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domingo, 21 de noviembre de 2010

Mujer condenada a muerte por ser católica


A esta mujer la han condenado a muerte por ser católica:

El Gobierno pakistaní ha condenado a la horca a Asia Bibi por ser católica. El próximo lunes, 22 de noviembre (¡este lunes!), vence el plazo que le han concedido para presentar alegaciones ante su condena a la pena capital. Es probable que a Asia Bibi le quede poco tiempo de vida.

En Pakistán, y tratándose de cristianos, las cosas van muy deprisa. Mientras lees esta información, las autoridades pakistaníes podrían ejecutar a Asia Bibi, acusada de decir un día en público que era católica.

Su marido todavía no ha sido capaz de explicar a sus hijas por qué su madre puede ser ahorcada de un momento a otro:

“Me preguntan por su madre, pero yo no he tenido el coraje de explicarles que está condenada a muerte por un delito que nunca cometió".

Las autoridades pakistaníes acusan a esta mujer de blasfemia: cometió el terrible “delito” de defender públicamente su fe católica. En su pueblo, Ittanwali, viven 1.500 familias. Solo tres son cristianas. La familia de Asia, también sus hijas, menores de edad, fue perseguida por sus vecinos, apaleada y torturada. Y ella terminó ante la justicia.

Primero la condenaron a una multa equivalente a lo que gana en un año un trabajador en Pakistán. Y luego la condenaron a muerte por decir que la Verdad reside en el Evangelio. No le queda mucho tiempo de vida.

Después de las inundaciones que devastaron el país, los taliban han desencadenado una oleada de destrucción y muerte contra la minoría católica, el 1,6 por ciento en una población de 165 millones de musulmanes. Los católicos son asesinados, se prende fuego a sus viviendas con ellos dentro, se intenta matar a sus obispos. Y los políticos locales no se atreven a plantar cara al fundamentalismo por miedo a convertirse ellos también en víctimas de la barbarie.

Plataformas ciudadanas han fomentado iniciativas como esta:

La presión directa sobre el presidente de Pakistán puede salvarla. Pero para lograrlo es necesario que tú también hagas algo. Y mejor si lo haces ya, sin esperar a terminar de leer, porque en Pakistán demasiados condenados a muerte no llegan vivos a la horca: un gran número de ellos aparecen asesinados en sus celdas, mientras aguardan la ejecución de la sentencia. Firma ahora desde: http://www.porasiabibi.org
Si conseguimos salvar la vida de Asia Bibi, nunca sabremos si fue tu mensaje o el mio el que terminó de convencer al régimen pakistaní. Tampoco importa demasiado. Pero por si acaso, deberías enviar ya tu petición: http://www.porasiabibi.org


La opinión pública ha frenado muchas ejecuciones. Los propios obispos pakistaníes han hecho un llamamiento a la movilización social como el instrumento más eficaz, y también el último, para tratar de salvar a Asia Bibi. A través de un procedimiento tan simple como un clic se han salvado muchas vidas humanas.

El mayor riesgo que corre en estos momentos Asia Bibi es que en el lugar en que la tienen encerrada hay altas probabilidades de que alguien se tome la justicia por su mano. Ha pasado ya otras veces.

Con nuestras oraciones acompañamos a Asia Bibi.

lunes, 20 de julio de 2009

La oración de los esposos






Icono de la Sagrada Familia




...La Iglesia no puede existir sin una oración común y sin la participación eucarística de sus miembros. Sin oración común, sin vida religiosa común y sin una marcha espiritual común no se puede fundar una “iglesia doméstica”, una familia cristiana, la más pequeña célula de la Iglesia de Cristo universal. Muchos padres espirituales lo comprendían muy bien. El padre Alexandre Tolgsky no preguntaba simplemente, en confesión, si su hijo espiritual rezaba todos los días mañana y noche, sino si rezaba todos los días con el esposo o la esposa.

...Al comienzo de la liturgia de los fieles, el sacerdote proclama en voz alta: “Concédenos glorificarte con una sola voz y un solo corazón, y cantar tu nombre venerable y magnífico, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos”.

...Si el sacerdote pide por toda la Iglesia, por todos aquellos que están en la iglesia tener una sola voz y un solo corazón por una relación de oración eucarística con la Santa Trinidad, a fortiori es indispensable que aquellos que forman “una sola carne” tengan una sola voz y un solo corazón. ¿Cómo dicha única carne podría no elevar al Señor una oración en común de agradecimiento, de pedido por sus necesidades y no reforzar su unidad por una relación común con Dios?

...La oración común protege de las disputas, obliga a aquellos que se han peleado a reconciliarse, ayuda a disipar malentendidos que pueden surgir entre los seres humanos. Es conveniente introducirla desde los primeros días de la vida conyugal, porque será mucho más difícil establecerla más tarde, ya que la oración en común nace más fácilmente cuando existe una apertura total y plena de amor del alma de uno para con el otro, cuando se está en búsqueda de nuevas formas de modo de vida, cuando antes del nacimiento de los hijos un ritmo cotidiano completo es posible. Una regla de oración en común de marido y mujer es la base que permite la edificación de la “iglesia doméstica”. Ayuda a educar los hijos en la oración y a organizar la oración de toda la familia.

...A veces llegamos a oír objeciones a la oración cotidiana en común de los esposos tanto de parte de laicos como de jóvenes sacerdotes. Pero antes de responder a dichas objeciones, conviene recordar que los santos Padres distinguían diversos niveles de oración.

...El primer nivel, escribía san Teófano el Recluso, es la oración corporal, que consiste más en lectura, en estar de pie, en metanías. La atención se desvía, el corazón no siente, no se tiene ganas: es la paciencia, el trabajo, el sudor. Sin embargo, a pesar de ello, resiste y haz tu oración. Es una oración activa.

...El segundo nivel es una oración atenta: la inteligencia se habitúa a concentrarse en el momento de la oración, a decirla enteramente con conciencia, sin dispersión. La atención se diluye en la palabra escrita y la dice como si fuera suya.

...El tercer nivel es la oración de los sentidos: el corazón se torna cálido gracias a la atención, y el que era el más alto pensamiento se convierte aquí en intuición. Allí donde había una palabra de contrición, está ahora la contrición; allí donde había un pedido, existe ahora la intuición de menester y necesidad. Aquel que ha pasado por la intuición, ora sin palabras, ya que Dios es el Dios del corazón […] La lectura puede entonces cesar, igual que la reflexión; basta permanecer en la intuición con ciertos signos de oración.

...El cuarto nivel es la oración espiritual. Comienza cuando la oración intuitiva se vuelve continua. Es el don del Espíritu de Dios que ora por nosotros, y es el último grado de la oración al que se puede alcanzar.

...Estos diferentes niveles de oración reflejan los niveles de elevación del hombre hacia Dios, sin embargo, los tipos de oración en la vida de un laico pueden alternar una con otra, con una predominancia de una de ellas en su actividad de oración. Habitualmente, entre los jóvenes que van a casarse y los jóvenes esposos, la oración es activa o atenta […]

...¿Cuáles son, pues, las objeciones que se pueden oír contra la oración en común de marido y mujer? En primer lugar, se dice a menudo que “cuando uno dice las oraciones en voz alta, los pensamientos del otro vagan por un país lejano”. Pero nuestro pensamiento parte a un “país lejano” incluso en la iglesia, lo que no significa que no se deba ir a la iglesia: hay que poner en orden nuestro pensamiento. Durante la oración familiar en común uno pronuncia en voz alta las palabras y otro las repite en silencio y ellos se dirigen a Dios con las mismas alabanzas, las mismas glorificaciones y agradecimientos y le piden juntos los bienes necesarios para su vida espiritual, para sus almas y sus cuerpos.

...Uno de los escritores religiosos de los primeros siglos señalaba que los cristianos se reunían para las oraciones en común, para que aquellos que tienen experiencia en la oración sostengan la oración de los no experimentados. Esta observación es igualmente válida en muchos casos de oraciones familiares de los esposos. Hay que acordarse de ello cuando se organiza la oración con los hijos.

...La oración en común, la regla de oración común acostumbra a una disciplina espiritual de oración. Si uno es débil, el otro lo sostiene. Vamos a la iglesia porque nuestra oración personal es sostenida por la oración común. Es con una oración común que la jornada comienza y se termina en los seminarios y academias religiosas. En los monasterios comunitarios la vida está fundada sobre la oración común. En ciertos lugares, incluso la oración de Jesús es pronunciada en común, ya que crea una fraternidad espiritual en Cristo, como dicen los maestros vueltos sabios por la experiencia.

...El costado exterior de la oración no es más que la forma de la oración. Su esencia, el alma de la oración, se encuentra de hecho en la inteligencia y en el corazón del hombre.

...“Todo nuestro ritual de oración, escribía san Teófano el Recluso, todas las oraciones compuestas para una utilización doméstica, están llenas de impulsos espirituales a Dios. Aquel que las lee, por poco atento que sea, no puede evitar este ascenso espiritual hacia Dios, más que si está totalmente desatento en lo que hace”.

...Es útil que los esposos, leyendo la regla cotidiana de oración en común, alternen la lectura en voz alta según los días o según las diferentes partes. Ello crea un equilibrio en la oración, activando una oración inteligente de los dos. Se puede prescindir de ello en las familias de los sacerdotes, donde el marido no pronuncia más que la primera y la última ecfonesis, y provisoriamente, en las familias donde uno de los dos esposos comienza.

...La segunda objeción contra la regla de la oración en común de los esposos consiste en lo siguiente: la oración es una relación personal de la persona con Dios, una emoción de las más íntimas. La experiencia de la oración es bastante individual, la oración con otro debilita el impulso de la oración personal. Dicha objeción es a menudo formulada por jóvenes sacerdotes, más raramente por laicos. Se plantea cuando uno de los esposos cree tener más experiencia de la oración que el otro. Es contra dicha objeción que están dirigidas las palabras del apóstol Pedro (1 P. 3, 7): “Maridos, tened una relación razonable con vuestras esposas […] respetándolas, como coherederas de la vida plena de la gracia, para que no haya obstáculos en vuestras oraciones”.

...Si se la vive en la unidad de alma y cuerpo, uno no puede elevarse espiritualmente sin la elevación y el apoyo del otro. Un sacerdote ahora fallecido confesaba: “He comprendido que si arrancaba adelante, y mi esposa se retrasaba, ella me tiraba de atrás, y viceversa”. A veces una desunión espiritual se produce entre marido y mujer, y el matrimonio se transforma en concubinato, o en vida común bajo un mismo techo. Ello se siente inevitablemente en todo el ambiente familiar.

...Cuando las necesidades de oración aumentan, la oración en común no debe nivelar la individualidad de la oración de cada uno de los esposos. Durante la regla de la oración común, como en la iglesia, cada uno reza más o menos a su modo, personalmente, pero conversa con Dios al unísono con los demás. Sin embargo, la oración en común no suprime la oración individual a lo largo del día […]

...El autor ha oído una vez: “No rezamos juntos porque se dice que no hay nada más peligroso que una oración formal”. El formalismo en la oración es un peligro que acecha por igual a quien reza en la soledad como a quien se encuentra en una iglesia llena de gente y quien se ha reunido con toda su familia ante el icono familiar. Hay que combatirlo con fuerza de voluntad y por la oración en si misma.

