viernes, 7 de marzo de 2008

Carta del Obispo Pedro Casaldáliga

Parar la rueda bloqueando sus radios

Acaba de cumplir 80 años. Es un catalán trasplantado a Brasil. Es un profeta. Es un apóstol de Jesús capaz de hablar sin temor, con parresía, a los poderosos de este mundo, incluido a Pedro. Es un amigo. Es Pedro Casladáliga quien nos escribe esta circular de 2008.

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años. No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Tendríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue asesinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba la «Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano». Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma también que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustiado quién va a adoptar esas "medidas urgentes".

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Smeraldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes –Alegría y Esperanza–. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear conciencia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Amazonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está viviendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún.

Con tropiezos y ambigüedades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Continente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mundo. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Jesús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comunidades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayudaremos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?
Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Pedro Casaldáliga





Jesús en la Asamblea de Obispos

Esta es la carta semanal del franciscano, poeta y soñador, de Arantzazu. Quien quiera más bien oirle como profesor de Teología -los dos aspectos están bien trabados en él- puede seguir un capítulo de su Cristología: Para conocer a Jesús.
06-Marzo-2008

Por primera vez en este invierno, Arantzazu está cubierto de una ligera capa de nieve. La flor reciente y blanca del espino blanco se funde con el blanco del paisaje. El sol, a ratos, sonríe en la nieve, y en el jardín que antes fue huerta los primeros jacintos azules y amarillos inclinan sus flores, como sorprendidas y asustadas. El herrerillo no se sorprende ni se asusta, ni deja de cantar. Las golondrinas roqueras que ya revoloteaban en torno al santuario han vuelto a cobijarse en las grietas de sus rocas. Pero pronto volverán. Pasarán los fríos, y para todos los peligros pronto será pascua.

¡Cuánto necesitamos el ánimo de la pascua en este mundo que duele! El ánimo de la pascua es nuestra promesa y misión. La promesa y la misión de las que nos ungió y a las que nos llamó el crucificado resucitado con sus manos llagadas. Para eso somos Iglesia. Pero también la Iglesia es doliente, y a menudo duele, y a veces hiere más que cura, cuando su frágil memoria olvida a Jesús. Esa Iglesia somos, ¡y cuánto necesitamos volver a recibir el consuelo y volver a ofrecerlo, ser paráclitos!

Ese don y esa misión, no los podemos dejar en manos de una institución obsoleta. No nos lo permite la memoria de Jesús, ni la belleza y el dolor del mundo, ni nuestro deseo más profundo, ni el sueño creador de Dios.

¿Qué haría Jesús en esta Iglesia de hoy que somos con nuestras estructuras anticuadas? Imaginar es libre. Imagino, por ejemplo, que Jesús se hace presente en la Sala de la Conferencia Espiscopal española -antes o después de la elección de su presidente, poco importa para el caso-, ante los 66 obispos reunidos. A Jesús le explican que ellos son los dirigentes de la Iglesia por él fundada hace 2.000 años. Jesús se queda mudo de sorpresa, se pregunta cómo eso es posible, y qué es lo que pasado para llegar a esto. Jesús se pregunta por qué no hay mujeres en la sala, y por qué se visten tan de negro (¿será tal vez porque no hay mujeres?), y qué significa "obispo" y a qué llaman "presidente", y quién los elige… Y mientras se lo van explicando, su sorpresa va en aumento, y al final pide su turno de palabra y dice con ojos encendidos y con ojos de bondad: "Hermanos míos, ¿dónde están las hermanas? ¿Os han dejado? ¿Las habéis dejado? Hermanos, yo creé -sin haberlo ni siquiera pretendido- un movimiento itinerante de campesin@s y pescadores de Galilea, rebeldes y soñadores, llen@s de compasión y de confianza… Y me acuerdo que envié a mujeres y hombres de Galilea a curar y anunciar el pronto consuelo de Dios para aquella tierra tan castigada. Yo no quería otra cosa. Yo no pensaba en nada más. Hermanos, no entiendo cómo las cosas han cambiado tanto. Y no comprendo por qué el Reino liberador de Dios no ha llegado aún. Hermanos, no tengo que deciros nada más que esto: lo único importante y urgente es que llegue el Reino de Dios que libera, que cura y nos hace hermanos. ¡Que la paz esté con vosotros!"

E imagino que ahí terminaría la breve intervención de Jesús, y no sé qué haría luego. Tal vez se iría de allí para desfundar la iglesia. O reinventarla, si encontrara con quién.

¡Paz y bien!

José Arregi

miércoles, 27 de febrero de 2008

MARÍA: SÍMBOLOS Y MITOS

por José Cristo Rey García Paredes


La figura de María es el resultado, no únicamente de los datos neotestamentarios que sobre ella nos han sido transmitidos, sino de las diversas culturas y épocas en las que grupos humanos se han visto impactados por su persona. Especial importancia revisten los primeros siglos en los cuales se consolida la imagen que la Iglesia tiene de ella.

