianas, es decir, el mundo occidental.

La no violencia evangélica es un delicado equilibrio en que la verdad y la caridad jamás se excluyen mútuamente. Un equilibrio a veces muy difícil de conseguir, pero que siempre debemos intentar. Y a partir de esta reflexión previa os pedimos que leáis este artículo.

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Querido Director:

Lo que voy a contarte se refiere a una elección mía, de fe religiosa y de vida personal, que no quiere de ninguna manera involucrar al Corriere della Sera, del cual me honro de formar parte desde 2003, como uno de sus Vice directores. Te escribo, por tanto, como protagonista del hecho, como ciudadano privado.

Ayer de noche me he convertido a la religión cristiana católica, renunciando a mi anterior fe islámica. De esta manera, finalmente ha visto la luz, por gracia divina, el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en el sufrimiento y en la alegría, entre la profunda e íntima reflexión, y su consciente y manifiesta exteriorización. Estoy especialmente agradecido a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que me ha conferido los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro, en el transcurso de la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y he asumido el nombre cristiano más sencillo y explícito: "Cristiano".

Desde ayer me llamo "Magdi Cristiano Allam".

Para mí ha sido el día más hermoso de mi vida. Conseguir el don de la fe cristiana el día de la Resurrección de Cristo, de manos del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable. Teniendo casi 56 años, es un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que señala un cambio radical y definitivo respecto al pasado. El milagro de la resurrección de Cristo ha reverberado en mi alma, librándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia con los "diferentes", condenados acríticamente como "enemigos", prevalecen sobre el amor y el respeto del "prójimo" que es siempre y en todas partes "persona". Mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y la disimulación, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión y la tiranía, y he podido adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano, no sólo he descubierto a Jesús, sino que he descubierto por primera vez el verdadero y único Dios, que es Dios de la Fe y de la Razón.

Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda meditación interior, de la cual no habría podido sustraerme, puesto que desde hace cinco años estoy obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija de mi casa y escolta de policías permanente, a causa de las amenazas y de las condenas a muerte de los extremistas y de los terroristas islámicos, tanto de los que residen en Italia como de otros del exterior. He tenido que preguntarme sobre la actitud de quienes han emitido públicamente las fatwe (declaración por la que cualquiera puede matarlo) de los responsables jurídicos islámicos, denunciándome a mí, que era musulmán, como "enemigo del Islam", "hipócrita cristiano copto que finge ser musulmán para dañar al Islam", "mentiroso y difamador del Islam", legitimando así mi condena a muerte. Me he preguntado cómo es posible que alguien como yo, que ha luchado con convicción y hasta el cansancio por un "Islam moderado", asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona a las denuncias del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam, basándose en una legitimación del Corán.

Por esto he llegado a comprender que, más allá de la contingencia de los fenómenos extremistas y del terrorismo islámico a nivel mundial, la raíz del mal está inscrita en un Islam que es fisiológicamente violento e históricamente conflictivo.

Paralelamente, la Providencia me ha hecho encontrar personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, han llegado a ser un punto de referencia en el plano de la certeza de la verdad y de la solidez de los valores.Me refiero en primer lugar a muchos amigos de Comunión y Liberación, con don Julián Carrón a la cabeza. A religiosos como don Gabriel Mangiarotti, Sor Maria Gloria Riva, don Carlo Maurizi y al Padre Yohannis Lahzi Gaid; al descubrimiento de los salesianos, gracias a don Angelo Tengattini y a don Maurizio Verlezza, que culminó en la amistad con el Rector Mayor, don Pascual Chávez Villanueva, y hasta el abrazo con altos prelados de gran humanidad, como el cardenal Tarcisio Bertone, monseñor Luigi Negri, Giancarlo Vecerrica, Gino Romanazzi y, sobre todo, don Bruno Fisichella, que me ha seguido en mi trayectoria espiritual de aceptación de la fe cristiana. Pero, sin duda, el encuentro más extraordinario y significativo en mi decisión de convertirme ha sido el del Papa Benedicto XVI, al que he admirado y defendido como musulmán por su maestría al señalar el ligamen indisoluble entre la fe y la razón, como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, y al cual adhiero plenamente como cristiano para llenarme de nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado.

Querido Director, me has preguntado si no temo por mi vida, sabiendo que la conversión al cristianismo me acarreará una enésima y muy grave condena a muerte por apostasía. Tienes toda la razón. Sé bien a lo que me expongo, pero me enfrento a ello con la cabeza alta, con la espalda derecha y con la solidez interior del que tiene la certeza de la propia fe. Y lo haré aún más después del gesto histórico y valeroso del Papa, quien desde que conoció mi deseo, enseguida aceptó administrarme él mismo los sacramentos de la iniciación cristiana. Su Santidad ha lanzado un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que hasta ahora ha sido demasiado prudente en la conversión de los musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y callando sobre la realidad de los convertidos en los países cristianos. Por miedo. Por el miedo de no poder ayudar a los convertidos, condenados a muerte por apostasía, y por el miedo de las represalias que podrían tener los cristianos que viven en los países islámicos. Benedicto XVI, con su testimonio, está diciendo que es necesario vencer el miedo y no tener ningún temor de afirmar la verdad sobre Jesús, también a los musulmanes.

Por mi parte, yo digo que ya es hora de poner fin a la arbitrariedad y a la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa. En Italia hay millares de convertidos al Islam que viven serenamente su nueva fe. Pero también hay millares de musulmanes convertidos al cristianismo, que son constreñidos a silenciar su nueva fe por miedo de ser asesinados por los extremistas islámicos que están entre nosotros.