...Los cristianos de todos los tiempos han comprendido el hecho de que es indispensable para los esposos rezar en común. Según Tertuliano, en una familia cristiana feliz “los esposos rezan juntos, se arrodillan juntos, ayunan juntos, se sostienen y se dirigen mutuamente. Son igual en la Iglesia y en sus relaciones con Dios, comparten igualmente la pobreza y holgura, no tienen secretos el uno con el otro y no constituyen una carga entre sí […] Cantan juntos los salmos, y Jesucristo se regocija, viendo su modo de dirigir su casa, y envía su paz sobre esa casa y permanece allí entre ellos” […]

...Las oraciones familiares en común de los esposos nos vienen como modelos de vida del cristianismo más antiguo. Habiendo entre esposos una relación de oración, se puede no solamente ver y concebir sino sentir a su esposo o esposa como coheredero o coheredera de la vida de la gracia que comienza aquí sobre la tierra.

...El contenido y las formas de las oraciones familiares de los esposos pueden ser muy variadas. Se definen por la necesidad espiritual, la experiencia religiosa del marido y la mujer, por los acontecimientos vividos que experimenten la familia o aquellos que le son cercanos.

...La base de la oración cotidiana de un laico es la regla de oración matutina y vespertina. Sin embargo a veces, según las condiciones de vida sólo una de ellas puede ser común. La individualización de una de dichas reglas, a menudo la matutina, se vuelve ineluctable luego del nacimiento de un hijo: la mujer duerme después de haber debido levantarse a la noche por el niño y el marido tiene prisa de ir al trabajo. La oración común cotidiana debe ser bastante breve, para ser accesible con alegría para cada uno de los esposos…

...Los días de aflicciones y dificultades, de alegría y bienestar, se puede, además de las oraciones habituales, incluir de común acuerdo oraciones especiales. Semejantes ocasiones pueden ser un viaje previsto, la espera de un parto, el nacimiento de los hijos, el otorgamiento de un departamento y una multitud de otros acontecimientos de la vida, igual que el agradecimiento por haber obtenido lo que se pedía.

...La familia no debe encerrarse sobre si misma durante la oración. Siendo una parte de la Iglesia, debe rezar por toda la Iglesia y por sus jerarcas, por sus miembros, por el padre espiritual, por los parientes y los cercanos. La oración en común por alguien es una ayuda, no solamente para él, según la Palabra del salvador: si dos de entre vosotros se ponen de acuerdo para pedir por algo, lo que pidáis entonces mi Padre celestial os lo concederá (cf. Mt. 18, 19), sino que ella contribuye a la multiplicación del amor y al acercamiento espiritual de aquellos mismos que rezan. Es útil tener un díptico [lista de vivos y difuntos por los que se reza] común familiar. Une a los esposos en una preocupación común de acción y oración por los demás. Existe una fórmula especial de oración para la concordia […]

...Rezad juntos y que el Señor os ayude a edificar vuestras “iglesias domésticas”.


Gleb Kaleda

* * * * * * *

...Extracto de L’Église au foyer: les sources spirituelles et morales pour la création et l’édification de la famille, Cerf, 2000. Traducción del francés del Dr. Martín E. Peñalva.

domingo, 5 de abril de 2009

Los católicos surcoreanos ya entrenan misioneros para evangelizar Corea del Norte

P. J. Ginés

Corea del Sur, con sólo 4,8 millones de católicos, ya tiene 400 misioneros en el extranjero

Nadie lo duda: los mejor preparados para evangelizar Corea son los coreanos. En Corea del Sur hay casi 50 millones de habitantes, y sólo 4,8 millones son católicos. Pero es el país del mundo donde se dan más bautizos de adultos en el catolicismo. También el cristianismo protestante crece con fuerza.
Hay una primavera de vocaciones sacerdortales y un fuerte impulso misionero. Hay 400 misioneros católicos coreanos en el extranjero. Más de 150 están en Hispanoamérica. Otros muchos en EEUU, Australia, y países de Asia, incluyendo la atención a las comunidades católicas coreanas de Siberia. La diáspora coreana en todo el mundo aprecia tener sus propios sacerdotes y la misa en su idioma.
Pero el sueño de la Iglesia coreana es poder evangelizar en Corea del Norte, un país cerrado a cal y canto, dormido en el sueño totalitario de su dictador.

La Iglesia calcula que antes de la Guerra de Corea (1950-1953), había unos 55.000 católicos en Corea del Norte. En la diócesis norcoreana de Pyongyang había unos 20 sacerdotes. Quedan siete de ellos activos, viven en el Sur, por supuesto. El anciano monseñor Mateo Hwang In-kuk, nacido en 1936 y fugado del Pyongyang con 14 años, es el vicario episcopal de la capital del Norte. No puede pastorear a los católicos de su diócesis (suponiendo que quede alguno; se habla de que aún hay 4.000 católicos, clandestinos) pero desde el sur está entrenando nuevos sacerdotes para cuando llegue la unificación y caiga el régimen anticlerical de Corea del Norte.

La agencia Reuters recogía el 5 de marzo el inicio de curso de los 5 primeros seminaristas que ya están siendo entrenados específicamente para ser sacerdotes en el Norte. Y cada año se quiere añadir otra remesa de voluntarios. Serán diez años de formación, y quizá en 2019 el Norte siga siendo un país fantasma, cerrado al mundo y a la fe. "Nosotros, los viejos sacerdotes del norte, quizá estaremos muertos, pero nuestros estudiantes espero que no lo estén", dice monseñor Hwang.
Corea no es una esquina sin importancia para la Iglesia católica, sino una importante cabeza de puente en Asia. Es el país asiático con más católicos, después de Filipinas e India. Tiene incluso un cardenal, Nicholas Cheong Jin-suk, creado hace 3 años. Es una puerta para China. El idioma es distinto, pero en Asia, donde las formas de sentarse, de comer, de saludarse incluso, son absolutamente ajenas para el occidental, Corea es una plataforma de cercanía cultural que no se puede menospreciar.
El número de sacerdotes diocesanos es de 4.116, y atienden más de 1.500 parroquias en 15 diócesis. Los seminarios están llenos con cerca de 1.500 seminaristas. Asimismo también es muy fuerte la presencia de las congregaciones religiosas, con 9.861. religiosas y 1.539 religiosos. Los católicos están bien vistos por la población, porque se opusieron con valor a la ocupación japonesa (dieron muchos mártires que se negaron a ofrecer sacrificios al Emperador nipón). La comunidad católica también ha dado un presidente a Corea del Sur, Kim Dae-Jung, premio Nobel de la Paz en el año 2000.
En 1984, el Papa Juan Pablo II, en su viaje apostólico a Corea, agradecía a Dios la vitalidad de esta Iglesia asiática y, dirigiéndose al clero y a los religiosos y religiosas coreanos les decía: "Vuestro servicio ofrece grandes esperanzas para el futuro, no sólo para la Iglesia de vuestro país sino también para otros países que recibirán misioneros desde Corea. La Iglesia universal cuenta con vuestra aportación misionera".

fuente: Forum Libertas

jueves, 22 de enero de 2009

LOS CRISTIANOS ANTE LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO

Reflexión ecuménica

Viernes, 23 de enero.- « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51). La pregunta de Jesús al ciego de Jericó viene hoy a ilustrar maravillosamente la situación no sólo de quienes sufren y de los que les asisten, sino de la causa ecuménica en sí. Los salmos nos ayudan a comprender que los gritos que a Dios elevamos pueden ser la expresión de un profundo lazo con él. La compasión cristiana frente a la desesperación de los que sufren es un signo del Reino. Unidas, las Iglesias cristianas pueden hacer cambiar las cosas tratando de obtener para los enfermos la ayuda material y espiritual que necesitan. Todo ello es verdad, por supuesto, pero también lo es, yendo a lo propiamente espiritual del asunto, que las Iglesias divididas pueden ser viva imagen del ciego a quien Jesús ofrece curación: que la ceguera de las divisiones, de los odios, de las rivalidades, del distanciamiento intereclesial fue siempre la peor.

Aunque todavía separadas, nuestras Iglesias son conscientes de la compasión del Señor hacia los que sufren, mayormente los invidentes de la Verdad. Los cristianos siguieron siempre su ejemplo cuidando enfermos, construyendo hospitales, abriendo leproserías y preocupándose no sólo del alma sino también del cuerpo de los hijos de Dios. Sin embargo, esto no es tan evidente. Las personas con buena salud tienden a considerar que la salud es suya y a olvidar a los que no pueden participar plenamente en la vida de la comunidad debido a sus dolencias. En cuanto a los enfermos, se sienten a menudo apoyados por Dios, por su presencia, por su gracia y por su fuerza salvadora. Los que sufren repiten a veces la súplica del ciego: « ¡Que vea!» (Mc 10, 51). En el ecumenismo abundan los ciegos del alma, los sordos del corazón, los aquejados de minusvalías interiores. Y lo peor no es eso. Lo peor viene cuando los tales ignoran que también Jesús, que suplicó al Padre la unidad de su Iglesia, se dirige a ellos con la pregunta del Evangelio de Marcos; « ¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10, 51).

También ahora, como entonces, hay quienes se afanan por caminar con Jesús pero desentendidos por completo de la falta de unidad, ignorando al pobre ciego sentado al borde del camino, es decir, el sangrante mal de las divisiones intereclesiales. Es más, hoy son a menudo los enfermos de los países pobres pidiendo a gritos medicinas, lo que nos hacen reflexionar sobre los desafíos que más nos interpelan.

Los enfermos de la división intereclesial, que son los más, ni se preocupan acaso ni nos preocupan. Y es que se sigue creyendo, desdichadamente, que el ecumenismo es cosa de minorías, entretenimiento de unos pocos, que lo viven como un hobby. La enfermedad y el sufrimiento se han revelado a menudo factores más determinantes para el ecumenismo que el propio diálogo. El dolor curte, se dice a menudo. Y une, podríamos añadir, con su enorme potencia curativa y reconciliadora. Las Iglesias, por eso, haciendo suya la súplica del ciego, podrían rogar a Jesús: ¡Señor, haznos tu Iglesia!

PROF. DR. D. PEDRO LANGA AGUILAR, OSA
Reflexiones para la Semana de Oración por la Unidad 2009

Celebración de la Semana de la Unidad: documentos.

De: INFOEKUMENE

sábado, 6 de diciembre de 2008

La ventana de Johari y el cristianismo

    Pues sí. Hay un cristianismo inédito. No podemos ser adoradores de esa gran construcción, con zonas claras y oscuras, que es el cristianismo histórico. No debemos ser “cristianistas” sino aprendices de cristiano, seguidores de Jesús. Hay que “abrir ventanas“, incluidas las de Johari…


Probablemente alguna vez hemos oído hablar de la ventana de Johari. Es un modelo útil que describe el proceso de la interacción humana. Describe el conocimiento personal en cuatro tipos, representado por sus cuatro cuadrantes o ventanas: abierta, oculta, ciega y desconocida.
  • La ventana “abierta” representa las cosas que ambos conocemos. Las que uno sabe sobre sí mismo y que el otro también conoce. (Yo sé-tú sabes)
  • La ventana “oculta” representa aquello que yo conozco sobre mí, y que mi interlocutor desconoce completamente. (Yo sé-tú no sabes)
  • La ventana “ciega” representa las cosas que mi interlocutor sabe sobre mí, pero de las cuales yo soy inconsciente. (Yo no sé-tú sí sabes)
  • La ventana “desconocida” representa aquello que yo no conozco sobre mí mismo, y tampoco puede conocerlas mi interlocutor. (No sabemos)

Os invito a aplicarlo a la vida cristiana.