La simbología y la mitología ofrecieron una peculiar aportación a este proceso de mario-génesis, o de comprensión más amplia de su significado histórico. Seguidamente, por eso, voy a detenerme en algunos textos de la época patrística, tanto paganos como cristianos, heterodoxos como ortodoxos, que nos permitan entender cómo se fue consolidando la imagen eclesial de María.


1.- El trasfondo gnóstico: el símbolo de la «Prima Femina» en el gnosticismo


El complejo movimiento gnóstico con el que se hubo de confrontar la iglesia de los primeros tiempos, tenía una especial sensibilidad ante la realidad divina. Accedía a ella de forma holística, totalizante, omnienglobante. Manifestaba una peculiar atención a la dimensión femenina de lo divino, especialmente cuando trataba de explicar el origen del Universo.

Antes de la creación, realizada por Yahweh, al principio, el Dios Ignoto estaba sólo. Era no-padre (sin Hijo), no-señor (sin universo). Era masculino. Pero también era fecundo: juntaba la soledad (masculina) con la fecundidad (femenina). Así lo refiere Hipólito:

  • Nada existía engendrado. Había solo un Padre ingénito... Estaba solo, en sosiego y descansando solitario en Sí. Mas como era fecundo, parecióle un día engendrar lo que de mejor y más perfecto tenía en su interior, y darlo a luz. Porque era poco amigo del sosiego. Era en efecto todo amor (1).

Según los valentinianos el Dios supremo coexistía desde siempre con una consorte, que llamaban o Ennoia o Charis o Sigê. No se trataba de un ser personal. Era apelativos de Aquel que posee un solo nombre, tan ignorado como su Esencia. Los gnósticos adoptaban un lenguaje mítico, matrimonial. La consorte del Dios-abismo ejercía una auténtica función materna; pero ni los ofitas, ni los valentinianos la llamaban madre. En todo caso, los gnósticos cristianos admitían una tríada, no una trinidad personal.


Los gnósticos –en un texto, misteriosamente llamado «el trueno, la mente perfecta»– pusieron en boca de una potencia divina femenina la siguiente explicación del origen del mundo:


Pues yo soy la primera y la última.
Soy la adorada y la despreciada.
Soy la prostituta y la virgen...
Soy la estéril,
muchos son los hijos de la estéril..
Soy el silencio que es incomprensible....
Soy la expresión de mi nombre (2)

En el fondo el gnosticismo estaba recuperando el símbolo por excelencia entre todos los símbolos, de la Magna Mater (materia, matriz). El poder divino lo es todo:

  • Este poder divino reside en todo: está escondido... Este poder es uno solo; está dividido arriba y abajo; se genera a sí mismo, crece por sí mismo, se busca a sí mismo, se encuentra a sí mismo, es madre de sí mismo, padre de sí mismo, hermana de sí mismo, esposa de sí mismo, hija de sí mismo, y siendo hijo, madre, padre de sí mismo, es la única raíz del Todo (3).
El Evangelio apócrifo de Juan "cristianiza" la imagen de la Magna Mater, o mejor, la "marianiza’. Juan cuenta que después de la crucifixión, en medio de una enorme pena, tuvo una visión mística de la Trinidad:

  • Se abrieron los cielos y todo lo creado que está debajo del cielo comenzó a resplandecer; el mundo tembló. Tuve miedo y vi en la luz... un semblante de múltiples formas... El semblante tenía tres formas... Y él le respondió: "Juan, Juan, ¿por qué dudas?, ¿por qué temes?... Yo soy aquel que siempre está con vosotros. Yo soy el Padre, yo soy la Madre, yo soy el Hijo» (4).

Y en otra parte este evangelio apócrifo explicita esa revelación:

  • Ella es la imagen del Invisible, virginal, perfecto espíritu... Se convirtió en la Madre de todo, porque existía antes que todos, la madre-padre (matropater) (5).

2.- El trasfondo pagano: el símbolo de la «Regina coeli» o la diosa protectora

María ha sido contemplada también bajo el símbolo de la «Regina coeli», o como se ha dicho popularmente «la omnipotencia suplicante» ante Dios. Lo que este símbolo significaba en las religiones de Asia Menor y norte de Africa durante los primeros siglos de nuestra era, no vamos ahora a estudiarlo. Pero merece la pena traer aquí algún testimonio.


En su obra Las Metamorfosis o El asno de oro, Apuleyo (africano nacido entre los años 114 y 125) habla del símbolo de la luna llena a la que denomina «augusta diosa». Narra que, ya convertido en asno, se encontraba una noche ante el mar, con la luna llena en lo alto del cielo. Estos eran sus pensamientos:

  • Me convencía de que su providencia rige –según su albedrío– los destinos humanos y que, tanto los animales domésticos como las fieras indómitas y hasta la misma naturaleza inanimada; todo subsiste gracias a la divina influencia de su luz y de su bendito beneplácito; pensé que en la tierra, en el cielo o en el mar, los seres vivos se desarrollan con la luna creciente y pierden vitalidad en su menguante; por último, dado que el destino ya estaba satisfecho con tantos y tan graves desastres como me había infligido y que, aunque tarde, me ofrecía una esperanza de salvación, decidí implorar la veneranda imagen de la diosa que tenía a la vista. Me sacudo enseguida de encima el sopor y la pereza; me levanto alegre y decidido; con ansias de purificarme inmediatamente, me tiro al mar, hundo la cabeza bajo el agua por siete veces, ya que ese número es el más adecuado a cualquier rito, según el divino Pitágoras. Luego, con lágrimas en los ojos le dirijo a la diosa omnipotente la siguiente súplica:

