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jueves, 2 de abril de 2009

Galileo no fue condenado a muerte

La Iglesia aboga por una autocrítica del caso de Galileo, descarta leyendas negras y defiende el diálogo con la astronomía

En el año 1616, Galileo fue procesado por sostener la teoría heliocéntrica, la cual que desconcertaba no sólo a los creyentes sino a la sociedad en general que durante siglos había crecido en un sistema de rotación solar y planetaria diferente; su teoría parecía contradecir a los textos de la Biblia que hablan de manera metafórica de la rotación de los astros y de la quietud de la tierra.


Sin embargo, son muchas las leyendas negras que han surgido a raíz de este hecho y ahora la Iglesia ve necesario, además de hacer autocrítica de aquel proceso, recordar también que Galileo no fue encarcelado ni torturado, y menos fue asesinado; murió de muerte natural en 1642, en su casa, una villa en Arcetri, en las afueras de Florencia.


Ésta es una de las cuestiones que abordará el congreso internacional El caso de Galileo, una relectura histórica, filosófica y teológica, que el instituto de los jesuitas Stensen realizará en la ciudad italiana de Florencia del 26 al 30 de mayo, con motivo del Año de la Astronomía que la Organización de las Naciones Unidas ha proclamado para este 2009 para conmemorar los 400 años de los primeros descubrimientos astronómicos de Galileo Galilei.


Para presentar el congreso, la Santa Sede ha emitido este jueves 29 de enero un comunicado en el que destaca el año de la astronomía como “una importante ocasión de profundización y de diálogo” entre astronomía y religión, según informa Zenit.


El congreso abordará otras cuestiones como la condena de la doctrina de Copérnico en 1616; la génesis del caso Galilei en Italia, Francia e Inglaterra del siglo XVII; la historia de este caso antes del Iluminismo y luego en el siglo XIX (en la edad del Positivismo y del Resurgimiento) y por último, las tendencias desde el siglo XX hasta nuestros días”.

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martes, 8 de abril de 2008

Nicolás de Cusa adelantó a Galileo y a Da Vinci

Con este artículo presentamos una de las figuras que han adornado a la Iglesia con sus variadas virtudes y sabiduríaque su altura espiritual iba pareja a su altura científica o artística, lo que demuestra que la fe no solo no coharta la libertad y la inteligencia, sino que la dignifica.

En este artículo aparecen sus dotes científicas y su mente creativa y en otro artículo posterior aportaremos datos sobre su obra espiritual.

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Apasionado de la matemática y consejero de tres papas, Nicolás de Cusa hacía ciencia copernicana 150 años antes que Galileo y Copérnico.

Uno de los tópicos en historia de la ciencia es pensar que se pasa del “oscurantismo” medieval al nacimiento de la ciencia moderna de manera súbita. De la noche a la mañana surge un grupo de hombres extraordinarios que deciden darle la vuelta a nuestra manera de ver el mundo: Galileo, Kepler, Descartes… Es cierto que sus aportaciones supusieron una “revolución” pero no es menos cierto que cada uno de ellos (como todo hombre de ciencia) debe gran parte del éxito de su trabajo a sus predecesores.

Un “eslabón perdido” con nombre y apellidos

Existe por tanto una transición real, y no un salto abrupto, entre la manera de hacer ciencia de la Edad Media y las revoluciones de la Edad Moderna. Si tuviéramos que darle nombre y apellidos a nuestro “eslabón perdido” sin duda elegiríamos a Nikolaus Krebs, más conocido por Nicolás de Cusa. Iserloh lo describe de manera muy plástica: “está en el otoño de la Edad Media, pero también en la primavera de los tiempos modernos”.

Nació en 1401 en la ciudad alemana de Krebs (Cusa en latín). A los dieciséis años recibió la tonsura clerical y viajó por Europa estudiando gramática y filosofía, para obtener finalmente el doctorado en Derecho Canónico en Padua a la edad de 22 años. Paralelamente había nacido en él la pasión por las matemáticas y las ciencias naturales.
Una anécdota de su insaciable curiosidad científica la encontramos en su estancia en Colonia. Visitando la biblioteca de la cartuja encontró el Liber contemplationis de Ramón Llull, una de las figuras más eximias del medioevo hispano. No dejó escapar la oportunidad: se interesó por la obra y tomó diversas anotaciones.

Precursor del “giro copernicano”

Nicolás de Cusa mantuvo que la Tierra no era el centro del mundo y, basándose en la observación de los eclipses, que ésta era menor que el Sol y mayor que la Luna. También afirmó que el Sol, la Tierra y los demás cuerpos celestes se encuentran en movimiento y difieren en sus velocidades. También propuso la rotación terrestre como explicación al ciclo de los días. Por todo ello se le puede considerar con justicia un precursor de Copérnico. Sus intuiciones e ideas influyeron no sólo en éste sino en figuras tan ilustres como Kepler, Leonardo da Vinci y Giordano Bruno.

Un “argumento de autoridad” para Descartes

El libro más famoso de Nicolás de Cusa es “De docta ignorantia” (expresión prestada de san Agustín y san Buenaventura). En él expone una epistemología y una teología muy diferente de la tradicional. Llega a afirmar que el mundo es una imagen de Dios y su Trinidad. Partiendo de esta base postula la infinitud del espacio. Cuando más tarde Descartes proponga un espacio-tiempo infinito acudirá a Nicolás como argumento de autoridad para respaldar sus tesis.

Nuestro hombre no dudaba en “flirtear” con el concepto de infinito, imprescindible para las matemáticas contemporáneas. De hecho fue el primero que presentó el círculo como un polígono de lados infinitos (tal como se explica hoy día).

Adelantado a Galileo en la crítica a la escolástica

En uno de sus libros Nicolás de Cusa reprocha a la Filosofía de la Naturaleza escolástica (embrión de la Física actual) su incapacidad para medir (mensurare). Afirma que todo conocimiento científico debe estar fundamentado en la medición, otorgando a la geometría un papel protagonista en la ciencia.
La escolástica había recogido de Aristóteles una manera de hacer ciencia muy especulativa y poco experimental, en la que se recurría frecuentemente a la autoridad de los clásicos.
Nicolás de Cusa proponía recurrir a la “autoridad de las mediciones”. Por ello se esforzó por mejorar aparatos de medida (el reloj, la balanza) e inventó otros como el batómetro, que sirve para evaluar rápidamente la profundidad de ríos y lagos.
Muchas de sus sugerencias fueron realizadas en tiempos de Galileo, casi 150 años después. Nicolás de Cusa y Galileo compartieron la misma crítica a la manera de la escolástica de enfocar la filosofía de la naturaleza y abrieron el camino a la ciencia experimental, si bien es Galileo quien normalmente se lleva todo el mérito.

Y todo ello sin dejar de ser un gran hombre de Iglesia

Nicolás de Cusa fue obispo y cardenal y un hombre de confianza para los papas Nicolás V, Eugenio IV y Pío II. Fue nombrado legado pontificio y se le encomendó una misión muy ecuménica: lograr la unión con los griegos. Otro encargo de la Santa Sede fue lograr la firma de un concordato con el Imperio Austro-Húngaro, empresa que culminó con éxito. Fue Obispo de Brixen (Alemania) y tuvo que sufrir durante todo su mandato la oposición feroz de los poderes políticos. De hecho, acabó sus días en el exilio.

La vida de Nicolás es una prueba “empírica” de que la entrega y el servicio abnegado y constante a Cristo y a su Iglesia no sólo no es un impedimento para el desarrollo de la ciencia, sino que constituye una guía y estímulo para ésta.