  • La ventana ‘abierta’ podría ser lo que todos conocemos. Todos: cristianos de base, pastores, miembros de otras religiones, sociedades en las que vivimos,… conocemos abiertamente muchas cosas sobre la vida cristiana y su mensaje fundamental: el amor hasta el extremo, la centralidad de los pobres, una vida desde el Reinado de Dios y la paternidad-maternidad de Dios, la esperanza cristiana. Lo conocemos y transmitimos abiertamente, siendo conocido y reconocido por todos.
  • La ventana ‘oculta’ podría ser lo que los cristianos conocemos bien, pero no hemos sabido transmitir por el motivo que sea: falta de testimonio, otras insistencias que ocultan el núcleo del mensaje, falta de interés por parte de otros, desconocimiento real de algunos por falta de contacto con la vida cristiana, etc
  • La ventana ‘ciega’ es lo que los demás conocen de nosotros, desde fuera: la imagen que damos, tanto en los aspectos positivos como en los negativos. La sociedad, otros cristianos, otras religiones tienen una “imagen” de nosotros que completa la realidad de lo que somos. No sólo somos eso, pero también somos eso.
  • La ventana ‘desconocida’ podría ser ‘el otro cristianismo posible’ que no conocemos (aunque lo podemos intuir y soñar). Sería ese “otro modelo” del que estaríamos gozando si la historia nos hubiera llevado por otros derroteros: más metafóricos que metafísicos, más carismáticos que estructurales, más democráticos que jerárquicos, más prácticos que teóricos, más sugerentes que dogmáticos, más multiformes que uniformes, más optimistas que ‘terroristas’, más liberadores que amenazantes, más experienciales que doctrinales, más del “disfruta” que del “merece”, más del ‘sí’ que del ‘no’, más del ‘espíritu’ que de ‘la letra’, más del ‘ya’ que del ‘todavía no’, más del pobre que del templo, más del ‘desde abajo’ que del ‘desde arriba’, más de la ‘presencia’ que del ‘intervencionismo’ de Dios, más del amor que del temor, más de la ayuda que de la censura, más del silencio que del juicio, más del ‘creo’ que del ‘es’, más del ‘te doy de comer’ que del ‘Señor, Señor’…

Mirar por la ventana desconocida sería mirar por ese “otro cristianismo posible”, que evidentemente tiene trazas abundantes en la realidad actual. Por eso, al hablar de los derroteros por los que nos ha llevado la historia, me refiero a ‘derroteros institucionales’, ‘oficiales’, porque sabemos que todos los elementos han estado siempre presentes en la historia del cristianismo: no los hemos inventado nosotros. La cuestión es “configurar el cristianismo desde ellos, y no desde otra cosa. Aunque podemos intuir ese otro cristianismo, no deja de ser un cristianismo ‘desconocido’ hoy, al menos en su lado institucional.

Esta descripción de las ventanas estaría, de algún modo, cambiando según lugares y épocas (engrosando la lista de lo ‘oculto’ hoy).

Es evidente que el modelo nos propone una visión multiforme de la realidad cristiana, en la que cada ventana explica lo que “somos”, lo que “también somos” y lo que “podríamos ser”.

Para terminar, basándome en el modelo, me atrevo a sacar las siguientes conclusiones:

  • Tenemos que intentar ser más abiertos con el mensaje, para que todos puedan conocer el tesoro que tenemos. Para ello debemos insistir en lo positivo, lo que une, lo que otros cristianos de otras confesiones también viven, lo que construye humanidad, lo que es buena noticia. Y sobre todo, hemos de seguir dando testimonio, contagiando.
  • No tenemos que ocultar nuestro tesoro cristiano, mediante insistencias que hacen “desconectar” a la gente de hoy, y desnaturalizan la propuesta cristiana. Debemos ir a lo fundamental, a lo más evangélico, a lo compartido desde los orígenes, sin maquillajes y deformaciones posteriores que comprometen la unidad (y el sentido común).
  • Ojalá evitemos estar ciegos. Tenemos que ver lo que nos están diciendo la sociedad, otras iglesias, otras religiones (y por supuesto otros cristianos, especialmente mujeres y laicos). Ojalá estemos dispuestos a escuchar de verdad, a perder cegueras, a quitarnos orejeras, a ser curados, a convertirnos de corazón (y de estructuras), para poder completar la visión de la maravilla de ser cristiano sin artefactos ideológicos y estructurales que consideramos intocables.
  • Arriesguémonos, entremos en el mundo del cristianismo desconocido. Probemos otros caminos, desde otros paradigmas, desde otros lenguajes, desde otras insistencias, desde la praxis del amor, desde la locura de un evangelio que no necesita tantos aparatos institucionales. Sacudámonos el polvo del camino, y andemos descalzos por senderos desconocidos, guiados por la fe, por la constatación de un “algo está fallando”, por el deseo de “otro cristianismo posible”, por la intuición de que “algo nuevo está viniendo”…

...Menos mal que hay muchos más, que intentan abrir tantas ventanas para que siga entrando aire fresco en el mundo y en la Iglesia.

Fuente: Atrio, 30-Octubre-2008 Mario Cervera

lunes, 12 de mayo de 2008

Sobre la Iglesia

Texto de la Conferencia “Sobre la Iglesia“, pronunciada en el Centro Teológico de Zaragoza, el 11 de febrero del 2008m por Mons Fernando Sebastián

Entiendo que esta invitación para dar una conferencia sobre la Iglesia no pretende que yo os exponga aquí en menos de una hora un tratado completo sobre la Iglesia. Las últimas generaciones de cristianos tenemos una magnífica escuela donde aprender la verdad de nuestra Iglesia en los documentos del C. Vaticano II, especialmente las Constituciones Lumen Gentium y Gaudium et Spes.

Más bien creo que lo que esperan de mi quienes han invitado a estar hoy aquí con vosotros, es que os presente unas cuantas ideas o sugerencias personales que nos ayuden a fortalecer algunas convicciones fundamentales sobre el ser de la Iglesia y a mantener firme nuestra confianza en ella a pesar de las muchas críticas, tan injustas como disparatadas, que tenemos que oír frecuentemente.

El Papa Benedicto les decía hace poco a los Obispos portugueses que tenemos que hablar más de Dios y de Jesucristo y menos de la Iglesia. Yo también estoy convencido de ello. Pero se me ha pedido que os hable de la Iglesia, he pensado que podría ser útil para vosotros presentaros unas cuantas afirmaciones que os ayuden a conservar viva la alegría de ser hijos y miembros de la Iglesia de Jesucristo, a pesar de las muchas cosas disparatadas y mal intencionadas que se dicen contra ella.

Iª, NO OLVIDEMOS NUNCA QUE LA IGLESIA COMIENZA CON JESUCRISTO.

Se habla y se escribe muchas veces de la Iglesia fijándose exclusivamente en la conducta de unas personas concretas, o en lo que pensamos que hicieron los cristianos una época determinada. Así, los medios de comunicación y a veces los mismos cristianos, hablamos de lo que la Iglesia hizo o dejó de hacer, de si la Iglesia española está o no está adaptada a las exigencias de la democracia. En una acción o en unas palabras, a veces deformadas en los titulares de los periódicos, encontramos base suficiente para alabar o criticar a la Iglesia en general. Así nuestra confianza en la Iglesia y nuestro amor por ella están siempre en peligro, pendientes de cualquier actuación discutible de una persona determinada.

Los cristianos no podemos olvidar nunca, ni siquiera en nuestros comentarios más espontáneos, que Jesucristo es la Cabeza, el Principio de la Iglesia, y con El forman parte indiscutible de la Iglesia la Virgen María, los Apóstoles, los mártires y los santos de todos los tiempos.

Podemos opinar como nos parezca de la actuación o del pronunciamiento de un sacerdote, de un obispo o de una organización de fieles. Pero eso no debe llevarnos a hacer juicios generales ni mucho menos a perder la confianza en la santa Madre Iglesia. La Iglesia verdadera comienza en Jesucristo. Cuando queramos referirnos a “la Iglesia” tenemos que pensar que estamos señalando primariamente a Jesucristo, y con El a la Virgen María, a los santos, a tantas personas buenas que viven o vivieron tratando de hacer el bien siguiendo las enseñanzas y los ejemplos del Señor.

Hablando con propiedad, la Iglesia es ante todo el grupo de Jesús con sus discípulos, en Galilea, en el Sermón de la Montaña, en el Cenáculo. La Iglesia es Pentecostés, la Iglesia son los Doce Apóstoles predicando cada uno el mensaje de Jesús en una parte del mundo. La Iglesia son ahora los cristianos del mundo entero, en Africa, en América, en China, siempre en continuidad histórica con la comunidad de Jesús, siempre en comunión espiritual con los santos de todos los tiempos, siempre animados interiormente por el Espíritu del Señor resucitado.

La Iglesia, los cristianos, somos en el mundo la continuidad histórica de Jesús, el cuerpo visible de su presencia invisible, identificados espiritualmente con él, por el sacramento de la Eucaristía, por el que Cristo está junto a nosotros, haciéndonos su familia y su Iglesia, en todos los lugares y en todos los tiempos.

Si tenemos esto en cuenta, 1º, Nuestros juicios serán más moderados y más prudentes. Cuando nos digan que la Iglesia está aliada con el PP, o que la Iglesia estuvo con Franco, o que está siempre con los ricos, podremos admitir tranquilamente lo que sea verdad sin que por eso quede comprometida nuestra veneración por la Iglesia de Jesús y nuestro gozo por ser miembros suyos. Estemos o no estemos de acuerdo con lo que haya hecho un determinado señor o con lo que hicieron unos señores en unas determinadas circunstancias, podremos seguir estando orgullosos de nuestra Iglesia. Las sombras de nuestros errores y debilidades hacen que resalten más la grandeza de Cristo, de sus ejemplos y enseñanzas, y el esplendor de la vida de tantos miles y millones de santos, antiguos y modernos, que hermosearon el mundo y aliviaron el dolor de tantos hermanos con sus buenas obras.

Si criticamos la actuación de unos comerciantes, o de unos abogados, o de un grupo cualquiera de españoles, nunca diremos España ha actuado mal. Esa misma cautela tenemos que tener y tendrían que tener todos con la Iglesia. La realidad inmensa y misteriosa de la Iglesia merece más respeto, porque la Iglesia es Cristo en nosotros, Cristo perdonando, santificando y salvando a la humanidad, a los que creen en El y se dejan conducir por El.

Y 2º, cuando tenemos esto en cuenta, las deficiencias en el comportamiento de algunos cristianos, las deficiencias en el funcionamiento de algunas instituciones (que pueden ser reales), y las decepciones que podamos padecer en consecuencia, se quedarán en sus dimensiones justas, y no afectarán nunca a nuestro amor a la Iglesia, a la participación en su vida y en su misión. ¿Cómo puede ser que unos cristianos se marchen de su parroquia y dejen incluso de practicar la vida sacramental por un enfado con su párroco? O ¿cómo puede ser que otros digan que no van a poner la crucecita porque un obispo ha dicho algo que no les ha gustado? Se les podría preguntar, pero ¿qué es la Iglesia para ti? Si la vemos siempre encabezada por Jesús, El solo, por encima del buen o del mal comportamiento de los cristianos, será siempre razón suficiente para quererla y servirla con alegría y con entusiasmo a pesar de todos los pesares. Si los que viven fuera de la Iglesia no lo ven así, puede resultar explicable, no lo sería si no lo viéramos los que queremos de verdad vivir como buenos cristianos.

IIª. NO PENSAR SOLO EN LA IGLESIA DE SAN PEDRO, PENSEMOS TAMBIÉN EN LA IGLESIA DE LA VIRGEN MARÍA.

Que quiero decir con esto? Quiero decir que en la Iglesia lo más importante no es la Jerarquía, el Papa con el conjunto de los Obispos y de los sacerdotes, sino que lo más importante, lo verdaderamente decisivo en la Iglesia es la santidad, la oración y la adoración, el amor a Dios y al prójimo, la fortaleza y la fidelidad en las dificultades, las obras de misericordia, el desprendimiento de los bienes de este mundo y el amor a la vida eterna.