"Reina del cielo:

-ya seas la Ceres nutricia, madre inventora de las mieses, que en la alegría de encontrar de nuevo a tu hija enseñaste a los hombres a dejar como pasto de animales la antigua bellota, para comer alimentos más agradables, y que ahora habitas los fértiles campos de Eleusis;

-ya seas la Venus celestial, que, en los primeros días del mundo, uniste los sexos opuestos dando origen al Amor para perpetuar el género humano en una eterna procreación, y que ahora recibes un culto en el santuario de Pafos entre las olas;

-ya seas la hermana de Febo, que, aliviando con solicitud a las parturientas, has alumbrado tantos pueblos, y que ahora te ves venerada en el ilustre templo de Efeso;

-ya seas la terrible Prosérpina, la de los aullidos nocturnos, la de la triple faz, que reprimes la agresividad de los duendes, cierras sus prisiones subterráneas, andas errante por los bosques sagrados y te dejas aplacar por un variado ritual;

-tú, que con tu pálida claridad iluminas todas las murallas, con la humedad de tus rayos das vigor y fecundidad a los sembrados y en tu marcha solitaria vas derramando tenues resplandores; sea cual fuere el nombre, sea cual fuere el rito, sea cual fuere la imagen que en buena ley hayan de figurar en tu advocación;

tú, asísteme en este instante colmado de desventuras, tú consolida mi tambaleante suerte; tú, pon término a mis crueles reveses y dame la paz. Basta ya de fatigas, basta ya de peligros. Despójame de esta maldita figura de cuadrúpedo; devuélveme a mi familia; devuélveme mi personalidad de Lucio» (6).


Luciano –que así se llamaba el personaje convertido en asno–, mientras está adormecido, en estado de sopor, tiene una aparición de la diosa, que emerge del agua. Apuleyo la caracteriza de la siguiente manera, que evoca la Mujer del Apocalipsis (Apc 12, 1ss).:

  • En primer lugar su rica y larga cabellera, un tanto rizada, caía suavemente sobre su escote divino en ondulaciones sueltas y dispersas. Una corona de varias clases de flores e irregularmente dispuestas ceñía, como remate, su cabeza; en su centro y coincidiendo con la frente había un disco plano que, como un espejo, o mejor dicho cual luna simbólica, reflejaba una blanca claridad. A derecha e izquierda, el disco descansaba sobre las anillas de unas víboras a punto de incorporarse, y para mayor realce colgaban por encima unas espigas como atributo de Ceres. Su túnica multicolor, de un finísimo lienzo, pasaba del más esplendoroso blanco al oro del azafrán más florido y luego al más vivo granate de la rosa. Pero lo que ante todo y sobre todo deslumbraba mis ojos, era su manto de un oscuro tan intenso que irradiaba reflejos de puro negro. Ese manto envolvía su busto pasando bajo el hombro derecho y cubriendo el izquierdo a manera de escudo... Todo el remate bordado y hasta el lienzo de fondo estaba sembrado de radiantes estrellas, y, en el centro de ese firmamento, una luna llena desprendía rayos de fuego... Sus divinos pies llevaban como calzado unas sandalias confeccionadas con hojas de palmera, el árbol de la victoria» (7).

Apareciéndosele la diosa se presentó así:

  • Aquí me tienes, Lucio; tus ruegos me han conmovido. Soy la madre de la inmensa naturaleza, la dueña de todos los elementos, el tronco que da origen a las generaciones, la suprema divinidad, la reina de los Manes, la primera entre los habitantes del cielo, la encarnación única de dioses y diosas... Soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados ritos y los más diversos nombres. (Soy... Diosa de Pessinonte y madre de los dioses para los frigios... Minerva Cecropia para los atenienses; Venus Pagia para los chipriotas; Diana Dictymna para los cretenses; Prosérpina Etigia para los sicilianos; Ceres Actea para la antigua Eleusis; para unos soy Juno, para otros Bellona, para los de más allá Rhamnusia.... soy la reina Isis)... Ahora por mi providencia, empieza a amanecer el día de tu salvación... Tu vida será feliz y gloriosa bajo mi amparo... Y si tu escrupulosa obediencia, tus piadosos servicios y tu castidad inviolable te hacen digno de mi divina protección, verás también que sólo yo tengo atribuciones para prolongar tu vida más allá de los límites fijados por tu destino» (8).

Lucio, salvado por la diosa, vive en el templo; la diosa le pide que se consagre a ella; él se retrae por un religioso temor porque

  • se había informado bien de las dificultades de la santa regla, del rigor de la castidad y continencia, de la prudencia y circunspección que ha de rodear a esta vida expuesta a múltiples caídas (9).