Por una de esas "casualidades" en las que se ve la mano discreta del Señor, mi primer artículo escrito en el Corriere el 3 de setiembre de 2003, se titulaba "Las nuevas catacumbas de los islámicos convertidos". Era una investigación sobre algunos neo-cristianos que denunciaban en Italia su profunda soledad espiritual y humana, debida a la pasividad de las instituciones del estado, que no protegen su seguridad, y al silencio de la propia Iglesia. Por eso espero que del gesto histórico del Papa y de mi testimonio obtengan el convencimiento de que ha llegado el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y de afirmar públicamente su voluntad de ser plenamente ellos mismos. Si aquí, en Italia, en la cuna del catolicismo, en nuestra casa, no estamos en condiciones de garantizar a todos la plena libertad religiosa, ¿cómo podremos ser creíbles cuando denunciamos la violación de esta libertad en otras partes del mundo? Ruego a Dios que esta Pascua especial lleve a la resurrección espiritual del espíritu a todos los fieles en Cristo que hasta ahora han sido dominados por el miedo.

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Artículo publicado por Magdi Cristiano Allam, subdirector del Corriere della Sera, el pasado domingo 23 de marzo de 2008, horas después de recibir su bautismo en la Fe cristiana por Benedicto XVI, durante la Vigilia Pascual. El escrito adopta la forma de una carta dirigida al director del diario.

Traducido por: Fundación Crónica Blanca, de jóvenes periodistas católicos

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viernes, 7 de marzo de 2008

Carta del Obispo Pedro Casaldáliga

Parar la rueda bloqueando sus radios

Acaba de cumplir 80 años. Es un catalán trasplantado a Brasil. Es un profeta. Es un apóstol de Jesús capaz de hablar sin temor, con parresía, a los poderosos de este mundo, incluido a Pedro. Es un amigo. Es Pedro Casladáliga quien nos escribe esta circular de 2008.

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años. No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Tendríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue asesinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba la «Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano». Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma también que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustiado quién va a adoptar esas "medidas urgentes".

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Smeraldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes –Alegría y Esperanza–. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear conciencia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Amazonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está viviendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún.

Con tropiezos y ambigüedades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Continente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mundo. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Jesús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comunidades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayudaremos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?
Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Pedro Casaldáliga





martes, 10 de abril de 2007

El firme regreso al catolicismo de intelectuales y escritores franceses

El «fenómeno Bernanos» envuelve al mundo de la cultura, donde cada vez hay más conversos. M. V.

MADRID- Sopla un viento nuevo de fe en la laicísima Francia. Las letras francesas siguen las huellas de Claudel, Péguy, o Mauriac, los grandes conversos de la tradición literaria, y cada vez son más las novelas, guiones y ensayos en los que la fe cristiana vuelve a ser protagonista.

Hace tiempo que escritores de la talla de Michel Tournier o Dider Decoin demostraron que la fe aumentaba su talento y, siguiendo su misma senda, está surgiendo una nueva generación de autores creyentes, nuevas figuras de la escena literaria y filosófica cuyas obras buscan la consonancia con el mensaje evangélico. El periodista Daniele Zappalá explica en el diario «Avvenire» que, en el caso de la escritora Sylvie Germain ha sido su búsqueda sobre la mística cristiana y la frecuente costumbre de acudir la Biblia lo que le ha llevado a la conversión. La aclamada autora de la reciente novela «Magnus» ha visto cómo su obra está empezando a seducir no sólo en Francia sino más allá de sus fronteras.

Hace algunos días, en las páginas del diario francés «Le Figaro», otro talentoso y pluripremiado escritor de la nueva literatura francesa, François Tallandier, ha intentado esbozar y enumerar las razones de su silenciosa conversión al catolicismo, después de años de profundo escepticismo: «Quizás por el esplendor de Bourges, que le daba a Stendhal alas para ser cristiano. Quizás por la modesta dulzura de la iglesia románica de Ennezat. Quizás porque un día, escuchando pronunciar la palabra “católico” con el desprecio de quien cree que no necesita más razones, me he cansado y he dicho abiertamente: “Soy católico”», explica.

También Jean Claude Gillebaud está volviendo a la fe, después de unos años de éxito como periodista. Golpeado por la obra de filósofos como René Girard y la atmósfera de recogimiento del mundo monástico, acaba de publicar dos ensayos sobre la importancia de creer. «Cómo he vuelto a ser cristiano» es el título del más significativo.

Católicos sin complejos

El recorrido creativo de Fabrice Hadjadj es también un punto de referencia en la cultura francesa. Escritor e intelectual de cultura judía y nombre árabe, se ha convertido al catolicismo «tras una fase de nihilismo». Un reciente ensayo suyo analiza con pasión e ironía su indiferencia hacia la muerte de las sociedades occidentales a la vez que lanza una llamada a la alegría fundada sobre las razones de la fe.

Pero quizá la figura más controvertida es la del controvertido escritor Maurice Dantec, que dice inscribirse en el ámbito «futurista». Hace poco que este intelectual excéntrico, admirado por la crítica, se ha atrevido a gritar en público que «no hay futuro para la humanidad fuera de Cristo».

Junto a todos ellos, más allá de las fronteras francesas, se sitúa el dramaturgo belga Eric-Emmanuel Schmitt, o filósofos como Bernard Sichére y Jean Louis Chrétien, que han llegado al catolicismo tras un largo camino a través del escepticismo. En definitiva, son cada vez más los escritores e intelectuales que han redescubierto la trascendencia, que han experimentado la conversión y «vuelven» a la fe tras un largo exilio en el desierto del nihilismo. Hoy, sin temor alguno, se declaran católicos sin ningún complejo.

La Razón