No es que se pueda separar lo uno de otro, la Iglesia es la comunidad de los discípulos de Jesús, tal como la quiso El, presidida por los Apóstoles y sus sucesores, unificada en torno a la Eucaristía y santificada por los sacramentos. Pero la riqueza primordial de esta comunidad de discípulos no es la organización, ni son los diferentes ministerios establecidos por el Señor para servir al Pueblo de Dios en sus necesidades espirituales. La principal riqueza del Pueblo de Dios y de la comunidad cristiana es la caridad, el amor a Dios y al prójimo, las obras de misericordia, la oración de los contemplativos y los trabajos de quienes se esfuerzan cada día por mejorar la vida y aliviar los sufrimientos del prójimo.

Desde la más antigua tradición, la Virgen María es como la síntesis y la mejor representación de esta dimensión mística de la Iglesia, la dimensión del amor, de la fidelidad, de la unión espiritual con Jesús, la riqueza interior y exterior de las buenas obras, el esplendor de la humanidad renovada por la presencia de Jesucristo y la acción del Espíritu de Dios en nosotros sus siervos.

Hay una compenetración espiritual entre la Virgen María y la Iglesia universal, en virtud de la cual, María es la mejor representación de la Iglesia entera. Además de Madre de Jesús, María es la primera y la mejor discípula, el cumplimiento de la obra de Jesús en la renovación de la humanidad entera, el proyecto de la nueva humanidad en su perfección más acabada y más amable. La Virgen María es el núcleo, lo más santo, lo más hermoso de la Iglesia, la criatura que mejor responde a los deseos de Dios y mejor colaboró y colabora con su providencia de amor y salvación.

Aunque los Obispos y los sacerdotes seamos en la Iglesia lo más notorio, lo que más se ve, a veces somos también los más criticados, no somos lo más importante. Lo más importante, después del Jesús, es la Virgen María, y con ella los santos y las santas de todos los tiempos. Lo más importante en la Iglesia es la confianza en Dios, la caridad con el prójimo, la abnegación de uno mismo por el bien de los demás. Eso es lo que hace realmente grande a la Iglesia y le da fuerza para ser signo y sacramento de la presencia salvadora de Dios en el mundo.

Cuando algunos cristianos, o cristianas, se quejan de que la Iglesia no conceda la ordenación sacerdotal a las mujeres, cuando interpretan esta práctica como una discriminación en contra de las mujeres, yo les pregunto ¿quién es más importante en la Iglesia, San Pedro o la Virgen María? ¿Quiénes son más importantes en la Iglesia española, los obispos que firmaron la carta de 1937 o los miles de mártires que fueron fusilados en el verano del 36 por no renegar de su fe en Dios y en Jesucristo?

En la prensa, en la mayoría de los comentarios, en la misma práctica de la Iglesia, quienes tenemos alguna misión jerárquica somos considerados como los más importantes. Y esto nos lleva a que la Iglesia sea considerada como una institución de poder, en la que la autoridad y los cuadros dirigentes son lo principal, como suele ocurrir en las sociedades humanas. Pero en la Iglesia no es así. Las palabras de Jesús nos hacen pensar de otra manera. “El que quiera ser el primero que se haga servidor de todos” “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. En la Iglesia todo es transitorio menos el amor, menos la vida eterna. En la hora definitiva a todos nos juzgarán por el amor, todo lo que hayamos hecho en la vida fuera de la voluntad de Dios y del amor al prójimo será consumido por el fuego y únicamente será aceptado lo que hayamos hecho humildemente guiados por el Espíritu Santo y movidos por el amor. Y esto vale para todos, para los laicos y para los clérigos, para los seglares y para los religiosos, para los tradicionalistas y los renovadores. A todos nos juzgarán por el amor que hayamos practicado en nuestras vidas, ésa es la jerarquía definitiva en la presencia de Dios.

La Iglesia de Jesús es también la Iglesia de la Virgen María y de los santos, es la Iglesia del amor, la Iglesia de la oración y de la alabanza, la Iglesia del trabajo y del servicio de cada día, de las buenas obras, de la humildad y de la misericordia, del perdón y de la paciencia. Yo espero que, con el tiempo, la imagen de la Iglesia en el mundo ayude a ver esta dimensión espiritual de la Iglesia como lo más importante en la vida de cada uno y en el conjunto de la comunidad de los discípulos de Jesús.

Nos vendrá bien recordar estas consideraciones cuando nos asalten tentaciones de vanidad y de soberbia pensando que somos más y mejores que los demás, o cuando hacen mella en nuestro ánimo las críticas contra los personajes más sobresalientes de nuestra Iglesia. Nadie puede medir el amor que una persona pone en el desempeño de sus cargos y de sus obligaciones. Nadie puede negar que en la Iglesia de hoy, como en la Iglesia de todos los tiempos haya muchas personas buenas que oran y alaban a Dios, que hacen el bien de mil maneras, sin hacer ruido, sin llamar la atención de nadie. Nadie sabe quién es más importante ante Dios o quien está haciendo cosas más importantes para la salvación del mundo. Sin embargo, sí podemos decir que la santidad y la bondad de muchos cristianos alivian los sufrimientos y embellecen la vida del mundo.

IIIª. NO ES DE ESTE MUNDO PERO ESTÁ PRESENTE EN TODOS LOS RINCONES DEL MUNDO.

Desde hace unos cuantos años se nos pide a los cristianos que vivamos con los pies en el suelo. Se critica a la Iglesia y a la religión en general de perderse en las alturas del cielo y ocuparse de los asuntos impalpables de la vida eterna. Un ateo presuntuoso pudo decir “Nosotros nos ocupamos de las cosas de la tierra y dejamos el cielo para los pájaros”.

Pues bien, nosotros los cristianos podemos decir que nos ocupamos de las cosas de la tierra con la máxima verdad y seriedad, precisamente porque tenemos el corazón en el Cielo. Estamos salvados en la esperanza, reza el título de la reciente encíclica del Papa Benedicto XVI, sabemos que tenemos abiertas las puertas del Cielo por el poder de Dios que resucitó a Jesús y vivimos sostenidos y guiados por esta esperanza. Vivimos en la tierra cogidos de la mano del Dios del Cielo, por eso nos sentimos con fuerza para caminar, por eso sabemos cual es el verdadero sentido de nuestra vida, por eso nos sentimos libres de las esclavitudes de este mundo y podemos amar a nuestros prójimos con un amor verdadero, generoso, sacrificado y fuerte, que es el amor con el que Dios nos ama y nos ayuda a todos. La esperanza de la vida eterna es libertad y fortaleza para amar, para servir, para sacrificarse por el bien del prójimo.

Los cristianos, en la medida en que somos Iglesia por dentro, en el interior de nuestros corazones, vivimos con Jesús y con los santos, vemos delante de nosotros el esplendor de la patria eterna, y eso nos da fuerzas para superar los sufrimientos y las dificultades de esta vida, nos ayuda a vencer los poderes y las ambiciones de este mundo y libera nuestros corazones para amar a los demás y dedicarles nuestras energías y nuestro tiempo con la fortaleza y la generosidad de N. Señor Jesucristo.

Cuanto más identificados estamos con los santos del Cielo, más fuertemente nos sentimos movidos a ayudar a nuestros hermanos a conocer la verdad y las promesas de Dios, a proceder siempre y en todo con verdad y rectitud. Desde la atalaya del juicio de Dios y de la vida eterna podemos percibir y valorar la verdad o la mentira de todos los momentos y circunstancias de nuestra vida. Nada hay que escape a esta iluminación. Nada que no necesite esta perspectiva de eternidad para ser del todo humano y justo. Ni el amor de la familia, ni el verdadero valor del dinero, ni el poder y la responsabilidad de los políticos descubren sus verdaderas dimensiones si no sabemos situarlas en esta perspectiva de la vida eterna. Esta es precisamente la misión fundamental de la Iglesia, ayudar a todos los hombres y ver la verdad de la vida y a vivirla en rectitud y justicia iluminando la trama entera de nuestra vida con la luz de la resurrección de Cristo y organizándola en función de la salvación eterna.

Se equivocan los que piensan que adorar a Dios y vivir en comunión con Dios nos apartan del mundo. Y se equivocan también quienes piensan que la Iglesia y los cristianos tienen que dejar de ser religiosos para alcanzar una presencia significativa y operante en el mundo. Al contrario, cuanto más cerca de Dios estamos, más capaces somos de intervenir para bien en todos los asuntos de la vida terrestre.

Si la Iglesia, si los cristianos, alguna vez, no hemos sido, o no somos, suficientemente generosos, si no nos interesamos por los pobres como deberíamos, si no luchamos suficientemente contra las injusticias, si somos egoístas y nos dejamos ganar por los bienes de este mundo, no es porque vivamos con el corazón ocupado y evadido en las cosas celestiales, sino precisamente por todo lo contrario, porque no somos suficientemente celestiales, porque no vivimos en comunión espiritual con Jesús resucitado, porque no estamos cerca de Dios, porque no tenemos puesto el corazón en la esperanza de la vida eterna, en esa vida eterna que es transparencia, amor, solicitud de unos por otros, alegría y gratitud por el bien de los demás, alabanza de Dios por el bien de todos.

El remedio para nuestra mediocridad y el aguijón para avivar nuestra solidaridad con los pobres y nuestro trabajo por la justicia no está en hacernos más seculares y más metidos en el mundo, dejando de lado la oración y la esperanza de la vida eterna, sino en hacernos más celestiales, en vivir más cerca de Dios, en vivir muy cerca del corazón de Jesús resucitado que nos dice “ama a tus hermanos como eres amado por mi Padre, perdona como eres perdonado, sirve como eres servido, ayuda a los demás como tú eres ayudado y acogido por el amor del Padre que te salva”.

IV ª, SANTA Y PECADORA.

En nuestro ambiente son muy frecuentes las acusaciones de hipocresía contra la Iglesia. Cualquier error o cualquier pecado de un eclesiástico es motivo suficiente para negar la santidad y la credibilidad de la Iglesia. No tenemos que tener reparo en afirmar y defender la santidad de la Iglesia. Decir que la Iglesia es santa no quiere decir que nosotros nos presentemos como santos. La Iglesia es santa por sí misma, precisamente en lo que no depende de nosotros. La Iglesia no es santa por nosotros, sino que nosotros somos santos por la Iglesia. Esto se entiende muy bien después de lo que hemos dicho. La Iglesia es Jesús, su vida, sus enseñanzas, su presencia misteriosa en nosotros. La Iglesia es la Eucaristía, los sacramentos, la fortaleza de los mártires, el amor y las obras admirables de los santos.

Pero la humildad y el realismo nos obligan a reconocer que la Iglesia, de alguna manera, también somos nosotros, todos los bautizados, por eso, mientras peregrina por este mundo, la Iglesia no es totalmente santa, nosotros con nuestros pecados, con nuestra tibieza, con nuestras omisiones, hacemos que no sea enteramente santa, como lo será después de la consumación, cuando al final de los tiempos Dios separe el trigo de la cizaña y el fuego de Dios purifique en nosotros todo lo que no es santo.
De lo cual podemos sacar dos consecuencias provechosas. La primera es que los escándalos que se puedan producir, y es verdad que se producen muchos, más de la cuenta, no tienen que disminuir en nosotros el amor y la devoción por nuestra Madre la Iglesia. La Iglesia, por sí misma, en sus orígenes y en sus fuentes, en su doctrina y en sus medios es santa y santificadora. Sus miembros, en la medida en que somos fieles a lo que de ella recibimos, nos santificamos, nos acercamos a Jesús y prolongamos sus obras de salvación. Ningún error, ningún pecado de sus hijos debilita ni mancha esta santidad esencial y definitiva de la Iglesia.