Sin embargo, Agustín de Hipona resalta –tal vez con una cierta exageración– la ambigüedad y obscenidad del culto a la diosa del cielo. En La Ciudad de Dios, libro II, cap.IV, evoca san Agustín su experiencia de mocedad:

  • También nosotros concurríamos alguna que otra vez en nuestra mocedad los juegos y espectáculos sacrílegos; contemplábamos a los luchadores como endemoniados; oíamos a los ejecutores de sinfonías, holgábamos con los juegos infames celebrados en loor de los dioses y diosas, de la virgen Celeste y de Berecintia, madre de todos ellos. Ante la litera de ésta, los más ruines histriones, el día solemne de su ablución, cantaban tales obscenidades cuales no sería decoroso que las oyera no digo la madre de los dioses, sino la madre de cualquiera de los senadores o de cualquier persona honesta, ni siquiera la madre de los mismos histriones. Pues tiene un no sé qué el pudor humano para con los padres, que ni aun la misma depravación lo puede quitar. Los mismos histriones que se avergonzarían de representar en sus casa, a modo de ensayo, aquellas torpezas en dichos y hechos en presencia de sus madres, las representaban en público, delante de la madre de los dioses. Y las contemplaba y oía una densa multitud de uno y otro sexo, que, si movida por la curiosidad pudo en torno suyo acomodarse, debió al menos dispersarse, ofendida su castidad (10).

Agustín sigue describiendo las costumbres en los cultos a los dioses y diosas:

  • Señálense y cítense los lugares consagrados a tales reuniones, no donde se celebraban los juegos con obscenos cantos e histriónicas posturas ni donde se celebraban las fiestas fugiales, suelto el freno a toda clase de libertinaje, fiestas fugiales en verdad, pero del pudor y de la honestidad, sino donde el pueblo oyese lo que los dioses mandaban para sofrenar la avaricia, para quebrantar la ambición, para enfrenar la lujuria, adonde los míseros aprendiesen lo que Persio, a modo de reprensión, dice que debe ser aprendido (11).

3.- La fe cristiana no es absurda: semejanzas

En su I Apologia Justino habla de las semejanzas mitológicas de la concepción virginal de Jesús, para hacer aparecer la fe como una realidad no absurda:

  • Al decir que también el Verbo, es decir, el primogénito de Dios, Jesucristo nuestro maestro, fue engendrado sin concurso carnal y que, crucificado muerto y resucitado, subió al cielo, no traemos nada de nuevo respecto a aquellos que vosotros llamais hijos de Zeus... El Hijo de Dios, que se llama Jesús, aunque es un hombre común, por su sabiduría merecería ser llamado hijo de Dios: todos los escritos dicen que Dios es padre de los dioses o de los hombres. Pero si afirmamos que nació de Dios, Verbo de Dios, de un modo diverso de cualquier otra generación. Esto es para vosotros parecido a lo que se dice de Hermes, que es denominado verbo enviado por Dios. Si después decimos que nació de una virgen, es semejante a lo que vosotros decís de Perseo (12).

4.- Los excesos cristianos: la secta de las koliridianas

En el montanismo se veneraba de una manera especial a Eva, la madre de los vivientes y con ello se exaltaba la figura de la mujer. El montanismo tenía puntos de contacto con el culto a Cibeles. Era bastante popular en torno al Vesubio en Italia y entre el campesinado, el culto a la Magna Mater. Los montanistas daban gracias a Eva por haber comido del árbol del conocimiento y honraban a María la hermana de Moisés como profetisa y tenían especial devoción a las cuatro hijas de Felipe, profetisas y vírgenes. Pusieron a María en lo más alto de su fe, creencias y culto. En la lista de herejías conservadas bajo el nombre de un obispo sirio, Maruta de Maioherkat (†420), se menciona a los montanistas y se les atribuye, entre otras cosas lo siguiente:

  • Llaman "divina" a la bienaventurada María; dicen que un "arconte" se unió a ella y así fue engendrado en ella el Hijo de Dios.

Una probable derivación de este movimiento fue, tal vez, la secta de las koliridianas. De ella nos informa Epifanio de Salamina. No está muy afortunado en la forma de presentarla; sobre todo, porque manifiesta un fuerte antifeminismo.

  • Esta herejía, difundida en Arabia, en Tracia y en la parte superior de Escitia, ha llegado a nuestros oídos. Los hombres prudentes la juzgan ridícula y digna de desprecio. Pero tratemos de desenmascarar los errores y exponer la doctrina...Mientras que los miembros de la secta de los antidicomarinitas, con cálculos humanos, propalan ideas poco respetuosas respecto a María, estos, inclinándose hacia el extremo opuesto, han llegado al culmen de la iniquidad, hasta confirmar con su conducta aquel célebre dicho de algunos filósofos paganos: "los extremos se tocan"... Unos desprecian a la santa Virgen, otros la honran mucho más de lo permitido. Quienes siguen el segundo error son, sobre todo, mujeres. Las mujeres son inestables, vacilantes y escasas de inteligencia. Parece que justamente a través de ellas el demonio ha vomitado este error... semejante a los errores de Quintila, Maximila y Priscila. Algunas de estas mujeres, en un período del año que ellas consideran solemne, después de haber adornado un carro... extienden sobre él una tela y durante algunos días exponen sobre ella pan, que después ofrecen en el nombre de María. Al final todos lo comen juntos... ¿Quién entre los profetas permitió que fuera adorado un hombre y mucho menos una mujer? Aunque María aparezca como vaso venerable, es con todo una mujer y no es en nada diferente de la naturaleza de la mujer, aunque haya ido colmada de honor en el alma y en el cuerpo, como ocurre con los cuerpos de los santos... Que María sea honrada; pero sólo el Padre, el Hijo y el Espíritu deben ser adorados. Nadie se permita adorar a María (13).