La segunda conclusión es que por correspondencia a los muchos bienes que en ella recibimos, por gratitud a Dios que nos llamó y a Jesús que nos redimió con su muerte, por lealtad con tantos hermanos santos como tenemos, nosotros tenemos también que ser dóciles a las enseñanzas de la Iglesia, dejarnos guiar por ella para que nosotros brille también la bondad de Dios y el esplendor de la nueva humanidad fundada y difundida por N.S. Jesucristo.

Vª. FUERTE EN LA DEBILIDAD

Muchas veces los cristianos somos impacientes y equivocamos el camino para hacer las cosas. Queremos responder a las críticas que padecemos con el mismo lenguaje, con los mismos estilos con que nos critican. Pretendemos servir al Reino de Dios con los mismos medios con que nos persiguen o se burlan de nosotros sus enemigos. Queremos ser fuertes teniendo más recursos, más influencias, más poder y más riquezas, para ponerlo todo al servicio del Reino de Dios. Así pensaba también San Pablo agobiado por las muchas dificultades que encontraba en su ministerio, y él mismo dice que el Señor le corrigió, haciéndolo comprender otra cosa: “te basta mi gracia”. “La fuerza de Dios se manifiesta en tu debilidad”. San Pablo aprendió la lección y sacó una consecuencia que nosotros también tenemos que aprender: “Cuando soy débil, entonces es cuando soy más fuerte”.

Hay un misterio en todo esto que no es fácil de comprender. Parece lógico que queramos disponer de los mejores medios y de los mayores recursos para difundir la palabra de Dios, para apabullar a los enemigos de Dios con la fuerza de nuestros argumentos y la abundancia de nuestros recursos. No nos damos cuenta de que la abundancia de bienes materiales y de recursos humanos puede engañarnos haciéndonos creer que somos nosotros quienes hacemos el bien, en vez de confiar humildemente en Dios y atribuirle a El lo que es obra de su bondad y de su amor.

Es el misterio de David contra Goliat, es el misterio de la debilidad de los mártires que con su fidelidad vencen la soberbia de sus verdugos, es en definitiva el misterio de la suprema debilidad de Cristo crucificado que con su obediencia filial al Padre vence las fuerzas del Mal precisamente cuando aparenta ser más débil.

El progreso y la vida del Reino es obra de Dios y Dios ha escogido el camino de la debilidad porque ha escogido el camino del amor. Dios nos ha creado a su imagen, como seres libres, responsables de nuestra vida, y quiere que crezcamos en la verdad y en el amor. Por eso mismo Dios respeta nuestros ritmos, se queda como en segunda fila, dejándonos tiempo y espacio para que nosotros vayamos asumiendo nuestras responsabilidades y haciendo a nuestro paso las tareas que nos corresponden.

Eso que algunos llaman el silencio de Dios, es en realidad el respeto y el amor de Dios. Este silencio de Dios llegó a su punto máximo en la pasión de Jesucristo. Fue el silencio de Dios el mayor amor con que Dios nos amó, dejando que Jesús venciera para siempre las fuerzas del mal, con la fuerza victoriosa de su obediencia y de su fidelidad. En El se cumplió sobre manera la afirmación de Pablo, “Cuando soy débil entonces es cuando soy más fuerte” “Todo lo puedo con la fuerza de quien me sostiene”. Este modo de obrar es una constante en la providencia de Dios, que escoge a los débiles para vencer a los fuertes, que prefiere la ignorancia de los sencillos de corazón a la sabiduría de los presuntuosos. En las relaciones con Dios todo es libertad. Esa es la debilidad y la fuerza invencible de la Iglesia.

No es fácil aprender y vivir esta lección del evangelio y de los Apóstoles. Al experimentar la debilidad de la Iglesia frente a la potencia material del laicismo fácilmente nos dejamos llevar del pesimismo o del mal humor. No nos acabamos de creer que será la debilidad de la palabra de Dios anunciada fielmente en medio de las dificultades, la debilidad de las familias cristianas fieles y fecundas, generosas y hospitalarias, el evangelismo de los discípulos de Jesús, lo que acabará venciendo las arrogancias del materialismo y convenciendo a las personas de buena voluntad. Cuando parecemos más débiles en contraste con los poderes del mundo, entonces es cuando somos más fuertes, si de verdad ponemos nuestra confianza en la palabra de Dios y en la fuerza del Espíritu.

Este fue el método de Jesús. Su Reino no era de este mundo. Su fuerza no estaba en los recursos de este mundo, sino en la fuerza de su inocencia y de su misericordia. La fuerza de Jesús es la fuerza de la verdad y del bien, la fuerza de Dios. Así lo mostró ante el siervo adulador que le abofeteó en la presencia de Herodes: “si he hablado mal dime en qué, y si no he hablado mal por qué me pegas”.

VIª. ES DE TODOS PORQUE NO ES DE NADIE

Quienes hemos tenido alguna experiencia en el gobierno y la representación de la Iglesia, hemos podido comprobar más de una vez cómo, en las discusiones y proyectos temporales, todos quieren contar con el apoyo y la aprobación de la Iglesia, quieren como acapararla para recibir el respaldo de su aprobación. A sus argumentos y estrategias quieren añadir el poder decir, “tengo razón, estoy en el buen camino, ¿no veis cómo la Iglesia está conmigo? Lo hacen las derechas y las izquierdas, los pobres y los ricos, los monárquicos y los republicanos. Todos quieren que la Iglesia les dé la razón y se enfadan contra nosotros cuando no lo hacemos.

Ahora mismo, no sé si para perjudicar al PP o para perjudicar a la Iglesia,+ seguramente para perjudicar a los dos, desde el Partido Socialista están lanzando el mensaje de que la Iglesia trabaja para el PP, y el PP está dominado por la Iglesia. Nada de eso es verdad. En su origen, en su fin y en sus medios, la Iglesia nace de Jesucristo, es de Jesucristo y se debe en todo a Jesucristo. En España hemos aprendido perfectamente la enseñanza del Concilio cuando nos dice que la Iglesia es una comunidad religiosa que viene de Dios y está en el mundo para mantener viva la misión salvadora de Jesús, sin competencia sobre los asuntos temporales. Nosotros sabemos muy bien que la Iglesia es enteramente de Cristo, y no puede entregarse a nadie más.

Y no lo podemos hacer, porque la Iglesia es de Jesús, porque la Iglesia es Jesús, porque por ser cristianos tenemos la mentalidad de Jesús, los proyectos de Jesús, las aspiraciones de Jesús y los procedimientos de Jesús. El ser cristianos nos hace ingresar y pertenecer a una comunidad diferente de todas las demás comunidades y agrupaciones. Seguimos siendo ciudadanos, participamos como todos en todas las cuestiones temporales que nos afectan a nosotros y afectan a nuestros prójimos. Pero además somos miembros de esta comunidad nueva de los amigos de Jesús que nos permite adorar a Dios con la religión filial de Jesús y nos enseña a poner el bien de los demás como objetivo primario en todas nuestras actividades y en todos los órdenes y momentos de la vida. Podemos ser cristianos viviendo en cualquier país, trabajando en cualquier oficio, manteniendo unas preferencias determinadas en economía, en política, en los diferentes aspectos de nuestra vida. Pero siempre hemos de tener muy claras dos cosas.

1ª, Ningún país, ningún partido, ninguna clase de personas puede adueñarse de la Iglesia que sería tanto como adueñarse de Jesús y del mismo Dios. Nadie tiene privilegios delante de Dios, nadie puede pretender tener el monopolio de las enseñanzas y del espíritu de Jesucristo, negándoselas a los demás.

2ª, Esté en donde esté, sea lo que sea, pertenezca a lo que pertenezca, un cristiano nunca puede poner las ideas o los objetivos de su organización, de su grupo o de su pueblo por encima de las enseñanzas, de los objetivos y de las normas de la Iglesia, que nacen de la enseñanza de Jesús y de los Apóstoles. Nuestra respuesta al amor de Dios está por encima de cualquier otra doctrina. Los cristianos no aprendemos a ser cristianos ni a ser justos en los cursillos de ningún partido, sino en la persona de Cristo creída y amada por encima de todas las cosas. Los que militan en una asociación cualquiera no pueden pretender que la Iglesia se ajuste y se someta a las exigencias de su organización, sino que tienen que procurar que en su organización se tengan en cuenta las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y si no pueden hacerlo lo que tendrían que hacer es marcharse a otro sitio. Cuando los dirigentes o los miembros de algún partido, presentándose como católicos, quieren que la Iglesia se acomode a las directrices de su partido para poder vivir cómodamente en la Iglesia y en el Partido, yo les diría que por qué no intentan que su Partido acepte las enseñanzas de la Iglesia en materias morales como la familia, el respeto a la vida y otras cosas semejantes.

Manteniéndose libre de todo enfeudamiento, la Iglesia puede estar presente en todos los países y en todas las culturas, a todos los ofrece los mismos bienes y con todos entra en comunicación, purificando, enriqueciendo, humanizando y santificando la vida de todas las personas y de todos los pueblos. De esta manera, es a la vez una y múltiple, enriquece el patrimonio de cada pueblo respetando su identidad y actúa suavemente como una fuerza convergente que acortando distancias entre pueblos y culturas, construyendo la unidad real de la humanidad en torno a la verdad de Dios y a la Persona santa de N.S. Jesucristo, Señor y Pastor universal de toda la humanidad. En torno a Jesucristo, todos los pueblos, formamos un solo pueblo, con nuestros elementos culturales comunes, nuestra historia y nuestros antepasados comunes, nuestras costumbres y nuestras fiestas aceptadas y celebradas por todos. De esta manera la unidad de la Iglesia es germen y vínculo de unidad y de crecimiento para la humanidad entera.

VIIª. SE ACTUALIZA PERO NO SE ACOMODA

Hoy es muy frecuente oír “es que la Iglesia tiene que acomodarse a los nuevos tiempos”. Incluso hay quien piensa y nos dice que para que los jóvenes se acerquen a la Iglesia tenemos que cambiar y acomodarnos a los tiempos en muchas cosas de diversa importancia, desde la ordenación de las mujeres, hasta la doctrina sobre el matrimonio o la moral sexual. Si recordamos lo que decíamos al principio veremos fácilmente el error de esta manera de pensar. La Iglesia es de Jesús, viene de Jesús, conserva las enseñanzas de Jesús, vive con el espíritu de Jesús, busca y espera las promesas de Jesús. Por eso no necesita imitar a nadie ni puede someterse a nadie. La Iglesia no puede vivir a remolque del mundo. Los cristianos no podemos imitar la vida ni copiar la moral de los no cristianos. Nos alimentamos de nuestras propias tradiciones, tenemos nuestra propia doctrina, mantenemos nuestros propios modelos de vida.

Es verdad que no podemos vivir al margen de lo que ocurre en el mundo. El amor del prójimo nos obliga a transmitirles la buena noticia del amor de Dios y de las promesas de la vida eterna del mejor modo posible para que ellos también puedan vivir con la alegría y la esperanza con que nosotros vivimos. Y para eso tenemos que saber cómo piensan y cómo viven, pero lo que nosotros hemos de vivir y lo que hemos de trasmitirles no nos viene de ellos sino de nuestro Señor Jesucristo por la tradición de los Apóstoles. Esto ha sido así siempre y tendrá que seguir siendo en el futuro. Si el mensaje cristiano tuviera que cambiar sometiéndose a las tendencias de cada cultura y de cada época, pronto perdería su identidad diluido entre las opiniones de los hombres.

Esta doctrina no es siempre del agrado de los poderosos. El mundo considera injuria la existencia de una comunidad que no se someta a sus criterios. El poder temporal, dejándose llevar de su dinámica interior, pretende a veces extender desmesuradamente sus competencias para dominar al hombre entero. Los poderes de este mundo no admiten que nadie desde abajo les marque sus limitaciones. No quieren cortapisas. A primera vista puede parecer que todo en el mundo sería más sencillo, más claro, más racional y más manejable si no existiera la Iglesia, si no existiera en la sociedad una referencia a Dios que es imprevisible e ingobernable. Pero la existencia de la Iglesia, siendo el eco permanente de la sabiduría y de la voluntad del Dios creador y salvador, es garantía de la libertad de los hombres frente a todos los poderes de este mundo, manifestación permanente del misterio del hombre que consiste en su relación personal con Dios y que le hace mayor que todas las instituciones de este mundo y libre desde el fondo de su corazón frente a todas ellas. Esta es la gran lección de los mártires, semilla, modelo y orgullo de los cristianos. San Ambrosio lo expresó muy bien en sus luchas contra los abusos del poder temporal: “Las cosas divinas no están sometidas a la autoridad de este mundo”.

Mantener la identidad y la libertad de la Iglesia respecto de los poderes y las altanerías de nuestro mundo es una tarea esencial de los pastores de la Iglesia y de todos los cristianos. Cuando los Obispos nos oponemos a algunas teorías o a algunas obras que suenan bien, que atraen fácilmente el aplauso de la gente, incluso de los no cristianos, tenéis que tratar de comprender nuestras razones situando la cuestión en esta perspectiva de la necesaria conservación de la identidad de la Iglesia. Nuestra primera obligación es ser siempre fieles a la palabra de Jesús y a las enseñanzas de los Apóstoles. No es buen criterio para opinar sobre las cosas de la Iglesia esa voluntad que algunos tienen por estar bien con todos y por ganar la benevolencia de los no cristianos aun a costa de la identidad y de la fidelidad de la Iglesia. No conviene olvidar que la Iglesia es, como dice el P. De Lubac “la presencia consoladora e incómoda de Dios en el mundo”. Consoladora porque nos trae la salvación, incómoda porque denuncia la vanidad y la sinrazón de nuestro orgullo.

VIII ª. SALVA A LOS DE DENTRO Y A LOS DE FUERA

Nuestra sociedad va siendo cada vez más pluralista y heterogénea. Se acabó el tiempo de la convivencia estable de las mismas familias y las mismas personas en cada pueblo, en cada territorio. La vida moderna es una vida de gran movilidad, es el tiempo de las migraciones, de los intercambios, de la mundialización del comercio, de la cultura, y hasta de las vacaciones. En cualquier lugar convivimos personas de distintas razas, de religiones diferentes, de culturas y costumbres diversas.

Esta nueva situación nos plantea problemas nuevos y nos obliga a resolver nuevas cuestiones. El hecho de vivir con un horizonte tan amplio de opiniones y formas de vida plantea agudamente la cuestión de la universalidad de la redención de Jesucristo. En una humanidad tan variada ¿es posible seguir afirmando el carácter universal y católico de la fe cristiana? ¿tiene sentido decir hoy que Jesucristo es el Salvador único y universal de la humanidad?

Para escapar de la presión de estas preguntas algunos buscan la solución fácil de decir que Jesucristo no es un Salvador universal y exclusivo, sino que es uno de los cuatro o cinco grandes profetas que han abierto a la humanidad diversos caminos hacia Dios y hacia la vida inmortal. Todos con valor semejante e intercambiable. No es preciso hacerse cristiano. Lo importante es que cada uno sea fiel a su propio camino. Otros pretenden mantener el valor universal del cristianismo recortando sus elementos específicos para hacerlo compatible con las demás religiones y con las tendencias culturales predominantes en una especie de difuso y confuso humanismo universal.

La doctrina de la Iglesia rechaza estas soluciones fáciles de puro oportunismo pragmático. Con la Iglesia universal, decimos que Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, es el salvador universal de todos los hombres y de todo lo humano. Por muy complicada que nos aparezca la realidad de la vida humana, no podemos pensar que pueda haber sorpresas para el Creador. Dios Creador ha enviado a su Hijo para reunir y conducir hasta la vida eterna a todos los hombres. Así es como hablan las Escrituras. Decir otra cosa sería poner en cuestión la verdad de la Encarnación y la divinidad de Jesucristo, centro y soporte de la fe cristiana. “En El fueron creadas todas las cosas. Todo fue creado por El y para El. Todo tiene en el su consistencia. Dios tuvo a bien poner en El toda la plenitud para reconciliar por El y para El todas las cosas.” La redención es coextensiva con la creación.

Esto no quiere decir que desconozcamos el valor de las otras religiones y de los valores culturales conseguidos laboriosamente por el hombre a lo largo de los siglos. Todo lo bueno que hay en las diferentes realizaciones humanas, sean las religiones, la filosofía, el desarrollo maravilloso de las ciencias, primero, todo ello está impulsado y sostenido por el Verbo de Dios y tiene en Jesucristo su plenitud para gloria de Dios y bien de los hombres. El Islam, el budismo, la misma crítica antirreligiosa, cuando están hechas con rectitud y sinceridad, tienen fragmentos de verdad, que los cristianos podemos y debemos reconocer, seguros de que están incluidos en el interior de la sabiduría cristiana, y pueden ser iluminados y vividos desde ella en su plenitud. Jesús es el centro de la humanidad y de la creación, todo encaja con El y tiene en El su acabamiento y su razón de ser.

Se engañan quienes pretenden universalizar el cristianismo rebajando sus exigencias y diluyendo sus notas características para hacerlo compatible con todas las mentalidades y todas las actitudes. El cristianismo es lo que es, desde el principio y hasta el final de los siglos, arraigado como está en la vida de Jesús y en la tradición apostólica. Pero aun siendo una realidad histórica concreta y de apariencias pequeñas (un poco de levadura, una luz sobre el candelero, la más pequeña de las semillas) su influencia llega mucho más allá de sus fronteras, iluminando las mentes de los hombres y trasformando las realidades humanas mucho más profundamente de lo que parece, incluso aquellas realidades que aparentemente están inmunizadas o blindadas contra su influencia. La fuerza y el alcance de esta influencia no dependen tanto del número como de la autenticidad y fidelidad de la vida de los cristianos. La luz, si es clara y fuerte, alumbra mucho más allá de ella misma. La levadura extiende su influencia al conjunto de la masa. Así la Iglesia y la vida de los cristianos ilumina, purifica y promueve la vida de los hombres y de la sociedad mucho más allá de los límites visibles y estrictos de la Iglesia. No tengamos miedo de ser pocos. Nuestra obligación más inmediata es la autenticidad, no la cantidad. Si somos cristianos cabales, la Iglesia crecerá. La autenticidad produce la cantidad, pero no al revés.

IX ª. SIEMPRE MAL Y SIEMPRE BIEN.

Actualmente hay muchas personas alarmadas que piensan que la Iglesia española ha entrado en un período de decadencia. Así nos lo están diciendo desde las filas del laicismo. Es cierto que nada está garantizado y la debilidad o los errores de los cristianos pueden hacer que desaparezca la fe o disminuya mucho el número de los cristianos en un país o en una sociedad determinada. De hecho esto ya ha ocurrido en otros lugares. Hay países donde floreció la vida cristiana, y donde hoy su presencia es muy escasa o ha desaparecido casi del todo. Así ocurrió en el norte de Africa y podía haber ocurrido también en España si la dominación islámica se hubiera establecido definitivamente. Ahora mismo, en algunas regiones españolas puede haber peligro real de una drástica disminución del cristianismo en una o dos generaciones.

Sin embargo, para que nuestro juicio sea correcto, tenemos que tener en cuenta que el vigor y la fuerza de la Iglesia no está en nosotros, sino en la verdad esplendorosa de la palabra de Jesús y en el poder de su Espíritu, eso es lo que verdaderamente mantiene la fuerza los cristianos y lo que hace que el cristianismo conserve su capacidad de expansión ganando la adhesión de nuevas personas y nuevos pueblos.

Es verdad que somos débiles, es verdad que traicionamos muchas veces nuestras convicciones y no somos buenos testigos de la grandeza de Jesús ni de la bondad de Dios, es verdad que la vida cristiana encuentra muchas dificultades en este mundo, y las encuentra también hoy en España, pero es todavía más cierto que el amor de Jesucristo y la fuerza del Espíritu Santo nos da fuerzas en medio de nuestras debilidades y nos hace más fuertes que todos los enemigos del Reino de Dios. “Os he dicho estas cosas para tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo (Jn 16, 23). La victoria de Jesús es su resurrección, por supuesto, pero es también su obediencia hasta la muerte, su amor fiel, que se sobrepone a las fuerzas del mal y al terror de la muerte. Su victoria es también nuestra victoria. Por la fe en El, su fortaleza es nuestra fortaleza, su libertad es nuestra libertad, y su amor invencible es también nuestro amor.

Es verdad que llevamos el tesoro de nuestra fe en el barro de nuestra debilidad, pero esto es así precisamente para que se manifieste mejor el poder y la bondad de Dios. Nos persiguen pero no podrán con nosotros; podemos estar desconcertados pero nunca desesperados; parece que estamos derrotados pero nunca aniquilados. Llevamos en nuestros cuerpos la debilidad de la cruz de Jesús, pero el poder de su resurrección, si somos fieles, se manifiesta ya en nosotros por encima de todo. Creemos y por eso hablamos con valentía, para que los bienes de la salvación de Dios lleguen a todos y ganen sus corazones. Este es nuestro consuelo y esta es nuestra esperanza.

Con los cristianos de todos los tiempos, en los tiempos de tribulación decimos “Ven Señor Jesús”. Y oímos su respuesta que es siempre y en todas partes la fuente secreta de la esperanza de los cristianos y de la fortaleza de los mártires: “Sí, pronto vendré” y haré nuevas todas las cosas. Esta es la palabra que nace del corazón de la Iglesia en tiempos de prueba. Este tiene que ser ahora el apoyo de nuestra fidelidad y de nuestra esperanza.

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzobispo Emérito de Pamplona-Tudela

viernes, 21 de marzo de 2008

¿Quién es Ud. Mons. Van Thuan?

Nguyen van Thuan proviene de familia de mártires, fue nieto del ilustre Gran Chambelán Ngo Dinh Kha, también Mariscal de Palacio, Comandante de la Guardia Imperial, Gran Sabio asistente al trono y tutor imperial. Su sueño siempre fue la independencia de Vietnam, ideal por el que también murireron mártires algunos de sus hijos, entre ellos Ngo Dinh Diem, tío de Thuan, Primer Ministro y Presidente de Vietnam, asesinado tras el golpe de estado durante la revolución comunista, en 1963.
Este hombre tan amado por Thuan, influyo decisivamente en él y la espiritualidad para políticos que al final de su vida definió con clarividencia sobrenatural. Otros tres tíos de Thuan caminaron también por este sendero del mártiro y el exilio: Ngo Dinh Khoi, Gobernador de Hanoi; Ngo Dinh Luyen, Consejero jefe de la Presidencia; y Ngo Dinh Nhu, exiliado en 1963. Igualmente Ngo Dinh Tuc, tío y mentor, obispo de Vinh Long.

Nuestro fundador nació en Phu Cam en la diócesis de Hue, Provincia de Tua Thien, Vietnam, en abril 17, 1928. Fue el mayor de 8 hermanos; 3 varones, y 5 mujeres. Su Padre, Nguyen Van Am, paso a la vida eterna el 1ro de julio de 1993, en Sydney, Australia. Su madre Ngo Dinh Thi Hiep, con difundida y bien ganada fama de santidad, tiene actualmente 101 años de edad y vive en Sydney, Australia con su hija Anne Ham Tieu cerebro).