5.- La diosa-tierra


Para los antiguos la misma tierra revelaba lo divino femenino. En su fecundidad se descubre el misterio que se repite en cada mujer cuando tiene un niño. La tierra aparece como un vientre misterioso, que recibe la semilla y la fecunda. Así la Tierra –¡con letras mayúsculas!– se convirtió en la personificación de la Madre por excelencia. Sobre esto se apoya el mito cosmogónico de que de la unión entre cielo y tierra nacieron todas las cosas. Por eso, entre los antiguos la tierra era muy venerada. La madre original es la Tierra, decía Platón.


San Ireneo hablaba de un paralelismo entre Jesús y Adán a causa de sus orígenes virginales. Adán fue creado de la tierra-virgen y Jesús nació de una Virgen, María:

  • ¿De dónde proviene la sustancia del primer hombre? De la voluntad y de la sabiduría de Dios y de la tierra virgen... De esta tierra, todavía virgen, Dios tomó barro y plasmó al hombre, principio del género humano. Queriendo el Señor restaurar al hombre, reprodujo el mismo esquema vistiéndose de la carne: nació de la virgen por voluntad y sabiduría de Dios para hacer manifiesto que aquel cuerpo era semejante al de Adán y que era el mismo hombre de quien se había escrito desde el principio que era hombre según la imagen y semejanza de Dios (14).

San Juan Crisóstomo, desarrolló este símbolo:


  • Edén significa tierra virgen y tal fue el lugar en el cual Dios plantó el paraíso (Gen 2,8). Sabe, por tanto, que el paraíso no fue obra de las manos del hombre. La tierra era virgen. No había sido todavía penetrada por el arado, ni excavada en el surco, sino que –sin conocer las manos de los agricultores–, sólo por mandato, hizo germinar aquellas plantas. Por esta razón la llamó "Edén", que significa tierra virgen. Esta virgen fue el "tipo" de la otra Virgen. De hecho, como esta tierra, sin recibir simiente, hizo germinar para nosotros el paraíso, así también la otra, sin recibir simiente de hombre, hizo germinar para nosotros al Cristo. Cuando un judío te pregunte cómo puede dar a luz una virgen, respóndele así: ¿cómo una tierra virgen pueda hacer germinar plantas estupendas? En hebreo Edén significa "tierra virgen" (15).


San Ambrosio dijo que ex terra virgine Adam, Christus ex virgine (16). Identificaba a María con la tierra virgen sobre la que había caído la palabra creadora de Dios.

En un himno medieval se decía que María era terra non arabilis quae fructum parterit. No poco cristianos veían en ella, lo que los paganos contemplaban en la diosa-tierra que da la vida: el femenino sublime.

Como podemos ver, el simbolismo de la tierra virgen es auténticamente femenino. Va mucho más allá del relato literario. Se trata de una visión mítica, que intenta en cierta manera afirmar la precedencia ontológica de la maternidad virginal sobre la maternidad no-virginal. No estamos en el campo de la imaginación literaria, sino de la reflexión mítica, de la explicación simbólica del cosmos. Estamos en terrenos de la Magna Mater.


6.- María no es una diosa


Juan Damasceno (segunda mitad del s.VII), debe combatir todavía en su tiempo la tendencia a identificar a María con una diosa. En su II Homilía sobre la Dormición lo dice así:

  • También nosotros celebramos la solemnidad de la partida de la Madre de Dios sin flautas ni coros, sin ritos orgiásticos de la madre de los así llamados dioses, tal como la llaman (17); aquella de quien los necios propalan que tiene muchos hijos, cuando en realidad no tiene ninguno. Se trata únicamente de demonios y de oscuros fantasmas, que simulan en vano lo que no son, ayudados por la locura de aquellos que se dejan engañar.... Nosotros adoramos a Dios, un Dios que no ha venido del no-ser al ser, sino que existe siempre y desde siempre por encima de cualquier causa, palabra y concepto de tiempo como de naturaleza; honramos y veneramos a la Madre de Dios, sin que ello signifique que de ella nació fuera del tiempo la misma divinidad... Reconocemos de hecho un segundo nacimiento, según una encarnación voluntaria porque conocemos y declaramos su origen (18)

NOTAS

(1) Hipólito, Elenchos VI, 29,5-6.

(2) El trueno, la mente perfecta, VI, 13,16 - 14,15.

(3) Hipólito, Ref., 6,18.

(4) Apócrifo de Juan, II,1,31 - 2,14, en L. Moraldi, Testi gnostici, Torino 1981.

(5) Apócrifo de Juan, 4,34 - 5,7.