Vietnam cuenta con gran número de mártires católicos. De 1644 hasta 1888 los reyes y emperadores vietnamitas arremetieron contra la minoría católica. El resultado 150,000 martires: obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Más de 3000 Iglesias fueron incendiadas, comunidades cristianas enteras, destruídas, y sus hogares saqueados y quemados. Para Thuan y sus padres, la supervivencia por medio de la resistencia, fue testimonio del poder de Cristo Crucificado. Desde entonces este bello país ha sido recurrentemente invadido por: chinos, franceses, norteamericanos...

Desde muy pequeño, Fr. Thuan se desarrollo en un ambiente de profunda fe católica ante al ejemplo de su madre Elizabeth. Cada mañana, su madre, les contaba historias de la Biblia y de los mártires de Vietnam, especialmente de sus ancestros. Lo introdujo también a la vida de santa Teresita del Niño Jesús, recalcando su testimonio de amor y perdón.
Thuan ingresó al Seminario Menor a temprana edad. Prosiguió sus estudios de philosofía y teología en el Seminario Mayor de Kim Long, en Hue.



El Norte de Vietnam estaba bajo el control político del régimen comunista, mientras la mayor parte de los sacerdotes habían sido prisioneros y los templos destruidos. Arreciaba tanto el conflicto social, que Thuan y sus compañeros seminaristas no podían ser protegidos del hecho de que el mundo que habían conocido de niños estaba desapareciendo, y que aquella guerra les estaba esperando justo a la salida del seminario. Era obvio que de continuar la guerra, todos podían ser llamados a luchar en algún campo de batalla. Muchos pesaban que después de esa guerra surgiría una nueva independencia nacional. Pero no fue así...Thuan amaba la paz y odiaba la guerra. Tenía que recordar cada vez más el enorme numero de asesinados y mutilados y orar por ellos.

Su tío Diem, exprimer Ministro, organizaba en secreto una amplia cadena de patriotas. Thuan sabía que esto lo ponía en terrible peligro, pero cuando lo visitaba, Diem, hombre de oración profunda, rodeado de espías franceses, se mostraba con una contundente paz interior, sonriente, no parecía reocuparle nada. Diem que había sido el tutor de Thuan en estrategias políticas, se había convertido también en su guía espiritual. La devoción de Thuan por su tío se hizo infinita.




Pasaba mucho tiempo leyendo vidas de santos y rezando. La imagen de su Madre orando inmóvil en su Capilla privada, marcó su vida interior. Meditaba los misterios del Rosario. La Eucaristía le daba fuerzas renovadas, nunca se perdió la misa matutina, para después someterse a un régimen de ejercicios físicos. Daba largos paseos por la montañas siempre que podía. Era un buen nadador, y recorría quince millas asta la Playa de Thuan An.

La ira amenazaba el alma de Thuan, cuando el asesinato y la ejecución de su u tío y su primo iniciaron la destrucción de su familia. Thuan encontró que la ira incontrolada era el peor impedimento para alcanzar un estado de abandono total a la voluntad de Dios. No podía seguir a Cristo sino perdonaba. Saco entonces también valor de las cartas de san Pablo, hasta que las memorizó todas. Siguió memorizando salmo tras salmo. Orando apoyado en este, pudo también superar la batalla de Hue, por la que su familia tuvo que huir al campo con la subsecuente separación de sus padres.

Leyó con especial devoción la vida del santo Cura de Ars, que le motivó tanto que pensó que podía dedicar su vida como sacerdote diocesano en un pequeño y sencillo poblado en la campiña. Pero la Providencia tenía otros planes para él.

Comenzó un serio estudio de la vida de san Ignacio de Loyola, su fundador, y sus ejercicios espirituales. Thuan estaba impresionado con el trabajo misionero de los jesuitas que había llegado a Vietnam por primera vez en 1615.

El amor de Thuan por la oración y la meditación, el atractivo por la vida contemplativa, y la lectura de la regla de san Benito, le condujeron a considerar el ingreso en la orden benedictina en las montañas de Thien An en 1940. Entabló una estrecha relación con los frailes. Bajo su recomendación leyó y memorizo obras completas de Columba Marmion, cuyas enseñanzas quedaron bajo el lema de “Servir más que dirigir”.

Atrás quedaron sus años mozos. Fue ordenado sacerdote en junio 11 de 1953 . Y como toda su vida sucedió, tal como lo comentó numerosas ocasiones, nunca permitio la Providencia que después de una gran noticia o acontecimiento, viniera una difícil prueba. Su ordenación no fue la excepción. Poco tiempo después, fue informado que estaba enfermo de tuberculosis y que su pulmón derecho requería ser extirpado. Rezo el Rosario muchas veces con su madre y padre (quienes ya estaban de vuelta) para animarle. Antes de la operación le practicarón nuevos análisis, esta vez para constatar que no había rastro de tuberculosis en dicho pulmón. Se había obrado un milagro.

Adicionalmente a su ministerio en la Parroquia de San Francisco Xavier, se desempeño también como capellan en la Prisión de Hue y de la escuela de Hermanos Lasallistas (Binh Minh), misma en que fue educado.

EL obispo Urrutia, amigo y mentor de Thuan, le informa que el desempeño de sus labores le llevaba a la determinación de mandarlo a otro lado... “¿A dónde me mandará?”, penso. Vino la respuesta: “A Roma”. Fue informado pues que poseía las cualidades necesarias para ser un líder de la Iglesia.




Tras conocer en Roma a laicos como De Habitch (líder del Pontificio Consejo para el laicado) y a Jean Larnaud, Thuan se convenció del papel especial del laico en la Iglesia. Hecho que influyo marcadamente su pensamiento y la espiritualidad de Mater Unitatis.

De Italia viajo a varios países europeos. Fue a Dublín y paso algún tiempo con Frank Duff, el fundador de la Legión de María, para profundizar así su devoción a nuestra amadísima Madre. Leyó también al cardenal Leo Suenes de Bruselas, que le ayudó a entender mejor el movimiento carismático católico, que era también muy mariano. Esto le llevo a viajar a Fátima, pero antes, en agosto de 1957 visito el sur de Francia para ir a Lourdes. Igual que le había ocurrido en La Vang, sintió ahí una fuerte presencia de la Madre. Y no fue para menos. Arrodillado ante la cueva, donde una vez hizo lo mismo Bernardette, escuchó en su corazón las palabras que la Virgen había dirigido antes a la santita: “No te prometo alegría y consuelo en la tierra, sino más bien adversdades y sufrimiento”. De repente se dio cuenta que estás palabras también estaban dirigidas a él. Cuanto más rezaba, más claramente oía el mensaje, y murmurando respondió: “En el nombre de tu Hijo y en el tuyo, María, acepto adversidades y sufrimiento”, y no sintió pena. Aceptaba, pero no tenía idea de las consecuencias.

De regreso a los estudios, cursa derecho canónico en la Universidad Pontificia Urbaniana, y de 1956 a 1959 a Propaganda Fide en Roma. Obtiene el grado de Doctor en Derecho Canónico con la máxima distinción Máxima Cum Lauda por su tesis Capellanía Militar en el Mundo. Mietras estudiaba en Roma, Fr Thuan acompañó a si tío, el obispo Peter Mary Ngo Dinh Thuc, a una audiencia con Su Santidad el Papa Pio XII.



Una vez de regreso en Vietnam, fue Catedrático y Director del Seminario Menor de Hoan Thien en 1962; y al mismo tiempo, Vicario General de la Diócesis de Hue de 1964 a 1967.
El 13 de abril de 1967, el Papa Paulo VI lo nombra como el primer Obispo vietnamita de Nha Trang, remplazando al Obispo Raymundo Paul Piquet (1957-1967). Para junio de ese mismo año es consagrado obispo, el día de la solemnidad de San Juan Bautista, por el delegado apostólico en Vietnam, Laos y Camboya, S.E. Angelo Palmas.

Adopta como su lema episcopal: Gaudium et Spes (Gozo y Esperanza). El diseño de su escudo guardaba gran similitud con el escudo presidencial de su tío Diem, principalmente por las siete varas de bambú.

Su instalación toma lugar en Julio 19 de 1967. Durante sus primeros ocho años en Nha Trang, no escatima esfuerzo alguno para desarrollar y fortalecer su diócesis ante el advenimiento de tiempos difíciles. El entorno sociopolítico de su amado Vietnam, estaba en ebullición, por doquier matanzas y discordias.

Cómo líder de la diócesis elaboró un doble plan. Uno en caso de que Vietnam del Sur evitará el gobierno comunista, pero más importante el segundo plan, que previa la caída de



Vietnam del sur bajo dominio comunista.

Se enfocó a formar formadores y a incrementar el número de seminaristas (mayores), que pasaron de 42 a 147sacerdotes; y seminaristas menores, de 200 a 500 distribuidos en cuatro seminarios. Organiza diversos cursos y seminarios para sacerdotes en seis diócesis de Vietnam Central.

Organiza además otros cursos de formación, capacitación y desarrollo para instituciones de jóvenes, asociaciones y grupos parroquiales, consejos parroquiales y otros más especializados para el Movimiento Justicia y Paz, Cursillos de Cristiandad, Focolares, y la naciente comunidad de La Vang, primer comunidad de Mater Unitatis, nombre inspirado por la gran devoción que a esta advocación.

La historia de La Vang y de las apariciones inicia con los católicos perseguidos por la Dinastía Tay Son en el siglo XVIII, que corrían a la selva para refugiarse. Entonces una noche llegó una señora y les habló, y sus palabras calmaron todo su sufrimiento y temor. Sacó a los refugiados de su miseria y fortaleció su esperanza en la vida eterna. Thuan experimento en su vida una poderosa, casi física presencia de la Virgen María en dicha selva. Rezo para que volviera la paz en el confuso mundo que lo rodeaba.

En 1968 Nha Trang fue atacada y las tropas comunistas ocuparon muchas ciudades. Fue bombardeada la casa de Thuan. Pero no salió de su boca queja alguna. Tenía cosas problemas más importantes.

El joven obispo Thuan escribió además seis cartas circulares para la formación de su diócesis:
1) Despierten y oren (1968).
2) Fuertes en la Fe, avancen con serenidad (1969).
3) Justicia y Paz (1970)
4) La Misión de Cristo es también nuestra Misión.
5) Recordando 300 años (1971)
6) Años Santos de Renovación y Reconciliación (1971).

Por estos años, Thuan leyó la historia del padre José Agustín Pro Juárez, jesuita Mexicano. Arrestado por la policía secreta del gobierno comunista mexicano, el padre Pro tuvo una muerte de mártir. Sin juicio fue sentenciado a muerte y fusilado en 1917. Pensaba: “No le asustaba nada porque había puesto su vida en manos de Dios una vez para siempre”.

Las homilías, cartas y otras expresiones públicas de Thuan descalificando el comunismo, lo puso en la mira de los revolucionarios. Él lo sabía, pero debía hablar con la verdad y guiar como pastor.

Thuan ocupo varios cargos en la Conferencia Episcopal Vietnamita. Fue Presidente del Comité de Justicia y Paz, Comunicaciones Sociales y del Desarrollo de Vietnam, encargado éste último de Corev, instancia para la asistencia y reestablecimiento de refugiados que huían de la guerra en el Centro y Sur de Vietnam. Fue además miembro fundador de la Estación de Radio Católica Veritas Asia, y asesor del Pontificio Consejo para los Laicos de 1971 a 1975. Y por si fuera poco, asesor y miembro de la Congregación para la Evangelización de la Gente, y miembro de la Divine Congregation y Disciplina Sacramental.

En medio de plena persecución religiosa, el inquieto obispo de Hanoi decide crear una organización misionera laica que ayudara vivir el mensaje de Cristo en cualquier lugar y según las posibilidades del momento.

Inicio con mujeres y hombres sencillos que quisieran dedicar sus vidas a ello. Su promesa fue vivir el Evangelio en sus familias, en su lugar de trabajo, y dada la carencia de sacerdotes y religiosas, procurarían llevar esta Buena Nueva a todo lugar.

El numero de misioneros laicos creció de 7 a 30. En 1980 sumaban ya 150 miembros. Algunos comenzaron a trabajar en hospitales, otros bautizando niños en sus hogares, visitando prisioneros, confortando a los heridos en combate. Una vez al mes se reunían en secreto con el obispo para celebrar la Eucaristía.

Fue durante estos años, y durante los encuentros derivados de sus muchos cargos, que tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II, en aquel entonces Arzobispo de Cracovia. Pudo compartir con él muchas experiencias pastorales en tiempos de gran convulsión en Polonia bajo el régimen comunista.

En abril 23 de 1975, S.S. Juan Pablo II lo nombra Arzobispo Coadjutor de Saigón, y al mismo tiempo, Arzobispo titular de Vadesi. En todo caso el régimen comunista no aprobaba ninguna de estas nominaciones y lo obligó a retornar a Nha Trang.

En la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, el 15 de Agosto de 1975, fue engañado, detenido y llevado con escolta, de Nha Trang a Cay Vong. Le venían a la mente muchos pensamientos confusos: tristeza, abandono, cansancio, después de tres meses de tensiones... Pero en su mente surgió claramente una palabra que dispersó toda la oscuridad, la palabra que Mons. John Walsh, obispo misionero en China, pronunció cuando fue liberado después de doce años de cautiverio: "He pasado la mitad de mi vida esperando". Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: "Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente, colmándolo de amor".

No es una inspiración improvisada, sino una convicción que he madurado durante toda la vida. Si paso mi tiempo esperando, quizá las cosas que espero nunca llegarán. La única cosa que con seguridad me llagará será la muerte.

En el pueblo de Cay Vong, donde se designo su residencia obligatoria, bajo vigilancia abierta y oculta de la policía "confundida" entre el pueblo, día y noche se sentía obsesionado por el pensamiento: "¡Pueblo mío! ¡Pueblo mío que tanto te amo: rebaño sin pastor! ¿Cómo puedo entrar en contacto con mi pueblo, en este momento en que tienen más necesidad de pastor?". Las librerías católicas fueron confiscadas, las escuelas cerradas; las religiosas y los religiosos que enseñaban fueron enviados a trabajar en los arrozales. La separación es un shock que me destruye el corazón.

"Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente, colmándolo de amor; pero ¿cómo?"

Una noche vino la luz: "Francisco, es muy simple, haz como san Pablo cuando estuvo en prisión: escribía cartas a varias comunidades". La mañana siguiente, en octubre de 1975, hice una señal a un niño de siete años, Quang, que regresaba de la Misa a las 5, todavía oscuro: "Dile a tu mamá que me compre bloque viejos de calendarios". Muy entrada la tarde, también en la oscuridad, Quang me trajo los calendarios, y todas las noches de octubre y noviembre de 1975 escribí a mi pueblo mi mensaje desde la cautividad. Cada mañana el niño venía a recoger las hojas para llevarlas a casa y hacer que sus hermanos y hermanas copiaran el mensaje. Así se escribió el libro "El Camino de la Esperanza", que ha sido publicado en ocho idiomas: vietnamita, ingles, francés, italiano, alemán, español, coreano y chino.

Contaba: “La gracia de Dios me dio la energía para trabajar y continuar, aun en los momentos de más desesperanza. El libro lo escribí de noche en mes y medio, tenía miedo de no poder terminarlo: temía ser transferido a otro lugar. Cuando llegué al número 1001 decidí detenerme: fueron como las mil y una noches"

En 1980 permaneció en la residencia obligatoria de Giang-xá, en el Vietnam del Norte, siempre de noche y en secreto, escribió su segundo libro, "El camino de la esperanza a la luz de la Palabra de Dios y del Concilio Vaticano II"; después su tercer libro, "Los peregrinos del camino de la esperanza".

El 21 de noviembre de 1988, fiesta de la Presentación de nuestra Señora, fue liberado y obligado a vivir en la casa del Arzobispado de Hanoi, sin permiso de ejercer labor pastoral. En marzo de 1999 se le permitió visitar a sus padres en Sydney, Australia, y viajar a Roma para reunirse con el Santo Padre y después volver a Hanoi.

En este período comenzó a sentirse un poco de libertad religiosa en Vietnam, sin embargo, la gente no tenía la libertad de reunirse para la celebración de la Santa Misa o de agruparse sin previa autorización. Los primeros miembros de Mater Unitatis comenzaban a reunirse con sacerdotes ocultos, y recuperaban templos abandonados para en su momento limpiarlos y acondicionarlos apropiadamente para el culto.
Mientras tanto, la enseñanza del catecismo era ya un hecho, así que, obispo, sacerdotes y miembros de MATER UNITATIS daban inicio al estudio sistemático de la Biblia, a preparar coros, y otras actividades más.

Desde 1991 vivió exiliado en Roma, pero su corazón estaba también en su Iglesia de Vietnam, su hogar.

Nunca escatimó esfuerzos para asistir a los leprosos, organizaciones caritativas, programas de investigación, culturales, reconstrucción de Iglesias, enseñanza en seminarios, y muchas otras cosas.

En tanto, en la Ciudad de México en el año 1993,Gabriela Cosío Guerra y Ricardo Fco. Padilla C., inician su conversión. Conocen a la Madre María Martha, del Monasterio de la Visitación, de quien empiezan a recibir dirección espiritual. Ricardo, quien había llevado una vida azarosa y disipada, es agraciado con una bella experiencia de Dios. Es entonces que se integra como misionero al Movimiento Siervos de los Pobres de Tercer Mundo, en el Perú. Gabriela espera un año el incierto regreso, mientras continuaba trabajando como diseñadora de modas en afamadas firmas. Pero la guía de la Madre Martha, y su abandono a la voluntad de Dios, la llevó también a una experiencia de Dios que la lleva a iniciar su primer labor como catequista. Una vez de regreso Ricardo, deciden consagrarse a Dios como matrimonio misionero, y se casan en la Ciudad de México en noviembre de 1994. Participan durante los primeros años del nacimiento CLARA + VISIÓN, con Emilio Burillo y Mónica Alemán. En 1997 llegan a Chiapas para dar vida a lo que será Fundación León XIII, donde permanecerán hasta marzo del 2001.

En noviembre de 1994, S.S. Juan Pablo II lo nombra Vicepresidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, y subsecuentemente Presidente del mismo en junio 24 de 1998, remplazando así a querido Cardenal Roger Etchegaray, actualmente retirado.

En México la semilla ya estaba echada. Gabriela y Ricardo Fco. reciben petición expresa del C. Van Thuan para fundar Mater Unitatis, pero ahora en todo el país.
La Ciudad de México y Chiapas reciben a su amadísimo fundador vietnamita, quien tiene como misión principal explicar a la comunidad naciente de Mater Unitatis lo que el Espíritu le ha iluminado sobre lo que será la naciente obra

En 1999 Nace el primer grupo de oración en San Cristóbal. María santísima empieza un peregrinar bajo su advocación de Guadalupe el día 12 de diciembre para visitar diversas comunidades indígenas (algunas en conflicto), mismas que un año más tarde serán las primeras en ser servidas por la comunidad naciente de miembros laicos mexicanos a través de los primeros proyectos de desarrollo.

Monseñor Carlos Talavera, Presidente de la Comisión Episcopal (mexicana) para los Laicos, traduce los textos de la espiritualidad al español, erige canónicamente Mater Unitatis en la diócesis de Coatzacoalcos como Asociación Pública de Files. Ricardo Fco. elabora los Estatutos y Regla de Vida que será posteriormente entregados a Monseñor Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas; para ser finalmente aprobados personalmente por Cardenal Van Thuan durante su visita a Chiapas en noviembre del 2001.

Con esto, y con el apoyo de amigos del naciente Movimiento, y un bienhechor Metodista estadounidense, Brian Haney, dan comienzo los proyectos evangelización y promoción y desarrollo social en Chiapas en 2002; sus beneficiarios son personas de diferentes credos y denominaciones cristianas.

Se promueve la espiritualidad y sus obras en diferentes estados de México y por diversos medios. Llegan las primeras vocaciones laicas autóctonas. Y nace la revista electrónica "En el Camino de la Esperanza".

Pero la cruz no terminaba para nuestro querido cardenal que, desde su liberación, pasó por siete operaciones; tres de las cuales le han ocasionado infecciones que le llevaron a un estado crítico de salud. La penúltima operación, fue el 17 de abril de 2001, en el Saint Elizabeth Medical Center, en Boston, E.U. Y la última operación tuvo lugar el 8 de mayo del 2002, en el Centro de Investigación de tumores de Milán, Italia.

Su condición empeora a principios de junio de 2002, y recibe tratamiento el Hospital Agostino Gemelli. Posteriormente es transferido al Hospital Pío XI para ulterior tratamiento.

Su vida en el exilio, estuvo plagada de invitaciones a predicar retiros y dar su testimonio en un sin número de países y con las más diversas audiencias. Por ejemplo, en la Catedral de Nuestra Señora en Paris, Francia; en varias Universidades, Institutos y Movimientos en México, donde en 1998 predicó ante 50,000 jóvenes en la Plaza de Toros de la Ciudad. En mayo 11 de 1996, recibe el doctorado Honoris Causa de la Universidad Jesuita de New Orleáns, en E.U. Con similares reconocimientos y títulos honorarios fue también galardonado el nueve de junio de 1999 en Roma.

La congregación para la Evangelización de los pueblos, le confió también con la responsabilidad de visitar seminarios del otro lado del mar, y de diversos países africanos.

Durante la Cuaresma del 2000, recibe una invitación especial del Papa Juan Pablo II para predicar los ejercicios espirituales en su presencia y a la Curia Romana, en el marco de Gran Jubileo y al inicio del nuevo milenio. Cuando el Santo Padre lo recibió en privado para felicitarlo después de dicha serie de retiros, Cardenal Van Thuan le dijo: “hace 24 años estaba celebrando misa con tres gotas de vino y una de agua en la palma de mi mano. Nunca hubiera pensado que el Santo Padre me recibiera de esta manera... Que grande es nuestro Señor, y que grande es su amor”.

En febrero del 2001 fue elevado al Colegio Cardenalicio por el Santo Padre Juan Pablo II, con lo que le vino el mismo nombramiento de la Iglesia de Santa María della Scala, bajo el cuidado pastoral de los padres carmelitas.

El 16 de septiembre del 2002, Nuestro Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan, tras años de sufrir un fuerte cáncer, da su paso definitivo a la vida eterna, al gozo de la luz eterna, al final del Camino de la Esperanza. Retorna a la Casa del Padre.

Después de los servicios en La Basílica de San Pedro, en Vaticano, para su sepelio, se reúnen Elizabeth Nguyen Thi Thu Hong (hermana del Cardenal), padre Paolo Hien (fiel amigo y secretario particular de monseñor Van Thuan) y Ricardo Fco. Padilla en Roma. Se habla del futuro de Mater Unitatis y la propagación de la obra en otros países.

Autor y traductor: Ricardo Fco. Padilla, Mater Unitatis

Bibliografía:
Bibliografía oficial: Cardenal F.X. Van Thuan, “Prisionero político, profeta de la paz”, Andre Nguyen Van Chau
Biografía de Cardenal Van Thuan (versión original en inglés) editada por VietCatholic. Roma, 16 septiembre 2002. “Coordinating Office of the Apostolate for the Vietnamese in the DiasporaCardinal Francois Xavier Nguyen Van Thuan,
President of the Pontifical Council of Justice and Peace”.
Fotografías cortesía del sitio en Internet elaborado por la familia de Cardenal Van Thuan www.card-fxthuan.org