(6) Apuleyo, El asno de Oro, XI,1-2, Gredos, Madrid 1983, 321-323.

(7) Apuleyo, o.c., XI,3-4, 324-325

(8) Apuleyo, o.c., XI,5-6, 325-327.

(9) Apuleyo, o.c., XI,19, 338.

(10) Agustín, Ciudad de Dios, II,4,1-4, BAC 272, pp. 139-140.

(11) Agustín, Ciudad de Dios, II, cap. 6, p. 143.

(12) Justino, Apología I,21-22: PG 6,360,361.

(13) Epifanio, Haereses, 79,1.5.7.: PG 42,740 C - 741, 748 A-C, 752 A-B: GCS 37, 475-476.479-480.482.

(14) Ireneo, Demonstratio apostolicae praedicationis, 32-33: SC 62,82-96.

(15) Juan Crisóstomo, De mutatione nominum, 2,3-4: PG 51,129.

(16) Ambrosio, In Lucam 4,7,8: CChL 14,108.

(17) El Damasceno alude a Gea, la diosa griega de la tierra, o tal vez a Cibeles, la Gran Madre de los dioses, o a ambas objeto de los cultos misterios y orgiásticos de época muy tardía.

(18) Juan Damasceno, Homilía II sobre la Dormición, 15: PG 96, 721-754.


EphMar – 45(1995) pp. 155-164


En camino hacia la Pascua

58,1: Clama a voz en grito, no te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados.

58,2: A mí me buscan día a día y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la virtud practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.

58,3: - ¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores.

58,4: Es que ayunáis para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz.

58,5: ¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh?

58,6: ¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?

58,7: ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?

58,8: Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.

58,9: Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: "Aquí estoy." Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,

58,10: repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.

58,11: Te guiará Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan.

58,12: Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos frecuentados.

(Isaías, 58,1-12)

«Ciego de nacimiento»

José Antonio Pagola

Es «ciego de nacimiento». No sabe lo que es la luz. Nunca la ha conocido. Ni él ni sus padres tienen la culpa, pero allí está él, sentado, pidiendo limosna. Su destino es vivir en tinieblas.

Un día, al pasar Jesús por allí, ve al ciego. El evangelista dice que Jesús es nada menos que la «Luz del mundo». Tal vez recuerda las palabras del viejo profeta Isaías asegurando que un día llegaría a Israel alguien que «gritaría a los cautivos: ¡salid! y a los que están en tinieblas: ¡venid a la luz!».

Jesús trabaja los ojos del pobre ciego con barro y saliva para infundirle su fuerza vital. La curación no es automática. También el ciego ha de colaborar. Hace lo que Jesús le indica: se lava los ojos, limpia su mirada y comienza a ver.

Cuando la gente le pregunta quien lo ha curado, no sabe cómo contestar. Ha sido «un hombre llamado Jesús». No sabe decir más. Tampoco sabe dónde está. Sólo sabe que, gracias a este hombre, puede vivir la vida de manera completamente nueva. Esto es lo importante.

Cuando los fariseos y entendidos en religión le acosan con sus preguntas, el hombre contesta con toda sencillez: pienso que «es un profeta». No lo sabe muy bien, pero alguien capaz de abrir los ojos tiene que venir de Dios. Entonces los fariseos se enfurecen, lo insultan y lo «expulsan» de su comunidad religiosa.

La reacción de Jesús es conmovedora. «Cuando se enteró de que lo habían echado fuera, fue a buscarlo». Así es Jesús. No lo hemos de olvidar nunca: el que viene al encuentro de los hombres y mujeres que se sienten echados de la religión. Jesús no abandona a quien lo busca y lo ama, aunque sea excluido de su comunidad religiosa.

El diálogo es breve: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». Él está dispuesto a creer. Su corazón ya es creyente, pero lo ignora todo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dice: No está lejos de ti. «Lo estás viendo; el que te está hablando, ése es». Según el Evangelista, esta historia sucedió en Jerusalén hacia el año treinta, y sigue ocurriendo hoy entre nosotros en el siglo veintiuno.


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lunes, 25 de febrero de 2008

A un mar de distancia


Francisco Carín García

Azul océano, brisa, y una luz saturada que invita a contemplar cada esquina. Hasta hace poco, unos 50 años, era una de las pocas culturas que quedaban en el planeta sin contaminar por una cultura dominante (generalmente occidental). La Isla de Lanyu (orquídea en Chino) gracias al interés antropológico del imperio Japonés durante el siglo XIX, había sido mantenida en todo lo posible sin interferencia externa durante los cincuenta años que duro el tiempo de la colonización japonesa; una especie de laboratorio antropológico.

Este año he tenido la oportunidad de compartir con ellos, por segunda vez, parte de mi verano en un campamento para niños y una semana de catequesis en las diversas parroquias de la isla. La mayor parte de sus 2200 habitantes son cristianos, y curiosamente han logrado mantener firme su identidad cultural/ritual pese a su cristianismo. Digo "pese" porque por desgracia la fe cristiana (ya católica ya reformada) ha sido protagonista durante los últimos 500 años del genocidio cultural de numerosos pueblos. So capa de "verdad-fe-civilización", costumbres y ritos tradicionales desaparecieron o bien se vieron fuertemente contaminados por el cristianismo.

En esta isla, ritos ancestrales de transición como nacimiento, muerte, pesca del pez volador, botadura de la barca... o religiosos como la ofrenda anual a Dios (que para ellos no es Padre, sino mas bien abuelo -padre es una relación demasiado inmediata como para ser aplicada a Dios) han logrado mantenerse en su original integridad. La tribu "Yamei" o "Tao" esta emparentada con las tribus del norte de Filipinas (isla de Batan) con quienes comparten lenguaje (similar en un 75-80%) y en principio la cultura; pero mientras en Filipinas la cultura original ha desaparecido casi por completo debido a la colonización española y la consiguiente evangelización, aquí permanece en toda su riqueza.

El gobierno nacionalista chino no tuvo la misma delicadeza que el japonés a la hora de enfrentarse a la idiosincrasia cultural de esta isla, y en vez de intentar mantener su peculiaridad, la colonizó. Se introdujeron arquitecturas y materiales foráneos, policía, ejercito, hoteles, aeropuerto, motos, coches... y lo peor de todo la decepción y la mentira. Engañaron a los nativos y ubicaron en la isla el depósito permanente de los residuos radiactivos de las centrales nucleares de Taiwán; aun hoy el nombre que aparece en la puerta de la finca "Depósito de residuos" es un nombre genérico que diciendo media verdad oculta la triste realidad. Un pueblo cuya única tierra es una isla de unos 45 Km2 recibe como herencia y legado de esto que llamamos civilización un deposito, casi eterno, de muerte y condenación.

Con el mar por medio Aunque son menos de 50 los Km. que separan ambas islas (Taiwán-Lanyu) es realmente un mar de distancia. Los días claros, esto es, en los que el viento sopla del este o sudeste (Océano Pacifico), se pueda ver con toda claridad la espina dorsal de Taiwán, su cordillera central que se eleva hasta los 3952m (Mt. Yushan). Cuando el viento sopla desde otra dirección arrastra la contaminación atmosférica de Taiwán y su contorno se borra hasta desaparecer del horizonte. Triste desarrollo el nuestro.

Es el domingo XIX del tiempo ordinario y concelebro la eucaristía con los hermanos y hermanas de Lantao. La primera lectura habla del maná; el evangelio de no preocuparnos tanto del alimento perecedero... Y comparto con ellos la palabra y el sentir como lo hago ahora con ahora con vosotros... En los doscientos años mas o menos que llevamos de civilización liberal-capitalista-consumista-de mercado hemos logrado llevar la tierra al limite de la habitabilidad, hemos aniquilado miles de especies, hemos agujereado la capa de ozono, alterado la temperatura y el clima, hemos convertido tierra, mar, aire y espacio en vertedero de nuestros residuos, hemos puesto numerosos pueblos al limite de la supervivencia agotando los recursos que pertenecen a todos... y nos hemos cínicamente autodenominado "países desarrollados" otorgándonos el privilegio de dirigir el destino del mundo y obligando a los demás pueblos a someterse si es que quieren salir en la foto. Los aborígenes de Lanyu llevan miles de años viviendo en esta remota y pequeña isla y hasta la llegada de la colonización sino-taiwanesa habían logrado mantener un sano equilibrio entre la demanda y la oferta de los limitados recursos de que disponían.

Su secreto... algo que resulta difícil de entender al hombre blanco (y al amarillo)... su secreto... algo que nosotros pueblos tradicionalmente cristianos proclamamos incesantemente en nuestras iglesias, casas y reuniones pero que vitalmente no creemos...su secreto…nosotros decimos haberlo recibido de Jesús "viva voce". Su secreto...no tomar de la hermana Tierra y el hermano Océano nada que no sea verdadera necesidad... esto es..."el pan nuestro de cada día dánosle hoy". Su ortopraxis resulta ser más veraz que nuestra ortodoxia. En nuestro rezo decimos creer lo que nuestro hacer niega día a día. Ellos en su hacer cotidiano nos demuestran sincera y sencillamente el profundo sentido ecológico y humanizante que surge del tomar y satisfacerse solo con el pan cotidiano. A ellos les ha servido para sobrevivir milenios... sin embargo...¿Cuántos años le quedarán, de seguir así, a esta nuestra civilización-cultura "desarrollada"?

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En Japón existe Kamagasaki

Kamagasaki
Francisco Carín, cmf

20 de Octubre del 2001.

Mañana soleada. Osaka, segunda ciudad del avanzado país del sol naciente. El aire es fresco, ya es otoño y algunos árboles comienzan a dibujarse en tonos bermejos. Unos hacen deporte, otros pasean a los bebés en sus carritos. Entre las frondas del parque hay una pequeña ciudad. Es seguramente el terreno más caro de la ciudad, a la sombra del castillo de Osaka y junto al corazón financiero de la urbe.

Esta ciudad entre los árboles no es ningún barrio residencial. Usando materiales de desecho, toldos, maderas y plásticos han ido surgiendo como hongos estas viviendas unipersonales.

Sorprende y cuestiona. ¿No era Japón un país superdesarrollado? ¿es posible? ¿Por qué?…

Seguimos adelante, visitamos la catedral de Osaka, solemne, firme, asentada, impertérrita… el metro, transbordos, estaciones, cada vez más cerca del margen, bajamos del tren. Esta estación no se parece a las otras, parece mucho más pobre que las deslumbrantes catacumbas de neón y mercancía del centro. Salimos. Un aviso: prohibido hacer fotos, excepto cuando Nobúo Masakawa, cmf, nos lo diga. A la gente que se dirija a nosotros responderemos con "konichiwa" (buenos y "arigató" (gracias). Cruzamos un semáforo, frontera del margen y entramos en Kamagasaki.

¿Qué es Kamagasaki? Urbanamente un barrio. Socialmente un vertedero. Económicamente un daño colateral. Físicamente un agujero negro. Políticamente un vacío. Cristianamente una teofanía, una encarnación, el lugar donde habita Dios… y a dónde hay que trasladarse para encontrarle.

Durante tres días hemos estado reunidos celebrando la Asamblea de la Delegación de Asia Oriental. Hoy hemos tocado tierra. La temática en torno a la cual ha girado esta asamblea y su preparación ha sido ¿Qué significa y cómo ser profeta hoy en Taiwán, Corea y Japón?. Me doy por respondido. Los hermanos Masakawa, claretianos, han convivido durante años con ellos. Convivir significa no sólo "estar" en la zona, sino intentar ser con ellos.

Nobúo nos contaba como una vez una de las personas sin techo que viven en esa zona le ofreció su propia comida para comer. Gastronómicamente no era plato de buen gusto, y sanitariamente dejaba que desear. Su estómago no está para muchos trotes, pero ¿podía rechazarlo?. Haciendo de tripas corazón comulgó con él y tomó una cucharada. Aquella persona no le pidió más; una sola cucharada bastaba para dejarle entrar en su casa. Y poco a poco se fue haciendo historia. Fujío y Nobúo buscaron sobrevivir como ellos, recogiendo latas o cartones por la calle, buscando comida entre los desechos de los mercados, asociándose con otros en esta tarea de supervivencia…

No es comprensible, es difícil de asimilar. ¿Para esto formamos a la gente? Tanta teología y filosofía ¿para qué? Es tirar el dinero... Estas voces también surgieron en nuestra Delegación. Paradoja (1): Es precisamente tanta teología y filosofía las que dan sentido a esta presencia claretiana. De no ser porque hemos estudiado dónde y cómo encontrar a Dios entre los caminos del mundo nunca habríamos acabado en Kamagasaki buscándole. Para los que sobreviven allí la presencia de los hermanos Masakawa es simbólica (2) y sacramental. Hace coincidir y desvela en ese mismo lugar y personas la acción y presencia de un Dios encarnado que de otro modo pasaría desapercibido, anónimo, mudo.

Sorprende el parque triangular, con la comida que se da varias veces a la semana por un grupo de colaboradores voluntarios (de toda raza, lengua, pueblo y nación), incluídos algunos de los sin techo, que han encontrado sentido en el servir a los demás. Aquel día sumaron casi 1.800 personas las que se acercaron a saciar el hambre. Esto es lo que sorprende de Kamagasaki, la concentración de los sin casa. Tras el almuerzo en la pequeña casa donde se hace físicamente presente el espíritu claretiano fuimos andando a otro parque. Atardecía. Me recordó el Bronx de las películas. Unos niños saltaban una valla metálica para entrar al parque infantil a jugar. La valla había sido colocada por el ayuntamiento para evitar que los sin casa hagan sus tiendas por todo el parque y lo estropeen.

Un poco más allá, hacia lo que era un paseo del parque aparecen las tiendas y nuestra tienda. Dios antes de encarnarse fue un "sin techo". Vagó por el desierto del Sinaí en una tienda con el pueblo de Israel, compartiendo su misma suerte, siendo símbolo y sacramento del éxodo de su pueblo. El silencioso hermano Fujío tiene aquí una tienda, hecha de plásticos y desechos, compartida por mosquitos y otros bichos, fría, húmeda, sofocante, lúgubre, dependiendo de las horas, días y estaciones. Su tienda es nuestra tienda. De nuestras casas pueden (podemos) decir los hombres si son buenas o no, según nuestros parámetros y expectativas. De las casas claretianas que conozco esta es la tercera en que la voz de Dios saltó en mi corazón como Juan en Isabel y escuché "y vio Dios que era bueno". Dios sabe que para los claretianos es bueno que vivamos sencillos e incluso pobremente, y hacerlo donde podríamos vivir bien lo convierte en parábola.

De vuelta, otra vez trenes, transbordos, luces y tiendas, el mundo conocido y que nos reconoce, que nos sabe conquistar y vender lo que quiere, que nos agasaja. Por fin nuestra casa, yo tengo techo, tú tienes techo, nosotros tenemos techo, vosotros tenéis techo. Pero ellos, él, Él, Ellos no tienen techo.

(1) Idea o afirmación en apariencia extraña y que se opone a la opinión general.
(2) Del griego "Symballo", hacer coincidir.

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